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‘Colombia sigue sufriendo crimen de violencia sexual’: Belén Sanz

La española fue clave para que las mujeres tuvieran presencia en los diálogos de paz.

Belén Sanz, exrepresentante de ONU Mujeres en Colombia

Belén Sanz, representante saliente de ONU Mujeres en Colombia, fue clave en el proceso de paz con las Farc.

Foto:

Claudia Rubio / EL TIEMPO

05 de noviembre 2017 , 09:56 p.m.

Al dejar Colombia, la española Belén Sanz aseguró que sin lugar a dudas las mujeres tienen uno de los papeles protagónicos en la implementación de los acuerdos entre las Farc y el Gobierno y el verdadero sentido de paz en el país. Además, recalcó en la importancia de pensarse un “feminismo renovado”.

¿Cómo fue su arribo a Colombia en 2013?

Llegué a este país con mucha ilusión de poder contribuir a lo que estaba pasando. Yo salía de Nueva York, de un cargo de representación importante en términos de evaluación de políticas públicas, muy cercana al trabajo de la directora ejecutiva de ONU Mujeres en ese momento, ahora presidenta de Chile, Michelle Bachelet, y mi trabajo era evaluar el trabajo que hacía ONU Mujeres en el mundo.

Se encontró con un naciente proceso de paz…

Me encontré con eso, pero mi mayor expectativa era conocer el trabajo que venían realizando las mujeres colombianas, sobre todo de la sociedad civil, alrededor del impacto que el conflicto había tenido en sus vidas y en torno a movilizar leyes y programas públicos que protegieran sus derechos.

¿Qué sabía del proceso de las mujeres colombianas?

Había hecho alguna visita a Colombia y había conocido a alguna de las mujeres que han trabajado en estos programas, y mi conocimiento estaba muy centrado en los temas de conflicto y paz. Pero sin lugar a dudas, el trabajo que las mujeres han hecho en recuperación de memoria es sorprendente; es algo que no había visto con tanta profundidad en ningún país donde ONU Mujeres había trabajado, y ya había tenido las experiencias de Ruanda y Burundi.

Es una tarea dolorosa, pero gratificante, trabajar con las mujeres víctimas. ¿Hay casos más difíciles que otros?


Sí, hubo varios momentos muy dolorosos y reveladores para mí en términos de aprendizaje muy profundo. Llegué en un momento en el que, justamente, se abrió en Villavicencio el Centro de Memoria y se hizo una representación simbólica de uno de los textos que habían recuperado en torno a la violencia sexual

Fue una lectura a dos voces y a mí me pidieron que fuera parte de esta puesta en escena. Leí una de las narraciones, era un pasaje demoledor de una mujer que había sido secuestrada por un actor ilegal y que había sido violada múltiples veces por varios hombres. Leer el pasaje en sí mismo fue uno de los retos más importantes porque tenía en frente a esa mujer y en ese momento algo se resquebrajó dentro de mí.

Precisamente, usted fue la funcionaria de la ONU que abanderó el respaldo a las víctimas de violencia sexual en los diálogos de La Habana. ¿Cómo fue ese proceso?

Fui como representante de ONU Mujeres a servir de puente, pero quienes hicieron el trabajo fueron las mujeres. Entendí el valor de poder llevar las voces que a veces no son escuchadas y hacer que aquellos que no suelen escuchar esas voces, escuchen. Ese es el poder de una agencia para la paz, para la construcción de la paz, para los derechos humanos, para la igualdad de género.

Era un momento crítico, en el que no se tenía la voz de las mujeres víctimas…

Era importante entender que el trabajo no solo se hacía por mandato del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, sino que los diálogos tenían en su centro los derechos de las víctimas y era fundamental el reconocimiento de la violencia sexual y su reparación. Y hay momentos de oportunidad que se deben usar muy rápido, y uno de los primeros momentos de oportunidad se dio cuando la mesa de conversaciones de La Habana se abrió a recibir a las víctimas.

Usted puso una condición para entrar de lleno a ayudar en el proceso...

El coordinador residente de las Naciones Unidas en ese momento me pidió un apoyo inmediato y decidido, para que yo acompañara ese proceso con él y liderara gran parte del escenario, y él recordará que le dije: ‘yo te ayudo con esto si me garantizan que más de la mitad de las víctimas son mujeres’. Esa fue mi condición, pero, obviamente, yo iba a ayudar de cualquier manera porque ese era mi mandato.

¿Cree que se lograron los propósitos que usted y sus compañeros de la delegación de la ONU se trazaron?

Lo primero que conseguimos fue que un 50 por ciento de las víctimas fueran mujeres y eso ya en sí mismo cambiaba la dinámica de las voces; pero además me empeñé junto con otra gente en que en cada delegación de víctimas, en la medida de lo posible, hubiera por lo menos una mujer víctima de violencia sexual. Pude evidenciar que la voz de las mujeres que hablaban de la violencia sexual en la Mesa dejaban perplejos a los negociadores.

¿Cree que la violencia sexual fue uno de los peores crímenes que se cometieron en medio del conflicto armado?


En la mesa de negociaciones no habían dimensionado la violencia sexual en el conflicto, habían leído, pero es que es un tema muy incómodo, que la gente no quiere hablar, no quiere oír. Y en La Habana me di cuenta de que tanto las Farc como el Gobierno y sus delegados escuchaban estas narraciones y el dolor que se veía y se percibía en sus cuerpos era notorio, era una sensación de enorme dolor, de incomodidad.

