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El laboratorio para resolver los misterios del crimen

Medicina Legal tiene expertos en evidencia traza, que permitió documentar magnicidio de Gaitán.

El laboratorio de evidencia traza

El laboratorio de evidencia traza está conformado por un equipo de ocho especialistas de primera línea en materias como geología, pintura, ingeniería química, entre otras.

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Rodrigo Sepúlveda / EL TIEMPO

20 de septiembre 2017 , 10:58 p.m.

Muchos creen que el trabajo en Medicina Legal se reduce a estudiar las causas de muerte de una persona, pero no.

Por ejemplo, en el 2006, dos bolsas con tierra halladas por la Policía en una vivienda habitada por una mujer y enviadas a Medicina Legal fueron suficientes para descubrir, mediante un análisis químico, que eran parte de un hecho ilegal.

Era tierra de un cementerio y se comprobó que la señora sacaba restos de personas para utilizarlos en ritos de brujería. Gracias a ello, las autoridades lograron judicializarla.

Este es apenas uno de centenares de casos que ha resuelto el laboratorio de evidencia traza de Medicina Legal, el segundo en Suramérica. El primero se encuentra en Brasil.

Los billetes milagrosos

Los investigadores destacan una serie de casos que han atendido por estafa. Uno de ellos, conocido bajo la modalidad de ‘billete negro’, ocurrió en el populoso sector comercial de San Victorino, en Bogotá.

“Lo más curioso es que el delincuente ubicaba a la víctima y se le presentaba como lo que era: un estafador. Le decía que falsificaban billetes, que le quedaban muy buenos y que tenía un lote de 500 millones de pesos para salir, pero que supuestamente ya estaba entre ojos y que por eso no podía sacarlos al mercado”, cuenta Jairo Peláez Rincón, uno de los expertos.

Los ladrones sacaban a sus víctimas unos papeles negros, les decían que solo debían lavarlos en un líquido y quedaba el billete. La víctima se iba con la supuesta plata, cuando la mayoría era un montón de papel en blanco cortados del mismo tamaño y solo cinco billetes de verdad. El líquido ‘milagroso’, dicen los investigadores, era detergente que lavaba la solución de yodo y dejaba el billete limpio. Otra estafa parecida fue con oro falso que en realidad era granilla de plomo combinada con escarcha dorada en forma de laca.

El lienzo de Obregón

La especialidad de Peláez es el trabajo con pinturas. Aunque en su área los casos más comunes son los relacionados con accidentes de tránsito, recuerda el robo de un emblemático lienzo del maestro Alejandro Obregón, en marzo del 2007. Se trata de un acrílico sobre tela de 1,90 por 2 metros, pintado en 1971, que se exhibía en la sala del Consejo de Ministros.

La obra fue hurtada por el sargento Edward Ardila en su último día de trabajo como agente de seguridad.

Las autoridades acudieron a Medicina Legal para confirmar si era cierta la versión del hombre, según la cual se llevó la tela doblada y escondida entre una gabardina. Peláez tomó algunos hilos y hebras del lienzo que habían quedado tras el recorte que hizo Ardila con un bisturí y encontró que correspondían a las mismas partículas que tenía la prenda.

En el 2010 se realizó una investigación similar. El laboratorio tuvo la tarea de resolver el misterio del manto de la reina mujer de Atahualpa y determinar si efectivamente está hecho con fibras de vicuña.

Marcadores electorales

Johana Castro, coordinadora del laboratorio y quien lleva 16 años en el instituto, explica que la relevancia de estos análisis es esclarecer los casos. “Nadie en el país hace cotejos de pinturas en accidentes, de fibras y materias textiles. Para nosotros pueden ser cosas comunes, pero en unos años harán parte de nuestra historia”, dice.
Recuerda un estudio para las elecciones del 2006. En esa época se usaron marcadores electorales para evitar que la persona repitiera la votación. Eran a simple vista normales, pero los votantes denunciaron que les había quemado la piel.

