Lecturas Dominicales

Ana Belén y Víctor Manuel, mucho más que dos

Los cantantes abrirán el Hay Festival de Cartagena, en conversación con el director de EL TIEMPO.

Ana Belén y Víctor Manuel

Sus comienzos en el arte, sus años de militancia política, sus hijos y sus nietos, y mucho más en esta entrevista.

Foto:

Paco Navarro Photo

21 de enero 2018 , 10:00 a.m.

Cuando están en el escenario, las voces de Víctor Manuel y Ana Belén –o Ana Belén y Víctor Manuel, o Víctor y Ana, o Ana y Víctor– suenan como una sola. Son diferentes, se mueven en tonos distintos, por supuesto, pero están tan compenetradas que se convierten en una. Una nueva voz. Cuando están en su casa, como pareja, uno de los matrimonios más estables del medio artístico español, todo está distribuido también como corresponde: Víctor es quien hace el mercado, algo que a Ana no se le da; y Ana mira hacia otras tareas de la casa que a Víctor le espantan. Desde que se conocieron, en los movidos años sesenta, supieron que podrían andar juntos y convertirse en mucho más que dos (como tiempo después titularon una de sus producciones discográficas más conocidas). De niños ya anunciaron su camino en el arte: Víctor Manuel San José, nacido en una pequeña población de Asturias, hijo de un ferroviario y nieto de un minero, el de un cantante y compositor comprometido. Ana Belén (María del Pilar Cuesta Acosta), nacida en Madrid, hija de una portera de edificio y de un cocinero, el de actriz y cantante. Iconos indiscutibles de la transición española, han tenido dos vidas exitosas en los escenarios de su país y en los latinoamericanos. En solitario y en dúo. Con Colombia tienen una relación cercana que no solo se deriva de sus presentaciones en conciertos. Cuentan que cuando Víctor Manuel pisa Cartagena suele subir el precio del pescado. No se sabe muy bien por qué, pero parece que se debe a que, amante como es de su sabor, es capaz de pagar lo que le cobren –o más– cuando le ofrecen unos langostinos. Hay que ver qué sucede ahora, que están de vuelta.

Ya cumplieron cincuenta años de carrera. Si miran hacia atrás, ¿qué cosa o qué persona recuerdan que los llevó a elegir el camino del arte?


Víctor Manuel: Nada en particular fue determinante para dedicarme a esto, pero sí muchas cosas. Creo mucho en la voluntad. Decidí ser compositor, ser cantante –no estrella– sin tener ningún medio para hacerlo, sin tener una voz especial ni una idea de cómo escribir una canción. Nada. Pero fui aprendiendo, escuchando a los maestros, a cantantes maravillosos para mí, como Charles Aznavour o Gilbert Bécaud, que eran muy diferentes a lo que se oía en mi país. Esa gente fue la inspiración primera. Con ellos descubrí que se podía componer y cantar, una cosa que yo desconocía. Y que se podía cantar con una voz defectuosa, que no hacía falta tener una voz académica ni brillante, sino expresar y comunicar. Recibí mucho de la canción francesa. Ellos iban varios años por delante. Habían ganado la guerra y abierto las ventanas para que se airease todo, mientras mi país estaba en la más horrorosa oscuridad, cuando yo empezaba a componer. En el camino, a mis 18 años, me encontré con que había escrito un montón de canciones que se hicieron populares. Ese fue un añadido con el que no contaba. Pensaba que iba a tener una vida corta como cantante, que al final lo que quería era volver a mi pueblo con un coche grande y finalmente poner una confitería. Todo se fue enredando. Y desde entonces he podido disfrutar y vivir de la música.

Ana Belén: Para mí hubo algo que fue fundamental: la radio. En mi casa, que era de una familia humilde, clase baja trabajadora, la radio estaba puesta todo el día. A través de ella llegaba la música. Mis papás cantaban muy bien. No se dedicaron a eso profesionalmente, pero toda mi infancia la recuerdo con ellos dos cantando. Cantaban lo que oían en la radio, rancheras, boleros. Luego fue el cine. El cine popular al que íbamos mis hermanos y yo desde chiquitos. De repente, en medio de la oscuridad, se encendía una pantalla y volabas, te encontrabas en el Oeste con las películas norteamericanas, o en los musicales, o en las historias de Chaplin. Después hubo una persona que fue vital: Miguel Narros, a quien conocí en el rodaje de la primera película en la que actué. Él me dijo: si quieres trabajar en esta profesión, tienes que estudiar. Yo no sabía que había que hacerlo, creía que salías con un don y con ese hacías todo el cine posible. Miguel dirigía una escuela de teatro innovadora en la que se empezaba a estudiar el método Stanislavski. Me fui a estudiar con él. Pasé cuatro años, de los 15 a los 19, haciendo teatro clásico. Algo que fue clave para mi carrera.

