Cortes

Así vivieron los militares la peor etapa de la guerra

Vivir con la muerte encima. Este es el relato de algunos altos mandos para EL TIEMPO.

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Soldados de la Brigada Móvil 1 recorren la zona de Río Perdido, en las selvas del Meta, donde han hecho más de 100 operaciones en la última década.

Foto:

Juan Manuel Vargas / Enviado especial de EL TIEMPO

11 de septiembre 2016 , 01:06 a.m.

Luis Laverde es un soldado curtido por la experiencia de los combates, pero sobre todo por la ilusión de salvar vidas. En el 2008, cuando lo encontramos junto con sus compañeros Marco Ruiz y Henry Toscano, en la base de la Fudra en el municipio de Uribe, Meta, llevaba 15 días sacando de las entrañas de la selva a soldados mutilados por las minas antipersonal que habían sembrado las Farc.

La mañana del 31 de mayo de ese año logramos acompañarlo en una operación de rescate. El soldado Leonel Chalá había pisado una trampa que le voló la pierna izquierda, y era cuestión de horas para que se desangrara. Laverde y sus compañeros alistaron el equipo y el capitán Henry Vallejo, piloto de la Aviación del Ejército, encendió el Black Hawk que nos adentró en la espesura del Papamene, en la ruta que lleva a la cordillera de Los Picachos.

(Además: Los resultados de los ceses al fuego decretados por las Farc)

Cuando ubicaron a la tropa de la Fudra, y en vista de que el helicóptero no podía aterrizar, Laverde y sus compañeros se descolgaron por una soga, amarraron de la camilla al soldado Chalá y los cuatro quedaron suspendidos en el aire, colgando de la aeronave, que inició el regreso al punto seguro más cercano. Fueron intensos momentos de angustia y de un heroísmo indescriptible de estos rescatistas. Chalá perdió su extremidad, pero vivió.

Ocho años después, EL TIEMPO reencontró a Luis Laverde en la base militar de Tolemaida, Cundinamarca. Sigue colgándose de los helicópteros para salvar a sus compañeros, le faltan 24 meses para pensionarse y se declara bendecido por haberse mantenido con vida y por poder ver el fin de un conflicto armado que le marcó cada segundo de existencia durante los últimos 18 años.

(También: El abecé del Gobierno para explicar los acuerdos alcanzados)

La guerra marcó de esa misma forma al coronel Edilberto Cortés, hoy comandante de la Brigada de Aviación n.° 33. En febrero del 2001 era el capitán al mando de uno de los diez helicópteros UH-60 que tenía la Aviación del Ejército. El poder aéreo contra las Farc era la única forma de darle un giro de 180 grados al control territorial que entonces tenía la guerrilla.

Cortés era uno de los jóvenes oficiales que habían fundado la Aviación del Ejército, y EL TIEMPO lo encontró en medio de la operación Gato Negro, en la que fue capturado el narcotraficante brasileño Fernandinho Beira-Mar.

El día que lo conocimos transportaba al grupo de soldados de las Fuerzas Especiales que coparon la finca que servía de campamento al ‘Negro Acacio’, jefe del frente 16 de las Farc y amigo y socio de Fernandinho. Esa fue una de las decenas de operaciones en las que lo vimos después. Pero tal vez una de las más difíciles fue hace tres años, cuando el Ejército atacó uno de los campamentos principales del sexto frente de esa guerrilla. Fueron ocho Black Hawk los que se desplazaron hasta Santo Domingo, Cauca. Cortés iba en el segundo.

(Lea también: Esta es la base del acuerdo sobre justicia transicional y víctimas)

Esa noche, el 18 de agosto del 2013, la luna llena no favoreció el sobrevuelo de las aeronaves al campamento de la guerrilla. De repente, una lluvia de balas empezó a azotarlos.

“Iban cuatro helicópteros abajo y cuatro encima, sentimos el fuego y luego el llamado del helicóptero que estaba a la cabeza: el piloto estaba desmayado y no podían saber la gravedad de su situación. Tuvimos que salir del cañón y dos aeronaves tomaron rumbo hacia Cali. Antes de llegar a la clínica Valle del Lili, el mayor Julio César Lara Forero murió. Una bala logró entrar por el frente, impactó su casco y se alojó en su sien”.

Cortés lo relata con pausa y dolor. En estos años ha perdido a muchos compañeros, pero también salvó muchas vidas, y no solamente de soldados, sino de guerrilleros. La mayoría, dentro del marco del Plan Patriota (2002-2006) en las selvas y las sabanas del Yarí, justamente en el mismo lugar donde el próximo 17 de septiembre se iniciará la décima y posiblemente última Conferencia Nacional de Guerrilleros de las Farc.

“Esto solo nos demuestra algo: que la victoria fue nuestra”, concluye convencido el alto oficial del Ejército.

EL TIEMPO

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