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No es hora de callar

'En el Congo, la violación es tabú': Caddy Adzuba

La periodista Caddy Adzuba habla de los horrores que sufren las mujeres en República del Congo.

Caddy Adzuba, periodista y abogada

Caddy Adzuba, periodista y abogada.

Foto:

Cortesía: Premio Príncipe de Asturias / Fernando Robles

29 de mayo 2017 , 01:46 a.m.

“El conflicto de la República Democrática del Congo (RDC) no es un problema exclusivo de los congoleños ni de los africanos. Los financiadores de una guerra que trata de destruir a las mujeres son empresas multinacionales que quieren apropiarse de los recursos del país. La denuncia se ha de hacer en la esfera internacional, pero el cambio debe hacerse desde dentro”, señala la periodista y activista congoleña Caddy Adzuba.

El contexto es un hermoso país tropical, cafetero, surcado por ríos y bosques que lo tiñen de verde y lo hacen rico, muy rico. Su valor económico se fundamenta en los abundantes recursos minerales del subsuelo: oro, diamantes, petróleo, cobre, coltán; este último, elemento clave para la fabricación de tecnología electrónica.

Sin embargo, no es un país próspero. Algunas regiones de este territorio viven sumidas en un conflicto de raíces antiguas, cuyos ecos reverberan desde la época de la colonización europea y transcurren por todas las crisis imaginables: esclavitud, independencia, gobiernos títeres, dictadura, desplazamientos de población. Baste con señalar que el primer condenado por la Corte Penal Internacional en su historia (por crímenes de guerra y reclutamiento de niños) fue un congolés: Thomas Lubanga.

Hoy, no obstante un proceso de paz que culminó con la firma de un tratado y la desmovilización de los grupos armados, ejércitos ilegales financiados por corporaciones europeas y estadounidenses someten con prácticas atroces a la población civil, especialmente a las mujeres, para garantizar la extracción de los recursos mineros.

Desde inicios del 2000, la sociedad civil, sedienta de paz real, se organiza en colectivos para protegerse y denunciar los abusos. Y su arma más poderosa es la radio.

A principios de este mes, la abogada y periodista congoleña Caddy Adzuba, premio Príncipe de Asturias de la Concordia en 2014, visitó Bogotá para asistir al Seminario Internacional Mujeres y Medios en Procesos de Paz, organizado por la Red Colombiana de Periodistas con Visión de Género.

Ante un auditorio mayoritariamente joven, habló sobre la terrible situación de las mujeres en su país y destacó la contribución de la radio en los procesos de paz.

Desplazados en el Congo

La República Democrática del Congo es uno de los países con más desplazados en el mundo, con casi un millón de personas en esta condición el año pasado.

Foto:

Dan Kitwood / AFP

¿Se había percatado de lo similares que son las realidades de la RDC y de Colombia?

La República Democrática del Congo es el segundo país más rico de África y se podría decir que uno de los más ricos del mundo. En este seminario me he acercado a la historia de Colombia y ahora veo que este país también sufre a causa de sus tesoros. Es la maldición de los países ricos en recursos. Los poderes económicos detectan esta riqueza y se precipitan para saquear los territorios a cualquier precio, al precio de la violencia.

En su país, esa violencia se ha dirigido especialmente contra las mujeres. Algunos informes hablan de 1.000 violaciones al día. ¿Cómo se explica este hecho?

No me gusta hablar de cifras porque son inexactas. Esos datos reflejan solo los ingresos hospitalarios y los casos denunciados, pero muchas mujeres permanecen en el silencio porque en el Congo la violación es un tabú. Si has sido violada, probablemente tu marido acabe rechazándote y también lo hará tu comunidad.

Esto es lo que explica que la guerra se haga contra las mujeres; ellas son la base social y económica del país, quienes desarrollan las actividades agrícolas, ganaderas y comerciales, quienes mantienen a las familias. Sin ellas, el país se derrumba.

Y eso lo vieron muy claramente los señores de la guerra. A ellos no les basta con forzar a las mujeres para satisfacer su deseo sexual, eso sería demasiado leve. Las violan introduciendo toda clase de objetos en sus vaginas y obligan a los hijos a violar a sus madres.

Las secuestran y las utilizan como esclavas sexuales. Estos crímenes constituyen un feminicidio en toda regla. Las que logran sobrevivir necesitan más de 15 años para recuperarse.

Usted es de la provincia de Kivu del sur, una de las más golpeadas por el conflicto. ¿Por qué decidió quedarse a trabajar allí?

Viví la guerra en primera persona, sufrí el desplazamiento, la separación de mi familia. Y estudié Derecho porque quería cambiar la realidad de mi país.

Pero la abogacía tiene un ritmo muy lento; en cambio, vi en la comunicación la inmediatez que tanto anhelaba, además de un vínculo directo con la sociedad civil. Decidí quedarme en Bukavu, capital de Kivu del sur, porque necesitaba entender el conflicto desde la raíz.

El periodismo no se ejerce desde la comodidad de una redacción. Escuchando las historias de las mujeres que encontraba vagando por las carreteras pude percibir las dimensiones del feminicidio y empezar a denunciarlo. Radio Okapi, donde trabajo, tiene redacciones en cada provincia y periodistas fijos en el corazón del conflicto. Hacemos un trabajo de visibilización y seguimiento directo del proceso de paz. Pero, todo sobre el terreno; la paz se trabaja dentro de la guerra.

A su juicio, las mujeres del Congo, aun siendo las principales víctimas del conflicto, son también las primeras agentes del cambio. ¿Qué hay de los otros grupos vulnerables, como los niños?

Me he especializado en cuestiones de género, violencia sexual, etcétera, pero también trabajo con niños porque son una herramienta excepcional para la comunicación.

