Elecciones Colombia 2018

¿El próximo Presidente se elegirá por la 'democracia de las firmas'?

En 1991 se creó una opción para enfrentar la maquinaria, pero es usada por la política tradicional.

La democracia de las firmas

Al larguísimo número de aspirantes, partidos y movimientos de se ha sumado un nuevo elemento que ha contribuido a aumentar la confusión: las firmas.

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Ilustración: Gustavo Ortega

25 de febrero 2018 , 11:08 p.m.

No es ficción. Colombia vive siempre en campaña electoral. No ha terminado de posesionarse el nuevo mandatario cuando ya en los corrillos políticos se debate quién será su sucesor. Por eso, para el transeúnte es difícil establecer con precisión hasta el calendario electoral.

Al larguísimo número de aspirantes y al infinito de partidos y movimientos de todos los colores se sumó un nuevo elemento, que ha contribuido a aumentar la confusión: las firmas. Si Marta Lucía Ramírez y Alejandro Ordóñez van a ir a una consulta, ¿por qué invirtieron tanto esfuerzo recogiendo firmas desde tiempo atrás? Si este 11 de marzo se enfrentan, en la otra orilla, Gustavo Petro y Carlos Caicedo, ¿qué hacían yendo de aquí para allá buscando una firma que respaldara su aspiración? Si Germán Vargas Lleras tiene su partido (Cambio Radical), ¿qué necesidad de presentar casi cinco millones de rúbricas?

Dicen que la política es una espiral que se repite una y otra vez. Y para la muestra, el espejo de 1990, justamente cuando se creó la posibilidad de inscribir candidatos por fuera de los partidos tradicionales, en un entorno similar al de hoy. Veamos.

A principios de los 90, el país sufría la etapa más sangrienta de su historia moderna. Las balas segaron la vida de cuatro candidatos presidenciales: Luis Carlos Galán, Bernardo Jaramillo, Jaime Pardo Leal y Carlos Pizarro Leongómez.

En paralelo, el gobierno de Virgilio Barco hacía un esfuerzo por evitar el naufragio total. Firmó la paz con el poderoso y mediático M-19 y con los marginales Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y Movimiento Quintín Lame. La salida de la lucha armada de estas organizaciones significó una reconfiguración del poder y del acceso a la representación política.

Varios movimientos sociales y estudiantiles promovieron la creación de una Asamblea Constituyente que, con una nueva Constitución, diera respuesta a los desafíos sobre derechos fundamentales, pero también para asegurar la incipiente paz que se había alcanzado.

Precisamente, la Carta Magna de 1991 dio vía libre a la inscripción por firmas, una posibilidad que 27 años después es la fórmula que hoy utilizan más candidatos a la Presidencia de la República. ¿La historia le suena familiar?

Superado el proceso de paz con las Farc, por primera vez el Congreso de la República acogerá como miembros de la Cámara y el Senado a exintegrantes de esa guerrilla. Se trata de un hito.

Sin embargo, en las discusiones políticas parece primar más el hecho de que, también por primera vez, el número de candidatos inscritos por firmas y que aspiran a la Presidencia superó a los que tenían aval de los partidos.

Los partidos Liberal y Conservador dominaron la escena política colombiana desde mediados del siglo XIX hasta finales del XX. Su caudal electoral los hacía protagonistas electorales y eran las únicas plataformas para quienes aspiraban a cargos de elección popular.

El ex registrador nacional Carlos Ariel Sánchez recuerda además que no existía la personería jurídica y para que una persona fuera candidata se necesitaba de muy pocos requisitos, que, sin embargo, siempre estaban atados a los dos partidos tradicionales.

El convulsionado momento que vivía Colombia a principios de los años 90 dio pie para que el país comenzara a hablar de multiculturalidad, acceso al poder, mejores y mayores derechos, etc. Y la Constitución de 1991, desde el artículo 107 al 111, estableció la participación democrática y la conformación de los partidos y movimientos políticos.

“Había una fuerte coincidencia entre la ciudadanía de que el país ya no era solamente liberal y conservador, y de que se les habían negado vocaciones políticas a muchas personas y movimientos por ese esquema bipartidista. Por ello, todo el movimiento para la Asamblea Constituyente permitió que se empezaran a eliminar las barreras de acceso a la representación", explica Alejandra Barrios, entonces integrante del movimiento estudiantil que llevó a votación la conformación de la Asamblea Constituyente.

Barrios, hoy directora de la Misión de Observación Electoral, dice que a partir de la discusión sobre derechos que se dio en ese momento, la Asamblea debatió “cuál era el mecanismo para tener una representación más amplia en el Congreso de la República”.

“Así se concretó este reconocimiento de otros movimientos políticos y se estableció que todos los ciudadanos tenían derecho a fundar partidos políticos y que los movimientos sociales y grupos significativos podían inscribir candidatos”, precisa Barrios.

El 9 de diciembre de 1990 se llevó por primera vez a la práctica la inscripción por firmas. Justamente, la elección de los miembros de la Asamblea Constituyente fue el escenario en el que todos los partidos y movimientos pudieron proponer sus candidatos.

