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Park Sangyoung, el artista coreano de la espada

El esgrimista, el mejor del mundo y atracción en el Grand Prix que este domingo finaliza en Bogotá.

Park Sangyoung

Park Sangyoung, esgrimista surcoreano.

Foto:

César Melgarajo/ELTIEMPO

27 de mayo 2017 , 10:41 p.m.

Un solo toque por encima de su adversario fue mínimo, pero apenas suficiente, para que Park Sangyoung, un joven que compensa su baja estatura con la velocidad de sus piernas, se convirtiera en héroe nacional de su país. El 9 de agosto del año pasado en el Pabellón 1 del complejo deportivo, el coreano se colgó la medalla de oro en los Olímpicos de Río, luego de ganar en un emotivo duelo al veterano espadista húngaro Géza Imre.

Un apretado 15-14 fue el resultado a favor del chico de Seúl, que a sus 20 años le daba la primera presea de oro a Corea en espada, la modalidad que más se asemeja a la esgrima clásica, ya que el área válida de ataque es todo el cuerpo.

Sangyoung, la gran atracción del Grand Prix que culmina hoy en Bogotá, celebró a rabiar ese oro olímpico en un deporte que no es popular en Corea, pero que a partir de ese momento se ha convertido en furor y de a poco ha congregado a jóvenes estudiantes que ven en la esgrima una disciplina muy completa.

Una lesión que lo marcó

Pero, detrás de esa euforia en la celebración olímpica en Río se escondía un largo sufrimiento. Justo, 20 meses antes de la cita olímpica, debió someterse a una cirugía después de sufrir la rotura del ligamento cruzado en su rodilla izquierda en marzo de 2015. Su recuperación fue muy lenta, casi un año tardó su puesta a punto, de manera que tuvo muy poco tiempo para entrenar y retomar el nivel de competencia.

Antes de esa grave lesión, también sufrió una torcedura de tobillo en el Campeonato Mundial Junior de 2013 en Porec (Croacia), que puso en peligro su carrera, ya que no fue tratada a tiempo y dos años antes padeció una lesión en el cartílago de su rodilla derecha, que fue reconstruida.

Park Sangyoung

Park Sangyoung, esgrimista surcoreano.

Foto:

César Melgarajo/ELTIEMPO

“Casi que fue un milagro salir de esa lesión de la rotura de ligamento. Me sentí frustrado, me dijeron que seguramente no volvería a quedar igual, lo que significaba que seguramente tendría que abandonar la esgrima, pues el movimiento del cuerpo en constante y las rodillas son todo el tiempo el soporte del cuerpo, fue mi peor pesadilla, pero tuve una buena recuperación y al final pude levantar el oro, mi mayor satisfacción deportiva hasta el momento”, dijo Sangyoung, estudiante de la Universidad Nacional del Deporte, en Seúl, en entrevista con EL TIEMPO.

¿Pero cómo un coreano se dedica a un deporte con historial europeo y se aleja del taekwondo y las artes marciales que son populares en ese país?

Para Park la respuesta es fácil. “Apenas a los 14 años, muy tarde quizá, comencé a practicar la esgrima, luego de haber practicado taekwondo. Es un estilo de vida y me encanta porque es un arte en que se analiza al oponente y tiene en la rapidez metal y la velocidad del cuerpo las mayores virtudes. A veces se gana, otras se pierde, desde luego, siempre me gusta ganar”, asegura el actual campeón olímpico que ya planea su presencia en Tokio 2020.

Mirando a Tokio 2020

“No será fácil, porque hay que sumar puntos en el escalafón. Vengo de participar en Copas Mundo de París y Budapest, donde no gané, pero alcancé algunos puntos para el escalafón mundial. Aspiro ganar en Bogotá, en este Grand Prix que hace parte de la gira mundial de la Federación Internacional de Esgrima (FIE)”, puntualizó el esgrimista que se inclinó hacia este deporte hace casi siete años en la escuela secundaria en Jinju, de Seúl, animado por Hyun Hee y Jung Sun-Jo, los entrenadores que más influyeron en su decisión.

“Quiero seguir sumando puntos acá en Bogotá y continuar como el número 1 de ránking mundial. Además, me sirve como preparación para los Mundiales de Alemania, en julio”, agregó.

Park Sangyoung

Park Sangyoung, esgrimista surcoreano.

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César Melgarajo/ELTIEMPO

El tirador derecho reconoce que debido a diferencias físicas de tipo racial, la longitud de las estocadas que lanzan los esgrimistas coreanos son hasta diez centímetros más cortas que las que pueden lanzar los esgrimistas europeos.

Inteligencia y decisión

“Tenemos esa desventaja por la corto de los brazos (risas). Pero para superar esta desventaja y vencer al adversario, hemos desarrollado la velocidad de movimiento de las piernas, que es lo que les permite regular las distancias para lanzar las estocadas. Nos hemos ido adaptando y los resultados se están reflejando”, destacó.

Para este coreano la esgrima es un deporte completo, ya que “no solo exige buenas condiciones físicas sino también inteligencia y decisiones acertadas”.

También sorprende su mentalidad y su personalidad, a la hora de dar las respuestas, algo que ha conseguido gracias a sus continuos viajes que hace para participar en los certámenes avalados por la FIE. En junio participará en los Campeonatos de África, en El Cairo (Egipto) y Luego a mediados de ese mes competirá en el Campeonato Europeo, en Tiflis (Georgia).

Sangyoung concluyó la entrevista, antes de comenzar sus prácticas, con una frase que siempre tiene en mente: “Solo hay dos maneras de vivir tu vida: una es como si nada fuera un milagro, la otra es como si todo lo fuera”.

Esgrima colombiana da toques de progreso

Colombia estuvo representada por 20 espadistas que son orientados por el exesgrimista Juan Miguel Paz, grupo en el que se destacan Natalia Lozano, Andrés Campos y Jaime Rodríguez.

Para Vladimir Iwanoff, exesgrimista ruso y presidente de la Federación Colombiana de Esgrima, esta disciplina viene progresando, pese a que no es un deporte masivo. “Se viene llevando a cabo un cambio generacional y la idea es mantener el aprendizaje, esto es una labor a largo plazo”.

El directivo explica que los deportistas que mayor potencial tienen son escogidos y concentrados, gracias a convenios internacionales, en Italia y Francia. Eso da posibilidad de entrenar con los más destacados espadistas y sablistas del mundo, y con ello se mejora el nivel de competencia.

Natalia Lozano

Natalia Lozano, esgrimista colombiana.

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César Melgarajo/ELTIEMPO

Iwanoff considera que en el país hay mucho talento. “El físico, la estatura, la corpulencia, la velocidad, les permite a los jóvenes tener posibilidades de alcanzar buenos resultados y cosechar puntos para ingresar al escalafón. “Queremos que los jóvenes vean en la esgrima una gran posibilidad de crecer deportiva y profesionalmente. Por eso es importante realizar este Grand Prix, eso motiva e incentiva a los chicos”, puntualizó el directivo.

JAVIER ARANA
Redactor de EL TIEMPO
En Twitter: @arana_javier

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