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Actualizado 07:14 p.m. - sábado 19 de abril de 2014

Justicia 10:52 p.m.

Un jardinero fue el enlace entre sacerdotes asesinados y los sicarios

La Fiscalía ratificó que el crimen de los dos curas en Bogotá fue un pacto de muerte.

Isidro Castiblanco Forero, un jardinero de 42 años que es conocido en el sur de Bogotá como el 'Gallero', fue el intermediario entre los sacerdotes Rafael Reátiga y Ríchard Armando Píffano, asesinados el 26 de enero del 2011, y los sicarios que los propios religiosos contrataron para que los mataran, según la Fiscalía. (Vea la crónica en video del caso de los sacerdotes)

Ayer, en una dramática audiencia, en la que el organismo investigador confirmó el sorprendente giro que tomó el caso, revelado por EL TIEMPO, Castiblanco reconoció su participación en el crimen en calidad de cómplice. "Señor juez, con todo respeto, acepto los cargos", dijo el 'Gallero', quien fue enviado a prisión por orden del juez 31 penal de Bogotá.

La misma decisión fue ratificada en el caso de Gilberto Alberto Peñate, señalado de ser uno de los autores materiales del asesinato.

Peñate, conocido en el bajo mundo con el alias del 'Gavilán', se encuentra privado de la libertad desde julio pasado por tenencia de armas. (Vea historias de sacerdotes asesinados)

Este martes, el hombre negó haber participado en los asesinatos, a pesar de que en su poder se encontró un celular robado a los religiosos el día del crimen, y de que la Fiscalía tiene interceptaciones que lo vinculan con los sacerdotes y su macabra compra de servicios sicariales.

Un menor de edad, que es testigo de la Fiscalía, reconoció, además, al 'Gallero' y al 'Gavilán' como los hombres que el día del crimen acompañaron por varias zonas de Bogotá a Reátiga -a quien le habían diagnosticado sida y sífilis- y a Píffano.

Según señaló la Fiscalía, el 26 de enero del año pasado, horas antes de cometerse el doble homicidio, los dos curas y los homicidas tuvieron una última cita junto a la iglesia del barrio El Tintal, en el suroccidente de Bogotá, para afinar detalles. Allí se realizó el pago de los 15 millones de pesos que recibieron los asesinos, cuatro de los cuales fueron para el 'Gallero' por haber contactado al 'Gavilán'. (Lea también: Consternación en Kennedy y Soacha por caso de sacerdotes asesinados)

La hipótesis que sostiene la Fiscalía es que los dos sacerdotes hicieron un pacto de muerte, y de hecho fallaron en varios intentos de suicidio. Uno de ellos se realizó en el alto del Pescadero, donde estuvieron días antes de su asesinato, y finalmente optaron por contratar a un asesino profesional.

En medio de las reservas que han expresado los familiares y feligreses de las parroquias de los dos religiosos, la Fiscalía aseguró que Reátiga y Píffano acordaron con los sicarios simular un atraco, como en efecto se hizo. La del robo fue la primera hipótesis, que se fue desvaneciendo a medida que el CTI juntaba nuevas pruebas.

Durante la imputación de cargos, la Fiscalía reveló que contra el padre Reátiga se entablaron quejas por comportamientos homosexuales y acoso sexual.

Según se dijo en la audiencia, se comprobó que los dos religiosos solían frecuentar bares gays del sector de Chapinero.

El deterioro de salud del padre Reátiga lo habría llevado a obsesionarse con la idea de la muerte, y así lo comentó a varios feligreses. "Me hallaron una enfermedad mortal (...). A mí me gustaría morir de un balazo; esa muerte es bonita", le dijo a una de las personas que frecuentaban su parroquia, cuyo testimonio aparece en el proceso.

La Iglesia pide esperar el final del proceso

Como un caso "confuso" calificó el secretario general de la Conferencia Episcopal, monseñor Juan Vicente Córdoba, la muerte de los sacerdotes Rafael Reátiga y Ríchard Píffano que, según la investigación de la Fiscalía, contrataron a sus propios sicarios por 15 millones de pesos luego de saber que uno de ellos padecía una enfermedad contagiosa incurable.

"Es difícil comprender que dos personas jóvenes e inteligentes pacten algo así", afirmó Córdoba.

Y agregó: "Nos dolió mucho la muerte de estos sacerdotes y nos duele mucho lo que se ha dicho. Por caridad cristiana, y por consideración a su dignidad, es mejor abstenerse de decir algo hasta que la verdad se sepa con total certeza".

REDACCIONES JUSTICIA Y BOGOTÁ

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