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¿Es cierto que en Colombia se acabó el debate económico?

Entrevista de María Isabel Rueda a el director de Anif, Sergio Clavijo.

Sergio Clavijo, director de Anif

Sergio Clavijo, director de la Asociación Nacional de Instituciones Financieras, dice que vienen dos años de ajuste fuerte.

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Rodrigo Sepúlveda / Archivo EL TIEMPO

22 de mayo 2017 , 02:00 a.m.

‘No ayuda mucho que el director del Dane a veces se crea el jefe de prensa de Palacio. No cabe duda de que el desempleo va al alza, consecuencia de un crecimiento del 1,1 % este trimestre’, asegura el director de Anif, Sergio Clavijo. Ve rondando el desempleo urbano en un 11 %.

Veo con sorpresa que el exministro Rudolf Hommes, tan comprensivo y tolerante con el Gobierno en sus columnas semanales, por fin dio una entrevista al periódico ‘Portafolio’, donde reveló que está realmente preocupado por algo de la administración: el crecimiento de la economía. ¿Usted comparte esa preocupación?

Efectivamente, leo asiduamente a mi exjefe el exministro Rudolf Hommes y lo he visto más bien alejado del análisis económico con cifras en la mano, y muy en los temas políticos, en lo cual también arroja luces. Pero coincido totalmente con él en que hay dos problemas centrales y estructurales en la economía colombiana. Uno, el crecimiento. Precisamente, el Dane acaba de revelar que en el primer trimestre crecimos tan solo 1,1 por ciento. El pronóstico de Anif era de 1,6 por ciento.

O sea, las cosas en materia económica están peor de lo que pensábamos… ¿Para un consolidado del año de cuánto?

Para el año como un todo vamos a estar estancados en el 2 por ciento. Y, el segundo elemento de preocupación proviene del tema de la productividad. Ha estado prácticamente estancada y Colombia, al igual que hace 30 años, muestra una productividad que es tan solo el 22 por ciento de la de Estados Unidos, y henos acá que celebrando cinco años del Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos y tres con la Unión Europea, no hemos sabido aprovechar la oportunidad que nos dan esos tratados. En Anif decimos que es el problema del “costo Colombia”.

El exministro Hommes dice que ni Anif ni Fedesarrollo se han manifestado ante este panorama. ¿Dónde están esos ‘think tanks’ para que nos ayuden a entender qué está pasando y para dónde vamos?

Aquí están. Nosotros no hablamos de política, hablamos de economía todo el tiempo. Si me pregunta qué hemos hecho en Anif los dos últimos meses, hemos estado maleteando como usualmente lo hacemos. Ayer vine de Manizales; la semana pasada, de Cali; la antepasada, de Medellín. ¿Qué temas hemos venido discutiendo? La lentitud de las 4G, y en ese sentido aparece el costo-Colombia. Hoy todavía movilizar un contenedor vale 1.400 dólares, vs. los US$ 600 o 800 de Chile o Perú. Entonces, hemos hecho la tarea de estar develando en detalle la problemática en infraestructura, la laboral, la energética. Que Fedesarrollo hable por sí solo, pero está metido en el corazón de la problemática de la regla fiscal y de la comisión de gasto público, que nos debe decir a finales de este año cómo es que vamos a enderezar unas cuentas fiscales que realmente están descuadernadas, como diría el presidente Lleras Restrepo.

Dice textualmente el doctor Hommes: “Veo a la Andi muy cuidadosa. Juan Martín Caicedo habla, pero siempre es en su propio interés, y Anif y Fedesarrollo no se notan”. Sostiene que los ve amorcillados.

Si él quiere, lo invito a un tinto para indicarle cuáles son estos debates que estamos dando, dentro del Gobierno, en las comisiones independientes y a lo largo y ancho de todo el país.

Y le preguntan: “¿Amorcillados?”, y él contesta, “O contratados por el Estado”. ¿Ustedes están contratados por el Estado?

En ese sentido podemos sacar la cara totalmente. De memoria, creo que el último contrato que tuvo Anif, por lo menos con la DNP, data del año 2012 y era bastante pequeño. Luego no es el caso de Anif, que afortunadamente tiene 70 por ciento de sus ingresos de lo que maleteamos en el día a día como cualquier empresario, y de los aportes que nos dan nuestros afiliados. Creo que tenemos total independencia para decir lo que queramos.

¿Será, como dice el doctor Hommes, que los debates de los economistas han perdido calidad, al punto de que el ministro de Hacienda habla y dice que todo va bien, y nadie sale al ruedo porque ‘aquí le caen al que abra la boca’?

Discrepo en el sentido de que aquí no ha habido un debate abierto y claro. Anif hace 35 eventos al año, públicos todos, pero no solo en Bogotá sino a nivel nacional. Tanto Anif como Fedesarrollo hemos estado directamente hablándoles a los empresarios de carne y hueso en las regiones, a la élite bogotana si se quiere, pero también a la élite del Valle y a la de Antioquia, y tenemos contacto directo con los ministros para decirles, “miren lo que nos están diciendo los empresarios”.

