Lecturas Dominicales

Dylan, 'Like a Rolling Stone'

El cantante generó revuelo luego de que ganara el Nobel de Literatura. ¿Merecido o inmerecido?

Bob Dylan

El cantante Bob Dylan recibió el Nobel de Literatura en octubre pasado.

Foto:

AFP

24 de marzo 2017 , 02:09 p.m.



En el universo de la llamada cultura popular, la importancia de Bob Dylan es irrebatible. Es una figura fundamental de la música en los últimos cincuenta y cinco años. Sin embargo, los expertos en asuntos literarios, en particular narradores y poetas, han puesto el grito en el cielo ante la, según ellos, banalización del Premio Nobel de Literatura. Mario Vargas Llosa, escritor peruano y ganador del mismo premio en 2010 (a pesar de haber escrito divertimentos triviales, como Travesuras de la niña mala, y novelas de escaso interés literario, como El paraíso en la otra esquina), llegó al extremo de decir que solo falta que el premio se lo den a un futbolista. En la otra orilla han estado escritores como el británico Salman Rushdie (que desde hace muchos años hace cola para el Nobel) y el nicaragüense Sergio Ramírez. “El Premio Nobel para Bob Dylan ayudará a borrar ese doble rasero que hipócritamente hemos inventado, el de exaltar la poesía escrita y despreciar la poesía cantada”, escribió Ramírez en su columna de EL TIEMPO. En medio de ambos está el poeta beat estadounidense Lawrence Ferlinghetti, quien ya en 1964 no dudaba de que Dylan era un gran poeta: “Sus primeras canciones eran en verdad extensos poemas surrealistas. Pensé que era una pena que se convirtiese en un cantante folk con éxito. Podría haber llegado a ser un escritor muy interesante”.

El Premio Nobel para Bob Dylan ayudará a borrar ese doble rasero [...] el de exaltar la poesía escrita y despreciar la poesía cantada

Para dejar de lado el debate acerca de lo justo o no que resulta que un “pop star” reciba el Nobel de Literatura, mientras que grandes narradores y poetas de altísimo calibre aún hacen fila para recibirlo, lo aconsejable es ver a Dylan como lo que es: un escritor de letras de canciones. Y tomar nota de que escribir letras de canciones es un oficio literario muy diferente al del poeta, así eso que llaman “la poesía” muchas veces se cuele en sus canciones, como también se ha colado en la narrativa de autores como Gabriel García Márquez, Günter Grass y Salman Rushdie.

El argumento que esgrimió la Academia Sueca para justificar el premio resume los casi sesenta años de trayectoria literaria de Dylan: “Por haber creado nuevas formas de expresión poética dentro de la gran tradición de la canción estadounidense”. A lo anterior agregó Sara Danius, secretaria de la Academia: “Bob Dylan es un gran poeta. Tan simple como eso. Es un gran poeta en la gran tradición de la lengua inglesa, que va de Milton y William Blake en adelante. Al mismo tiempo, es un autor que abraza la tradición, y no estoy hablando sólo de la alta tradición, sino de la más popular. Así, su repertorio incluye canciones folk de los Apalaches, blues sureño del delta del Mississipi, hasta llegar a Rimbaud y al modernismo francés. Y maneja esta herencia de forma absolutamente original”.

Dylan nació con el nombre de Robert Zimmerman el 24 de mayo de 1941 en Duluth, Minnesota, a orillas del lago Superior, y se crió en Hibbing, un pueblo minero cercano, a cientos de kilómetros de distancia de cualquier centro musical de importancia. Su interés musical comenzó por los grupos de rock’n roll que oía en la radio. También le encantaba inventar historias fantásticas sobre su vida y tuvo un profesor de literatura que desde muy joven lo convirtió en un gran lector de gustos refinados. Intentó escribir poemas, pasión que compartía con la práctica musical. En 1959, cuando se fue a Minneapolis a estudiar en la Universidad de Minnesota, su madre le imploró: “No sigas escribiendo poesía, por favor. Ve a la universidad y haz algo de provecho. Consigue un título”. Allí entró en contacto con la obra de escritores poetas y escritores beatnik, y descubrió el folk, que comenzó a considerar mucho más interesante y profundo que el rock’n roll. A finales de 1960, abandonó sus estudios. Era un joven ambicioso y llegó a Nueva York en enero de 1961, donde gracias a su carisma y a su talento se abrió paso muy rápido en la escena folk del Greenwich Village, a veces a costa de amigos a los que abandonaba si ya no le eran de utilidad.