En mi casa, que era de una familia humilde, clase baja trabajadora, la radio estaba puesta todo el día. A través de ella llegaba la música.

Después de muchos años, ha vuelto a actuar en televisión…

AB: Sí, llevaba dieciocho años sin hacer televisión como actriz y en junio pasado me contactaron y ahí estoy. Es una serie sobre una familia de muy malas personas, y yo soy la más mala de todos. Me estoy divirtiendo muchísimo. Cada vez que comienzo un trabajo, ya sea cantando o preparando un personaje para teatro, televisión o cine, parto de la idea de que no sé nada, que todo lo que he hecho en estos años de carrera no sirve para nada. Que es la primera vez. Doy la sensación de ser una persona fuerte y segura, pero la verdad es que soy muy miedosa, muy insegura. Dudo continuamente de lo que hago, de lo que digo. Claro, hoy sé muchas más cosas sobre mí como artista. Pero sigo enfrentando el trabajo así: no sé nada, y en este nuevo trabajo voy a aprenderlo todo.

Ambos, cada uno por su lado, publicaron hace poco sus biografías. ¿Por qué decidieron dejar por escrito sus historias?

VM: No pensaba escribirla, pero un editor me convenció. Fue apasionante refrescar recuerdos, meterte en páginas que ya tenías pasadas. Fue un ejercicio hermoso, aunque por momentos también me costó trabajo. Te mueve todo por dentro. Pero eso es la vida. Mi intención no era dejar una memoria trascendente ni de brillo, simplemente hacer un ajuste de cuentas conmigo y ya está. La titulé Antes de que sea tarde porque había vivido la muerte de mi madre, que tuvo alzheimer los últimos años de su vida, y mi pensamiento era ese: antes de que sea tarde, voy a dejar algo por escrito. En el libro digo que si hubiera podido ahogar a mi madre con una almohada, en un momento de rapto… De repente abriría los ojos y diría: “Ay, hijo mío”, como única cosa. No sé si sabía quién era yo, pero era una frase que repetía: “Ay, hijo mío”. Esa es la enfermedad más terrible. Debe haber más dolorosas, seguramente, pero ese despojamiento, ese quedarte sin nada adentro, sin recuerdos, es lo más fuerte que conozco.

AB: Yo fui muy reacia cuando me propusieron publicar una biografía. Miguel Ángel Villena, un periodista que se ocupaba de la información cultural en el diario El País, me propuso hacerla. Primero dije que no: no tengo edad para ir contando cómo ha sido mi vida. Siento que tengo muchas cosas todavía por hacer. Además soy una persona reservada. Pero él me planteó hablar sobre todo de lo profesional, y contar al mismo tiempo el cambio de un país. Es verdad que los que somos de esta generación de los 50 nos ha tocado vivir toda la época de cambio: la muerte del dictador, la transición, la llegada de la democracia… Hemos estado ahí. Así que al final nos sentamos unas tardes a hablar de cómo había vivido yo desde esa infancia en que entré a la profesión hasta ahora.

Víctor Manuel y Ana Belén

Víctor Manuel y Ana Belén durante una de sus presentaciones en la televisión mexicana, en 1973.

Foto:

Archivo particular.

Asumieron, siendo muy jóvenes, un compromiso político, incluso una militancia.

AB: Los dos veníamos de lugares parecidos. Nuestras familias eran de perdedores en la guerra. En la dictadura no se podía hablar en voz alta, pero sí en voz bajita, y sabíamos que nuestros abuelos habían sido republicanos. Mi padre murió después de salir de la cárcel por republicano, igual que le ocurrió al abuelo de Víctor. Así que empezamos a militar de una manera lógica. Por nuestra profesión, por la música, por el teatro, estábamos en contacto con compañeros que ya militaban. Y tomamos partido. Como mucha gente de esa generación lo hizo. Somos hijos del tiempo que nos tocó vivir.

