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Actualizado 04:39 p.m. - jueves 17 de abril de 2014

Arturo Abella, una vida entre el periodismo y las letras

Arturo Abella, una vida entre el periodismo y las letras

A propósito de la reedición de su libro, su hijo Andrés recuerda la vida de este ilustre periodista.

José Arturo Abella Rodríguez nace en Bogotá el 18 de octubre de 1915. Hijo mayor del Capitán Saúl Abella Prías, cadete precursor de la Escuela Militar en 1907 -fallecido en combate de servicio a los 33 años- y de María del Carmen Rodríguez Jiménez, hogareña ama de casa aficionada al piano, que al enviudar asume la educación de su hijo con la ayuda de sus hermanos y con el temple de 'cachuchona', como se llamara familiarmente a las esposas de militares. Su tío Juan Antonio Rodríguez, editor del diario conservador La Unidad y fundador de la Editorial Minerva, primera imprenta de la ciudad, a la que acuden sobresalientes historiadores, literatos y personajes políticos, lo inicia desde pequeño en el arte de la tipografía y le infunde el gusto por la prensa escrita y la curiosidad crítica del pensamiento político. De ahí parte la vocación del autor, quien, tras terminar sus estudios secundarios en la Escuela Nacional de Comercio, egresa de la Universidad Javeriana en 1944 como Doctor en Filosofía y Letras y Profesor Laureado de Historia, Literatura y Periodismo.
   
Ya de joven universitario se desempeña como corrector de pruebas y secretario de redacción de Revista Javeriana. A mediados de los años 40 publica su primer ensayo biográfico, trabaja como jefe de redacción del hebdomadario Justicia Social y se abre paso como corresponsal y jefe de redacción de la oficina en Bogotá del diario El Colombiano y más adelante como jefe de redacción del periódico El Siglo. Al despuntar los años 50 incursiona en el mundo político como secretario privado de los presidentes Mariano Ospina Pérez y  Laureano Gómez; empero, se inclina más por su pasión de periodista e historiador. Dicta muy apreciadas clases que van afianzando su personal estilo de relatar los sucesos, ejerce como comentarista de la emisora La Voz de Colombia, dirige la Radio Cadena Nacional, y la Radiodifusora Nacional hasta su cierre en 1953. Al poco tiempo, contrae matrimonio con Lilia Pachón Gómez, Doctora en Filosofía y Letras javeriana, de cuya unión nacen sus hijos Daniel, Andrés y Maria Mercedes. A principios de los años 60 asume la Dirección de El Siglo tras haberle dedicado gran parte de su alma y vida profesional, consolidando así su carrera periodística.   

Sus columnas 'Aquí Bogotá' y 'Alta Fidelidad' lo destacan como hábil analista político, de atinada clarividencia y perspicaz sentido del humor. Realiza concluyentes reportajes de gran coherencia a altos mandatarios cuya proba objetividad lo sitúa entre los más respetados periodistas y de mayor credibilidad de la época. Al término de los años 60, tras dirigir el radioperiódico Rueda Libre, aparece por primera vez en televisión con un breve comentario en el programa Ventana al Mundo. Dirige el noticiero del debatido primer canal privado del país, TV-9 Bogotá (el famoso Teletigre), y a inicios de los años 70 lanza su propio noticiero matinal, 'Telediario 7 en Punto', que por su buena acogida pasa a la hora de mayor sintonía y propulsa a nivel nacional su imagen y su ocurrente frase célebre 'Fuentes de Alta Fidelidad me informan...', con la que iniciara el relato de sus 'chivas' políticas o primicias informativas, sin jamás revelar el origen. En 1976 estrena 'El Día Histórico', programa que, junto con sus apariciones en los debates televisivos de RTI, le vale la Mención Especial en los Premios Nemqueteba. Después de casi dos decenios, y en apogeo de audiencia, 'Telediario' cierra sus puertas, no sin dejar huella en el corazón de muchos colombianos, pero también en la historia de la televisión colombiana por ser uno de los primeros programas emitidos a color y porque su pionero director impone un nuevo estilo de noticia, más comentada que leída, al introducir la mesa de trabajo conjunta en los noticieros, incorporar a las primeras mujeres periodistas informativas y, finalmente, sembrar las semillas de la descentralización noticiosa en diferentes puntos el país. 

Los años 80 lo ven retornar a sus viejos amores. Adelanta sus escritos; vuelve a su cátedra universitaria, donde entrega su vasta experiencia con el mayor desprendimiento, lo que le merece el justo epíteto de 'Maestro del Periodismo'. Colabora con las emisoras Caracol, RCN, Santa Fe y Todelar y con los diarios El Tiempo, El Colombiano, El Espectador, El Heraldo y El País. Asimismo, en su calidad de antiguo Director y leal columnista, participa en la reestructuración de su preciado periódico hoy llamado El Nuevo Siglo. Por los años 90 colabora como Jefe de Información de la Academia Colombiana de la Lengua, a la vez que integra el Consejo Nacional de Televisión en representación de la misma. Para cerrar con broche de oro su trayectoria televisiva, regresa a las cámaras con sus dos últimos programas, 'Vida del Idioma' y 'Diga y No Diga', emitidos por el Canal 11 (hoy Señal Colombia), difundiendo así la que fuera su férrea lucha por la corrección del lenguaje.      

Ameno conversador, de expresión pausada, con ese auténtico acento bogotano "rolo", de sagaces apuntes y salidas que bien caracterizaban su agudeza, la crítica aplaudió desde un principio su estilo escrito calificándolo de innovador porque, a diferencia de los clásicos manuales de historia, el autor ofrecía una fértil narrativa de ingeniosa descripción del detalle, con la que sabía cautivar el interés del lector como si estuviese refiriendo una entretenida novela, pero a su vez transmitiendo un completo análisis de nivel histórico. Si bien se elogió igualmente la prolífica documentación en que fundaba sus escritos, mucho más controvertida fue la obstinación con que la escudriñaba minuciosamente en su innato afán rebelde de dar con la verdad y así restituir la realidad escueta de la historia que a menudo se había falseado para privilegiar subjetivos

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