Presidenciales

‘A los cinco años, Iván ya quería ser presidente’: Juliana Márquez

Entrevista a Juliana Márquez Tono, madre del presidente electo de Colombia.

Iván Duque y su mamá

Juliana Márquez Tono junto a su hijo, Iván Duque, presidente electo de Colombia.

Foto:

Luis Robayo / AFP

19 de junio 2018 , 06:11 p.m.

Nacida en Ibagué, pero radicada en Bogotá desde la infancia, parece ser la madre más joven que haya tenido un presidente en Colombia. No solo por su delgada figura, su diario y alegre andar por las calles de la ciudad y, sobre todo, su carácter firme, que siempre sorprende a sus amigas, Juliana Márquez Tono, egresada de la facultad de Ciencias Políticas de la Universidad de los Andes, se destaca como una brillante profesional. Siempre pensó que Iván Duque, su hijo, estudioso y disciplinado desde niño, iba a ser presidente. Desde luego, más pronto de lo esperado. La noticia de su triunfo, el domingo pasado, la recibió en compañía de su familia.

¿Cómo vivió esta campaña?

Fue una experiencia muy dura. Pero, por otro lado, tuve mucha confianza al ver a Iván, que es siempre muy tranquilo. Ciertamente, los ataques que recibió fueron muy fuertes. Se buscaron, inclusive, contra él unas cosas bobísimas como que se pinta las canas. Las críticas injustas que algunos sectores le echan a Uribe también se las echaron a él. Además, se dice que no tiene experiencia, cuando lo chévere de Iván es su juventud, una juventud que carece de resentimientos.

¿En la campaña hubo algún peligro, alguna inquietud?

Pues, sí, a mí me decían que había que estar atentos por seguridad. Yo realmente nunca me sentí en peligro. Sé que Iván sí lo tuvo. ¿Y qué podía hacer uno? Rezar, pedirle a la Virgen que lo cubriera con su manto, como dice la oración.

¿Dónde se casó Iván?

María Juliana Ruiz, su esposa, vivía cerca de nuestra casa, por los lados de Unicentro. Se conocían desde pequeños, yo creo que se adoraban desde entonces. Algunas veces tenían un disgusto pasajero, pero volvían a estar juntos. Se casaron hace como quince años en la iglesia de La Calera y se fueron a vivir a Washington porque allá estaba radicado Iván.

¿Cómo le surgió a él la idea de vivir en Washington?

Iván se fue muy joven a trabajar en el BID. Era el segundo de esa oficina, que era una sola para Colombia y Perú. Allí, desde muy joven fue trabajando, creciendo, madurando. Él es muy estudioso, infinitamente disciplinado. Trabajaba de día y por las noches se ponía a estudiar. Cuando se casó con María Juliana, los dos tenían la misma disciplina, de modo que cuando yo iba a visitarlos casi no los veía porque se iban a las seis de la mañana y volvían a medianoche. Nunca han dejado de estudiar.

¿Cuántos nietos tiene?

Mis hijos son dos: Iván y Andrés. Mis nietos son tres, dos niñas y un niño, todos de Iván. La mayor se llama Luciana, de once años; el que la sigue es Matías y la última, Eloísa.

¿Desde cuándo nació en Iván su vocación por la política?

Yo creo que desde siempre. Desde chiquito se le notaba su carácter, y cuando él se propone algo siempre lo consigue con mucha disciplina y dedicación.

¿Era un niño muy aplicado en sus estudios?

Sí, era aplicado, pero le gustaba estudiar las materias que a él le interesaban. Había cosas que no le parecían interesantes, entonces no se dedicaba a ellas. A él le gustaban básicamente las sociales, la historia, la geografía. Después les cogió mucho cariño a las matemáticas, pero ya mucho después. A él no le gustaba mucho, por ejemplo, la trigonometría, pero esa no le gusta mucho a nadie, pienso.

¿Cómo es la relación de él con su hermano?

Muy buena siempre. Como Iván le lleva cuatro años, cuando chiquitos él era como el reyecito de la casa. Después llegó Andrés y lo desbancó. Ahora son los mejores amigos.

¿En qué colegio estudiaron?

Andrés estaba en el Saint George e Iván, en el Rochester. Luego, su universidad fue la Sergio Arboleda, e hizo otro estudio en el Externado. Después estudió en el American University de Washington y en Georgetown.

¿Cómo conoció a Iván Duque Escobar?

Yo nací en Ibagué, pero siempre he vivido con mi familia en Bogotá. Después de terminar mi bachillerato seguí la carrera de Ciencia Política en la Universidad de los Andes. Cuando estaba terminando mis estudios, Alfonso Palacio Rudas me llevó a trabajar con él a la Alcaldía de Bogotá, manejando las relaciones con el Concejo. Entonces conocí a Iván en un debate, porque él era contralor de Bogotá. Me encantó cómo hablaba, me pareció atractivo y muy inteligente. Me casé con él en Ureña, a pesar de que me llevaba como veinte años.

Hablemos de la vocación política de Iván el presidente.

Pues, él siempre ha tenido vocación política; siempre la manifestó. En la casa se respiraba un ambiente político. Como Iván, su papá, ocupaba cargos importantes, muchos personajes, como el doctor Turbay, Belisario, Abelardo Forero, lo visitaban. Mi abuela, que era la bisabuela de Iván, le hablaba del mono Olaya, le contaba historias, y eso le fascinaba a él. Iván papá tenía la colección de voces de la HJCK. Poníamos los discursos porque a mí me gustaban y a él también. Iván, mi hijo, se quedaba extasiado, y había partes que memorizaba de los discursos de Gaitán y los recitaba.

¿Es verdad que a sus muñecos les ponía nombres de políticos?

Sí, les ponía nombre de políticos a sus muñecos. Uno era el doctor Turbay, y hacía la voz perfecta imitándolo; el otro era Churchill, y nos divertíamos muchísimo al verlo hacer sus diálogos. Tendría cinco o seis años, sabía imitar la voz de Turbay porque lo conocía; las otras voces se las imaginaba. A mí me tocó Abelardo como profesor en la universidad, y cuando hacíamos almuerzos lo invitábamos. Él llegaba desde las diez de la mañana, se sentaba, y mi hijo Iván quedaba paralizado. Nuestra casa aquí en Bogotá era muy simpática porque toda era como una biblioteca.

(Iván Duque) les ponía nombre de políticos a sus muñecos. Uno era el doctor Turbay, y hacía la voz perfecta imitándolo; el otro era Churchill, y nos divertíamos muchísimo al verlo hacer sus diálogos.

¿Usted se entendía muy bien con él?

Conmigo era como subirse al carro, poner la música durísimo y cantar al tiempo las canciones de ese momento. Eso lo hacíamos. Le gustaba ir conmigo a la agencia de publicidad donde yo trabajaba y hasta hizo un comercial; le tocó aprender a jugar yoyo para salir en él. Pensó que era facilísimo y sufrió lo que es grabar un comercial. Fue muy divertido.

¿Le gusta a él la música?

Sí, la música le fascina. Es muy buen bailarín porque tiene muy buen oído, que heredó de mi familia. Mi abuela y sus hermanas eran conocidas como las Caicedo. Eran seis mujeres, y todas tocaban un instrumento, tiple, bandola, guitarra, violín. Se sentaban por la tarde, y era una dicha.

¿Cuál fue la influencia antioqueña en Iván?

Pues mucha, porque él iba de vacaciones a Porce. Allí vivía su abuelo, don Abdón Duque. Como Iván papá quería tanto a Antioquia, le inculcó ese afecto; incluso, vivimos allí tres años.

¿Cómo se unió al Centro Democrático?

Siendo él de extracción liberal, trabajó en ese partido desde muy jovencito. Le encantaba la política y trabajó luego en la Fundación Buen Gobierno. Después se fue a trabajar a Estados Unidos y cuando volvió, el presidente Uribe lo invitó a que lo acompañara en un trabajo que él tenía con Naciones Unidas.

¿Conocía entonces al presidente Uribe?

Lo conocíamos desde siempre porque él y yo trabajamos para el doctor Turbay. Vivimos en Medellín cerca de su casa y nos veíamos de vez en cuando. Luego, el presidente Uribe lo invitó a trabajar con él en Naciones Unidas durante dos años. Viajaron por muchas partes porque investigaban un incidente que hubo en el canal de Suez. Así que tuvieron la mejor oportunidad de trabajar juntos y conocerse.

¿Era rumbero?

No, no era rumbero; le gustaba la música, pero prefería quedarse leyendo una serie de historias en vez de irse a rumbear. Mi otro hijo es más rumbero, es más como yo.

