Conflicto y Narcotráfico

‘Las Farc se convertirán en factor de populismo’: Vargas Llosa

El periodista y ensayista Álvaro Vargas Llosa habla del resurgir del populismo en todo el mundo.

Álvaro Vargas Llosa, periodista y ensayista

Vargas Llosa fue el invitado central de la Convención anual de Fasecolda, en Cartagena.

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Cortesía 'El Comercio' de Lima - Karen Zárate

08 de octubre 2017 , 04:03 p.m.

“Lo previsible, por lo menos visto desde afuera, es que ellos se conviertan en un factor importante de populismo, porque esos son sus referentes ideológicos en otros países”. Así anticipa el discurso político de las Farc, ya en el escenario de la democracia, el reconocido periodista y ensayista peruano Álvaro Vargas Llosa. Autor y compilador de ‘El estallido del populismo’ (Planeta, 2017), que analiza el reverdecer del discurso populista en el mundo, Vargas Llosa fue el invitado central de la Convención anual de Fasecolda, que reunió al sector asegurador en Cartagena. Desde allí habló con EL TIEMPO sobre el proceso de paz, la reelección y el futuro de Venezuela.

En Colombia tendremos presidenciales el próximo año y la paz es tema central. ¿Existe el riesgo de que se haga populismo a favor o en contra de ella?

La discusión de la paz o la guerra tiene posiciones muy legítimas de ambas partes. Es la discusión sobre si el precio que se paga por la paz se justifica o no. Es una discusión de fondo. Lamentablemente, en cualquier ambiente de confrontación, de polarización, como la que hay en Colombia y en otros países, se cuelan otros temas, porque de lo que se trata es de infligir una derrota al bando contrario. Pero déjeme decirle lo siguiente: el proceso de paz es irreversible. Ningún candidato serio va a proponer revertir el proceso de paz. Eso no está entre las posibilidades realistas, y además el país no lo permitiría. A lo que sí podríamos ir es a una confrontación de ideas de cómo asegurar que dentro del proceso de paz no se abran espacios para un populismo, o incluso, para la erosión de las instituciones democráticas. Ese me parece un debate legítimo. Desde el punto de vista del Estado, hubo que hacer muchas concesiones sin las que sería imposible alcanzar ese acuerdo de paz. Todos en Colombia, incluso los que están a favor del acuerdo de paz, tienen que ser conscientes de que se ha pagado un precio alto y que eso supone cierto nivel de riesgo.

¿Cuál cree que es ese riesgo?

Para conseguir la paz, ustedes han tenido que hacer concesiones muy importantes. Hubo un grupo, una organización enemistada con la democracia que se incorpora a la vida civil, y obviamente se trata de eso para que cese la violencia. La pregunta es: ¿ahora qué va a pasar cuando esta organización actúe en campaña electoral y en general en la vida civil colombiana? Lo previsible, visto desde afuera, es que las Farc se conviertan en un factor importante de populismo, porque esos son sus referentes ideológicos en otros países. El gran reto para la sociedad colombiana en general va a ser este: cómo lograr, sin poner en peligro la paz y aceptando la participación en la vida civil de esta organización, que la prédica populista que inevitablemente va a venir de las Farc ya convertidas en grupo político se pueda mantener a raya, para que esas ideas no pasen a gobernar en Colombia.

¿Qué está pasando en el mundo que el populismo sigue teniendo tanta acogida?