Castro revisa su cuaderno siete materias para recapitular el proceso de estudio de las muestras: “Analizamos la sustancia a través de una técnica de titulación que es de mirar el pH. Lo primero que se encontró fue alta concentración de ácido acético: era en promedio del 86 por ciento”.

La investigadora cuenta que las mesas electorales no estaban cubiertas y que la sustancia del marcador, al contacto con el sol, quemaba la piel. El estudio tomó dos meses; tras el informe, el 27 de noviembre del 2006, no se volvieron a usar los marcadores.

Dos magnicidios

En el 2009, el Museo Nacional envió a Medicina Legal las prendas que usaban los candidatos presidenciales Jorge Eliécer Gaitán y Luis Carlos Galán Sarmiento al momento de ser asesinados, con el fin de asesorar su tratamiento de conservación.

El trabajo de químicos y científicos se sumaría a la documentación histórica que posee el museo y, además, sirvió de reseña para las investigaciones de la Fiscalía.

Las prendas fueron analizadas por los laboratorios de traza, balística y toxicología, que determinaron el impacto y el rastro de los proyectiles.

Uno de los casos más complejos fue documentar el magnicidio de Gaitán, el 9 de abril de 1948. Parte del traje fue donado en el 2005 al Museo Nacional por el hijo de Pedro Vaca, alumno de Gaitán, quien acompañó al caudillo hasta su muerte, en la Clínica Central de Bogotá y recibió las prendas.

El informe señala que el chaleco, la camisa y el esqueleto tenían dos perforaciones de proyectil. “Cada uno de los orificios mide 0,4 x 0,5 cm. Las fibras siguen la secuencia del disparo hacia el interior del cuerpo y el corte de las fibras es irregular. En las tres prendas, la perforación del lado derecho tiene una mancha de sangre correspondiente a la ruptura de los vasos sanguíneos”, indica la investigación. El resultado fue consignado en el cuaderno de curaduría ‘Textiles del más allá’, del Museo Nacional.

Y aunque habían pasado 61 años del magnicidio, se encontraron rastros de pólvora “en los anillos de limpieza del chaleco, indicador del traspaso del proyectil en la ropa”.

El chaleco, elaborado en dacron-poliéster, conservaba con mayor claridad las manchas de sangre. La parte posterior del chaleco tenía fibras quemadas causadas por el impacto del proyectil. Tanto la camisa como el esqueleto poseen dos perforaciones en la zona de los pulmones. El informe dice que la camisa era talla 42 mientras que el esqueleto era 38 y que la manga izquierda de la camisa tenía “desgarros” de 31 cm de longitud, al parecer de quienes trataron de socorrerlo y alzarlo.

“Gaitán cae hacia su lado derecho, presiona el pulmón, lo que generó el derramamiento de sangre. Las manchas repartidas en las prendas en la zona posterior hacia el costado derecho en forma horizontal corroboran la dirección de la caída”, señala el museo. Con estos datos se corroboró la autenticidad de las prendas.

El siguiente estudio fue al traje del también candidato presidencial Luis Carlos Galán Sarmiento, asesinado el 18 de agosto de 1989. Diez años después de su muerte, su esposa, Gloria Pachón de Galán donó al Museo Nacional la corbata, el pantalón y la chaqueta que portaba Galán.

La chaqueta tiene una perforación de proyectil en la parte posterior y manchas de sangre. También, un desgarro de la tela que correspondería a su caída. En el bolsillo derecho portaba una píldora de color anaranjado, que según el grupo de toxicología era un ibuprofeno y en el bolsillo superior confetis correspondientes al evento.

El vestido era de paño azul oscuro con delgadas líneas en azul claro, verde y ocre. El pantalón tiene cuatro perforaciones causadas por el impacto de proyectiles entre 4 a 5 mm – tres ubicadas al lado izquierdo de la ingle y una en el inferior de la pierna izquierda–. Además, en uno de los bolsillos se encontraron fragmentos de papel con escritos de tinta negra.

Medicina Legal

El Instituto de Medicina Legal analizó las prendas que usaban en el momento de su asesinato los líderes Jorge Eliécer Gaitán y Luis Carlos Galán, en 1948 y 1989, respectivamente.