¿Y qué les están diciendo los empresarios?

Dos cosas: una, que el resultado de la Ley 1819 que subió el IVA es que puso una presión de costos muy fuerte que era inevitable, y por el proceso de paz y el posconflicto, la verdad es que el grueso de los proyectos están en el congelador. Y eso se refleja en una cartera comercial, último dato, que se está contrayendo a tasas del 2, 3 por ciento, que es el 65 por ciento de la cartera total. Los hogares están boqueando, totalmente endeudados. Y las tasas de interés del Banco de la República que se han movido en la dirección correcta de bajar cien puntos básicos todavía no se transmiten lo suficiente por problemática micro- empresarial y de la formación de precios en el mercado financiero.

¿Sería mejor que del Presidente para abajo, pasando por el ministro de Hacienda, se sinceren?

Como cuando Hommes fue ministro de Hacienda, el grueso de los gobiernos trata de pintar el tema económico de color rosa, y la tarea de los ‘think tanks’ y de los académicos es salir a poner las cosas en su lugar con los datos. Le doy dos ejemplo: el año pasado, el Gobierno tenía un pronóstico de 3 por ciento de crecimiento; el dato final fue 2, y el grueso de los analistas estábamos en una franja del 2 al 2 y medio, con lo cual había una discrepancia en el pronóstico entre lo que decía el Gobierno y lo que finalmente ocurrió. Para este año, yo creo que también hay que abonarle al Gobierno que ha aprendido la lección, está menos optimista, menos Alicia en el País de las Maravillas, y está hablando de un crecimiento del 2 y medio. Muy seguramente, como lo dice el Banco de la República, no vamos ni siquiera para el 2 y medio, sino para el 1,8, luego yo creo que en general continúa el debate abierto y afortunadamente estamos en una democracia en la que todavía podemos hablar.

Bueno, pasemos a hablar de los bancos. ¿Cómo ve la banca, como la vitrina principal de lo que está pasando con los hogares, con el consumo, con el empleo, con el gasto, con la inflación, la situación? He oído al presidente del Banco de la República diciendo públicamente que está preocupado por la economía.

Hay preocupación porque hay un deterioro de la cartera vencida, que saltó rápidamente de 3 a 4 por ciento. Sin embargo, todavía hay un colchón de ajuste, y los bancos lo saben y por eso tienen aprovisionada la cartera y guardados unos dineros para entrar a capitalizar lo que les requiere Basilea III. Pero están preocupados por los dos frentes que usted menciona. En el lado corporativo, pues obviamente este tema de Odebrecht es un freno de mano que se les pone a los proyectos de 4G aunque sean puntuales, pues solo tienen que ver con Navelena y Ruta del Sol 2. Pero es vital para la infraestructura del país que se monte en la segunda y la tercera ola de las 4G. Y, de otro lado tiene razón en que los consumidores, si les sumamos lo que es la deuda de consumo más la deuda hipotecaria, pues hoy tienen 10 puntos de deuda adicional respecto de la que tenían hace unos 20 años, y en ese sentido hay urgencia de que la baja en las tasas de interés del Banco de la República se transmita a los hogares, que ven subir el desempleo pero no bajar sus obligaciones a la velocidad que se requiere.

Pero usted nos asegura que hay un colchón de acomodamiento de los bancos…

Hay colchón de acomodamiento. No va a haber crisis, pero necesitamos que en el 2018 no sigamos creciendo al 2 por ciento.

Usted dice que el desempleo sube, pero el Dane dice que baja… Un analista de la Universidad Externado, el profesor Stefano Farnè, escribió un artículo muy interesante en EL TIEMPO dudando de que puedan surgir 400 mil empleos en un trimestre donde la economía creció 1,1. ¿No será que desde el Dane también nos están mintiendo?

Le doy el beneficio de la duda a la independencia del Dane, y máxime cuando está la Ocde de por medio revisando cuáles son los protocolos de información. Pero no ayuda mucho que el director del Dane a veces se crea el jefe de prensa de Palacio. Y no cabe la menor duda de que hay una tendencia al alza en la tasa de desempleo.

¿Cómo son los pronósticos?

Tomemos dos cifras: la tasa promedio de desempleo del año 2015 fue la más bajita que ha tenido Colombia: 8,9. Es horrible que Colombia tenga casi 9 por ciento de desempleo en su mejor año. Y en 2016 ya se escaló a 9,2. El pronóstico que tenemos en Anif para este año es que se va a escalar al 9 y medio, y la cifra del Dane, promedio enero-marzo, está mostrando un desempleo urbano cercano al 10,6. O sea que Colombia, en las 14 principales ciudades, donde está el 80 por ciento de la fuerza laboral, está bordeando un desempleo del 11 por ciento, una cifra que tendría que tener al Gobierno muy preocupado. Luego, que nos hable de que el 5 por ciento de desempleo que hay en la zona rural, donde solo están el 20 por ciento de la fuerza de trabajo, compensa un desempleo del 11 por ciento en el 80 por ciento de desempleo urbano, eso no cuadra mucho, y repito, debería preocupar mucho al Gobierno que precisamente en la fase de posconflicto haya una escalada en el desempleo.

