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La paz y los retos de la macroeconomía

Si siempre hubo recursos para la guerra, hay que buscar mecanismos que hagan sostenible la paz.

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El país necesita nuevas recetas para fomentar la economía después de más de 50 años de conflicto.

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Juan Pablo Rueda / EL TIEMPO

30 de agosto 2016 , 09:45 p.m.

Con gran alegría hemos recibido el documento final de los acuerdos de La Habana, que, si bien dista de ser un acuerdo perfecto y con muchas críticas razonadas, es un gran paso en más cincuenta años de conflicto armado en el país. No obstante, más allá de la buena voluntad de las partes, los acuerdos necesitarán recursos y políticas económicas que los hagan sostenibles para tener un proceso con un resultado final satisfactorio.

No hay duda de que la paz genera una sensación de confianza para la inversión y facilita el desarrollo del circuito económico, pero en momentos de desaceleración en la región, no será un proceso de post-conflicto que se financie fácilmente.

Muchos puntos se han discutido en el último año sobre los efectos positivos que pueden traer los acuerdos sobre el crecimiento del PIB local; para el DNP en una visión optimista el PIB podría repuntar en tres puntos en un lapso de 10 años. No obstante, un estudio de la Universidad de los Andes del profesor Marc Hofstetter puso en duda estas proyecciones y afirma que para aumentar por lo menos dos puntos más del PIB en una etapa de post acuerdo, la industria y la agricultura deben crecer a una tasa cuatro veces mayor a la actual, lo cual no es claro en el escenario actual.

Desde el punto de vista de la Inversión Extranjera Directa (IED), es difícil pensar que días después de la ratificación de los acuerdos y la firma definitiva de la paz los inversionistas reaccionarán inmediatamente con flujos masivos de IED en un contexto de bajos precios de los commodities en una economía con alta dependencia del petróleo. Con relación a la inversión en portafolio, los capitales financieros están más pendientes de la reforma tributaria y las políticas de austeridad fiscal que de la firma de una paz duradera, que ya ha sido descontada de sus expectativas.

Así entonces empiezan a aparecer lo que acá se denominan los retos macroeconómicos de la paz que vienen de la mano de la dificultad existente entre lo pactado en La Habana y el modelo económico de la inflexible regla fiscal e inflación. Este objetivo trata de seguirse de forma rigurosa y ortodoxa como si el proceso de paz no existiera para la política económica del país. ¿Será posible pensar en una política de austeridad inteligente a la 'Cárdenas' en el marco de un proceso de paz sostenible?

Hay que hacer coherente el proyecto político de los acuerdos con el proyecto económico, y esto requiere de rupturas con los planteamientos tradicionales de la política económica del país. Recientemente en columnas de opinión como la del exministro Gabriel Silva se ha afirmado que la reducción del déficit fiscal no puede ser una mano obsesiva que juegue en contra de los acuerdos de paz e incluso se aventura a propuestas más arriesgadas como la emisión monetaria que a la luz de la política monetaria tradicional es vista como una herejía.

Otras columnas como la del exministro Rudolf Hommes subrayan la importancia de incluir la paz en el modelo financiero de la reforma tributaria.

Para muchos, estas pueden ser apuestas arriesgadas pero el riesgo de un post-acuerdo fallido ante el incumplimiento de las promesas puede ser más grave a largo plazo que una rebaja temporal de la calificación del país ante un replanteamiento de medidas económicas para la paz que se alejen de los dogmas tradicionales.

Hay que pensar en ideas novedosas, como la emisión de bonos del post-acuerdo por parte del Gobierno en los que el Banco Central tenga un rol de comprador mayoritario y se evite la tentación de financiar el post conflicto con más deuda externa atada a las lógicas de la regla fiscal.

Hay que dejar de lado la obsesión por las altas tasas de interés para combatir la inflación y pensar en una nueva política monetaria que de hecho en el mundo se está poniendo en entredicho con las tasas de interés negativas a las que se han tenido que someter algunas economías y que no se explican en los modelos de la corriente principal.

Otras propuestas a ser discutidas pueden pasar por el empleador de última instancia donde más allá de los subsidios garantizados en los acuerdos para “proyectos productivos” de difícil factibilidad, los participantes del conflicto tengan un trabajo asociado al cuidado familiar, al manejo del medio ambiente y a actividades que tengan impactos sociales y retroalimenten la demanda ante un contexto externo inestable.

Ojo, con esto no se pretende plantear un cuestionamiento a los acuerdos, sino más bien poner en el debate a las políticas tradicionales en términos fiscales y monetarios que si bien dan señales positivas a los mercados parecen olvidar que se están aplicando en un país que necesita nuevas recetas para un gran acuerdo exitoso después de más de medio siglo de postconflicto. No se puede caer en el error de ver los acuerdos como un gran gasto sino más bien como una inversión de largo plazo, si siempre hubo recursos para la guerra hay que buscar mecanismos que hagan sostenible y atractiva la paz, así temporalmente las señales para el mercado no sean las mejores, finalmente no siempre los mercados tienen.

Diego Guevara
Profesor del programa de Economía y Finanzas Internacionales
Universidad de La Sabana

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