Cortes

¿Se imaginó que vería esta película de la venta de fallos en la Corte?

El exmagistrado Nilson Pinilla dice que en la CSJ debería haber una renuncia colectiva.

Nilson Pinilla, exmagistrado

El exmagistrado Pinilla opina que una renuncia colectiva en la Corte Suprema de Justicia “sería un acto político sano que debería ponerse en práctica”.

Foto:

Carlos Ortega / EL TIEMPO

04 de septiembre 2017 , 11:52 a.m.

¿Cómo recibe usted estas gravísimas denuncias de corrupción en la Corte Suprema de Justicia?

Con profundo dolor, desazón de colombiano. Desafortunadamente, nuestra sociedad se ha venido corrompiendo a pasos agigantados. Muchos corruptos han llegado a esas altas corporaciones de justicia, y es supremamente grave que a esos niveles se estén tomando decisiones judiciales que no son probas ni ecuánimes, sino financiadas. Eso es un desajuste terriblemente grave para nuestra sociedad.

¿A usted le tocó compartir Corte con las personas que están siendo señaladas por estos terribles hechos, como el doctor Bustos, Tarquino, Ricaurte?

Ya había salido de la Corte cuando ellos llegaron a ser magistrados. A Ricaurte y Tarquino los conozco porque fueron magistrados auxiliares cuando yo estaba allá. Y a Bustos lo conozco como un abogado penalista del montón, sin ningún relumbrón que le diera la calidad para llegar a ser magistrado, y sin embargo no solo lo fue, sino que lo nombraron presidente de la Corte.

¿Qué está pasando cuando ese tipo de personas que por lo que le entiendo no tienen la ponderación profesional ni las calidades morales pueden llegar a tan altísimos cargos?

El problema grave de eso es que no se nombra al mejor en estudios, experiencias, méritos, en probidad, sino que se nombra al amigo, a quien pueda ser aliado. Esa iniciativa estupenda que tuvo la Constituyente del 91 de darles a las cortes participación en el nombramiento de procurador, contralor, fiscal, auditor, lo que terminó llevando fue la mala forma de hacer política en Colombia a las cortes. Entonces se busca que sea designado el que pueda tener ocasión de devolver más favores. Se incumple ese deber que siempre debe caracterizar a los servidores públicos de no pagar favores y ser ingratos, podemos decir, porque si se pagan favores desde un cargo judicial se está prevaricando. Favores en burocracia y en distintas formas de participación que no necesariamente son las correctas.

¿Cree que esta Corte, o por lo menos su Sala Penal, debería renunciar?

No podemos hablar con la ilusión, porque no van a renunciar. Creo que una renuncia colectiva sería un acto político sano que debería ponerse en práctica, y que es diferente a una renuncia individual, que es un hecho laboral. La renuncia colectiva podría conmover, y la verdad es que el desacierto que se ha tenido en las cortes al nombrar presidentes de la corporación es un estigma que debería ser afrontado con altura por los que se equivocaron y llevaron a esos corruptos a ser magistrados. La culpa es de quien los postula, de quien los terna, inspirado en componendas, en amiguismos. Y por eso no llegan las personas más representativas en materia de ética o capacidad profesional.

¿Cómo salir de este momento tan grave? ¿Cómo volver a subirle el nivel a las cortes? ¿A qué horas empezamos a tener magistrados que venden sus fallos?


Es muy grave porque el tema es social. Desgraciadamente, la sociedad se nos ha corrompido y día a día se está corriendo el riesgo de que haya más corruptos que lleguen a esos altos cargos. Lo único que podría hacerse de momento es que quienes tienen la iniciativa de postular a esos altos cargos sean supremamente cuidadosos y procuren no el amiguismo sino las condiciones profesionales, de experiencia y, sobre todo, las condiciones morales.

También ha resurgido la idea de resucitar la propuesta de la comisión de aforados para que los magistrados de las cortes tengan quien los juzgue. ¿Le gusta esa comisión de aforados?

Por supuesto, una fórmula así tiene más posibilidades de funcionar mejor que el sistema que existe hoy de la Comisión de Acusaciones de la Cámara. Sin embargo, esa comisión de aforados fue encontrada inexequible por la Corte Constitucional porque quebrantaba la esencia de la Constitución; iba en contra del Estado social de derecho, pues implicaba el desvanecimiento de la separación de poderes. Pero mire que la Comisión de Acusaciones de la Cámara encontró mérito por una única vez para que un magistrado, el doctor Pretelt, fuera juzgado por la Corte Suprema.

Pero fíjese que al llegar a la Corte Suprema se varó…

La Corte Suprema está supremamente congestionada, esa es una realidad. Pero un caso de tantísima importancia debería tener prioridad para que se cumpla el debido proceso con los términos correspondientes.

¿Esta misma Corte será capaz de juzgar a sus propios colegas?

Debería ser capaz. Lo que no alcanzamos a vislumbrar es cuántas personas muy comprometidas y agradecidas, por ejemplo con el señor Leonidas Bustos, estén allí en la Sala Penal. Habrá que mirar hasta dónde llega la grandeza de los magistrados para poderse separar de quien les hizo el favor de haberlos llevado a la corporación.

Es un punto complicado, porque en las diferentes transcripciones que circulan por los medios se mencionan más nombres de magistrados, y no es fácil saber si porque pertenecían a la banda o porque no pertenecían a la banda. Si la Sala Penal está tomada por la corrupción o si todavía hay gente honesta y proba que no está matriculada en esa camarilla…

La hay, la hay. Gente suficientemente capacitada, proba, ecuánime. Lo que no sabemos es si mantienen mayoría o si los comprometidos con esa reciprocidad hacia con quien los llevó a la Corte los conduzcan a devolver el favor.

Me sorprende la reacción ante el corrupto exitoso al cual se le siguen haciendo venias y teniendo una consideración social, y no ocurre nada

¿Usted que estuvo ocho años como magistrado y fue presidente de la Corte, qué sintió cuando oyó al senador Musa Besaile confesar que le había pagado dos mil millones a un abogado para que se los llevara a “su papá”, que era ni más ni menos que el presidente de la Corte?

No me sorprendió. Ya tenía idea de que la corrupción había llegado a esos niveles. Lo que sí sorprende muchísimo es la reacción ante el corrupto exitoso al cual se le siguen haciendo venias y teniendo una consideración social, y no ocurre nada. Que ese señor, después de confesar que dio dos mil millones, siga siendo senador es insólito. Debió haber sido separado inmediatamente del cargo. ¿De dónde sacó esa cantidad de plata para darla así no más y cuál es el temor que tiene como para desprenderse de semejante suma de dinero? El que nada debe nada teme.

Cuando se es víctima de una extorsión semejante, si es correcto, uno habría respondido que no tenía nada qué esconder y por consiguiente por qué pagar para tapar nada. La culpa debe ser muy alta para haber pagado esa plata. Y sigue siendo congresista… Pero, claro, es que el Congreso de Colombia también ha descendido a los más bajos niveles de descrédito.

Pero, algunos de los magistrados del escándalo también siguen todavía en sus cargos…


Hay unos fuera del cargo.

Quedan otros como el magistrado Malo…

Que es supremamente cercano al exmagistrado Francisco Ricaurte. Qué bueno que las unidades investigativas se ocuparan de esa relación.

¿Está más descorazonado o más indignado?

Tengo muchísimo dolor de que eso esté ocurriendo. Yo no volví a decir que fui magistrado. Hoy me presento como pensionado. Yo digo que soy un HP, humilde pensionado. Eso era un orgullo, haber llegado a un cargo de esa magnitud, era la culminación de una vida de abogado. De manera que estoy descorazonado, y también estoy indignado.

Por último, usted dijo atrás que nuestra sociedad está enferma. ¿De qué está enferma?

En Colombia hay cuatro males. Uno, la pérdida del interés general. Ya no se gobierna por el bien común de todos los asociados, sino que se gobierna por intereses particulares. Segundo y tercero es concebido que son la corrupción y la violencia.

Y lo cuarto es la pusilanimidad. Somos pusilánimes y nos merecemos las instituciones que tenemos por no reaccionar, por no decir las cosas como lo hacen usted y otros periodistas. Nos convertimos en unos masoquistas a quienes, perdóneme la expresión, nos gusta que nos jodan.

Hay congresistas que no pueden volver al Congreso, como Juan José García, entonces manda a su esposa Piedad Zucardi para que la elijan con los mismos votos, y cuando ella ya tampoco puede volver, mandan al hijo elegido con los mismos votos. ¿Entonces, quien es el responsable? Nosotros. Por cobardes es que estamos tan abatidos.

MARÍA ISABEL RUEDA
Especial para EL TIEMPO

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