VM: Yo estuve despolitizado hasta el año 69 o 70. Aunque ya en esa época tenía canciones prohibidas. Expresaba cosas que no les gustaban a los censores y por tanto decían que esa canción no podía grabarse. Empecé a politizarme cuando comencé a viajar al extranjero. Hice viajes por Europa, por América y ahí me fui encontrando gente que me contaba cosas de mi país que yo desconocía. Y fui tomando postura y radicalizándome. No suelo ser de términos medios. Cuando me metí, lo hice hasta el cuello y así estuve muchos años, confundiendo la frontera entre música y política. Lógicamente, todo lo que era música se resintió, porque dedicaba más tiempo y más energía a la vida política. Tengo un periodo muy oscuro, en el sentido musical, que va del 73 al 78. Pero hubo una circunstancia clave que me obligó a dar marcha atrás: Ana y yo habíamos tenido un hijo, David, en el 76, y me apetecía más estar con él jugando en casa que ir a una reunión política. Por ahí fui encontrando el camino de vuelta. Además estaba la necesidad de volver a la industria. En esa época no vendía ni un disco. Quería regresar y tratar de rehacer artísticamente mi mundo. Y eso ocurrió a partir del 79, con un disco titulado Soy un corazón tendido al sol.

Tengo un periodo muy oscuro, en el sentido musical, que va del 73 al 78.

En ese disco está una de sus canciones más emblemáticas: Solo pienso en ti.

VM: Ese fue un disco milagroso, en general. En ese momento tenía una inspiración desbocada, incluso inventé una manera muy diferente de cantar, con más aire, más dulzura, menos bronca. También cambié de compañía de discos y fueron definitivas las palabras del que en ese momento era su presidente: “Si este chico ha compuesto Quiero abrazarte tanto y Canción para Pilar, no ha tenido que olvidarse de componer”. Solo pienso en ti surgió de una nota periodística. Ahora, cuando presento esta canción, me extiendo un poco más porque me gusta contar que los dos personajes de los que hablo todavía existen. Siguen trabajando y viviendo en el mismo lugar donde supe de ellos. Tienen tres hijos, dos de ellos son universitarios, todo eso tutelado por la residencia en la que viven. Es una canción muy especial. Lo más fuerte que he recibido de ella viene de familias de discapacitados que siempre me dan las gracias por haber contribuido a la visibilidad de ese mundo. Hace 45 años todo era más complicado para ellos.

'Solo pienso en ti', Víctor Manuel"'Solo pienso en ti' surgió de una nota periodística. Ahora, cuando presento esta canción, me extiendo un poco más porque me gusta contar que los dos personajes de los que hablo todavía existen", Víctor Manuel.
Víctor Manuel, 'Solo pienso en ti'

"'Solo pienso en ti' surgió de una nota periodística. Ahora, cuando presento esta canción, me extiendo un poco más porque me gusta contar que los dos personajes de los que hablo todavía existen".

Y también escribió una canción sobre otro tema del que muy poco se hablaba en ese momento: el amor homosexual.

VM: Esa canción fue un poco después. Se titula Quién puso más. Habla de dos amigos muy queridos que se separaron después de muchos años de convivencia. La verdad es que me cuesta ponerme en el trance en el que la escribí. Lo mismo me ocurre con otras, como La madre, que es una historia que también leí en una nota suelta, en Italia, sobre una madre que no puede soportar por más tiempo a su hijo enganchado en la heroína y decide darle una dosis pura y matarle. Son temas para mí muy especiales. Y si de alguna manera contribuyen a hacer visible una situación concreta, pues, mira, para eso son las canciones.

¿Cuál sería, Ana, la canción más emblemática de su repertorio?

AB: Pueden ser tantas. Tal vez una que grabé en la época de la transición y el cambio a la democracia, un poema de Nicolás Guillén al que Quilapayún le puso música: La muralla. En los conciertos actuales no la canto, pero la tengo preparada por si alguien la pide. Y hay más, de cada época. El hombre del piano sigue siendo esencial. La puerta de Alcalá, España camisa blanca de mi esperanza, Derroche, Contamíname. Hay varias que me explican como cantante.

¿Cómo elige las canciones que canta?

AB: Con base en las emociones. Si elijo una canción es porque al escucharla por primera vez ha habido un flechazo. La verdad es que así hago con todos los trabajos. Leo un guion y si me produce una emoción acepto estar ahí. Cuando escucho una canción, bien sea en una pequeña maqueta, o cuando leo un poema que pienso que debería tener música, siempre me decido por lo que me mueve algo por dentro.

Los dos han hecho una carrera sólida por separado. Pero también son reconocidos como dúo. ¿Cómo recuerdan el momento en que compartieron escenario por primera vez?

AB: Recuerdo perfectamente aquella primera ocasión. Nos habían contratado por separado. Víctor tenía su equipo de músicos, yo el mío. Y ahí nos apretamos todos en el escenario. Empezamos a cantar, Víctor una canción, yo otra. Luego de pronto dijimos: mira, ¿y si esta la cantamos juntos? Y así fue. Cantar con Víctor es una delicia.

