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Paralímpicos, una oportunidad para los más valientes

Colombia estará representada por 39 atletas paralímpicos. Conozca la historia de algunos de ellos.

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Carolina Munévar (der.) llega a Río con dos metales ganados en el Mundial de Italia en el ciclismo. Nelson Crispín no solo será el abanderado hoy, sino candidato a medalla en natación.

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Archivo EL TIEMPO

07 de septiembre 2016 , 10:50 a.m.

Una nueva ilusión comienza este miércoles para el deporte paralímpico colombiano en Río de Janeiro (Brasil). Esta ciudad hace unos días fue el escenario en el que los atletas convencionales nacionales se lucieron y lograron la mejor participación en la historia, y ese mismo camino quieren seguir ahora 39 compatriotas más.

Los Paralímpicos se extenderán hasta el 18 de septiembre, día en el que la delegación nacional espera contar con el botín soñado, superando lo que se ha hecho en las justas de Pekín 2008 y Londres 2012.

A Río de Janeiro llegan 4.350 atletas de 176 delegaciones, quienes lucharán por el oro, la plata, el bronce y los diplomas paralímpicos en 528 competencias repartidas en 23 deportes.

En esta decimoquinta edición de los Juegos Paralímpicos, la primera que se disputa en América del Sur y que le costó al Gobierno brasileño una inversión de US$ 12.000 millones, Colombia tiene varios candidatos a medallas; son deportistas que gracias a su tesón, a las ganas de vivir y de superar las adversidades, ahora quieren llegar a Río de Janeiro, competir y ganar.

Nelson Crispín es uno de esos atletas que quiere brillar, que llega a Brasil con el objetivo de ratificar su progresión.

El abanderado colombiano de los Juegos mide 1,35 metros, sufre de una enfermedad llamada acondroplasia, que detiene el crecimiento, pero eso no le impidió ser deportista. Comenzó en la natación a los 8 años y ahora es uno de los principales candidatos de la delegación colombiana para ganar una presea en Brasil.

“Quedé de quinto en Londres y mi meta, ahora, es el podio en Río, a eso voy, no solo a llevar la bandera”, dijo.
Desde entonces, Crispín se trazó un objetivo muy claro: “Ganar medalla olímpica fue la meta que me puse luego de Londres y creo que vamos por buen camino, los tiempos me dicen que lo puedo lograr y confío en mis capacidades”.

También en las piletas de Río estará Moisés Fuentes, un atleta experimentado que en Londres 2012 se colgó el bronce en la prueba de los 100 metros pecho categoría SB4, y llegó al deporte porque la vida le dio una segunda oportunidad.

El 13 de octubre de 1992, en Santa Marta, Fuentes paseaba con su hermano Rodrigo, pero en un atraco le cambió la vida, los seis disparos que recibió su cuerpo le hicieron perder la movilidad en sus piernas, pues una lesión medular afectó las vértebras 9 y 10 al joven de 17 años, que vio en ese instante cómo su hermano partía al cielo.Fuentes es una de las cartas, es un hombre alegre, y aunque no ha olvidado lo que pasó, el recuerdo de ese episodio le da mucha más fuerza para seguir adelante.

“Es difícil no recordarlo, pero cuando voy a una competencia ese instante me da más energía para ir en busca del objetivo”, dijo Fuentes. El país reconoce a Moisés, lo mismo que a Álvaro Galvis y a Elkin Serna, otros dos deportistas paralímpicos que han dejado atrás su problema y han logrado convertir sus lágrimas en medallas, trofeos y triunfos.

La derrota del cáncer

Galvis es el campeón de la bicicleta, le diagnosticaron cáncer en etapa avanzada en la pierna izquierda, trató de salvarla varias veces, pero no pudo, un tumor maligno lo llevó a la amputación. Su pedaleo es fuerte, lo hace con el alma, y así tiene en mente hacerlo en Río.

“Estaré en tres pruebas de pista (persecución individual, el kilómetro y la velocidad olímpica), y en la ruta haré la contrarreloj de 20 km y la de fondo, de 74. Quiero una medalla”, afirmó Galvis a EL TIEMPO.

A Serna lo han bautizado como un atleta de otro planeta. Elkin ya ha subido dos veces al podio paralímpico, lo hizo en la Maratón de Pekín 2008 y en la de Londres 2012. Una bacteria atacó a Lidia, su mamá, durante el embarazo, el periodo de gestación se complicó y eso generó un daño visual para Elkin, que nació el 13 de enero de 1985 en Urrao (Antioquia).

Pero ahí no pararon los inconvenientes; con su familia, Elkin tuvo que salir huyendo de la finca ganadera La Magdalena, la cual cuidaban, debido a que algunos de sus familiares se alistaron en la guerrilla y otros en el ala paramilitar, y ellos quedaron en la mitad.

“Algún día podía haber pasado algo, por eso nos fuimos para Medellín”, recordó Serna, quien salió apurado de ese lugar con su mamá, su hermano Nelson y su papá, Joaquín.

Hoy, Serna va por la tripleta, por una medalla más en las justas. “Las dos medallas que he ganado me dan tranquilidad de que he hecho las cosas bien, pero no me puedo descuidar, no quiero relajarme. A Río llego bien preparado y con más responsabilidad, porque todos mirarán mi palmarés y me pedirán un metal más”, señaló antes de viajar a Brasil.

La primera vez

Carolina Munévar perdió la mitad de su pierna izquierda luego de que una tractomula la arrastrara por varios metros cuando entrenaba en bicicleta cerca de Duitama.

Fue el 23 de abril del 2014. Ella solo sintió que algo la levantaba y se la llevaba, gritó y gritó, pero nadie la podía ayudar, ni siquiera el conductor que no sabía lo que estaba pasando.

“No fue fácil, pero tuve el apoyo de mi familia para salir adelante”, señaló Munévar, que fue medalla de plata en el scratch y bronce en la persecución individual en el Mundial de Paracycling de Italia, el año pasado.

“Me llama la atención la ruta, ahí aspiro a obtener una medalla. Me siento tranquila, pero como son mis primeros Paralímpicos, pues creo que en algún momento me darán nervios, ansiedad, pero estoy lista para enfrentar la competencia”, precisó a EL TIEMPO la ciclista boyacense.

Hace 4 años, Mauricio Valencia fue quinto en Londres, y más que una satisfacción de haber cumplido con el diploma, para él la meta, desde ese momento, fue una medalla en Río, algo por lo que ha luchado en estos últimos 4 años.

Mauricio nació con una lesión llamada diplejía, que le afectó los movimientos de las piernas. Estudió la primaria, se graduó de bachiller, terminó tecnología en sistemas, pero nadie lo empleó, por lo que el deporte fue su salvación.

“Gracias a que no conseguí trabajo, llegué a la actividad física. Voy a Río de Janeiro mejor preparado, hace 4 años en Londres solo tenía dos años de entrenamiento, pero me siento mucho más maduro. Conozco a mis rivales, ya los he enfrentado y voy por la medalla”, señaló Valencia, quien estará en la impulsión de bala.

Mauricio quiere ganar, su sueño es llevarle la medalla a su hijo, Máximo Mauricio, de un año, con quien no ha podido estar mucho tiempo, porque se ha dedicado a entrenar, a preparar unos Juegos Paralímpicos que para él y para la delegación colombiana pueden ser los mejores de la historia.

LISANDRO RENGIFO
Redactor de EL TIEMPO

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