Hay varias causas, unas inmediatas y otras más profundas. Las inmediatas tienen que ver con la crisis financiera del 2007-2008, con las secuelas de esa crisis, que ha durado casi una década. Eso ha desencantado a mucha gente con respecto a sus gobiernos y con respecto a las instituciones tradicionales. Otro elemento clave es la globalización, que trae más beneficios que perjuicios para la humanidad; pero también es verdad que hay una generación a la que le toca vivir la transición hacia la globalización, y esa generación se ve afectada, sobre todo si está vinculada a ciertas industrias y a ciertas comunidades. En Estados Unidos, el fenómeno Trump se explica en parte por este asunto. En Míchigan, Wisconsin, Ohio, incluso en parte de Pensilvania, ganó Trump: allá había un sector de gente que tradicionalmente votaba por el Partido Demócrata, pero que se sintió muy identificada con el discurso proteccionista. ¿Por qué? Porque algunas industrias tradicionales en las que trabajaban padres y abuelos han ido desapareciendo y emigrando, y las está reemplazando otro tipo de industrias de mayor tecnología que eventualmente van a suponer una mejora para la economía. Pero a esta generación que le toca vivir la transición le toca el trauma de la dislocación, digamos, de la globalización y la competencia internacional. Por otro lado, también el tema de la migración está jugando un papel clave en el populismo europeo y estadounidense. La globalización trae necesariamente una intensificación de los flujos migratorios, y eso está provocando que en algunas comunidades, menos acostumbradas a interactuar con otros, haya un cierto nivel de desconfianza y de temor.

¿Qué características tiene el populismo hoy y cuál es la diferencia con los que tuvimos hace décadas en América Latina?


Hay una amplia gama, una gran diversidad de corrientes que pueden llamarse populistas. Las de derecha tienden a poner el énfasis en el proteccionismo, en el nacionalismo y en el combate a la inmigración. Las que tienden a ser más de izquierda ponen el énfasis en la intervención del Estado en la economía para proteger a la gente de los efectos del mercado. En la derecha prevalece más la visión nacionalista y en la izquierda, el populismo económico, aunque hay un poco de populismo económico en la derecha y cierto proteccionismo nacionalista en la izquierda. Ahora, hay un populismo más radicalizado, que es el populismo del socialismo del siglo XXI en América Latina. Y hay un populismo más ‘light’, más democrático, pero que puede eventualmente radicalizarse. Pienso en Andrés López Obrador, candidato que está adelante en las encuestas en México para el próximo año. Es un candidato populista que adopta disimulos democráticos desde el punto de vista de políticas económicas, pero que tiene el potencial de radicalizarse si llega al poder.

¿Cuáles son los vasos comunicantes entre populismo y redes sociales?

Con las redes sociales pasa lo que pasa con la globalización: tienen muchos más beneficios que perjuicios. Sin embargo, han intensificado un problema de nuestros tiempos, lo que llamaría la ‘desintermediación’. Hay una serie de instituciones que son intermediarias entre el Estado y la gente, como los partidos políticos y los medios tradicionales. Las redes sociales, en cierto modo, han pasado por encima de esas instituciones: ahora un ciudadano ya no necesita esos canales institucionales por los que pasaba antes. Seguramente va a suponer un cambio y en algunos años vamos a mirar para atrás y decir: bueno, esas instituciones fueron reemplazadas por otras distintas y, de pronto, hasta mejores. Pero en este momento, claramente hay un problema y es que a través de las redes sociales el caudillo populista puede comunicarse de un modo muy eficaz con su público sin que haya un contrapeso institucional, sin que los partidos políticos, las instituciones de la democracia, puedan contrarrestarlo eficazmente.

La reelección es un gravísimo problema en América Latina

¿Hay correlación entre populismo y reelección en América Latina?

La reelección, en una democracia institucionalizada, sembrada y antigua, no tiene por qué ser un problema. Siempre y cuando no sea una reelección permanente no tiene por qué ser un pasaporte al abuso y la concentración de poder, al autoritarismo. Lamentablemente, en países como los nuestros, con poca tradición democrática e instituciones frágiles –y además con una tendencia constante a cambiar las reglas de juego, incluyendo las constituciones–, la reelección se ha convertido en una fuente de problemas más que de estabilidad y de continuidad de políticas de Estado. Yo sí creo que en América Latina es un gravísimo problema. No es casualidad que todos los gobiernos populistas de los últimos años hayan cambiado las reglas de juego. Hablo de Venezuela, de Ecuador, de Bolivia, de Nicaragua. Claramente, allí la reelección fue uno de los instrumentos de la perpetuación en el poder de esos partidos populistas.