VM: Fue en Gijón, en el norte de España. Y fue así de casual, exactamente. Funcionó tan bien, que lo hemos seguido haciendo mucho tiempo. Pasamos periodos largos sin cantar juntos, por supuesto. Cada uno tiene su administración propia. Pero la verdad es que la gente disfruta más viéndonos juntos que por separado.

Si elijo una canción es porque al escucharla por primera vez ha habido un flechazo. La verdad es que así hago con todos los trabajos

Además, uno de sus sellos ha sido compartir escenario con otros artistas.

VM: Lo disfrutamos muchísimo. Empezamos a verlo en Brasil, en el 70. D escubrimos cómo colaboraban todos con todos, cómo era normal ver a Caetano Veloso con Chico Buarque o con Gilberto Gil. Y comenzamos a ponerlo en marcha con un concierto que Ana hizo en el 79. Después lo fuimos haciendo con más frecuencia, sobre todo a partir del 94, con Mucho más que dos, en el que cantamos con un montón de artistas queridos. Es una maravilla compartir escenario con gente que te quiere, que les quieres. Ahora hemos hecho la última parta de la gira de El gusto es nuestro con Miguel Ríos y Joan Manuel Serrat. Una alegría.

AB: A mí me gusta mucho compartir escenario. Esa responsabilidad de estar sola ahí –bueno, no estás sola porque estás con tus músicos, pero sí– se me hace dura. Lo hago, pero es difícil. Compartir escenario significa eso: compartir también la responsabilidad. Y divertirte, porque siempre ocurren cosas: el escenario es algo que está vivo. Víctor y yo fuimos de los primeros en hacer esto en España. Ahora se hace más. Antes había cierto egoísmo dentro de la música. No querían a nadie que les hiciera sombra. Pero compartir te da libertad. Sobre todo cantar con gente a la que admiras. Es una gozada.

Su disco más reciente, Ana, es precisamente una recopilación de dúos. ¿Cuál recuerda como el más especial?

AB: Con Chico Buarque. La primera vez que grabé con él fue en Río de Janeiro. Ay, dios, me puse tan nerviosa que no podía dejar de mirarlo. Luego tuve que grabar mi parte sola en España, de lo nerviosa que estaba. Recuerdo cuando grabé con Joan Manuel Serrat, al que he admirado desde jovencita. Y con Miguel Ríos, a quien conocí a los 13 años. Ellos son más que amigos, son familia.

Víctor Manuel, Miguel Ríos y Joan Manuel.

Víctor Manuel con Miguel Ríos y Joan Manuel Serrat, una amistad que viene de años atrás y que sus seguidores perciben en el escenario.

Foto:

Archivo particular.

Víctor Manuel

Víctor Manuel.

Foto:

Archivo particular.

Víctor Manuel y Ana Belén

Víctor Manuel y Ana Belén

Foto:

Archivo particular.

Ana Belén

Ana Belén.

Foto:

Archivo particular.

¿Cuál es, para ustedes, el poder de la música?

VM: No hay instrumento de comunicación más poderoso que la música. Para empezar, es lo más democrático que existe. Tú puedes escuchar cincuenta canciones al día o quinientas al año y de repente una decide que se queda contigo en tu disco duro y ahí la tienes hasta que te mueres. La música te fija en un espacio, un tiempo, una edad. Cuando alguien me dice: “Ay, cómo me gustaban tus primeras canciones”, yo siempre le pregunto: “¿Cuántos años tenías entonces?”. “Veinte años”. “Ya está, lo que te gustaban eran tus veinte años”. En ese sentido la música es maravillosa. Hay estudios recientes –y lo viví con mi madre– que muestran que la última huella que se borra en la memoria de la gente con alzheimer es la música. Va a una parte del cerebro que no sé cuál es, pero se queda ahí. Eso es la música: se queda contigo para siempre.

AB: Tiene el poder de emocionarte, de evocarte un lugar, una persona, un olor, un color, un paisaje, un instante determinado, incluso puede reafirmarte en cosas que dentro de ti no tienes demasiado seguras. De repente escuchas a un músico que te dice algo con una canción y piensas: “Ah, claro, es verdad, si es lo que yo estaba pensando”. Se te abre un mundo.

¿Y cómo ven la industria musical actual?

AB: Se ha constreñido muchísimo. Antes había más libertad. Nuestro oído estaba más abierto a escuchar músicas diferentes. Ahora todo va en una sola dirección. Parece mentira, pero en España tenemos muy poco conocimiento de la música que se hace en Italia, o a nuestro lado, en Francia, o en Portugal. ¿Cómo es posible?, ¿cómo es que nos dirigen en una sola dirección? Es una pena.

