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Actualizado 06:23 p.m. - domingo 20 de abril de 2014

Novela recrea el encuentro de Simón Bolívar y José de San Martín

Novela recrea el encuentro de Simón Bolívar y José de San Martín

El 26 de julio de 1822, los dos héroes de la Independencia se reunieron en Guayaquil y conversaron durante largas horas.

Foto: Archivo EL TIEMPO

'Ahí les dejo la gloria', de Mauricio Vargas, narra la reunión que sostuvieron los dos libertadores.

El general José de San Martín –héroe de mil batallas, libertador de la mitad de América del Sur– está sentado, casi ciego, soportando su vejez en un rincón de la costa francesa.

Alejado de todos sus triunfos, el general solo recuerda.

Recuerda la gloria que le arrebataron. O, mejor, la que él dejó ir.

–¿Por qué, general, por qué se va? –le insistieron muchos cuando lo vieron embarcar en Mendoza con rumbo a Europa, acompañado de su hija Mercedes, de siete años. Esa pregunta no iba a dejarlo en paz ni siquiera años después, en su casa de retiro, donde su hija y sus nietas volvían a cuestionarlo:

–¿Por qué te fuiste de l’Amérique du Sud? –siguen.

San Martín no responde.

Sus noches continuan interrumpidas por vómitos de sangre debido a los males digestivos que ha sufrido toda la vida y que él se acostumbró a sobrellevar con fuertes dosis de opio.

San Martín piensa en el miedo que también lo ha acompañado y que en muchos momentos le hizo inclinar la balanza hacia la derrota. Ahora, en su final, el miedo ya no está. Y muchos secretos terminarán yéndose con él.

* * * *

Con este San Martín, apartado de las tierras y de las batallas que lo hicieron héroe, comienza Ahí le dejo la gloria, el nuevo libro del escritor y periodista Mauricio Vargas, la segunda parte de la trilogía que inició con El mariscal que vivió de prisa (2009), dedicado a la vida de Antonio José de Sucre.

En el momento en que ponía punto final a la historia del mariscal, a Vargas le surgió la idea de la siguiente novela: se trataba de mirar de frente al que ha sido uno de los mayores misterios en las narraciones de la Independencia: el encuentro que se realizó en Guayaquil entre José de San Martín y Simón Bolívar, el 26 de julio de 1822. Los dos libertadores se vieron cara a cara solamente esa vez. Hablaron durante cuatro horas largas. Pero muy poco, o casi nada, se supo de lo que pasó en esa entrevista.

Vargas empezó a investigar, revisó documentos, leyó biografías, visitó historiadores, viajó a Argentina, a Ecuador, a Perú, a España; recorrió los sitios que doscientos años atrás fueron protagonistas de estas escenas históricas. Y terminó por escribir una novela histórica, con la tensión narrativa propia del género y con los permisos que da la ficción, pero con la base firme que otorgan los datos verdaderos. No en vano Vargas ha hecho una larga carrera como periodista y mantiene, según dice, “la tara de la precisión”. Cada detalle fue revisado con lupa.

La entrevista en Guayaquil es el eje de este libro, en efecto. Sin embargo, termina siendo un pretexto para lo que en el fondo es su principal objetivo: mirar la vida de estos dos personajes, no tanto como los grandes libertadores que fueron, sino como hombres.

* * * *

–¿Habré sido siempre tan mal amante como dice esta loca? –se pregunta Bolívar al levantarse de la cama.

Manuelita Sáenz todavía duerme.

En las páginas de esta novela, Bolívar también se deja llevar por los recuerdos; por la memoria de sus primeros amores, de su matrimonio, de su rápida viudez, por los años en Francia, que fueron fundamentales en la formación de sus ideas políticas. Bolívar, inquieto, hurga en su pasado, tratando de encontrar sus respuestas.

–¿Ha dormido bien, señor? –le pregunta Manuelita, todavía entre sueños. Es una de sus citas urgentes, medio secretas, esta vez en Catahuango.

Bolívar tiene asuntos que indagarle a su amante. Quiere aprovechar que ella conoce a San Martín (a quien él no ha visto de cerca) y conocer cuáles son los propósitos de este hombre de batallas exitosas, saber cómo es físicamente, incluso si mide más que él. Quiere enterarse de qué piensa respecto a un interés común: Perú.

Tanto Bolívar como San Martín tenían claro que los triunfos logrados por la independencia no significaban nada si no conseguían que el territorio peruano estuviera libre del dominio realista. Las tropas del rey seguían en tierras altas del Perú, lo que significa su control sobre la plata y el oro.

–San Martín quiere el Perú, pero no quiere imponerse por las armas –le dice Manuelita, ya bien despierta.

Bolívar la oye con atención. Pero él descree de las capacidades de San Martín para hacerse con el control del Perú. Mucho más si lo que pretende es usar la persuasión y no la fuerza.

–A punta de conversa y consejitos no lo va a conseguir –dice.