Hay una palabra que nos pone a todos con los pelos de punta: recesión. ¿Colombia está en peligro de entrar en una recesión?

A ver. No hay recesión técnicamente hablando porque esta se define cuando el PIB, en dos trimestres consecutivos, arroja cifras negativas. Todavía no estamos en ellas. En este primer trimestre, el crecimiento fue de 1,1 %, luego no hay, técnicamente hablando, recesión.

¿Y cómo va la inflación?

Se ha venido acelerando. Por ejemplo, la inflación sin alimentos, que es la que mira con cuidado el Banco de la República, se aceleró el mes pasado de 5,3 a 5,7 anual. Lo que ha dicho Anif al respecto es lo siguiente: resulta que se han renovado 3 de los 6 miembros de la junta. Dicho de otra manera, la administración Santos tiene por el tema de la reelección la mayoría de la junta a su mando. No ayuda mucho en la independencia del Banco de la República que el Presidente no deje que el ministro haga la tarea dentro de la junta, sino que por los micrófonos se diga que hay que continuar bajando la tasa de interés. Anif, dado este escalamiento inflacionario, ve que podría ser riesgoso y comprometer la meta del año 2018 por cuarto año consecutivo, si van a continuar bajando la tasa de interés al mismo ritmo al que lo venían haciendo. Hicieron la parte fácil de bajarla de 7 la 6 y medio por ciento, pero de aquí en adelante, dada la inercia inflacionaria, lo peor que le podría dejar al próximo nuevo gobierno de agosto de 2018 es un crecimiento del 2 por ciento, una inflación del 5 y unas tasas muy laxas, porque ahí sí que nos vamos a complicar más de lo que estamos.

¿Usted cree que la reforma tributaria ha influido negativamente en este trimestre?

Indudablemente. Mire, al Gobierno se le dijo que infortunadamente lo peor que podía hacer era esperar estar al borde del barranco del 2016 para pasar una ley como la que se aprobó, la 1819, que tiene algunas virtudes estructurales, como haber subido el IVA del 16 al 19. Pero esto no se ha debido hacer en el 2016, ya de salida, sino en el 2013: tenemos tres años de atraso. Entonces, indudablemente lo que ha ocurrido es que cuando se le mete esta escalada de impuestos al consumo, ello se transmite al consumidor en costos y tiene como resultado el escalamiento de la inflación sin alimentos que le estaba relatando.

Si usted fuera el ministro de Hacienda hoy, ¿qué le aconsejaría al Presidente para su último año y para que no deje embromado a su sucesor?

El gobierno Santos, lo hemos dicho además en público, ha tenido la virtud de enderezar la institucionalidad de la ANI (Agencia Nacional de Infraestructura) y de la FDN (Financiera de Desarrollo Nacional), ambas metidas en el tema de infraestructura. O sea, el norte está bien identificado en lo que era el talón de Aquiles. Lo triste es que por toda la problemática nacional e internacional, el paso al cual avanzan las obras en Colombia sigue siendo lento. Infortunadamente, Conalvías está quebrado; el señor Collins se quebró haciendo el túnel de La Línea; nada que terminamos Cali-Buenaventura. Y todos no hacemos sino hablar de las 4G, pero las 4G van a ser una realidad en el 2020 o en el 2022. Entonces, bien por la identificación del problema, mal por la velocidad. A este Gobierno yo le diría que ojalá termine de apuntalar lo que hizo muy bien en infraestructura el vicepresidente de la República, quien tuvo la virtud de liderar esa área y de enfrentarse a corruptelas territoriales muy fuertes, lo cual permitió avanzar bastante. Pero ojalá, hablando del tema de infraestructura, el Gobierno dejara también esbozado cómo es que en el posconflicto vamos a solucionar la carencia de vías secundarias y terciarias.

¿Qué tan mal pinta el año entrante?

Hay un problema estructural que no se puede solucionar como se había pensado, bajando a los ministros de clase ejecutiva a clase económica. La Ley 1819 se ha quedado corta en allegar los recursos necesarios para el posconflicto y para la infraestructura de Colombia. Esperemos que la Comisión del Gasto que convocó esa misma Ley 1819 nos venga con soluciones de profundidad para ver cómo el nuevo gobierno equilibra las necesidades de infraestructura, de salud, con el problema de que los recaudos se quedaron cortos. Vienen dos años de ajuste muy fuerte, en la medida en que, dicho por la Corte Constitucional, no se puede bajar el gasto en salud, hay derechos adquiridos en pensiones, y aun si reforman el marco de las pensiones, pues los réditos no se van a ver antes de 3 o 5 años. Vienen momentos no de crisis, pero sí de apuntalamiento, de ver cómo es que equilibramos estos magros ingresos con unas necesidades de gasto que a la fecha, tienen en calzas prietas a la misma regla fiscal, que no se está cumpliendo. Como verá el doctor Rudy, el debate sí lo estamos dando.

MARÍA ISABEL RUEDA
Especial para EL TIEMPO

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