Finanzas Personales

‘No es ganar menos, sino consumir menos’

Un profesor propone modelo regulado para garantizar ‘el bien común’, el éxito ético y la democracia.

Euros

Si el dinero es el fin, no es economía, solo el arte de enriquecerse, dice Christian Felber.

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EFE

25 de enero 2018 , 08:17 p.m.

Christian Felber (Salzburgo, 1972), en mitad de una conferencia, se pone con los pies en alto para deleitar al público. Tiene estudios de filología hispánica, sociología y política, y da clase en la Universidad de Economía y Negocios de Viena. Miembro de Greenpeace y cofundador de la organización antiglobalización Attac en Austria, es autor de libros como 'La economía del bien común' (Deusto, 2012) o 'Salvemos el euro' (Anaya, 2013). Felber defiende un cambio radical en el modelo económico, la llamada economía del bien común.

Entre otros postulados, este austriaco defiende la sustitución del producto interno bruto (PIB) como unidad de medida de la riqueza por otro indicador, el balance del bien común, que prima valores como la justicia social, la dignidad humana o la sostenibilidad medioambiental. Otras propuestas de Felber consisten en limitar los ingresos de los individuos y poner límites a la propiedad privada (que un individuo no pueda acumular posesiones por encima de 10-30 millones de euros). En cuanto a la banca, es partidario de limitar el tamaño de las entidades para que, en el caso de una crisis, puedan quebrar sin necesidad de ser rescatadas. Y regular sus créditos, para garantizar que vayan a inversiones reales y beneficiosas.

Sus postulados no están exentos de críticas: ¿cómo se mide el bien común? ¿Es legítimo un Estado democrático para limitar la capacidad de la gente de ganar dinero? Se lo acusa de promover el estatismo y el intervencionismo, y se compara su modelo con un comunismo disfrazado, a lo que Felber responde que su propuesta incluye ideas tanto del comunismo como del capitalismo, pero con límites, y siempre en una “democracia soberana en la que el pueblo marque las pautas”.

El éxito de la empresa es el éxito de la sociedad, y no hay que medirlo con criterios financieros, sino en términos de dignidad, solidaridad, justicia y democracia.

Aboga por medir el éxito ético en lugar del económico en las empresas. ¿Cómo?
El éxito suele medirse de acuerdo con el alcance de los fines y no con la disponibilidad de los medios. Aristóteles diferenciaba dos formas de entender y practicar la economía. En la oikonomía el fin es el bien común, la buena vida para todos, para lo que el dinero solo es un medio. Si el dinero es el fin, por definición no es economía sino crematística: el arte de enriquecerse. En ese caso, el éxito se mide según indicadores financieros y monetarios, como los beneficios y el PIB. En una economía de verdad, donde el objetivo es el bien común, el éxito se mide según el alcance del fin: producto del bien común, balance del bien común (para empresas) y examen del bien común (para inversiones). La ciencia económica está completamente equivocada y se ha deslizado hacia el capitalismo.

Hace seis años que se puso en marcha su modelo, ¿qué resultados ofrece?

Hay 500 empresas que ya aplican el balance del bien común, entidades privadas, sin ánimo de lucro o públicas. Desde la unipersonal hasta las de varios miles de empleados. Se han implicado 50 municipios en Europa, algunos más en Chile; unas 200 universidades están elaborando proyectos de investigación y enseñanza. Ya se ha creado la primera cátedra en la Universidad de Valencia, y hay tres escuelas técnicas superiores en Austria y Alemania que han realizado el balance del bien común, al igual que la Universidad de Barcelona.

¿Qué resultados hay de las empresas que lo han puesto en marcha?

Hay hoteles que empiezan a reducir la oferta de carne en el menú, muchas empresas reemplazan coches de gasolina por eléctricos. Hubo un bufete de abogados que aumentó el salario de la secretaria al darse cuenta de la diferencia que había con respecto al del director. En varias empresas se ha aumentado la participación de la plantilla en las decisiones estratégicas e introducido un mayor grado de democracia interna. Hay otras en las que se duplican las solicitudes de empleo, por ejemplo en Alemania, porque los trabajadores quieren trabajar en este tipo de empresas así no haya bonificaciones económicas.

¿Por qué prefieren ganar menos?

Porque la remuneración que más cuenta es la ética. Encontrar un sentido a lo que hacen, no causar daños medioambientales, primar las relaciones dentro de la empresa y con el entorno. Esto contribuye a la felicidad. Se sienten más apreciados porque participan en las decisiones.

Defiende que las empresas que no sigan el modelo sean penalizadas...

El éxito de la empresa es el éxito de la sociedad, y no hay que medirlo con criterios financieros sino en términos de dignidad, solidaridad, justicia y democracia. Es decir, solo cuando una empresa contribuye al éxito de la sociedad puede ser exitosa, lo que significa que no puede duplicar beneficios a costa de recortar plantilla, discriminar a las mujeres, destrozar el medioambiente o corromper la política.

Si se hiciera un reparto más equitativo de la riqueza, europeos como usted deberían ganar menos...

No sé si todas las culturas quieren ganar más. En Bután, según el Banco Mundial, viven en pobreza extrema, pero les va bien. Cuando se les pregunta: “¿Quién te va a ayudar si necesitas algo”, la respuesta es: “Todo el mundo”. Eso es una seguridad social total. Lo que sí está claro es que los europeos tenemos que reducir nuestro consumo medioambiental. Si tú o yo consumimos cinco veces más recursos medioambientales de los que el planeta aporta por persona, vivimos a costa de la libertad de los butaneses. No tendríamos que ganar menos, sino consumir menos.

PILAR ÁLVAREZ - EDICIONES EL PAÍS, SL 2018

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