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¿Por qué Donald Trump revivió el pulso comercial con China?

El presidente ordenó tarifas del 25 % a importaciones chinas por valor de US$ 50.000 millones.

Por qué Trump revivió el pulso comercial con China

El presidente chino, Xi Jinping, con Donald Trump, en abril del 2017.

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Carlos Barria / Reuters

30 de mayo 2018 , 08:31 p.m.

Negociar con Donald Trump es adentrarse en el principio de incertidumbre. Lo saben los mexicanos, y ahora lo está descubriendo China. Apenas 10 días después de declarar el cese de hostilidades arancelarias con el gigante asiático, el presidente de Estados Unidos volvió a imponer subidas tarifarias del 25 por ciento a importaciones chinas por valor de 50.000 millones de dólares. El varapalo se completa con el anuncio de nuevas restricciones a las inversiones chinas en alta tecnología.

La presión es evidente. El sábado llegará a Pekín el secretario de Comercio, Wilbur Ross. El redoble arancelario le da más bazas para negociar y, de paso, le recuerda al presidente chino, Xi Jinping, el peligroso camino que se abriría en caso de un fracaso en las resucitadas conversaciones con Corea del Norte. Una doble estocada que revela la esencia del método Trump.

En su manual negociador, el magnate neoyorquino siempre ha privilegiado las posiciones de fuerza. Presionar y golpear forman parte de su estrategia. “Hay veces en que la única salida es el enfrentamiento. Cuando alguien me trata mal o injustamente, mi respuesta, toda mi vida, ha sido devolver el golpe lo más fuertemente posible”, escribió en The art of the deal.

Enorme déficit

Esa es la técnica que ha aplicado con China. En su narrativa aislacionista, Pekín es uno de los grandes causantes del declive norteamericano. Trump, al igual que la mayoría de conciudadanos, considera que el gigante asiático se ha aprovechado de la apertura de los mercados estadounidenses, al tiempo que blindaba los suyos. El resultado ha sido un déficit comercial de 375.000 millones de dólares, el mayor del planeta.

La reducción de este desequilibrio supone para Trump un objetivo crucial, sobre todo en un año en que se celebran comicios legislativos (en noviembre se renuevan toda la Cámara de Representantes y un tercio del Senado).

Pese a esta urgencia política, la necesidad de recabar el apoyo chino en el pulso nuclear contra Corea del Norte retrasó el inicio de hostilidades. Así lo reconoció Trump en público, y solo fue al tener asegurado el respaldo de Pekín cuando comenzó el pulso comercial.

La subida arancelaria refuerza la posición estadounidense ante el resucitado cara a cara que Trump quiere celebrar el 12 de junio en Singapur con el líder norcoreano Kim Jong-un.

En Washington se entiende que los gestos de rechazo que los norcoreanos exhibieron hace dos semanas y desembocaron con la ruptura del encuentro fueron adoptados bajo la influencia de Pekín, deseosa de mostrar su músculo y forzar una mejora en la negociación comercial. Ante este envite, el mensaje es claro. China, el gran padrino de Pionyang, debe apoyar a Estados Unidos, de lo contrario habrá guerra tarifaria. Es Trump negociando.

© JAN MARTÍNEZ AHRENS
Ediciones El País, SL 2018

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