La novela describe cómo estos dos libertadores –en el momento en que por fin van a encontrarse– atraviesan momentos muy diferentes en sus vidas. San Martín, después de liderar batallas desde su adolescencia en Europa y América, se siente decepcionado de las guerras y las victorias. Está harto de las traiciones. Carga sobre sí no solo el peso de la mala salud, sino el de las habladurías, que lo martirizan más que una batalla perdida. La gente riega chismes sobre su origen (dicen que no es hijo del militar Juan de San Martín y Gregoria Matorras, sino del oficial de la armada española Diego de Alvear y la india Rosa Guarú). Se habla de las infidelidades de su esposa, Remedios.

De su nacimiento nada queda claro. De los amoríos de su mujer, el propio San Martín le escribe una carta íntima al teniente coronel Tomás Guido en la que le dice: “... Nací para ser un verdadero cornudo, pero mi existencia misma la sacrificaría antes de echar una mancha sobre mi vida pública”.

Por su parte, el Bolívar de este libro está ávido de poder, vive apresurado tanto en la política como en el amor. No entiende a San Martín cuando se entera de que el libertador de Chile busca victorias sin triunfos militares, cuando habla de persuadir y no de vencer. Claro, también hay detalles que los unen, como el vínculo que ambos tienen con la masonería –lo que jugó un papel importante en los héroes de la Independencia. Pero su mundo interno los separa. De ahí que resulte clave su encuentro en Guayaquil.

* * * *

En muchos libros de historia se ha planteado que en esta famosa reunión se debatió el control sobre Guayaquil. Para Mauricio Vargas, el tema debió ser otro, pues en ese momento esa región ya no estaba en debate: Bolívar la había puesto bajo su dominio. La conversación entre los generales giró en torno a otro asunto: Perú. La presencia de tropas realistas en las zonas ricas en oro.

San Martín le pidió apoyo militar a Bolívar. Le ofreció, incluso, batallar bajo sus órdenes si el venezolano aceptaba ir con sus filas de soldados en busca del control de las tierras altas del Perú. Bolívar solo aceptó enviarle algunos de sus hombres como apoyo. “Si en ese momento San Martín no hubiera estado en una etapa de decepción, la cosa hubiera podido terminar en una guerra entre ellos dos, quién sabe en qué condiciones”, dice Vargas. De nuevo, entonces, resultó fundamental el momento interno que vivían.

Por eso, más allá de lo político, lo que marcó la diferencia en la entrevista de Guayaquil fue el contenido humano. La novela describe ese encuentro y lo deja ver casi como el de un papá hablándole a su hijo. “El papá que ya sabe y le explica al hijo que todavía no sabe –agrega Vargas–. Y que trata de hacerle entender que no vale la pena”.

San Martín le explica a Bolívar las razones de su desencanto. Pero él no logra comprenderlo. Solo se llevaban cuatro años de diferencia; sin embargo, en esa reunión parecía como si el Libertador de Chile hubiese caminado un siglo más que el venezolano.

–General, espero que esté usted consciente del desafío que tiene por delante –le dijo San Martín al despedirse.

–El que tenemos, amigo, el que tenemos –respondió Bolívar.

–No, general, yo ya no más. Mi salida del Perú está decidida, y ahora le queda a usted un nuevo campo de gloria en el que podrá poner el último sello a la libertad de América.

“San Martín se va derrotado, pero mostrando toda la generosidad y ni una gota de egoísmo”, dice el autor. La novela presenta las dos versiones de la reunión: la que dio Bolívar casi recién se llevó a cabo la cita, y la que dio San Martín, muchos años después, cuando ya vivía en Francia. En casi todo coinciden, excepto en un detalle fundamental: Bolívar omite contarle al general Francisco de Paula Santander que San Martín se ofreció a bajar su grado e ir bajo sus órdenes si emprendían juntos las batallas. ¿Qué habría pasado si todo eso se hubiese sabido?

San Martín le dejó la gloria.

Y, en efecto, Bolívar la tomó.

Pero no tardó mucho en verse rodeado de traiciones, de convulsiones políticas, de desengaño. No tardó, al final, ya enfermo de tuberculosis y alejado del poder que tanto quiso, en darse cuenta de que San Martín tenía razón.

Tragedias reunidas

Para el historiador Juan Esteban Constaín, el mayor aporte de esta novela es que narra las dos tragedias reunidas -la de San Martín y la de Bolívar- y muestra cómo cada uno termina por añorar el destino del otro.

Mejor mirar al pasado

Luego de dirigir medios como ‘Semana’ y ‘Cambio’, Mauricio Vargas está feliz escribiendo novelas históricas. “El presente se vuelve aburrido cuando uno descubre que todo ya había pasado una o varias veces”, dice. Al contrario del periodismo, la historia no lo decepciona. 

MARÍA PAULINA ORTIZ
Redacción EL TIEMPO

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