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Actualizado 11:15 a.m. - miércoles 16 de abril de 2014

Justicia 10:17 a.m.

Confesiones del hombre que puso en jaque al cartel de Cali

Confesiones del hombre que puso en jaque al cartel de Cali

Foto: Archivo particular

De jefe de seguridad de Miguel Rodríguez, Salcedo pasó a ser hombre clave de la DEA en su captura.

En 1995 Jorge Salcedo, su esposa y sus hijos cambiaron su identidad. Sus amigos y familiares les perdieron el rastro. Era la única alternativa que tenía para continuar su vida después de haber entregado a la DEA a Miguel Rodríguez Orejuela, el capo del cartel de Cali y uno de los hombres más buscados del mundo.

Termina como testigo protegido de la DEA. Pero 16 años después, el periodista William Rempel revive su historia en el libro En la boca del lobo, donde relata el momento en que, siendo jefe de seguridad de los capos, decide dejar el cartel. Esa es una historia que no se ha agotado, dice, y en diálogo con EL TIEMPO.COM desde algún lugar de Estados Unidos, rememora otros hechos inéditos de esa época. 
 
¿Porqué decide trabajar con los Rodríguez?

La situación del país en ese momento. Era la época en la que había unos generales muy incompetentes, las Farc entraban a los pueblos y se llevaban 200 soldados. Era oficial de la reserva y hacía inteligencia para el Ejército en Cali, fui testigo de situaciones que consideraba equivocadas y veía como Pablo Escobar adquiría más poder y acabar con él se había convertido en un propósito mundial. Por un lado estaba la CIA, por el otro la DEA. Los Rodríguez estaban siendo atacados por Escobar en Cali. A a mi me llamó mucho la atención poder hacer algo para acabar con semejante monstruo en un Estado que conocía como tolerante e incompetente y en el que se movía como pez en el agua. No tuve ningún inconveniente en coordinar una acción contra él y sus secuaces porque sabía de lo que era capaz de hacer semejante personaje.
 
Jorge se cuida de no dar la menor pista que pueda revelar su nueva vida. Sus escasas llamadas a Colombia pasan por un sofisticado equipo que enmascara la señal y la hace aparecer a kilómetros de distancia de donde se encuentra. "No existe mayor seguridad que la nazca de uno mismo", ha sido siempre su consigna y la que le ha permitido sobrevivir.
 
Aunque se arrepiente de ese pasado, le queda la tranquilidad de que nunca mató a nadie. Lo único que aún le inquieta es el haber puesto en riesgo a su familia. Esa ha sido su mayor irresponsabilidad. Estando al servicio de los Rodríguez coordinó a un grupo de mercenarios con la misión de matar a Escobar y el capo lo supo. Eso sin contar que trabajó para unos patrones que cobraban los errores con la muerte. Salcedo no descarta que así se produjo la vacante que llenó.
 
Y al final, se arriesgó a sacar del país a Guillermo Pallomari, el contador del cartel, a pesar de que los capos ya sospechaban de su colaboración a la DEA.   
 
¿Qué lo lleva a dejar el cartel?
Son situaciones de adrenalina y peligro que hacen que uno diga hasta aquí llegué. Empecé a darme cuenta que ellos prescindían de personas que no eran necesarias, que sabían mucho o que les habían fallado de muchas maneras. Y eso me podía suceder a mi. Empiezo a saturarme de porquerías. Pero hay un episodio, el asesinato de tres panameños en finca cercana al aeropuerto Bonilla Aragón, que me lleva a decir: hermano, aquí hay algo demasiado peligroso, adiós, váyase como pueda. Estuve ahí de gancho ciego. Sentí que me habían obligado a ir sin necesidad. Pasé de combatir a Escobar a ser testigo de un homicidio y al final organizar otra muerte: la de Pallomari y me digo: ¡Por Dios! ¿De qué me estoy graduando? Cada vez escalaba más, esa nivel de información y de confianza hacia mi y era algo que yo no quería. Y era una situación a la que no le podía decir que no pues de pronto me mataban.
 
