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Colombia es el tercer país con más expertos en polígrafo

Entidades públicas aplican cada vez más la prueba del polígrafo, que no tiene validez jurídica.

María del Pilar Hurtado

Una semana después de llegar a la dirección del DAS en el 2007, María del Pilar Hurtado se sometió a la prueba del polígrafo, un requisito que tenía la extinta entidad para sus empleados.

Foto:

Juan R. Munar / DAS

23 de julio 2017 , 12:00 a.m.

Cada vez con mayor frecuencia, la prueba de polígrafo se está convirtiendo para los colombianos en un examen más a la hora de conseguir un cargo o una promoción de importancia.

Pero, la fama del supuestamente implacable detector de mentiras no pasa por sus mejores días como consecuencia del escándalo que tiene preso a Luis Gustavo Moreno, el jefe de la Unidad Anticorrupción de la Fiscalía que resultó preso, precisamente, por corrupto. Entre las explicaciones que ha dado la cúpula de la entidad sobre la vinculación de Moreno está el hecho de haber sido el único de los nueve candidatos preseleccionados que pasó la prueba de polígrafo, realizada en octubre de 2016 con la colaboración de agencias norteamericanas de seguridad.

No es el primer caso sensible de un ‘colado’ en los cargos de mayor impacto para la seguridad y la justicia del país. Hace una década también la pasó, e incluso se tomó foto, María del Pilar Hurtado, la directora del DAS que terminó condenada por las chuzadas y seguimientos ilegales a la Corte Suprema en el gobierno de Álvaro Uribe Vélez.

Sin embargo, esta misma técnica ha permitido descubrir a personas que, además de despiadados criminales, eran perfectos mentirosos. Por una prueba de polígrafo, investigadores del Gaula sospecharon de Orlando Pelayo Rincón, responsable del crimen de su hijo Luis Santiago, de 11 meses, secuestrado y asesinado el 25 de septiembre de 2008 en Chía, Cundinamarca.

El examen no fue una de las pruebas que sustentaron la captura de Pelayo tres días después del rapto, pero sí resultó determinante para que los investigadores supieran que mentía y consolidaran el caso, en el que por primera vez se aplicó la condena de 60 años por asesinar a un menor de edad en Colombia.

Cuatro años antes, el aparato había sido clave para determinar responsabilidades en el hallazgo de 25 kilos de cocaína a bordo del buque insignia de la Armada Nacional, el Gloria.

¿Qué falló entonces en casos como los de Moreno y Hurtado? Carlos Boshell, el director de la Sociedad Colombiana de Poligrafistas, explica que la prueba es un estudio que se complementa con otros, tanto técnicos como entrevistas, y que en conjunto le permiten saber a una entidad si el empleado tiene o no las cualidades que se requieren en términos de credibilidad y confiabilidad.

Además, explica que sobre todo, las fallas pueden atribuirse a tres factores: incompetencia de la persona que practica el examen, incumplimiento de los estándares de la prueba o utilización de equipos no calibrados.

Las preguntas solo tienen relación con el pasado, nunca sobre situaciones hipotéticas o futuras. Y sus resultados no pueden ser usados para justificar el despido de una persona, si bien sirven para que el empleador conozca qué tanta confianza puede depositar en sus empleados.

El mayor (r) Manuel Antonio Novoa Bermúdez, director de la Asociación Latinoamericana de Poligrafía, explica que “perder la prueba de polígrafo no está tipificado en el código laboral como causal de retiro”. “Lo que pasa normalmente es que las personas que están en áreas sensibles son trasladadas, y sobre su comportamiento se buscan otras pruebas”, dice.

Los expertos aseguran que la precisión del aparato está entre el 83 y el 96 por ciento. En Colombia no es válido como prueba: por eso, los salpicados por escándalos que ofrecen someterse al polígrafo están pensando más en la galería que en los estrados judiciales. Y, sin embargo, la misma Corte Suprema de Justicia, tras haber sido víctima de las chuzadas del DAS, anunció que todos los nuevos empleados del alto tribunal se deben someter al detector.

Incluso ya está reglamentado por ley su uso en los organismos de inteligencia y contrainteligencia: “Los estudios de credibilidad y confiabilidad son de obligatorio acatamiento y comprenden un conjunto de actividades, exámenes y evaluaciones orientadas a asegurar los más altos estándares de seguridad”, dice la Ley 1621 del 2013, la cual menciona en esa lista de estudios el polígrafo.

También lo han acogido otras instituciones como la Dian y el Ministerio de Transporte en los procesos de contratación.

En el mundo militar es una práctica usual, e incluso la justicia castrense ha dado algunos pasos para tomar como indicio los resultados del detector. El Ejército, de hecho, tiene un batallón de Credibilidad y Confiabilidad, que entre el 2011 y el 2016 firmó tres contratos por 1.402 millones de pesos para realizar pruebas de polígrafo. Ya hay otro en marcha por 2.120 millones.

El valor de una sola prueba, que dura dos horas o más, cuesta alrededor de 150.000 pesos. Pero, en el mercado se están ofreciendo exámenes que duran solo 20 minutos, y que según Boshell realmente no son pruebas de polígrafo.

El experto considera que no es fácil engañar al sistema, pues está creado para registrar los puntos más altos de tensión de la persona en sus respuestas y algunas de sus reacciones bioquímicas, de tal manera que el funcionario que realiza la prueba tiene pistas para indagar más en algunas respuestas, contrastarlas con los asuntos que la persona declara antes de la prueba y dar su concepto.

Hoy, según estadísticas del sector, el uso de la herramienta se ha masificado, al punto de que cerca del 60 por ciento de las entidades públicas del país la emplean y al menos el 65 por ciento de las empresas privadas dicen haberla aplicado dentro de sus trámites de preempleo.

En todos los casos se exige una aceptación voluntaria para realizar el examen.
Colombia, con 1.200 poligrafistas registrados, es el tercer país del mundo con mayor número de personas certificadas para realizar la prueba, y en el país hay 122 empresas agremiadas.

Pero, en materia de confiabilidad, hay otras modalidades que miden incluso cambios en el iris cuando la persona está mintiendo.

“No es una prueba concluyente, pero puede dar pistas concretas frente a temas específicos. Y, sobre todo mediáticamente, está sobrevalorado”, concluye un ex alto funcionario del sector de seguridad consultado por este diario.

JUSTICIA
justicia@eltiempo.com

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