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‘Rocky’ Valdés dio la pelea hasta los 71 años

Este guerrero que era completo peleaba con elegancia y tenía una guardia cerrada. Ídolo de los 70.

Rocky Valdés

Valdés y el afiche promocional de la pelea del siglo, como fue denominado el primer combate con Carlos Monzón.

Foto:

Yomaira Grandett / EL TIEMPO

16 de marzo 2017 , 11:33 a.m.

En las enciclopedias ilustradas que una gran editorial española envió para Latinoamérica desde mediados de la década del 70 del siglo pasado, la figura del colombiano Rodrigo Valdés Hernández, el doble campeón mundial del peso mediano fallecido la noche del martes pasado en su natal Cartagena, figuraba en guardia como modelo único en el tema de boxeo.

‘Rocky’ o la ‘Fiera’, como se le conoció a este hombre que se fue a los 71 años, reunía las cualidades para ser calificado de un pugilista casi perfecto y que su imagen sirviera de ejemplo, incluso en países con más tradición boxeril que Colombia, como México, Argentina, Panamá, Venezuela y Puerto Rico. Además, era campeón de la categoría reina, como se llamaba en aquel entonces a la división cuyo máximo límite son las 160 libras.

Era completo en la combinación de golpes que lanzaba, pegaba con solidez, caminaba el cuadrilátero con elegancia y tenía una guardia cerrada. Aparte poseía un corazón de guerrero. No fue perfecto sobre el ring, porque sus pómulos se inflaban y las cejas eran fáciles de romper, aspectos que le causaron muchos problemas a lo largo de su exitosa carrera.

Verdades y título

Valdés nació en Cartagena, y no en Rocha, pueblo cercano a la capital de Bolívar, como figura en muchos registros, especialmente en su récord. En Rocha, según nos contó alguna vez, tenía familiares y allegados. Y allá iba a bailar en la juventud, regresándose de noche a pie a Cartagena.

Tampoco nació el 22 de diciembre de 1946, como figura en los registros mundiales, sino el 22 de febrero de ese año, y su apellido se escribe con ‘s’ y no con ‘z’, como pudimos comprobar, mirando y fotografiando su cédula, en la última visita que le hicimos en junio pasado a su casa en el barrio Crespo, en Cartagena. “Es en febrero”, nos corroboró su mujer, Anita Tijerino.

Su padre, Rodrigo Valdés, murió cuando era niño. Creció al lado de su madre, Perfecta Hernández, y ocho hermanos, entre ellos a Alfredo Pitalúa Hernández (medio hermano que llegó a ser el número uno del mundo entre los retadores del peso ligero). Tuvo como padrino de bautismo a un héroe del primer título mundial ganado por el deporte colombiano, en 1947: el beisbolista Ramón ‘Varita’ Erazo. Desde niño, por las penurias del hogar, heredó el oficio de su padre: pescador de las aguas de Cartagena. Y conoció el boxeo.

“Un ‘bonche’ (grupo) de pelaos nos dedicamos a pelear. Éramos todos ‘mondao’ (sin dinero) y lo hicimos sin pensar nada en el futuro. Todos ellos eran lustrabotas, menos yo”, admitió alguna vez. En el grupo estaban el futuro primer campeón mundial del boxeo colombiano, Antonio Cervantes, ‘Kid Pambelè’; el primer ídolo del pugilismo nacional, Bernardo Caraballo; Pedro Vanegas y el futuro mejor entrenador del boxeo profesional del país, Orlando Pineda, ante quien debutaría como profesional, ganándole el 25 de octubre de 1963, en Cartagena.

Pero Valdés tuvo en el periodista Melanio Porto Ariza, ‘Meporto’, quien luego le escribiría el libro El cóndor del ring, a un ángel guardián. Luego de ser derrotado en el coliseo Humberto Perea, en Barranquilla, por el bogotano Juan ‘Rudy’ Escobar, y sin un futuro nada halagüeño, el comunicador se ofreció en apoderarlo. ‘Meporto’ vio en él todo un diamante en bruto, que luego pulieron en el Madison Square Garden de Nueva York, a donde se lo llevó a entrenar a mediados de 1969.

En la capital del mundo, un grupo que comandaban el estadounidense Gil Clancy y el cubano Antolín ‘Chino’ Govin se dedicaron a sacar lo mejor de Valdés, quien nunca estuvo a gusto en esa ciudad, por el idioma, por el frío en invierno. Allá también tuvo la amistad y la mano del campeón mundial welter y mediano, Emile Griffith.

“No le entendía nada a nadie y esa vaina me emputaba”, nos confesó a finales de 2013, en su casa en Cartagena, sobre su permanencia en esa escuela de boxeo que era para todo aquel que peleaba en el Garden de Nueva York. Con Griffith se decían ‘primo’.
Pulido, tras subir de welter a mediano, llegó a la condición de primer retador, pero el campeón del mundo, Carlos Monzón, lo evitó, sabiendo de su peligrosidad. El Consejo Mundial de Boxeo despojó a Monzón y ordenó una pelea entre él y el estadounidense Bennie Briscoe, un calvo a quien le decían ‘El robot de Filadelfia’ y al que Valdés le había ganado un año antes en Noumea (Nueva Caledonia), pelea calificada por el diario Noumea Soir como “lo mejor que se haya visto”.