VM: La industria ya no existe. Hay otra cosa que no se puede llamar industria. El valor de las canciones, o de la música, no es el mismo hoy que el que tenía para la gente de nuestra generación, cuando ahorrabas unas monedas durante un tiempo para comprar un disco, ese único disco que escuchabas perennemente los siguientes seis meses. Ahora las cosas funcionan de otra manera. Por acumulación. Lo que importa es tener diez mil canciones en tu teléfono aunque no las vayas a escuchar todas nunca. Hoy las ventas de discos son residuales, la música se consume a través de internet, legalmente o ilegalmente. Una especie de mercado persa. La función de la música ha cambiado. Hay un ensayo que leí, muy hermoso, que habla de las cosas que la gente ya hace solo por gusto, sin percibir nada económicamente. Una de ellas es la música. Hay cantidad de gente que la hace porque le gusta, y tiene que buscar un trabajo alternativo.

'Contamíname', Ana Belén y Víctor ManuelAna Belén y Víctor Manuel interpretando 'Contamíname'.
Ana Belén y Víctor Manuel

Ana Belén y Víctor Manuel interpretando 'Contamíname'. 

¿Esto le quita las ganas de componer?

VM: No, no. De hecho estoy escribiendo temas para un proyecto nuevo. Me gusta crear y eso es irrenunciable. Pero tengo amigos que ya han compuesto su última canción y dicen que nunca más van a echar una botella al mar con un mensaje para ver quién la recoge. Yo estoy amortizado. Tengo un repertorio, me anuncio en un teatro y el público va. Para la gente que viene detrás sí es terrorífico.

¿Y qué opinan de que sus dos hijos, David y Marina, también se hayan decidido por el arte?

VM: Ha sido irresistible la atracción que han tenido por estas profesiones. Me alegro. Veo a David, que es compositor, trabajar como un descosido en muchísimos frentes relacionados con la música para obtener resultados magros. Pero así estamos. La precariedad ha llegado para quedarse. Marina también tiene un espacio peligrosísimo porque en la actuación lo único que tienes es un teléfono a la espera de una llamada y un representante. Lo demás es vértigo. Ser actriz es una profesión infinitamente más difícil que la de músico.

AB: Yo digo que con nosotros empezó la saga de esta familia y quién sabe a dónde nos conducirá. Ahora que David y Marina tienen clara su profesión, pienso que era el camino más natural que podían elegir. Aunque les hemos tenido muy apartados del foco mediático, ambos han vivido muy de cerca nuestras carreras. David, desde pequeño, venía a los conciertos. Marina está acompañándome al teatro desde niña. Luego de terminar el colegio, dijo que quería estudiar para ser actriz. Y ahí está, siendo actriz. Y nuestro hijo, que desde los seis años empezó a tocar piano, es músico.

Tengo amigos que ya han compuesto su última canción y dicen que nunca más van a echar una botella al mar con un mensaje para ver quién la recoge.

¿Será que la saga sigue con los nietos?

AB: Son chicos, tienen 4 y 9 años. ¿Y sabes qué ocurre? Ahora los niños en general tienen tantos estímulos, que todos cantan bien, todos tienen buen oído, todos saben dibujar. En sus escuelas les fomentan eso. Hoy es normal encontrar niños que no saben si van a ser pintores o bomberos, médicos o músicos.

VM: Los nietos son otro capítulo. Esta mañana la he pasado como un imbécil en un lugar llamado la gatoteca, al que mi nieta le gusta que la lleve. Un sitio lleno de gatos recogidos de la calle, muy limpios, preciosos, y ella se pasa ahí las horas jugando con ellos. Esas cosas no recuerdo si las hice por mis hijos, pero por mis nietos las hago encantado.

Para terminar: ¿qué tal si cada uno elije la canción que más le gusta oír en la voz del otro?

VM: A ver. Puede ser España camisa blanca de mi esperanza. O Niña de agua. O No sé por qué te quiero. Canciones que he escrito pensando en Ana y que yo no puedo cantar. No sé cantar como ella. No lo hago tan bien.

AB: Yo elijo Canción pequeña. Me gusta mucho. Ahí creo que Víctor estuvo tan inspirado. No es muy conocida, ni es de las de fuegos artificiales. Bueno, es como su título: una pequeña canción de amor.

*Su conversación con Roberto Pombo, director de EL TIEMPO, en Cartagena será el jueves 25 de enero a las 12:30 p.m. Teatro Adolfo Mejía.


LECTURAS

Ya leíste los 800 artículos disponibles de este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido digital
de forma ilimitada obteniendo el

70% de descuento.

¿Ya tienes una suscripción al impreso?

actívala

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA