Para una mejor experiencia, active los estilos en la página. Como hacerlo?
Para una mejor experiencia, active el javascript de su navegador. Como hacerlo?

Actualizado 07:19 p.m. - jueves 17 de abril de 2014

'Freedom', de Jonathan Franzen, el libro que puso a pensar a Obama

'Freedom', de Jonathan Franzen, el libro que puso a pensar a Obama

Barack Obama comenzó a leer el libro 'Freedom' desde las vacaciones del verano pasado.

Foto: Archivo

Esta novela rastrea qué les pasó a los Estados Unidos después del 11 de septiembre.

No es un tratado de sociología ni un informe con cifras que demuestren de qué manera la crisis económica o el terrorismo han afectado a Estados Unidos. Es algo mucho más sutil y, por eso mismo, más poderoso. Se trata de una novela que describe a una familia clase media de ese país. Sólo eso. Y todo eso. Es Freedom (Libertad) de Jonathan Franzen y ya le mereció portada de la revista Time, palco que, para escritores, sólo se había abierto para J.D. Salinger, Vladimir Nabokov, Toni Morrison, James Joyce y John Updike.

A pesar de sólo contar con cuatro novelas, Franzen ya ha sido calificado el 'Gran Novelista Estadounidense' de este siglo, como también lo fueron Mark Twain por Huckleberry Finn en el XIX y Scott Fitzgerald por El gran Gatsby, en el XX.

A diferencia de sus contemporáneos, que se engolosinan mostrando los detalles de los guetos, Franzen ha sabido darle un marco amplio a la manera como vivimos hoy, así como a describir el malestar que consume a los ciudadanos estadounidenses y que contagia a sus vecinos. Sus personajes "no tienen poderes mágicos, ni resuelven ningún misterio y tampoco viven en el futuro -dice la revista Time-. No muerden al otro, o, en todo caso, no más de lo estrictamente necesario. Freedom no es un microcosmos: es un cosmos". Por algo Barack Obama fue su primer lector. Antes de que hubiera salido al mercado oficialmente a finales de agosto pasado, el Presidente le pidió a su librero que le hiciera llegar un ejemplar a su residencia de verano en Martha¿s Vineyard.

En 2001, justo la semana del atentado contra las Torres Gemelas, Franzen lanzó su novela Las correcciones, que describía la manera como una familia se desintegra penosa y largamente por una enfermedad. Esa obra fue interpretada como un relato providencial y usada como metáfora de lo que estaba padeciendo el país en ese momento. Vendió 2,85 millones de copias.

Hoy pasa igual. A veces los grandes temas no tienen por qué ser espectaculares para que la gente se identifique con ellos. Las primeras frases de Franzen en su nueva novela revelan a un narrador que sabe dar en el blanco:

"Las noticias sobre Walter aún no se conocían localmente. Él y Patty se habían mudado a Washington dos años antes y ya no significaban nada para St. Paul. Pero los aristócratas urbanos de Ramsey Hill no eran tan leales a su propia ciudad como para no leer el New York Times. De acuerdo con un largo y poco adulador relato en el Times, Walter había hecho un desastre de su vida profesional allá en la capital de la nación. Su viejo barrio tuvo dificultades digiriendo las citas sobre él en el diario ('arrogante', 'dominante', 'dudoso éticamente') al recordar al generoso y sonriente empleado de 3M, de rostro colorado y que pedaleaba su bicicleta por la avenida Summit durante el invierno de febrero; parecía extraño que Walter, que era más verde que Greenpeace y cuyas propias raíces eran rurales, estuviera ahora conspirando con la industria del carbón y maltratando a la gente del campo. Pero, de nuevo, siempre hubo algo no del todo correcto con los Berglunds".

Adquirir ese tono le tomó nueve años de trabajo intenso de seis días a la semana -a veces siete- empezando a escribir a las siete de la mañana. Rompió muchas, muchas páginas en ese ejercicio. Encerrado en una oficina alquilada de Nueva York, ciudad en la que reside, y con un pesado Dell sin conexión a Internet, finalmente le salió el malestar del que nutriría su libro. No sabe si fue el resultado de la muerte de su cercano amigo, el también escritor David Foster Wallace, que se suicidó el 12 de septiembre de 2008. Fue eso, aunque no lo único, pues por esos días finalmente le salió un personaje al que le creyó. Se trataba de Patty -la voz de una infeliz madre de suburbio que tiene cierto tipo de risa, algo de sarcasmo y un poco de rabia, como le contó a Lev Grossman en Time-. Por fin entendió lo que quería mostrar: qué pasa cuando se está lleno de resentimiento.

Y lo hace a través de sus personajes. Patty es en apariencia una madre sobreprotectora. Insoportablemente controladora. Cualquiera que fuera Joey, su hijo adolescente, tan brillante que sus padres le parecen poca cosa, no haría más que rebelársele. Y, sin embargo, nada es tan sencillo como parece.

Franzen pone a esta mujer -que puede ser tantas- a revisar su pasado en un capítulo que llama "Hubo errores". Y sí que los hubo. Hermana de dos niñas que fueron el Sol de los ojos de sus padres, siempre fue la relegada, la que se interesó por el deporte, la basquetbolista enorme y temeraria (un amigo le confesó que le decían She Monster). Pero su tamaño no evitó que el hijo rico del amigo de sus padres la violara a sus 16. Y su madre, la política, no hace nada por ayudarla. Y su padre, el abogado de los que no tienen cómo defenderse ni siquiera exige que le presenten excusas. Es más: en un momento de campaña de su madre, permite que esta familia de culpables la apoyen sin reparo alguno. Patty, por supuesto, quedará marcada.

El autor sabe bien cómo escribir la manera como el tiempo va sepultándolo todo, pero nunca olvida. Narra, también, cómo las heridas se sanan o van destruyendo continua y dolorosamente. Para él, un personaje es una sociedad entera llevada a la decadencia. "La integridad es un valor neutral -dice uno de los personajes-. Las hienas también tienen integridad". Cada quien va apoyando lo que cree que es correcto, el hombre que tiene una gran calcomanía en su carro que dice "soy blanco", o un neocon (nuevos conservadores) que dicta cátedra: "Debemos aprender a estar cómodos deformando algunos hechos", cuando alguien lo interpela poniendo en duda que Irak tenga armas de destrucción masiva y está a punto de ser invadida.

La gran moraleja que deja Franzen con Freedom es que la libertad no lo garantiza todo y que el mismo país que eligió por primera vez a un hombre negro para que condujera su destino, hoy lo condena con índices de popularidad casi tan bajos como en los peores momentos de George W. Bush, y ha hecho que los conservadores estén más radicales que nunca.

Él lo sabe: "Hay algo más allá de la libertad que la gente necesita: trabajo, amor, creer en algo, comprometerse con algo. La 'Libertad' no es suficiente. Es necesaria, pero no es suficiente. Es lo que haces con la libertad -y lo que dejas de hacer- lo que importa".

Franzen, un escritor joven con alma de viejo

Nació el 17 de agosto de 1959, en un suburbio de St. Louis, enlas afueras de Chicago. Es autor de 'The Twenty-Seventh City', 'Strong Motion', 'Las correcciones' y 'Freedom'. Tan poco le interesan los medios, que dejó plantada a Oprah Winfrey. Los libros que más han influido en su carrera son 'La cartuja de Parma' de Stendhal, 'The Greenlanders' de Jane Smiley, 'El teatro de Sabbath' de Philip Roth y 'Al este del edén' de John Steinbeck. Vive en Nueva York con la también escritora Kathryn Chetkovich. 'Freedom' será traducida al español por la editorial Salamandra el año entrante. En Bogotá, se encuentra en Authors.

Dominique Rodríguez D.
Redactora EL TIEMPO

Facebook Twitter Google Buzz Enviar Instapapper
Paginar