Cuál fue su trabajo con los Rodríguez
Inicialmente, cuidar a las familias de los Rodríguez. Ellos le tenían muchísimo miedo a que Escobar usara su arma favorita: el secuestro. Le tenían pánico a que Escobar cogiera a uno de sus niñitos que iba a diario al colegio. A eso le tenían bastante temor. Yo dejaba que otros se encargaran de una área que no quería cubrir: sobornos con militares, asuntos de inteligencia demasiado comprometedores y me dediqué a garantizarle la seguridad personal a Miguel mediante un grupo de muchachos motociclistas que conocían su oficio y la única arma que tenían era un radio-teléfono. En esa época no había celulares.
 
¿Esa actividad le costó la vida a alguien?
Nunca hice nada que le costara la vida a nadie. Yo salvé mucha gente. Hubo personas a las que les dije vuélese ya porque lo van a acabar'. Lastima no poder mirarlo a los ojos para decirle que yo no he matado a nadie. No tengo problemas de conciencia.
 
Usted dice que despreciaba a los Rodríguez por despiadados, pero al mismo tiempo los admiraba ¿Cómo era eso?
Eso es como si usted admira a una mujer por su belleza pero no aprueba la conducta.Mi admiración va por el lado de que ellos se les medían a cosas grandes. Pero de ahí a que yo viera que estaba bien lo que hacían, no. Hay cosas que tienen límites y eso era lo que yo rechazaba.
 
Pero aún así, Salcedo fue testigo directo del desfile de cientos de políticos y personajes de la vida nacional que hacían looby en la casa de Miguel Rodríguez en busca de favores. También vio a otros, fuera y dentro del Cartel, buscaban el poder. presenció manipulaciones y cómo pasaban por encima de cualquier cosa para conseguir eso.
 
Usted ha mencionado a otros políticos ¿Qué otros eran cercanos al cartel?

Alberto Santofimio muchas veces fue a citas con ellos. Eran íntimos. Lo vi en persona. Era de los que llamaba y le pasaban al teléfono. Lo que no entiendo es que si Santofimio era tan amigo de Pablo (Escobar) y de Miguel (Rodríguez), esa guerra la hubiera podido acabar en segundos si hubiera querido. Recuerdo una vez Santofimio estaba en Cali y Gilberto decide homenajearlo con una comida. Ellos quierían una recepción de estilo y que pareciera muy concurrida. Nos ponen a llevar gente de bulto y empiezan estos gamines a tirarse uvas. Uno le tira una uva al otro y se la pega en la cabeza y se hace el que no he visto nada, y el otro le devuelve la uva. En una de esas alguien tira una uva y otro hace el quite y le cae a Santofimio en la cabeza.

¿Jugó algún papel de importancia en el cartel?

Él estaba más por su influencia para manejar cosas. A Miguel siempre le interesaban los políticos. Siempre tuvo interés en la política. Querían tener bajo su control las actividades de la Policía, el Ejército, el DAS; y también había que tener a jueces, magistrados, tribunales y, mirando más hacia el futuro modificar las leyes, que les resultaran favorables, todo lo que condujera a no extraditar, a perdón a olvido.

¿Por qué habla usted del general Camilo Zúñiga como cercano a Miguel Rodríguez?

Con esto le digo todo: El gobierno estadounidense tuvo muchas dudas y le quitó la visa de manera inusual. A mí me preguntaron qué sabía de él. Yo conté lo que oí de boca de Miguel, que en una operación absolutamente secreta, que sólo sabían el comandante del Bloque de Búsqueda y la CIA, Miguel tenía una información puntual. Cuando le digo que estaba sumamente bien informado, él me dice: es por Zúñiga.

¿Qué sabe de otros oficiales?

Hubo otro general de la Policía, de apellido Silva. De ese oficial hubo muchos antecedentes que yo oí porque llegué (al cartel) después de que Silva saliera de la Policía.

¿Hubo alguna relación de los Rodríguez con Carlos Castaño? 

