Lecturas Dominicales

'Cada libro que escribo es para matar al anterior'

El escritor italiano Alessandro Baricco estuvo en Bogotá y conversó con Fernando Quiroz.

Alessandro Baricco

El autor de libros como 'Seda' y 'City' habló sobre su pasión por el fútbol y la importancia de la música en su obra.

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Sebastián Jaramillo

11 de febrero 2018 , 07:30 p.m.

Autor de una de las novelas emblemáticas de fin de siglo, Seda, y una de las figuras más representativas de la literatura italiana, Alessandro Baricco volvió a Colombia. Le gusta: sobre todo Cartagena. Confirmó que en este país hay muchas ganas de aprender, y también comprobó que este lado del mundo es más vivo que el europeo, que es un continente cansado. Eso dice Baricco. Y dice que escribir es como correr. Y confiesa que el olor de los garajes le produce felicidad. Acá está el autor de Seda, de City, de Novecento, de Sin sangre, de Tres veces al amanecer y de La Esposa joven, entre otras obras. Acá está Baricco, en 25 escalas.

Ser italiano

Italia es un país fantástico. Es un privilegio vivir ahí: si hubiera nacido en Japón también habría querido vivir en Italia. Tantos siglos de cultura lo han hecho un lugar muy interesante... quizás el más atractivo desde el punto de vista artístico. Italia es como un cofre, como una caja fuerte en donde hemos guardado tesoros del pasado. ¡El pasado! En el imaginario occidental somos un lugar del pasado. Italia es un lugar del pasado. Europa es un lugar del pasado.Somos un país cansado. Estamos en un continente cansado. Somos un poco decadentes, somos un poco esnob. En Italia y en Europa hay demasiada plata, y por lo tanto demasiado egoísmo. Pero vivir allí, en donde yo vivo, sigue siendo muy interesante. Aunque no signifique un hecho relevante para el oficio de escribir. Lo que sí es realmente relevante –una ventaja significativa– es trabajar con un idioma tan hermoso como el italiano. ¡Hermosísimo!

Más vivo

Es cierto: Europa es un continente cansado. Venir a América, y en especial a América del Sur, significa enfrentarse a un mundo más vivo: un mundo poblado por seres con mentalidad joven, seres hambrientos de felicidad, de experiencias, de sabiduría.

Concertato

Como italiano, llevo la ópera en la sangre. Y hay algunas formas y estructuras de la ópera que han llegado a mis libros. Que suenan en sus páginas. Hay fragmentos de mis libros que son como el concertato final del primer acto de una ópera de mil setecientos. Hay capítulos que tienen una estructura similar a la estructura de las arias. Y suenan.

Como italiano, llevo la ópera en la sangre.

Calcio

¿Juventus, Torino? ¡Torino, obviamente! ¡No nos ofendamos! Estoy abonado y voy siempre al estadio. El ritual suele comenzar muchas horas antes, con una comida o una cena... ¡estamos hablando de Italia: siempre hay comida de por medio! Luego está la caminata para ir al estadio, un desfile. El calcio es un compromiso de cada semana, una cita en la cual los hombres de la familia quedamos de vernos en el estadio. Una cita masculina: no hay novias, no hay maestras, no hay hermanas... solo varones. Durante mucho tiempo fui al estadio con mi papá y con mi hijo: tres generaciones unidas por el Torino. Y lo más emocionante es que ahora tenemos vidas muy dispersas, cada uno va por su lado, pero el fútbol es la disculpa para reencontramos cada semana.

Aromas de infancia 

El olor de los cómics me devuelve a la infancia: el olor del papel en el que estaban impresos. También el olor de los garajes: cuando estábamos de vacaciones, en el campo, había un día en que llegaba mi padre, y era un día muy feliz. Llegaba en su carro y parqueaba en ese garaje del que conservo olores maravillosos. También había mucha felicidad cuando llegaba mi tío: a ese mismo garaje, con ese mismo olor: un olor que anticipaba la felicidad. Ese olor también me devuelve a las mañanas de los años escolares, cuando sacábamos el coche del garaje para ir a la escuela. El olor de los garajes me produce felicidad: esa mezcla de aceite, de neumáticos, de humedad.

Sin fecha en el calendario

Sí, es cierto, acabo de cumplir sesenta años: pero la verdad es que no significa nada para mí. Nada trascendental: simplemente es un momento divertido: una cifra divertida. No hago planes a largo plazo. Hago planes sin establecer una fecha en el calendario. Y vivo. No se trata de una vida partida en dos: no hay un hecho que haya marcado un antes y un después en mi vida. Hay ciclos, hay épocas, hay momentos.

