Tenis

El dios del tenis, Roger Federer, en ocho facetas humanas

El retorno del suizo a la cima del tenis hace recordar varios detalles de su carácter.

Roger Federer

Roger Federer, tenista suizo.

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La Nación GDA

17 de febrero 2018 , 09:58 p.m.

Genio, mejor jugador de todos los tiempos, dios del tenis y un largo etcétera: lo que se puede decir de Roger Federer es a esta altura bastante conocido; son tantos los éxitos que acumula que el suizo agotó ya todos los superlativos, todos los adjetivos, todas las metáforas. Pero Federer tiene aspectos de su personalidad poco conocidos, pequeñas historias personales o frases llamativas que no forman parte del menú habitual a la hora de hablar del nuevo número uno del tenis. Aquí, algunas de ellas:

Soñaba con Pamela Anderson y Cindy Crawford: Federer tenía 18 años cuando el diario suizo Blick –el más leído del país– lo entrevistó por primera vez. Ante la pregunta de cómo sería la mujer de sus sueños, el suizo mostró tanta ambición como la que se le vería en los años posteriores en las canchas. “Mi mujer ideal tiene que ser linda, claro. Una mezcla de Pamela Anderson con Cindy Crawford, eso estaría bien. Aunque, por supuesto, hay otras cosas también”. Pocos meses después de esa entrevista conocería a Mirka Vavrinec, hoy madre de sus cuatro hijos.

Es un número uno que cuenta chistes malos: marzo de 2013. Federer acababa de ser vapuleado por Rafael Nadal en el torneo de Indian Wells y un periodista suizo le hace llegar el pedido de un niño; quiere que cuente su chiste preferido. “¡Uh. ¡Soy malo para los chistes!”, se escuda Federer. Y no mentía. “¿Por qué la policía suiza lleva siempre una tijera cuando persigue ladrones? ¡Para cortarles el camino!”.

El número 8 le importa poco y nada: años atrás se dio a conocer el arraigado mito de que el número ocho (el de la suerte para los chinos) era su favorito y de que se había obsesionado con él. “No hay nada de eso”, explicó el suizo cinco años atrás en Australia para clausurar la tan pequeña como falsa historia.

Es muy meticuloso: durante los partidos, Federer busca que la silla que utiliza en los cambios de lado sea lo más cómoda posible. Así, pone una toalla para sentarse sobre ella, y también recubre los apoyabrazos con toallas, para que sean más suaves. La botella de agua va en el piso, a su izquierda, y la de sales minerales, a la derecha. El raquetero, nunca sobre el piso, sino puesto en una silla extra.

Se siente en deuda con su esposa: “Si estamos de vacaciones, hago todo lo que quiere Mirka. Si quiere ir diez horas de shopping, voy con ella, que tiene que esperarme diez horas en cada torneo”. Federer tiene una deuda de larga data con su mujer, porque nunca pensó que su carrera se prolongaría tanto. Y Mirka lo sabe: “Él es el número uno del mundo, algo único en la vida. Mi tiempo vendrá después del tenis, así lo acordamos los dos”.

El salto de provinciano a glamuroso: Anna Wintour, la editora jefa de Vogue, la revista de moda más influyente del mundo, se acercó a saludar a Federer en agosto de 2002 en Nueva York. “Yo no sabía quién era”, admitió el suizo. Hoy lo sabe bien: gracias a Wintour pasó de ser un provinciano suizo a un hombre excelentemente bien vestido. “Recibo todo tipo de ideas de ella, qué vestir dentro y fuera de la cancha, sesiones fotográficas y patrocinadores, todo”. Federer tiene una cuenta pendiente con Wintour: “¡Ese día llegará, y cuando lo haga estaré muy feliz de trabajar con ella!”

Tímido, pasaba las fiestas en un rincón: Federer estaba lejos de ser un seductor en sus años de juventud. Pasaba el tiempo andando en bicicleta con sus amigos y escuchando música. A la hora de una fiesta, era de los que se quedaba contra la pared viendo a otros bailar. “Soy más bien reservado y tímido”, admitía por entonces.

Querría ser Angus Young (músico) o Lenny Kravitz (cantante): “¡No! No quiero estar junto a Angus Young, ¡quiero estar en su lugar!”, dijo alguna vez Federer, que tiene un plan B por si eso no fuera viable. “¡Me gustaría tanto ser Lenny Kravitz...! Lo vi en vivo en París, y me conmovió tanto su forma de relacionarse con el público, ¡cómo yo mismo gritaba! Lo admito: es algo que me gustaría vivir. Me gustaría tocar la guitarra, pero... no tengo tiempo”.


Sebastián Fest
GDA - LA NACIÓN
En twitter: @sebastianfest

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