Su carrera discográfica comenzó en 1962, cuando firmó con el sello Columbia (hoy parte del catálogo de Sony Music), y publicó el álbum titulado Bob Dylan, en el que sólo interpretó dos canciones suyas. El imaginario de un Dylan contestatario y líder de la protesta juvenil surgió en 1963 con el álbum The freewheelin’ Bob Dylan –en el que aparecen sus canciones-himno Blowin in The Wind, A Hard Rain’s A-Gonna Fall y Masters of War–, al que siguió The Times They Are A-Changin, título de otra de sus canciones más comprometidas con el movimiento juvenil que tomaba forma ese año. Allí también figura su himno antibélico: With God on Our Side. Pero él jamás se sintió cómodo en su papel de profeta y rara vez iba a manifestaciones públicas contra la guerra o en favor de los derechos civiles. En diciembre de 1963, se alejó por completo del activismo político, postura que pocos meses después manifestó en su canción My Back Pages, que aparece en su álbum Another Side of Bob Dylan.

No sigas escribiendo poesía, por favor. Ve a la universidad y haz algo de provecho. Consigue un título

Cuando la Beatlemanía comenzó a apoderarse de Estados Unidos en el 64, Dylan se admiró de la manera como los Beatles estaban reinventando el rock. Aunque consideraba tontas las letras de sus canciones, descubrió que él, como músico, debía seguir su ejemplo y expandir su universo sonoro. De una muy citada reunión con los Beatles en el hotel Delmonico de Nueva York, en agosto de aquel año, se ha dicho que Dylan les dio a probar la marihuana y los convenció de que escribieran letras que fueran más allá del "yeah yeah". Un periodista lo describió de manera muy gráfica: “A la habitación de Dylan entraron los Beatles y cuatro horas después salieron John Lennon, Paul McCartney, George Harrison y Ringo Starr”. La influencia de doble vía entre Dylan y los Beatles abrió las posibilidades del rock y del pop, que a partir de 1965 se diversificó en la gran cantidad de corrientes, géneros y subgéneros que hoy conocemos, y que acercaron la música pop al "Arte" con resultados de diversa índole.

Este nuevo Dylan se manifestó ese año de manera contundente, aunque comenzó a hacerlo por interpuesta persona. 1965 comenzó con el número uno en listas de Estados Unidos que logró el grupo 'The Byrds' con la versión pop y eléctrica de Mr. Tambourine Man, una canción de Dylan que él aún no había publicado. En el verano de ese año, se presentó en el festival folk de Newport, Rhode Island. Ese concierto, que terminó en abucheos en parte por haber traicionado los ideales del folk, marcó su ingreso definitivo al rock. Durante el siguiente año y medio, Dylan tuvo que acostumbrarse a que en sus presentaciones una parte del público siguiera protestando por la misma razón.

Sin embargo, en esos meses turbulentos grabó los que se consideran los tres mejores álbumes de su carrera: Bringing It All Back Home, que en la edición en vinilo traía un lado eléctrico y otro acústico, con canciones memorables como Subterranean Homesick Blues, Mr. Tambourine Man e It’s Alright Ma, I’m Only Bleeding; Highway 61 Revisited, en el que aparecen Ballad of a Thin Man, Desolation Row y Like a Rolling Stone, considerada la mejor canción de la historia del rock. Este último se pelea el título de mejor álbum de Dylan con Blonde on Blonde, de marzo de 1966, un LP doble en el que se encuentran joyas como I Want You, Just Like a Woman, One of Us Must Know y Visions of Johanna. Si Bob Dylan se hubiera retirado de la música en 1966, con lo logrado hasta ese momento habría garantizado que se le definiera como uno de los dos o tres compositores e intérpretes más importantes de la historia del rock. Y, paradójicamente, en ese momento llegó el silencio. Meses después de lanzar Blonde on Blonde, Dylan sufrió un accidente de motocicleta que le sirvió de pretexto para alejarse del público, la prensa y los escenarios, y dedicarse a la vida en familia en una casa campestre con su esposa Sara Lownds y sus hijos. Dylan sólo se presentó en público de manera esporádica en algunos eventos, entre ellos el festival de la Isla de Wight, en 1969, y en el Concierto para Bangladesh, en 1971, presentaciones que dejaron mucho que desear. En esos años de reclusión grabó varios álbumes muy desiguales que lo acercaron de nuevo al folk y a la música country. De esta época datan canciones básicas de su repertorio, como All Along The Watchtower y Knocking On Heaven’s Door.