Tenemos un programa de radio llamado ‘Nosotros, los niños’. Es un espacio hecho por los niños para los niños. Su impacto es enorme porque en la RDC, los grupos armados han secuestrado a muchos de ellos para convertirlos en soldados. Durante los procesos de desmovilización, los niños que venían de la guerra eran acogidos en centros de tránsito. Allí aprendían a vivir en sociedad, porque habían sido reclutados con 6 años y volvían con 16 o 17. Pero es muy difícil hablarles desde la posición de adulto.

Sin embargo, si otros niños se dirigen a ellos, la comunicación fluye. Estos niños desmovilizados empezaron a participar en los programas de radio y se convirtieron, a su vez, en niños periodistas. El resultado ha sido increíblemente positivo. Lo único que hace falta es formación, especialmente en temas tan delicados como las torturas, la violencia sexual, la igualdad, los derechos sexuales. Luego puedes hacer maravillas.

Uno de los proyectos de la Asociación de Mujeres de Medios de Comunicación del Este de Congo (Afem), a la que usted pertenece, es Mama Radio, que se define como un medio de mujeres para las mujeres. ¿No pueden los hombres actuar también como portavoces de los problemas que afectan a las mujeres?

La filosofía de género abarca tanto al hombre como a la mujer y aspira a la unidad paritaria. En Afem tratamos cuestiones de género, pero no somos feministas. Trabajamos con hombres con visión de género. Son hombres que piensan que las mujeres son iguales, que tienen las mismas capacidades. Esto puede parecer obvio, pero, créame, para la mentalidad tradicional congoleña, la mujer es muy inferior al hombre. En Mama Radio tenemos periodistas hombres preparados para concientizar a otros hombres, una idea similar a la de los niños.

¿Me podría dar un ejemplo de programa de Mama Radio?

Mama Radio tiene un enfoque diferencial de género. Pongamos que un pueblo ha sufrido un ataque de grupos armados. Lo primero que nos preguntamos es ‘¿han matado, violado, torturado, secuestrado a alguna mujer?’

No es que obviemos a los hombres que han sido asesinados, pero, desde luego, tratamos de prestar más atención a las mujeres, las jóvenes y las niñas porque la realidad nos ha demostrado que son las principales víctimas del conflicto.

¿Los acuerdos de paz de la RDC incluyeron una perspectiva de género?

No. Por eso seguimos en guerra. Sin mujeres en las mesas de diálogo no hay paz posible.

¿Qué otras estrategias, aparte de las relacionadas con la radio, han puesto en marcha para denunciar la situación de la mujer en la guerra?

Por ejemplo, los clubes de escucha en los pueblos, donde se reúnen las mujeres líderes. Nosotros les damos formación sobre género, democracia, empoderamiento. Una vez a la semana se reúnen para hablar de la situación de sus pueblos. Y luego actúan como nuestras fuentes.

Pero, en Radio Okapi no nos limitamos a la mera información. Acompañamos a las víctimas en el hospital, preguntamos si han denunciado ante las autoridades, hacemos seguimiento del caso. Así se construye una cadena que incluye al periodista, las mujeres, la policía, las ONG, la comunidad internacional, etcétera.

También hemos puesto en marcha el sistema de alertas tempranas. Si por la noche se oyen disparos, estas mujeres escriben un código numérico en sus celulares. El mensaje llega a una máquina, que lo decodifica. Entonces, nosotros enviamos la alerta a las autoridades. Es una forma de proteger a las mujeres. Así, si un grupo armado les decomisa los teléfonos, no podrán averiguar que han sido ellas quienes han dado la voz de alarma.

Usted insiste en avisar a las autoridades, ¿confía en ellas?

No, pero las vigilamos. Hemos creado un sistema de sinergia de los medios. Cuando hay un ataque, los periodistas de muchos medios nos reunimos para informarnos unos a otros y hacer presión sobre las autoridades locales. Todos los medios debemos denunciar lo mismo, acusar a las autoridades de no haber actuado cuando los hechos ocurrieron. Imagínese 40 radios y 50 cadenas de televisión que señalan todas a las mismas autoridades. Es una labor de interpelación, de cabildeo. No podemos confiar en las autoridades, pero sí presionarlas.

En cualquier caso, ser periodista en RDC debe de ser bastante arriesgado. El coste personal es muy alto...

Sí, lo es. Pero, también hemos desarrollado mecanismos de protección. Por ejemplo, si estoy investigando una masacre en un pueblo y me ven en el terreno haciendo preguntas, fotos, no publico esa información sino que se la paso a otro medio. Yo les doy los elementos y ellos los difunden. Así me protejo.

Si echa la vista atrás, ¿qué balance hace de todos estos esfuerzos?

Hemos dado grandes pasos. Afem ha presentado casos de violación de los derechos humanos ante la Corte Penal Internacional y el Senado de los Estados Unidos. También logramos que el Gobierno estadounidense aprobara una ley que prohíbe que las multinacionales americanas compren minerales del Congo que no tengan trazabilidad. Y en el plano interno, las mujeres en el Congo ya no estamos en el papel de víctimas. Ahora generamos cambios.

Datos importantes

922.000 desplazados solo en el último año por confrontaciones en las provincias de Kasai, Kivu norte y Kivu sur.

2,2 millones de desplazados internos y más 500.000 hacia otros países.

400.000 niños están en riesgo de desnutrición aguda en la región de Kasai debido a la violencia causada por la milicia Kamuina Nsapu.

7,3 millones de personas, casi el 10 por ciento de la población de la RDC, necesitan ayuda humanitaria permanente.

176: posición dentro del índice de desarrollo humano, que mide a 188 países.

TERESA BENÍTEZ
Para EL TIEMPO

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