“Una Asamblea con 116 listas, 788 aspirantes y un poco más de 14 millones de sufragantes potenciales para elegir a 70 constituyentes. Ni hace 104 años, cuando se redactó la Constitución vigente, se llegó a vivir una dinámica social similar”, escribió la periodista María Cristina Caballero en la portada de EL TIEMPO de esa fecha.

Nuevos actores

Personajes poco conocidos en la vida política se han convertido en nuevos protagonistas a partir de la inscripción de firmas, y no solo en los últimos años.

Por ejemplo, antes de ser presidente, Álvaro Uribe Vélez siempre militó en el partido Liberal y con esa colectividad llegó al Senado, la Alcaldía de Medellín y la Gobernación de Antioquia. Pero fue uno de los primeros en aspirar por firmas a la Presidencia de la República. Y la tentación de las firmas no solamente atrae a los políticos que aspiran al Congreso o a la Presidencia. También se volvió frecuente recurrir a este mecanismo para alcanzar el poder local. Así, por ejemplo, los actuales alcaldes de Bucaramanga, Rodolfo Hernández; de Medellín, Federico Gutiérrez, y hasta el suspendido alcalde de Cartagena, Manuel Vicente Duque, las utilizaron para inscribirse. De hecho, en los comicios regionales ya se hizo evidente la explosión de candidatos respaldados por firmas, pues pasaron de 250 en las elecciones del 2011 a 524 en las del 2015.

“Una de las posibles razones de este crecimiento puede ser que el camino en los partidos para obtener un aval se esté volviendo cada día más complicado y esto haga que las personas busquen una opción diferente”, dijo Alfonso Portela, registrador delegado para temas electorales en ese momento.

El refrán dice que hecha la ley, hecha la trampa. Y eso también ha quedado en evidencia en estas elecciones, en las que muchos aspirantes buscaron las firmas para hacerles un esguince a las normas y poder empezar la campaña electoral antes de lo permitido.

Emiliano Rivera, expresidente del Consejo Nacional Electoral (CNE), cree que muchos candidatos habían aprovechado los vacíos que tiene la ley para aspirantes por firmas, lo cual los beneficia.

En efecto, en 27 años de Constitución, la inscripción por firmas ha sufrido pocas transformaciones y su regulación no es tan estricta como la que tienen los partidos tradicionales, porque se suponía que quienes aspiraran a presentar una candidatura por firmas estaban en desventaja.

Reglas fáciles de cumplir

La primera reglamentación de este mecanismo fue promulgada tres años después de la Constituyente y dos meses antes de las elecciones presidenciales: la Ley 30 de 1994 determinó que para que un partido tuviera personería jurídica bastaba con obtener 50.000 votos en Senado o Cámara, o recoger su equivalente en firmas.

En el 2011, la Ley 1475 hizo otro avance. Estableció una reglamentación más precisa sobre la organización de los partidos, las consultas internas, las sanciones, la financiación y la inscripción de candidatos.

“Tenía mucho sentido que el debilitamiento de los partidos diera paso a que los candidatos encontraran un atajo en el apoyo por firmas, pero no para incumplir la ley electoral. No hay regulación de los topes ni las reglas de quién puede financiar, no hay restricción sobre si un movimiento puede o no hacer alianzas con partidos políticos, no se entrega información en línea, y menos hay una responsabilidad sobre una colectividad cuando existan casos de corrupción”, apunta Barrios.

Laura Wills, directora del departamento de Ciencia Política de la Universidad de los Andes y codirectora de Congreso Visible, es menos radical, aunque anota que la esencia del apoyo por firmas podría estar cambiando.

“Esta es una estrategia permitida por la ley electoral, que les posibilita a muchos candidatos a cargos de elección popular tener algunas ventajas sobre los partidos. Pero no quiere decir que esos aspirantes sean lo que dicen ser, candidatos independientes que vienen sin las banderas de algún partido. Muchos arrastran a partidos políticos tradicionales de los que por alguna razón se quieren desmarcar”, explica.

Ese escenario se ve justamente en esta elección presidencial. El aumento del número de candidatos por firmas fue tal que superó por primera vez el de los aspirantes con avales de partidos. Según la Registraduría Nacional, se verificaron 16’154.288 firmas presentadas por once aspirantes, de los cuales ocho están en contienda. Para revisar cada una de las firmas, 700 funcionarios debieron emplearse a fondo hasta dar su validez.

Por ahora, no hay nada que permita endurecer la inscripción por firmas. Ni siquiera la fallida reforma política del año pasado convenció a los congresistas de una mayor regulación electoral. Solo el 27 de mayo sabremos si el próximo presidente de Colombia será el resultado de la ‘firmocracia’. Y, claro, en ese momento empezará la siguiente campaña.

CINDY A. MORALES
Subeditora ELTIEMPO.COM
Correo: cinmor@eltiempo.com
En Twitter: @cinmoraleja

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