Inspirado en ‘Pambelé’, que había ganado el título el 28 de octubre de 1972 y se había convertido en pionero del boxeo colombiano, combina todos los aspectos por los cuales la enciclopedia lo eligió como modelo y noqueó, el 25 de mayo de 1974, en Mónaco, a Briscoe, cuando le propinó el único nocaut de su carrera de 95 peleas. En primera fila del estadio Luis II estaban el príncipe Rainiero, sus hijos Alberto y Carolina y el actor francés Alain Delon. El mundo avaló de inmediato su grandeza. El combate se había transmitido de costa a costa en los Estados Unidos y para Europa.
Con motivo de los 40 años de ese título, lo invitamos, en un programa de Telecaribe, a ver la pelea en su casa.

“Vea, compa, ese man es el más fuerte de todos mis rivales... Mira, echa’o pa’ lante, no retrocede, y eso que le pego duro... Te voy a decir una cosa, mi ‘hemano’: mi mejor preparación era cuando peleaba con ese calvo, todo se me acababa. No hacía nada. Me dormía temprano y no salía por ahí a joder. Hacía eso, y mira cómo ese jodón no retrocede, ¡qué tal si no me cuido!... Todo el que peleaba con él corría, pero yo no le corría a nadie. Ese calvo, no joda, me hizo correr. Si me paro, me noquea... Lo agarré bien, y por fin se cayó”, fueron algunas de sus palabras.

El mejor del 75, y ‘la pelea del siglo’

Compartiendo el honor con Alí, que había vencido en Manila a Frazier en la mejor pelea de todos los tiempos, el Consejo Mundial de Boxeo lo escoge como el mejor boxeador de 1975. Hace cuatro defensas y acuerda la pelea unificatoria con Carlos Monzón, que tenía el fajín avalado por la Asociación Mundial de Boxeo, para el 26 de junio de 1976, en Mónaco, con 250.000 dólares para cada uno –cifra récord en el mundo para la categoría– y el calificativo de ‘pelea del siglo’, poco dado entonces fuera de los pesos pesados.

Valdés llegó disminuido en pegada. Un accidente en carro, cuando iba a Santa Marta, lo obligó a una operación en la mano derecha, y perdió fuerza. Él lo reconoció en entrevista que nos concedió: “Cuando peleé con Monzón llegué maltratado de las dos primeras peleas con Briscoe”. Ya instalado en Mónaco, cinco días antes de la pelea, el colombiano se enteró de la muerte violenta de un hermano suyo, Raimundo. Y no paró de llorar. Pero no se negó a combatir.

En medio de la expectativa mundial en la pelea más importante de toda la historia del boxeo colombiano, con hostilidades de parte y parte y protagonizando una guerra verbal, a lo que se sumó la asistencia de las estrellas del jet set mundial, Monzón, cuando parecía quedarse, desequilibró las cargas a su favor, al derribar a Valdés en el decimocuarto y penúltimo asalto, y se quedó con la decisión unánime.

Después pelearon un año más tarde, el 30 de julio de 1977, allá mismo en Mónaco, y ganó otra vez Monzón, que cayó al comienzo de la batalla. Tras el retiro del argentino, Valdés ganó otra vez el título, unificado, nuevamente al superar a Briscoe, el 5 de noviembre de 1977, en Campeoni d’Italia. Al año siguiente lo perdió y en 1980 se retiró. Su récord quedó en 63 triunfos (43 por nocauts), 8 derrotas y 2 empates.

Campeón de la sencillez

‘Rocky’ vivió en El Pedregal, la calle principal del barrio Getsemaní, en Cartagena. En 1969 pasó al barrio Olaya, un sector deprimido cerca de la Ciénaga de la Virgen, donde años después nacería el beisbolista Julio Teherán. Allá vivía cuando se coronó campeón mundial en el 74. Vecinos y desconocidos conocieron la bondad del hombre que compraba medicinas para regalarles a los enfermos. También compró buses para que trabajaran sus compadres y les prestó dinero para sus negocios.

Después pasó hasta el último día al barrio Crespo, cerca del mar y el aeropuerto. Retirado, no dejó de ir al mercado de Bazurto, a compartir con sus amigos, jugando dominó y soltando sus carcajadas que mostraban cómo había incrustado oro en sus dientes con las iniciales de su nombre. De tarde, su recorrido era ir a cines del centro a ver películas de guerra y a compartir con amigos en tertulias callejeras.

Hasta que se enfermó. Padecía de diabetes hacía rato. En octubre de 2013, y esto no trascendió, casi se muere. Estuvo cinco días hospitalizado. “Compa, los golpes están saliendo...”, me dijo a fines de ese año. Luego, su salud se complicó. Poco salía de la casa.

El 25 de mayo pasado, invitado por la Universidad de Cartagena, intervino en un conversatorio por los 42 años de su primer título mundial. Estuvo jovial, y sencillo como siempre, con la familia. A los pocos días lo visité en su casa con motivo de los 40 años de su primera pelea con Monzón. Fue la última vez. Le gustó que le llevé el afiche oficial de esa pelea. No paró de sonreír, aunque su salud no era la mejor, según me confió Anita. “Ahora, los golpes me están saliendo más”, me dijo. “Pero si naciera otra vez sería boxeador... He sido feliz como boxeador”. Y casi perfecto.

ESTEWIL Quesada Fernández
Redactor de EL TIEMPO
Barranquilla

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