Usted ha escrito largamente sobre el fenómeno de Donald Trump. Ahora que él ya está en la Casa Blanca, ¿lo ve aún en la misma línea de cuando estaba en campaña?

Lo primero que hay que decir sobre Trump es que es muy interesante cómo la democracia estadounidense –y por democracia no solo entiendo instituciones políticas como partidos o el Congreso, sino la sociedad civil en general– ha respondido al fenómeno del populismo señalándole sus límites. Lo hemos visto en los tribunales, en el Congreso, en el propio Partido Republicano, que es el partido del presidente. Hemos visto a la prensa, a instituciones cívicas, a las grandes empresas. Todos estos grupos y organizaciones de la sociedad se han movilizado. Es algo que no tiene parangón en países latino-americanos, donde solo se producen esas grandes movilizaciones cuando el daño está hecho, cuando ya pasó mucho tiempo y los efectos catastróficos de las políticas populistas se sienten. Allá no esperaron, reaccionaron inmediatamente desde el primer día y eso ha tenido un efecto benéfico porque ha significado que Trump tenga que entender muy rápidamente que está obligado a actuar desde unos ciertos constreñimientos, que obviamente de tanto en tanto él trata de desbordar. ¿Y cuál es la realidad al final? Que casi no ha podido llevar a la práctica ni una sola de las promesas populistas de campaña. No ha podido echar atrás ninguno de los tratados de libre comercio, como lo dijo... Esta es la lección más importante de los últimos años de ese país para América Latina: si logramos instituciones sólidas y un nivel de concientización social muy profundo, no digo que no vayan a surgir líderes populistas en momentos de trauma y angustia por el futuro, pero sin duda los estropicios van a ser mucho menores.

En su libro hay un capítulo escrito por María Corina Machado sobre el populismo en Venezuela. ¿Por qué no cae el régimen de Maduro?


¿Cómo es posible que se mantenga en pie un régimen que hoy día repudia probablemente el 80 por ciento de la gente y que está aislado internacionalmente y que está haciendo agua por todas partes desde el punto de vista del clima social y de la economía? La única respuesta posible es que ellos han logrado impedir que se rompa la unidad casi monolítica en la cúpula de las Fuerzas Armadas. Normalmente lo que ocurre en situaciones como esas es que en algún momento un sector del aparato de poder y sobre todo el aparato del poder militar va a donde el presidente y le dice: ‘mire, nosotros ya no podemos seguir matando compatriotas por usted en violación abierta de la ley y de la Constitución. Usted tiene que iniciar un proceso de regreso a la democracia’. Pero eso, que ocurrió en muchas otras partes, por ejemplo durante la Primavera Árabe bajo el gobierno de Mubarak en Egipto, no ha pasado en Venezuela. Creo que una de las explicaciones más convincentes es que el chavismo supo asesorarse muy bien por parte de los cubanos para establecer un sistema de control y de espionaje y de contraespionaje contra las Fuerzas Armadas, que ha logrado, incluso en medio de este nivel de repudio tan grande, que esas Fuerzas Armadas se mantengan unidas. Creo que es la explicación básica.

¿Categorizaría el independentismo catalán como un populismo?


Es una verdadera tragedia lo que está pasando, porque no hay manera de que nadie gane una batalla como esa. Sabemos que a corto y mediano plazo no tienen ninguna posibilidad de lograr la independencia. Pero lo que sí han logrado es generar una gran convulsión política y además golpear la imagen de España en el momento mismo en que el país estaba reconstruyendo con éxito su economía. Creo que por ahora es posible pronosticar que el Gobierno central va a seguir manteniendo una actitud muy firme, finalmente lo respaldan las principales fuerzas españolas. Y no veo hasta ahora por parte de los independentistas vocación de ceder, de diálogo real. Y mientras no ocurra eso probablemente lo que vamos a ver es una especie de confrontación en cámara lenta.

JHON TORRES MARTÍNEZ
Editor de Justicia
justicia@eltiempo.com

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