El día que finalmente, en una segunda ronda se aprobó el acuerdo de víctimas un diciembre, mi alegría fue inmensa de que al fin quedara allí reconocido este crimen, la no amnistía sobre estos crímenes

Pero hubo un gran logro en el tema luego de tres años de trabajo...

Ese fue el tercer momento que acompañé, apoyando el trabajo de diez mujeres colombianas que han estudiado el tema y que se sentaron en la mesa de conversaciones, con una presentación muy clara y sólida en torno a lo que la violencia sexual implicaba en el conflicto y cómo repararla en el marco de la paz. El día que finalmente, en una segunda ronda se aprobó el acuerdo de víctimas un diciembre, mi alegría fue inmensa de que al fin quedara allí reconocido este crimen, la no amnistía sobre estos crímenes y el tratamiento diferenciado de género en el sistema de justicia transicional. Para mí es uno de los grandes logros que ha conseguido Colombia, gracias a sus mujeres.

¿Cuál cree usted que fue el momento más difícil para que se reconocieran los derechos de las mujeres, específicamente en la violencia sexual?


Hubo momentos donde las propias organizaciones de mujeres, logrando mucha incidencia, tuvieron debates muy duros en torno a la inclusión de los derechos de las mujeres, cómo se debía incluir el tema de la violencia sexual y cómo se debía incluir el tema de la violencia de género, y creo que ahí hubo momentos de riesgo que nos dieron muchas lecciones. Pero lo más importante es que las organizaciones de mujeres comprendieron que con independencia de las visiones diversas que tengan de cómo tratar algunos temas, en ese momento la unión en torno a los derechos de las mujeres debía primar pese a los debates internos.

¿Y qué lectura hace de la situación actual?

Todavía tenemos un grave problema de violencia contra las mujeres en Colombia y, al día de hoy, después de la firma del acuerdo de paz, todavía estamos recibiendo denuncias y hechos de violencia en el Cauca, Antioquia y Nariño; lo estamos viendo en Cúcuta, donde sabemos que muchos espacios de poder que han dejado las Farc están siendo ocupados por muchos actores violentos que están usando la violencia contra la mujer, como medio de control y de amedrentamiento. Si se quieren dar señales contundentes de que la paz ha llegado, uno de los indicadores de paz es la no violencia contra las mujeres; sin embargo, no estamos viendo que ese indicador se esté llevando a cabo.

Uno de los indicadores de paz es la no violencia contra las mujeres; sin embargo, no estamos viendo que ese indicador se esté llevando a cabo

Respecto a ese tema, ¿cómo ve el proceso de las mujeres víctimas en Colombia?

Las mujeres colombianas que han sido víctimas y las que las han acompañado, realmente, han puesto en marcha procesos muy valientes y con una enorme entereza de transformación, de cómo se pasa de víctima a sobreviviente y de sobreviviente a ciudadana de pleno derecho. Hay muchas mujeres colombianas –y la primera la tengo en frente– que me han demostrado que es posible ese tránsito y que allí tenemos mucho que aprender.

Llega a México, el país del hemisferio con más casos de violencia contra la mujer, ¿qué reto se está planteando?

Es un gran desafío porque México es un país inmenso, todavía más que Colombia; un país que atraviesa un proceso político muy desafiante, donde la vulneración de los derechos de las mujeres sigue siendo una gran inquietud. Las mujeres mexicanas han sido unas abanderadas en la aprobación de marcos normativos para sus derechos, han transformado una parte de la legislación mexicana. Tienen incluso una ley de paridad que no existe en un país como Colombia. Ya han transitado de la cuota a la paridad.

Es decir que es un país muy progresista en términos de derechos de las mujeres, en su marco legislativo, pero creo que es una nación que todavía cultural y socialmente tiene una gran tolerancia hacia la violencia contra las mujeres, que requiere una transformación importante en esa aceptación y que eso es un reto que tenemos en toda América Latina.

En ese marco de lo que está pasando con las mujeres en América Latina y en el mundo en general, ¿usted cree que es hora de reinventarse el feminismo?

Yo pensaría dos formas de responder esta pregunta. En primer lugar, nunca estuvimos tan cerca de obtener la garantía plena, en lo formal, de los derechos de las mujeres como estamos ahora a nivel legislativo; son pocos los países que tienen una ley para erradicar la violencia contra las mujeres, son pocos los países que no tienen leyes para fomentar la participación en la política, en la economía, en la educación, en la salud. Sin embargo, también nos enfrentamos a un momento, paradójicamente, de enormes riesgos para el retroceso.

Eso que llevamos tantos años luchando por conseguir, se puede retroceder en cuestión de días, y en ese sentido sí creo que es importante que nos repensemos en cómo trabajamos desde el periodismo y la comunicación los derechos de las mujeres; sí creo que un feminismo refrescado y renovado es importante.

¿Cómo hacerlo?

Necesitamos mucha más autoría y liderazgo de la población joven, hombres y mujeres. Tenemos mucho que aprender de los jóvenes y de las jóvenes en términos de cómo se comunican, de en dónde ven las posibilidades transformadoras, en términos de cómo ven la política y las políticas públicas, y creo que necesitamos una alianza más clara con los hombres; ya no estamos en el feminismo de la diferencia, estamos realmente en el feminismo de la igualdad, y sin los hombres comprometidos, transformadores, no vamos a poder ganar esta batalla.

JINETH BEDOYA LIMA
Subeditora de EL TIEMPO@jbedoyalima

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