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‘Spinner’, el juguete que causa furor en los colegios

Pese a que fue inventado hace dos décadas, su popularidad ha crecido desde enero.

Juguete Fidget Spinner

El Spinner también puede tener utilidad terapéutica en niños muy activos o que padecen autismo. 

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Drew Angerer / AFP

08 de mayo 2017 , 07:48 p.m.

En un parque de Nueva York, los dedos de Édgar no paran. Tampoco los de Quentin. “La cosa esa que tiene girando entre las manos los tiene locos”, se queja la madre del primero. La del segundo asiente y apunta que en casa hay otros de varios colores y formas. 

Es el nuevo juguete de moda entre los escolares. Se llama Fidget Spinner (aunque algunas marcas han popularizando nombres ligeramente distintos, siempre con el complemento spinner) y se pueden comprar por menos de cinco dólares. “Lo llevan hasta a clase”, comentan resignadas las madres.

La tendencia ha saltado el charco y se empieza a hacer un hueco también entre los escolares españoles. El Spinner es esencialmente un trozo de plástico o de metal que rota sobre varios ejes. Cabe en la palma de la mano y la gracia es hacerlo girar.

Nació como artilugio antiestrés, pero se ha popularizado en el patio de los colegios y en los quioscos. En los bazares españoles los venden por cerca de 4 euros. Empiezan a extenderse por el boca a boca, como lo hicieron los tamagotchis, las pulseras de gomitas y tantos otros artículos que, de la noche a la mañana, se convierten en la última moda infantil.

Las redes sociales están repletas de videos tutoriales con trucos. El juguete convertido en fenómeno de masas emergió como de la nada en los parques y recreos con la llegada de la primavera, cuando los niños empezaron a quitarse los guantes.

Haciendo una búsqueda por Google se puede comprobar que casi no hay referencias al artículo antes de la Navidad. Ahora cuenta hasta con su propio foro en Reddit.
El neoyorquino Édgar tiene 13 años. Quentin, ocho. La obsesión llega a tal punto que lo han sustituido por los juegos en el móvil.

“No se trata solo de hacerlo girar lo más rápido posible”, explica el tendero de West Side Kids, “hacen equilibrios colocándolo en la punta del dedo, la nariz o la frente”.

En Estados Unidos los Spinners se venden por todas partes, desde las parafarmacias de Walgreens, pasando por los hipermercados de la cadena Walmart. El portal Etsy tiene versiones con diseños más artísticos, fabricados en madera, cobre y otros metales que se pueden comprar por unos 75 dólares. Amazon tiene miles de entradas y los ofrece desde un par de dólares hasta 460 dólares. Algunos se iluminan.

Y aunque la locura sea nueva, el juguete en realidad fue inventado hace ya dos décadas para ayudar a personas que necesitan tocar o jugar con algo para aliviar la ansiedad, en lugar de comerse las uñas. Es como dar vueltas a un lápiz entre los dedos, pero a gran velocidad.

El Spinner también puede tener una utilidad terapéutica para niños muy activos o que padecen de autismo, porque los ayuda a liberar energía y relajarse.

Joe Garritano es el fundador de Steampunk Spinners. Vio el filón en octubre y empezó a fabricarlo por encargo. Las ventas, dice este asesor en publicidad, se triplicaron desde final de enero. La mitad de sus clientes son adultos y la otra mitad, niños.

GoSpinner empezó a vender los suyos en diciembre pasado con un solo modelo. El boca a boca fue tan rápido que introduce nuevos estilos cada semana. Pero como señala Garritano, hay una gran diferencia entre los modelos más baratos y los que cuestan unos 12 dólares.

Los niños, como dice la madre de Édgar, “lo han tomando como un juego”. Su uso empieza a crear controversia. La locura llega a tal extremo que los colegios en Nueva York están empezando a prohibirlos, porque la situación se está yendo de las manos.

La directora de un colegio público en el Upper West Side explica que en lugar de ayudar a mejorar la concentración se está convirtiendo en una distracción para los estudiantes. En algunas escuelas de Minnesota, donde tiene su sede la empresa de Garritano, también los han vetado.

“Los niños no están usando los Spinners con la intención de que fueron inventados”, opinan los profesores del centro de enseñanza primaria al que acude Quentin, en Manhattan.

Hay otros colegios que no van tan lejos y los permiten, aunque dejan la decisión final a los profesores, con base en las necesidades que tengan sus alumnos.

SANDRO POZZI
Ediciones EL PAÍS, SL 2017

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