Lecturas Dominicales

El corazón y su alfabeto

El médico Dagnóvar Aristizábal ha estudiado las señales biográficas que ofrece el corazón.

El corazón y su alfabeto

¿Los latidos tienen solo un significado físico? El médico Dagnóvar Aristizábal ha estudiado las señales biográficas que ofrece el corazón.

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Javier Nieto

12 de septiembre 2017 , 02:06 p.m.

ARISTÓTELES CREÍA que el corazón era el origen de todo lo humano: los demás órganos, la vida como motor, los pensamientos, las emociones. Para el filósofo griego, la esencia, el misterio de la vida, no como circunstancia sino como trascendencia, estaba relacionada con los latidos. La historia médica se encargó de refutar al pensador. Con los siglos se confirmó que el centro del pensamiento era el cerebro, y ningún médico pudo encontrar en algún rincón anatómico la existencia tangible del concepto del alma. Las ciencias médicas se especializaron con los años. Cada órgano cobró una importancia individual a ojos de sus investigadores, como si en vez de sistemas interconectados fueran organismos independientes.

“Pero la verdad es que el cerebro impacta al corazón, y viceversa, por poner un ejemplo”, dice el cardiólogo antioqueño Dagnóvar Aristizábal, especialista en hipertensión de la Fundación Oschner en Nueva Orleans, Luisiana (Estados Unidos), y director científico de la clínica Sicor. Él no es un aristotélico, pero sabe que en el corazón se expresan las vivencias de las personas a través de los ritmos cardiacos. Cuando mira un electrocardiograma, no busca sólo los signos de alerta en los latidos, sino aquellas señales biográficas que impactan a un paciente. Vidas que se le revelan como si fueran un alfabeto compuesto de ritmos cardiacos y que le permiten indagar en la historia de vida.

De esa relación simbiótica entre corazón y biografía trata el libro que en el último medio año ha estado preparando Dagnóvar, El alfabeto del corazón y las señales ocultas del ser humano, y que habla de este órgano por medio de sus descubrimientos científicos y sus experiencias como cardiólogo. Una radiografía desde lo macro y lo específico acerca del músculo de la vida, que no es un todo aislado sino parte de algo mayor: la existencia humana.

¿Por qué es importante escuchar al corazón?

En el latido cardiaco se condensan muchas expresiones del individuo. El ritmo cardiaco y las pulsaciones por minuto de una persona, estudiados a través de análisis matemáticos de las frecuencias del corazón, son como un alfabeto. Ahí se expresan el estado de ánimo, el nivel de actividad, la capacidad de afrontar el estrés, estados emocionales específicos. Es muy distinto el latido y la comunicación entre el cerebro y el corazón cuando una persona está ansiosa que cuando está feliz. Hay un campo de investigación que está detrás de eso: el análisis de la variabilidad de la frecuencia cardiaca. Mediante los latidos por minuto, el corazón está diciendo mucho de lo que la persona es y siente.

¿De qué trata este alfabeto del corazón? ¿Su lectura qué permite saber de alguien?

Con este análisis, lo que hacemos es conectar a un paciente para ver su frecuencia cardiaca por medio de un electrocardiograma. Esa es mi manera inicial de evaluar el ritmo cardiaco de esa persona. Con esta lectura puedo ver las frecuencias ocultas que existen. Digamos que yo tengo una frecuencia cardiaca promedio de 60, pero detrás de estos 60 tengo unas más rápidas y otras más lentas, que expresan aspectos distintos. Usando el análisis de frecuencias, vamos a entender al individuo. Lo que hacemos es descomponer esa frecuencia, que llamamos “fundamental”, y mirar las otras áreas. Esto se puede hacer gráficamente usando un patrón de colores que nos permite saber la intensidad de la expresión. Si está en rojo es muy alta; si está en amarillo o verde, baja. Esos análisis de colores son todo un alfabeto. El que lo lee ve un alfabeto, como leer la radiografía de una persona. Está viendo sus órganos, su vitalidad, su condición mental, su nivel de actividad, su estado de sueño, su respuesta ante el estrés. Todo está contenido en esa medición.

Esos análisis de colores son todo un alfabeto. El que lo lee ve un alfabeto, como leer la radiografía de una persona

¿Qué diferencias se pueden encontrar entre un corazón feliz y uno, digamos, deprimido?