Si. Yo recibí a Carlos Castaño y a Fidel, su hermano y los llevé a presencia de ellos. Estaban buscando aglutinar gente de lo que quedaba del cartel de Medellín que no fueran afines de Escobar para conformar un grupo, que después Gilberto le puso el nombre de 'Pepes' (perseguidos por Pablo Escobar). Y (Castaño) era el persona que tenía la gente y los motivos para atacar a Pablo. Pero Castaño tuvo relación con los Rodríguez desde antes de los Pepes. Castaño fue un personaje que se fue transformando. Era una persona que coordinó, ayudó y tenía la capacidad militar de hacer cosas como las que hicieron los Pepes.

¿De todos esos actos de corrupció de los cuales fue testigo cual le impactó más?

La forma como los Rodríguez manipularon la Asamblea Nacional Constituyente. Abogados importantísimos pulian textos que debían ser aprobados por los capos. Los borradores se escribían en Bogotá y se mandaba vía Fax a la casa de Miguel. Ahí había un área de cinco escritorios donde los asesores hacían consultas y retornaban el texto que se debía aprobar.
 
Jorge es hoy un hombre religioso. La ayuda divina, dice, es lo único que explica esa cadena de sucesos favorables, que tenían muy poca probabilidad de ocurrencia, y que le permitieron salir con vida de las redes del cartel de Cali. Desde que tomó la decisión de colaborar con la DEA logró algo casi que imposible, que todas las cartas que jugó le salieran ases. Pero no baja la guardia. Aún ahora, que es protegido del gobierno estadounidense, sigue con su lema de pensar fríamente y encomendarse a mi Dios.

Siempre ha tenido un plan de emergencia, y lo sigue teniendo. Cuando el cartel ya sospechaba de su traición y observaba cada uno de sus movimientos se las ingenió para fabricar una mina especial en un buscapersonas. La llevaba en el cinturón, lista a activarla ante cualquier situación de peligro. En cinco segundos contaría con una distracción para escabullirse. Pero no era su única opción. Tenía una persona a la que llamaba cada 15 minutos y con instrucciones de llamar a un oficial de Ejército si no se comunicaba. Si lo atrapaban, estaba dispuesto a cobrar caro su vida.
 
¿Cómo veían los Rodríguez al director de la Policía en ese momento, el general Rosso José Serrano?

Lo veían como una persona que no podían poner en nómina y estaban preocupados. Pero, aunque le tenían mucho miedo, le habían encontrado el punto débil: pensaban que a Serrano le gustaba la publicidad porque cada vez que había un allanamiento él estaba pendiente de quedar en la foto. Eso, incluso, permitió que Miguel se escapara del allanamiento al edificio Santa Rita. La única que sabía de esa operación era la DEA y Serrano, por su afán por llegar a Cali ese día, hizo que la información se filtrara.
 
¿Qué sabe de Guillermo Pallomari, el hombre que salvó?

No he sabido nada. Nunca me llevé bien con él. Supe que los de la DEA le preguntaron que quién creía que lo quería matar y él me señaló a mí. Le respondieron: pero si él fue el que lo salvó y lo tiene vivo. Él arrancó a llorar. 
 
¿Sigue en riesgo su vida?

Hay que ser realistas. Es como el que vive en el Japón, tiene una casita y le cae un tsunami. El golpe ha sido traumático para la familia. En el pasado existía una pena mayor, el destierro. La gente se iba y no podía volver. En mi caso se aplica. La persecución contra mí continúa.

Miguel Rodríguez y el fútbol

"Él manejaba a directivos, árbitros, periodistas, y tenía intenciones de proyectar eso hacia otras naciones y federaciones.

"Era también un medio de lavado de plata. Había un argentino que era muy activo con eso.

"Una vez me dio tristeza ver a un pobre árbitro, un domingo en la mañana. Miguel le dijo: le doy para sus necesidades, pero cuidadito perdemos.

"Otra vez llamó a un conocido comentarista que después fue político y lo regañó porque no hacía sino hablar mal del América.

"Con muchos periodistas de Cali, eso era almuerzo cada ocho días".

GERMÁN JIMÉNEZ LEAL
Redacción Justicia
gerjim@eltiempo.com

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