El olor de los cómics me devuelve a la infancia: el olor del papel en el que estaban impresos.

A cualquier hora

Un par de horas atrás, en la habitación del hotel, estaba escribiendo. Puedo escribir en cualquier lugar y a cualquier hora. Puedo escribir en los viajes, como ahora, en Bogotá.

La inspiración

La inspiración es una palabra romántica que no debe estar en el diccionario contemporáneo. Existen momentos de particular lucidez. Existen momentos para entender la visión. Y existe un momento en que muchos puntos sueltos encajan en una figura: suelen ser instantes que llegan en medio de una etapa de gran trabajo. Así que hay momentos y hay trabajo: pero ni lo uno ni lo otro tiene relación con la idea de inspiración de los románticos.

La espera

Hay cuatro o cinco temas que están presentes en toda mi obra: es fácil identificarlos. Una lectura atenta los revela sin dificultad. Uno de ellos es la espera, la paciente espera. Los demás no los voy a mencionar: estoy seguro de que los pueden descubrir fácilmente.

Psicoanálisis

Me preguntan si el ejercicio de la escritura me permite conocerme mejor, formularme preguntas y encontrar respuestas trascendentales. Me preguntan si asumo la escritura como un ejercicio de psicoanálisis, y les confieso que odio el psicoanálisis. Que me resulta infantil. Y que en todo caso no creo que las cosas pudieran ser tan sencillas.

Alessandro Baricco

El autor italiano escribió una de las novelas más importantes de finales de siglo pasado: 'Seda'.

Foto:

Sebastián Jaramillo.

La forma

La forma de las cosas, la forma de los textos: es algo que me gusta mucho. Y a la hora de escribir es en lo primero que pienso. Cuando imagino un libro, lo primero que considero es una forma. Y en la forma de mis libros, la primera parte es una figura con muchas esquinas. La forma es algo que construyo con cuidado.

Finales

Sé muy poco del final de la historia cuando empiezo a escribirla. La verdad es que no me preocupo por los finales, no me parece un punto importante a la hora de escribir. Me he equivocado con los finales de casi todos mis libros: tal vez por eso digo que no son importantes. Creo que las series de televisión, con toda su fuerza y su protagonismo, se encargaron de matar la idea de final: y el final ya no es importante. Si le quitas el final a Moby Dick, esa obra ya no significa nada. Así ocurría con la literatura de los siglos anteriores, pero no sucede lo mismo con la literatura actual. Escribir libros en los cuales el final no es tan importante es algo muy contemporáneo. Muy pop.

Autores de autores

Hay libros que han sido importantes para mi vida, como Los papeles póstumos del Club Pickwick, pero Charles Dickens no habría podido ser un maestro para la escritura. Por el contrario, hay libros que han sido definitivos para mi oficio de escritor, como Viaje al final de la noche, de Céline, pero que no han tenido resonancia en mi vida emocional. Hay libros salvadores que no son bellos. Hay libros que no dejan de sorprenderte como narrador, y todo el tiempo estás tratando de entender cómo lo hicieron: como Flaubert: es emocionante aproximarse a la maestría de su trabajo... pero Flaubert no te cambia la vida personal. Hay algunos autores, muy pocos, que adquieren gran significado en lo personal y en lo profesional: Proust, Homero, Faulkner. Hay una escritora inglesa que muy pocos conocen que ha resultado fundamental para mí en todos los sentidos: se trata de Rebecca West (pseudónimo de Cecily Isabel Fairfield)... ¡fantástica!

Me he equivocado con los finales de casi todos mis libros: tal vez por eso digo que no son importantes.

Inagotables

Aprendí mucho de los griegos. Seguramente tiene que ver con el hecho inexplicable de que en sus obras se encuentra todo: todo está ahí: la civilización occidental ha sido una traducción constante de algo que ellos ya escribieron. Leer a los clásicos ofrece la emoción de regresar a las raíces: a lo más estremecedor de nuestra cultura. Eso es algo encantador. Y también es encantador que uno nunca puede parar de estudiar a los clásicos. Son inagotables.

Cine y literatura

El cine ha imitado a la novela. Si uno lee con atención, en Flaubert están todos los movimientos de cámara. Pero el cine logra que seamos conscientes de lo que hacemos. Nos ha llevado a construir libros como si se tratara de escenas. Y nos ha ofrecido técnicas valiosas para la construcción de diálogos. Hace ochenta años, los norteamericanos empezaron a introducir en la literatura la gramática del cine. En Italia, mi generación ha sido la primera en escribir realmente de manera cinematográfica. Ahí están, por ejemplo, Sandro Veronesi, Andrea de Carlo y Susanna Tamaro, y algunos un poco mayores como Guido del Giudice, Erri De Luca y Stefano Benni.

