Investigación
no es hora de callar
No es hora de callar patrocinado

¿Por qué se repite el círculo del maltrato?

Solo creando vínculos de protección y cuidado desde la infancia se logrará superar este drama.

Abuso sexual a joven

La sobreviviente señala que tiene la responsabilidad de hablar por aquellas víctimas que fueron calladas de por vida.

Foto:

Mauricio León / Archivo EL TIEMPO

30 de mayo 2018 , 10:13 p.m.

¿Por qué una mujer a la que su pareja le da una golpiza no lo deja? ¿Por qué se deja convencer de que va a cambiar y le permite que vuelva?

Estas preguntas que se hacen los familiares y amigos de esas mujeres, así como la gente del común para quienes la respuesta les parece tan obvia y sencilla como “váyase y ya”, también se las hicieron las psicólogas Cecilia Muñoz y Nubia Esperanza Torres después de trabajar muchos años en la Casa de la Mujer Maltratada.

Años de estudio, apoyadas también en la práctica y trabajos de tesis de estudiantes de la Universidad Javeriana, les permitió llegar a varias conclusiones que condensan, con cantidad de testimonios, en el libro Avatares del desarrollo psíquico de la mujer maltratada (Editorial Pontificia Universidad Javeriana).

Para empezar, ratificaron lo que sabemos, “que estas mujeres, generalmente han sido maltratadas desde su primera infancia, en su casa, un maltrato que se ha prolongado a lo largo de sus vidas. Desde niñas han vivido historias de horror, que pasa por los golpes, las groserías, la indiferencia, el abandono y hasta la violencia sexual. Con relaciones familiares absolutamente inestables, rotas, impredecibles. Esto significa que las condiciones de vida de los niños y niñas son las peores para el desarrollo infantil. Lo único que han tenido asegurado es el maltrato”, comenta Torres.

A la mayoría de casos hay que agregar situaciones de mucha pobreza y pocas oportunidades de vivir otras realidades que les permitan pensar en otros modelos de vida.

La segunda gran conclusión, es que precisamente esas condiciones precarias para el desarrollo infantil, les impiden crear “un juicio, una conciencia que les permita percibir adecuadamente lo que pasa. Tampoco tienen memoria ni claridad sobre los hechos, cosas que toda persona usa constantemente. No logran construir lo que nosotros llamamos el psiquismo, es decir, esa organización personal que nos permite funcionar y desarrollar competencias congnitivas, emocionales y normativas sanas”.

Esas relaciones familiares que han vivido configuran una manera de ser y estar con los demás, son las que conocen y de alguna manera aceptan, aunque las sufran. Y que van a repetir, incluso en la crianza de sus propios hijos.

Entonces, ¿cómo cambiar esto o romper el círculo? “Se necesita tener vínculos de protección y cuidado benévolos desde niños para que puedan aprender a defenderse del maltrato y el abuso. A veces esas relaciones las brindan una abuela, un hermano o hasta un profesor, que muestran cosas distintas a los gritos y los golpes. O la misma escuela si se trabaja en conjunto con padres y profesores. Eso garantiza que a pesar de la adversidad en la que se viva se pueda mantener la esperanza”, dicen.

También están las Ong o programas que a través del arte, la música, el deporte, la cultura logran aportar ese espacio que marca la diferencia.

¿Y las mujeres adultas? “Necesitan un trabajo, porque la mayoría no tienen redes de apoyo ni capacidad económica para poder vivir solas si toman la decisión de dejar a su pareja. Pero ese trabajo debe ser significativo, orientado, reparador para construir eso que no pudieron crear en su infancia. Es un trabajo largo”.

Tampoco tienen memoria ni claridad sobre los hechos, cosas que toda persona usa constantemente

Pasivas o agresivas

Tantos casos atendidos durante tantos años les permitió a las autoras de este trabajo determinar que no todas ellas reaccionan de la misma manera al maltrato.
Están las absolutamente pasivas, apegadas a su marido aunque las golpee, muy dependientes de él.

Dentro de esta categoría también están las que, incluso se dejan maltratar por la familia de él cuando viven en el mismo recinto, porque guardan la esperanza de que todo será mejor cuando logren independizarse.

También están aquellas que responden con la misma violencia que las tratan, en una guerra a muerte a ver quién gana finalmente.

Y aquellas se quedan pegadas por los beneficios, no solo económicos, también por que les dan todo lo que ellas les piden.

Factores como el miedo, la protección y la dependencia económica también pesan a la hora de separarse. “Muchas siguen porque temen a la violencia que puedan desatar en él al dejarlos. Otras porque un hombre al lado las puede proteger en ámbitos con un inquilinato, y también está el no poder sostenerse solas ni a sus hijos”.

NATALIA DÍAZ BROCHET
Editora de El Tiempo
natdia@eltiempo.com

Ya leíste los 800 artículos disponibles de este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido digital
de forma ilimitada obteniendo el

70% de descuento.

¿Ya tienes una suscripción al impreso?

actívala

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA