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El capítulo de la brujería en la guerra de los 'paras'

Fallo de Justicia y Paz reconstruye prácticas esotéricas que fueron comunes en el conflicto.

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Los paramilitares afirmaron practicar ritos y hasta visitar brujas para salvar sus vidas.

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Archivo / EL TIEMPO

04 de septiembre 2016 , 01:13 a.m.

Entre el 2002 y el 2004, en lo más duro de la guerra entre los paramilitares por el control de los Llanos Orientales, el jefe del Bloque Centauros, Miguel Arroyave, decidió mandar a centenares de sus hombres a la casa de una bruja en una vereda de Puerto López, Meta.

En medio de esa sangría entre ‘paras’, que dejó según las autoridades más de 3.000 muertos, a Arroyave le dijeron que sus enemigos, los ‘Buitragueños’, estaban ‘cruzados’. El término, desconocido para la mayoría, es común en el mundo del hampa y se refiere a rituales oscuros para, supuestamente, proteger de la muerte y las heridas a quienes los practican.

En una reciente sentencia del Tribunal de Justicia y Paz de Bogotá, la magistrada Alexandra Valencia ordenó documentar “el uso de la bujería como arma de guerra por los paramilitares en los Llanos Orientales”. La decisión, que generó polémica entre sus colegas, plantea que el tema sea objeto de valoración por sociólogos, antropólogos y expertos en ciencias sociales.

Las versiones de los desmovilizados aseguran que, no obstante los rituales, los ‘paras’ del Centauros fueron derrotados por los ‘paras’ de Héctor Hernán Buitrago, ‘Martín Llanos’. Arroyave, quien sería asesinado un año después por sus propios hombres, ordenó que la bruja fuera desmembrada en frente de todos sus vecinos.

Manuel de Jesús Pirabán, alias Pirata, quien fue uno de los lugartenientes en la zona, aseguró ante la justicia que Arroyave y su gente estaban convencidos de que la protección sobrenatural era la única explicación para que los ‘Buitragueños’ soportaran la embestida de los ‘paras’ del Centauros, que –según se documentó años después– tuvieron apoyo de unidades militares en los Llanos.

¿El botín? El control sobre el narcotráfico y los presupuestos públicos en decenas de municipios de Meta y Casanare. En la sentencia hay testimonios de ex-Auc que aseguran que antes de ir a los combates eran usuales las ceremonias en las que se ofrecía sangre de animales por protección.

También era usual que llevaran las uñas pintadas de negro, una de las ‘señales’ de esas prácticas. Lo que dijeron algunos de ellos después de su desmovilización era que las uñas negras eran el distintivo para que los entes que supuestamente los protegían a través de la santería los distinguieran en medio de los combates.

En esa zona fue famoso un jefe local que fue asesinado por orden de sus jefes porque sus actos de crueldad incluso desbordaban el de la organización. Su alias era Pollo Roger, y sus excompañeros aseguran que estaba ‘cruzado’ y que tuvieron que dispararle decenas de veces para matarlo.

Los ex-Auc del Llano le han dicho a la justicia que el ‘cruzado’ más poderoso de sus filas fue Pedro Oliverio Guerrero, alias Cuchillo. Él planeó y perpetró el asesinato de Arroyave, su jefe, y fue el creador del Erpac, la banda emergente que una década después sigue delinquiendo en los Llanos. Después de años de búsqueda, la Policía logró llegar hasta él en diciembre del 2010. Logró sobrevivir a una lluvia de balas, pero se ahogó tratando de cruzar un caño.

En su cuerpo encontraron seis collares y medallones que supuestamente le había regalado una pitonisa. Los que lo conocieron aseguran que estaba ‘rezado’ contra los disparos y que tenía conjuros para poder escapar de las autoridades. La borrachera del día del operativo (era Navidad) explica el ahogamiento y el fin de su mito criminal.

Pero no solo los ‘paras’ manejaban este tipo de creencias. Entre la guerrilla es famosa la historia de Tomás Medina Caracas, el primer gran capo de las Farc. Su alias, Negro Acacio, apareció en las primeras órdenes de extradición contra ese grupo subversivo. ‘Acacio’, según sus compañeros y algunos militares que lo combatieron, también estaba ‘cruzado’. Incluso lo llamaban el ‘Siete vidas’.

Su historia de intangibilidad acabó en el 2007, cuando un avión Supertucano de la Fuerza Aérea dejó caer sobre su campamento varias bombas, cada una con 250 kilos de explosivos.

Persecución

La disposición a usar los ‘servicios’ de los brujos y santeros no impidió que los ‘paras’ persiguieran cruelmente a personas que se dedicaban a esas prácticas o sobre las que apenas existían dudas de ello.

Justicia y Paz documentó que en el bajo Cauca antioqueño y el sur de Córdoba, el bloque Mineros, bajo el mando de Ramiro ‘Cuco’ Vanoy Murillo, asesinó o desterró mujeres a las que señalaron de brujas, incluso a varias que se dedicaban a la homeopatía.

Los desmovilizados contaron que era usual amarrar por varias horas al sol a las pitonisas, o hacerlas caminar largas jornadas como castigo por ‘rezar’ a la gente. También se comprobó que en la vereda El Barcino del municipio de Campamento, Antioquia, una mujer y sus dos hijas fueron amenazadas de muerte en frente de todo el caserío, si se atrevían “a efectuar algún maleficio” contra los jefes del grupo paramilitar local.

José Gregorio Mangones, uno de los jefes paramilitares más temidos en la Costa y conocido como ‘Carlos Tijeras’, confesó ante la Fiscalía que, el 4 de junio del 2003, ordenó asesinar a una mujer conocida como ‘Linda Parapetos’ porque supuestamente estaba relacionada con una secta satánica. Y Norbey Ortiz, del Bloque Tolima, aseguró que en uno de sus crímenes en el sur del departamento, sus hombres se encontraron con que la víctima no moría a pesar de que le dispararon con fusil en varias oportunidades. Dijo que finalmente usaron un cuchillo y que después optaron por quemar la casa de la persona asesinada.

Polémica de magistrados por los términos del fallo

El magistrado de Justicia y Paz de Bogotá, Eduardo Castellanos, en salvamento de voto, cuestionó que se use de manera “folclórica” la categoría de arma de guerra para insinuar que la brujería produjo ventajas estratégicas en el campo de batalla.

Afirma que cuando se habla de ‘arma de guerra’ se denota principalmente que existió un plan para atacar de manera generalizada o sistemática a un grupo poblacional.

“No se puede igualar a la brujería con graves conductas violatorias a los derechos humanos que sí han sido una verdadera arma de guerra, como, por ejemplo, la violencia sexual, la tortura, el desplazamiento forzado y el despojo de tierra”, dijo.

Castellanos indicó que es incorrecto sostener que la causa del éxito o el fracaso militar de un bloque o grupo se dio porque los contrincantes estaban ‘cruzados’ por una bruja.

El magistrado sostiene que es una burla con la memoria de las víctimas que fallecieron en medio de la guerra entre los ‘Buitragueños’ y el bloque Centauros. “Fallos como el presente, que consignan verdades oficiales, podrían ser interpretados como que las personas que murieron padecieron dicha desgracia porque no estaban ‘cruzados’ o porque no apelaron a la ritualidad de la brujería para proteger sus vidas”, afirmó.

Por último, cuestionó que la justicia debe responsabilizar a personas concretas y que “es literalmente imposible llamar a juicio y atribuir culpabilidades a espíritus o energías”. Y agregó que si eso se acepta, “se consideraría que un espíritu maligno o una energía diabólica se puede presentar en un estrado judicial tras un llamamiento”.

JUSTICIAjusticia@eltiempo.com

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