Lección veintiuno 

Hay dos películas que están basadas en libros míos: Seda y La leyenda del pianista en el océano. Pero hay una película que yo escribí y que yo mismo dirigí: se llama Lección veintiuno. Es muy loca y es muy bella, pero lo mejor es que la pude hacer con total libertad, y en esa experiencia aprendí muchísimas cosas. La vieron por ahí unas mil personas nada más, pero creo que es una película genial: solo tiene ocho minutos horrendos; lo demás está muy bien.

Continente 

En realidad uno solo hace una obra, y la traduce a diversos géneros. Uno es como un continente. La imagen del escritor puro que solo escribe libros prácticamente ya no existe: somos autores: cada cosa que hacemos vive con todas las demás, y el público nos sigue por el lado que quiera. A veces la gente busca autores más que libros.

City Vs. Seda

Tengo problemas con las repeticiones, tanto en la vida como en la escritura. Cuando hago teatro, por ejemplo, no puedo repetir cincuenta veces la misma obra. Lo mismo ocurre con la literatura. Cada libro que he escrito ha sido para destruir el anterior. City es un ejemplo perfecto. Escribí Seda, pequeño y lineal, muy bien vendido, y me dijeron que debería seguir por el mismo camino, que debería replicar la obra. Pero salí con un libro no lineal, complejo y grande... Lo escribí para matar Seda. Para mí, cada libro funciona como antídoto del anterior.

Ciudades

Hay ciudades a las que siempre quiero volver: París, Cartagena y Turín, que es mi ciudad. Y una pequeña isla en frente de Nápoles, que se llama Procida. Está cerca de Capri, pero a diferencia de esta no es famosa, no es turística, es muy poco conocida... y es fantástica.

Para mí, cada libro funciona como antídoto del anterior.

Borrar el ruido

Si escribo durante seis horas, durante seis horas repito el mismo disco: me sirve para borrar los ruidos. Me gusta escribir con música, sí, como me gusta escribir con colores: ocre un día, verde al siguiente. Pero si apagan la música, igual escribo.

La banda sonora

He tenido una vida muy complicada, y la banda sonora de mi vida sería, también, muy complicada. Son muchos autores, son muchos intérpretes. Pero hay algunos imprescindibles: Tom Waits, Händel, Keith Jarrett, Fauré, Aaron Copland...

Correr, escribir

Escribir es como correr: todos corren, todos escriben. Lo hacen de manera natural. No hace falta que alguien te lo enseñe. Pero si quieres correr para competir o para ir a las olimpiadas, necesitas un entrenador. El entrenador te enseña cómo correr. Con la escritura sucede lo mismo. En nuestra escuela, Holden, hacemos muchos cursos para personas que no necesariamente quieren escribir de manera profesional. Lo hacen por placer y por pasión, y para tener con quién compartir esta pasión. Pero si quieren escribir como profesión, y quizás mantener a su familia por cuenta de este oficio, necesitan un coach.

Me gusta escribir con música, sí, como me gusta escribir con colores: ocre un día, verde al siguiente.

Una escuela en español

Más que una promesa es una decisión tomada: haremos una escuela de escritura en idioma español, a imagen y semejanza de la que creamos hace poco más de veinte años en Turín, y que lleva el nombre del protagonista de una de las novelas emblemáticas de la literatura de mediados del siglo pasado: Holden (por Holden Caulfield, personaje principal de El guardián entre el centeno, de J.D. Salinger). No será en Cartagena, tristemente. Lo más probable es que la establezcamos en Madrid, pero imaginada en buena parte para Suramérica. Para suramericanos. A propósito, me gustaría mucho aprender bien el español. Me voy a entrenar: quiero leer en ese idioma.

Rezagados

¡Hay tantos problemas de este mundo que deberíamos erradicar! ¡Tantos! Pero quizás el primero debería ser la mala educación, la ausencia de educación: de ahí se derivan muchos más problemas. Para mí, todo nace de ahí. Y no trabajamos lo suficiente en la educación, no invertimos lo que deberíamos, no le damos a la escuela el protagonismo que se merece: estamos muy rezagados en este tema.

Entrevistas

Me gusta la fama: tiene aspectos maravillosos. Lo que no me gusta son los efectos colaterales de la fama. Las entrevistas, por ejemplo.



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