¿Le gusta el fútbol?

Sí, desde chiquito aprendió a hacer todas esas piruetas que hace. También le gusta la magia. En unas de esas vacaciones bien largas, yo estaba desesperada con los niños en la casa y le dije a Iván que el mago Lorgia estaba dando unas clases; las tomó, y le fascinaron. Para los cumpleaños de Andrés, su hermano, venía a hacer pruebas de magia. Tenía al auditorio cautivo, y eso le encantaba. Después, las señoras que lo veían lo contrataban para el cumpleaños de sus hijos. Ese fue su primer trabajo. Lo hacía perfectamente. Actualmente hace actos de magia. Aprendió muchos trucos.

Dijo en su campaña que en su gabinete tendrían gran participación las mujeres. ¿Cómo se explica?

Yo creo que ha tenido un ejemplo maravilloso. Él conoció a su bisabuela, Luz Caicedo de Tono, que fue una mujer fantástica. Tenía dos hijos y se enfrentó a la vida trabajando en un momento en el que no se usaba que las mujeres trabajaran. Por otra parte, mi mamá, o sea, la abuela de Iván, fue una mujer estupenda que influyó muchísimo en su educación. También era trabajadora. Y yo no me echo flores, pero él me ha visto siempre como una persona que ha aportado a la casa ideas, propuestas y opiniones. Su hermana es una mujer muy capaz y su señora, una mujer muy preparada. María Juliana trabaja en la clínica Shaio, en la parte administrativa. Es muy eficiente y muy buena en todos los trabajos que ha tenido. En Washington se consiguió ella misma un trabajo en la OEA. Empezó desde bajito, y cada vez iba progresando más. Siempre que se postulaba a un cargo, lo obtenía por su capacidad. Es muy dedicada, muy inteligente, y yo creo que va a hacer una labor muy importante. Tienen un matrimonio muy sólido y muy moderno en el que cada uno trabaja, cada uno tiene su manera de pensar; se respetan, conversan, y cada uno tiene un proyecto aparte y uno compartido. Entonces, yo creo que él ha estado rodeado de mujeres muy importantes.

¿Cómo es la relación de él con sus hijos?

Es un papá maravilloso, sí. Saca siempre tiempo para ellos. Con Matías juega mucho fútbol, algo que se llama Fifa, en Xbox, y no hablan con nadie cuando están jugando. A las niñas les ha enseñado el amor por los libros y a pasar tiempo consigo mismas, con sus lecturas.

¿Cuándo nació en él un deseo por la presidencia?

Él estaba bien pequeñito, en Ibagué, cuando les dijo a mi mamá y a mi abuela que lo llevaran a ver al presidente Echandía, quien ya estaba retirado viviendo con su hermana Carlotica. Y a pesar de su corta edad le preguntó: “¿Cuando usted era niño pensaba que iba a ser presidente?”. El doctor Echandía le dijo: “No, mijo, yo no tenía esos arrestos”. “Yo sí”, le dijo Iván.

¿Usted pensó realmente que su hijo iba a llegar a ser presidente?

Yo lo pensé, pero no así tan rápido. Aunque no me sorprende. Sé de sus capacidades, de su dedicación y preparación.

¿Qué le gusta al presidente electo en literatura?

Él muere por una biografía, que a mí también me apasionan. Es algo que compartimos. Le gustan los libros de historia y las novelas. Yo estoy al tanto de muchos autores porque lo oigo a él.

¿Y qué pasará con la pintura, con la creación, con el arte?

A él le fascina apoyar a la gente creativa, como lo expresa en su Economía naranja. No es muy buen pintor, pero sí aprecia mucho la pintura. Le encantan los museos, y a mis nietos también. Eso lo aprende uno cuando vive afuera. Aquí hay mucho por hacer al respecto para estimular el interés de los niños y los jóvenes por el arte. Iván tuvo a su cargo en el BID la parte cultural del banco. Es un tema que a él le gusta muchísimo, e hizo una gran gestión, inclusive en temas como las escuelas de gastronomía. Por ejemplo, las escuelas de cocina típica en el Perú: sería bueno lograr lo mismo con nuestras cocinas del Pacífico o del Cauca. Todo esto es cultura. Cuando Iván lo dice, la gente imagina que es teoría, y resulta que es un trabajo que él ya hizo. La acción de él no se queda en palabras.

PLINIO APULEYO MENDOZA

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