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TransMilenio por la 7.ª, ¿sí o no?

Los puntos de vista de columnistas de EL TIEMPO sobre la controvertida intervención de esta avenida.

Fotos accidente Transmilenio

“De no intervenirse, en pocos años la velocidad promedio de la 7.ª será de 10 kilómetros por hora, con lo cual colapsaría la movilidad del sector”, Andrés Villamizar.

Foto:

Juan Carlos Mira

28 de julio 2017 , 11:41 a.m.

Después de 15 años de que se definió el proyecto, hoy, finalmente, la implementación de una troncal de TransMilenio por la carrera 7.ª parece un hecho tangible.

Ante esta noticia, el debate en la opinión pública se ha intensificado entre quienes apoyan la iniciativa de la alcaldía de Enrique Peñalosa y quienes buscan frenarla.

Desde esos dos extremos opuestos, precisamente, estes mes, algunos de los colaboradores de las páginas de opinión de EL TIEMPO volvieron a plantear en sus columnas las razones por las cuales creen deberían o no comenzar las obras de esta nueva línea del sistema integrado de transporte.

Inicialmente, fue el periodista Juan Pablo Calvás (‘Por la 7.ª, no, por favor’ -18/07/2017) el que mostró la preocupación por el deterioro inevitable que sufriría la 7.ª si a esta llegara el sistema de buses rojos, y pone como ejemplo los daños que sufrió la avenida Caracas:

“Nos decían que la troncal de los modernos buses rojos iba a convertir la Caracas en un increíble paseo comercial donde florecerían los negocios (…) Y sí. Hoy da gusto caminar por la Caracas con 19, donde atracan constantemente. O la Caracas con 24, donde florecieron las casas de lenocinio. (…) Sin duda, TransMilenio cambió el entorno. ¡Y de qué manera!”.

Además, denuncia que las reuniones de la Administración con los vecinos del sector han sido “pocas y discretas”, y lo más grave, “parece que las críticas a la propuesta van directo al archivador”.

Sin duda, TransMilenio cambió el entorno. ¡Y de qué manera!

Como respuesta, en su artículo (‘Una bomba de tiempo’ - 27/07/2017), Andrés Villamizar, director de la Fundación Azul Bogotá, dice que muchas de estas inquietudes por el deterioro urbano, contaminación o eficiencia se basan en mitos y declara lo siguiente:

“La realidad es que, de acuerdo con información de la Secretaría Distrital de Ambiente, TransMilenio y el SITP aportan solo el 9 % del material particulado de la ciudad, mientras que los demás vehículos aportan el 71 %”.

“No es cierto que TransMilenio deteriore el entorno, pues las zonas aledañas a las troncales se han valorizado más y han tenido mayor desarrollo que las que no tienen acceso al sistema”.

Villamizar advierte: “De no intervenirse, en pocos años la velocidad promedio de la 7.ª será de 10 kilómetros por hora, con lo que colapsaría la movilidad del sector”.

Y, finalmente, sostiene la idea de que quienes se oponen al proyecto lo hacen con intereses políticos y están más preocupados por promover la revocatoria del Alcalde que por las necesidades de los ciudadanos.

Desde otra orilla de la discusión, el historiador Enrique Santos Molano (#NoTransmilenio7a y otros noes y síes – 21/07/2017), quien en más de una ocasión ha criticado este proyecto, respalda las denuncias de Juan Pablo Calvás:

“En su terquedad y soberbia el alcalde Peñalosa se resiste a aceptar un hecho físico evidente: la avenida séptima no tiene por dónde ancharse” , y recalca: “El interés del #NoTransMilenio7 consiste exclusivamente en impedir que la avenida séptima sea destruida, como lo fue la avenida Caracas, por una troncal de TM”. 

En contraste a estas declaraciones, argumenta el editor de EL TIEMPO Ernesto Cortés (TransMilenio por la séptima / Voy y vuelvo – 23/07/2017): antes"pesaron más las dudas y reparos de muchos vecinos con influencia mediática para decir que los buses articulados serían un horror, ¿les parece mejor lo que existe hoy?" Y actualmente "los ciudadanos han estado participando de los debates en torno al proyecto, como pocas veces había sucedido con obras de tal envergadura".

Y finalmente concluye: el problema de TransMilenio no es que vaya por la 7.ª, sino que sus detractores le pusieron nombre y apellido.

El problema de TransMilenio no es que vaya por la 7.ª, sino que sus detractores le pusieron nombre y apellido

Santos Molano reitera su posición en su columna de este viernes (Por Séptima vez, ¡no! – 28/07/2017), y además, como respuesta a la defensa de Andrés Villamizar y Ernesto Cortés, recuerda que “el que sabiamente no incluyó TM por la 7.ª fue el alcalde Peñalosa en su proyecto de troncales, iniciado con la avenida Caracas, en el año 2000”.

Y sugiere: “La propuesta de quienes hemos vivido siempre en Bogotá y la hemos amado desde nuestra niñez ya remota, es hacer de la avenida 7.ª un bulevar semejante a los Campos Elíseos”

Como se ve, a pesar de la polarización que se ha generado recientemente, hay algo en lo que la mayoría de autores coinciden: es más que necesaria una intervención de esta vía emblemática de la capital colombiana.

Las obras aún no han comenzado, pero según comunicados de la Alcaldía de Bogotá, estarían listas en el 2019. La nueva troncal de Transmilenio tendría un costo estimado de 1,8 billones de pesos y contaría con 21 estaciones, que irían desde la calle 32 a la 200.

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