Foto:

Museo Nacional

La corbata también tiene manchas de sangre. Es de color vinotinto y elaborada en seda con dibujos de cinturones en azul, naranja y gris. El 12 de agosto del 2009 el Museo Nacional presentó estas prendas en la exposición ‘Galán vive’.

En los informes, los investigadores de Medicina Legal advierten que el cuidado de las prendas debe ser estricto para mantener vigentes las pruebas en caso de ser requeridas por la Fiscalía General.

¿Por qué su importancia?

El laboratorio, ubicado en el cuarto piso del Instituto de Medicina Legal (centro de Bogotá), lo integran ocho expertos en geología, pintura e ingeniería química.
Hace 20 años tenía solo énfasis en física y química y en el 2006, buscando ser más competitivo internacionalmente, pasó a ser de evidencia traza.

Su tarea consiste en el análisis, con altos estándares de calidad, de diversos materiales -una simple fibra, un fragmento de pintura, una mota, residuos de un incendio, entre otros- y que permitan determinar quién fue, por ejemplo, el victimario de un crimen. Los resultados son pruebas en investigaciones.

Manto de la ‘reina’ de Perú
Museo Nacional

El lujoso manto peruano de la mujer de Atahualpa mide 1,68 x 2,40 m.

Foto:

Museo Nacional

El 26 de julio del 2010 el Museo Nacional envió al laboratorio de Medicina Legal unas muestras para estudiar el origen y el material del manto de la reina mujer de Atahualpa.

La pieza es considerada uno de los objetos más valiosos del museo por ser de las primeras donaciones. Fue entregado el 12 de septiembre de 1825 por Antonio José de Sucre, conocido como el Gran Mariscal de Ayacucho.

En su carta a Jerónimo Torres Tenorio, entonces director del museo, decía: “Me es muy agradable remitir el manto de la reina de Atahualpa – último emperador inca antes de la llegada de los españoles– que he podido conseguir como un monumento de antigüedad digno del museo de la capital de Colombia, y mucho más digno después de que las tropas de nuestra patria han vengado la sangre de los inocentes incas y libertado su antiguo imperio”.

El investigador de Medicina Legal, Jairo Peláez Rincón, recuerda que las muestras estaban divididas en seis bolsas plásticas, que contenían 2 hilos pequeños color habano, de entre 1 y 2 centímetros de longitud y en forma de S, 3 hilos deformados, dos motas de fibras color café oscuro y dos de color rojo.

Peláez determinó que uno de los hilos correspondía a una “fibra externa de origen animal, posiblemente camélido suramericano: llama, alpaca, guanaco y vicuña”.
Señaló que todas las fibras eran de origen animal, incoloras y de médula opaca mixta (continua, fragmentada y segmentada). “Se puede catalogar como un elemento filamentoso compatible con un carácter animal el cual presenta médula traslúcida, continua y amplia. Ocupa aproximadamente la tercera parte del grosor del elemento. Entre otras características presenta gránulos negros no continuos y cutícula imbricada”, dice el informe del 22 de noviembre del 2010.

Los investigadores usaron como patrón un pelo de camélido suramericano y encontraron que una de las fibras era “consistente con el de un patrón de pelo animal” y que podía tratarse del pelo de un camélido suramericano.

Aunque en el laboratorio no tenían la posibilidad de precisar si la prenda fue elaborada hace 200 años, sí se precisó la composición de las fibras.
Las muestras fueron analizadas en el estereomicroscopio –un microscopio que, gracias a su óptica, permite la observación de muestras en forma tridimensional–, luego con espectroscopia infrarroja y microscopia de luz polarizada.

Según el Museo Nacional, es “un vestido femenino típico utilizado por las acllacunas, las mujeres escogidas del Inca, quienes llevaban una vida de clausura al servicio del rey, al culto del sol, hilando y preparando chicha”.

ANGY ALVARADO RODRÍGUEZ
Redactora JUSTICIA
@angyalvarador / vivrod@eltiempo.com

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