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‘Restringir el comercio global sería una herida autoinfligida’: Lagard

La cabeza del Fondo Monetario Internacional alerta sobre las "tentaciones proteccionistas".

Christine Lagarde, directora del FMI

Christine Lagarde, directora del Fondo Monetario Internacional.

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Hannibal Hanschke / Reuters

16 de abril 2017 , 10:08 p.m.

La economía global empieza a sacar la cabeza. También en Europa. Pero el Fondo Monetario Internacional (FMI) avisa de una nueva serie de riesgos, básicamente políticos, y alerta de que las tentaciones proteccionistas pueden hacer descarrilar algo más que la recuperación.

“Hay buenas noticias: tras seis años decepcionantes, la recuperación se afianza”, aseguró en Bruselas la directora del FMI, la francesa Christine Lagarde. Eso se traducirá, en breve, en empleos, en mayores ingresos, en más prosperidad: en una especie de “primavera económica”, en palabras de Lagarde.

Sin embargo, hay peros: “También existen riesgos a la baja: incertidumbre política que afecta al corazón de Europa, tentaciones proteccionistas y unas condiciones financieras globales más duras, lo que provocaría bruscos movimientos de capital desde las economías emergentes a las desarrolladas”, dijo Lagarde.

La máxima responsable del Fondo advierte que en Europa hay que seguir alerta por los efectos del brexit, las elecciones que vienen (en breve en Francia y en Italia en unos meses) y el eterno problema de Grecia.

La reestructuración se hará cuando termine el rescate, en el 2018, pero las medidas deben conocerse por adelantado

Sobre esto último, la francesa ha sido tajante, aunque el FMI sigue sin pronunciarse respecto a si participará en el tercer programa con dinero contante y sonante. “Me encantaría cantar victoria, pero lo más que se puede decir es que en las dos últimas semanas las cosas se están moviendo en la dirección correcta”, comentó.

El Eurogrupo alcanzó un principio de acuerdo político la semana pasada. Atenas debe aprobar ahora una vuelta de tuerca de la reforma laboral y legislar para recortar las pensiones en el 2019 y subir los impuestos en el 2020. Si Grecia cumple, los europeos tienen que liberar ayudas, incluir los bonos griegos en las compras del BCE y, sobre todo, acordar las medidas de reestructuración de deuda para que el FMI forme parte. Lagarde ha instado a los socios del euro a acordar “las modalidades específicas” para terminar con la deuda helénica.

“La reestructuración se hará cuando termine el rescate, en el 2018, pero las medidas deben conocerse por adelantado”, insistió Lagarde, en relación a si Alemania y compañía quieren que el FMI tenga participación.

Este discurso llega apenas unos días antes del inicio de las reuniones de primavera del FMI. En Washington se hablará de Grecia, pero el organismo lanzará también, a juzgar por las palabras de su directora, un mensaje de moderado optimismo combinado con una advertencia a la nueva administración de EE. UU. y su agresiva retórica proteccionista.

“Restringir el comercio internacional sería una herida autoinfligida que interrumpiría las cadenas de suministro, dañaría la producción mundial y provocaría inflación”, precisó.

Entre los riesgos, Lagarde ha destacado una de las obsesiones del Fondo: la elevada deuda pública, que asciende al 108 por ciento del PIB global, niveles propios de una posguerra.

La máxima ejecutiva del FMI desconfía de las fórmulas mágicas para recortar la deuda a toda velocidad: “El FMI no ve como una opción las reestructuraciones masivas”, indicó.

La receta del Fondo es más aburrida: crecer, con reformas estructurales para mejorar la productividad e ir limpiando el exceso de deuda con políticas fiscales “sólidas”, que en algunos países pasan por usar el margen de maniobra para invertir más.

El FMI vaticinó en enero que el PIB global crecerá el 3,4 por ciento este año y el 3,6 por ciento en el 2018. Tres cuartas partes de ese avance se concentran en las economías emergentes, con riesgos por la desaceleración de la economía china y los temidos movimientos de capitales, que aún no han empezado, pero provocarían sacudidas si finalmente se sustancian. En Europa, la crisis va por barrios, pero la dificultades derivadas del ‘brexit’, los refugiados y los problemas de seguridad y terrorismo se suman a ciertas debilidades en los bancos de algunos países periféricos.

Italia y Portugal son los dos ejemplos más claros, pero la crisis del Banco Popular incluye a España en la lista de potenciales damnificados: “El saneamiento del sistema financiero en Europa es un trabajo que necesita completarse”.

CLAUDI PÉREZ
Ediciones EL PAÍS, SL 2017

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