En 1973 firmó contrato con Asylum Records y su carrera revivió gracias a Planet Waves (1974), el brillante Blood on the tracks (1975, único álbum que puede rivalizar en importancia y calidad con su trilogía de 1965 y 1966) y Desire (1976). En 1977 se divorció de Sara y, un año más tarde, se convirtió al cristianismo al entrar en contacto con la iglesia evangélica La Comunidad de la Viña. Grabó tres álbumes centrados en su nuevo credo y su carrera entró en un largo bache del que salió a finales de los ochenta con el álbum Oh Mercy y su aventura con los Travelin Wilburys, un grupo del que formaban parte Roy Orbison, George Harrison, Tom Petty y Jeff Lynne. En 1988, comenzó una serie de giras que aún no termina y que ha recibido el nombre de Never Ending Tour. En estos últimos veinticinco años ha grabado más álbumes, entre ellos Time Out of Mind, que ganó el Premio Grammy de 1998 como mejor disco del año. En sus trabajos de este siglo ha conseguido el respaldo de la crítica musical y del público.

En 1977 se divorció de Sara y, un año más tarde, se convirtió al cristianismo al entrar en contacto con la iglesia evangélica La Comunidad de la Viña.

Pero su obra no se limita a sus canciones. En 1967, publicó su novela Tarántula, un poema en prosa de escritura automática ininteligible. Y Crónicas, de 2004, en el que recuerda con gran maestría literaria algunos fragmentos de su vida. También incursionó en el cine como actor en varias películas de ficción, documentales e híbridos entre ambas, y dirigió la película Renaldo and Clara, que rodó durante la gira Rolling Thunder Revue de 1975 y 1976. Ha ganado diversos premios por su música, entre ellos varios Grammy, Globos de Oro y un Óscar (por la canción Things Have Changed, que apareció en la película Wonder Boys). Su nombre está en el Salón de la Fama del Rock n Roll, el Salón de la Fama de Compositores de Nashville y el Salón de la Fama de los Compositores. En 1990, Jack Lang, ministro de Cultura de Francia, lo nombró Caballero de la Orden de las Artes y las Letras. En 2007 recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Artes y un año después logró un reconocimiento honorario del Premio Pulitzer “por su profundo impacto en la música popular y en la cultura norteamericana, marcado por sus composiciones líricas de extraordinario poder poético”. En 2012, Barack Obama, presidente de Estados Unidos, le entregó la Medalla Presidencial de la Libertad.

¿Merecido o inmerecido que haya ganado el Nobel? Que Auster, que Roth, que Rushdie… Que los doctores y los sabios en la materia se encarguen de comparar los méritos literarios de los autores vivos aún no galardonados. Este Nobel premia a Bob Dylan, escritor de letras de canciones. Y no sólo a él, sino a una gran cantidad de autores de letras de canciones de distintas épocas y de todos los continentes. Es cierto, sus textos conmueven más cantados que leídos. No es lo mismo leer Don’t Think Twice, It’s Alright que oírla cantada por él. Porque no es un poema. Es la letra de una canción. Y las letras de canciones forman parte del oficio literario. Que el 99 por ciento son insulsas y de rima fácil… sí. Pero lo mismo puede decirse de gran parte de la poesía y la narrativa publicada. ¿Cuántos ganadores del Nobel de Literatura cayeron hace rato en el olvido? Este premio, en últimas, es una apuesta que refleja el espíritu de una época y no tiene herramientas para predecir lo que puedan llegar a pensar los literatos, economistas, físicos o químicos de los siglos XXII y XXIII.

Bob Dylan no necesita un Nobel ni ningún otro premio para que se valide la gran trascendencia de su obra en la cultura de las últimas décadas. Eso no se discute.



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