Un corazón feliz tiene una frecuencia básica que generalmente se caracteriza por señales de muy bajo nivel de actividad en cuanto al ritmo cardiaco. Los individuos que están en condiciones más felices, que disfrutan positivamente la vida, tienen más aumento de las señales de frecuencia relacionada con el sistema nervioso parasimpático. Por otro lado, los que se hallan en estados depresivos se caracterizan por señales donde predomina la frecuencia cardiaca de muy alta actividad, relacionada con el sistema nervioso simpático y con ciertos neurotransmisores que tienen que ver con estados de decaimiento.

Esos son los efectos anímicos del cerebro sobre el corazón. ¿La relación también se da a la inversa? ¿El corazón afecta el funcionamiento del cerebro?

Sí. Cuando los latidos cardiacos cambian, esa frecuencia diferente impacta las señales cerebrales. Existe una serie de controles dentro del sistema cardiovascular que están de forma permanente comunicándole al cerebro bajo qué nivel cardiaco está funcionando el organismo. Esa señal proviene directamente del corazón.

En el 2008, usted encabezó la investigación ‘Corazón, ciudad de Medellín’ e hizo un muestreo de varios estratos socioeconómicos de la ciudad. ¿Estas diferencias económicas y sociales también impactan el modo como funciona el corazón?

En esa investigación se valoraron todos los niveles sociales de la ciudad. Más allá de la búsqueda de riesgos en la salud, encontramos que el corazón y las arterias funcionan distinto dependiendo del estrato social. En el estudio se preguntó cuánta sangre sale del corazón por cada latido, y se descubrió que hay diferencia en la cantidad según los riesgos y las condiciones sociales de la persona. Algunas de estas personas tenían, por ejemplo, muchas contracciones en las arterias, que disminuían la cantidad de sangre que sale del corazón, y ese hallazgo fue más frecuente en individuos provenientes de estratos bajos. Ese es un aspecto muy importante por mirar: que lo que afecta no sea solo cuánto colesterol se consume o cuál es la dieta, sino cómo se vive y cuál ha sido la historia de la persona.

¿De qué forma la historia de violencia que ha tenido una ciudad como Medellín afecta la salud cardiaca de sus habitantes?

La violencia en las décadas del 80 y 90, con todos los problemas de narcotráfico y la historia que conocemos, impactó a las generaciones que la vivieron. Hemos empezado a observar ciertas alteraciones emocionales relacionadas con esos estados de temor y de pánico. Hay un problema frecuente que se refiere a estados de baja presión arterial, hipotensión y síncope. No hemos podido aclarar del todo si tiene relación directa con esa historia de violencia y de amenaza a la vida que se sufrió, pero sí existe una asociación entre estados de temor con la manifestación cardiovascular de presiones más bajas.

En cuanto a los factores genéticos. Usted investigó la prevalencia de la hipertensión en Venecia, Antioquia. ¿Cómo lidiar con algo que ya vienen codificado en los genes?

La primera pregunta que hicimos fue: ¿las personas que vivimos en Colombia somos iguales genéticamente las de otros países de América Latina o Europa? La respuesta fue no. Los genes que nos afectan son distintos o lo hacen de forma diferente en nosotros. Por ejemplo, la presión alta se presenta en muchas personas por razones genéticas, pero esas razones pueden ser que mis riñones retienen sal y como consecuencia la presión se sube. ¿Qué tanto de ese efecto es importante en Antioquia frente a lo que pasa en otros países? Encontramos que la presión alta de nuestra gente es más frecuente por problemas de retención de sal de lo que sería en Estados Unidos o en Europa, y eso nos hace tomar medidas genéticamente distintas. Hay algunos genes que no son importantes allá, pero aquí sí lo son.

¿Qué tan importante es la relación entre médico y paciente en un mundo cada vez más tecnológico?

Es una relación que hay que cambiar porque siempre fue muy jerárquica: el doctor es el que sabe, y el enfermo solamente pregunta. Si el contacto se da desde la perspectiva humana, desde un enfoque de iguales, los dos crecen en esa relación. Hay que rescatar la comunicación, escuchar al otro. La medicina se ha estado dirigiendo mucho hacia las ayudas tecnológicas y a exámenes de diagnóstico, y ha dejado de escuchar al individuo y su historia personal.

A modo de conclusión, ¿cómo definiría usted al corazón?

El corazón es el centro del ser humano. Activa las manifestaciones de otros órganos. Es el sitio desde el cual se expresan distintas señales que se reflejan en la acción de las demás funciones. Dicho de otro modo, es el eje de la vida y de las frecuencias que determinan bajo qué nivel de expresión un individuo está en cada momento de su día.

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