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Kevin Durant cumplió promesa a su mamá: le regaló el título de la NBA

Vivieron situaciones difíciles. Su madre, Wanda, cargaba sacos de correo de 25 kilos en las noches.

Kevin Durant

Wanda Durant (izq.) y Kevin Durant (der.) festejan el título de la NBA y el premio al Jugador Más Valioso, luego de vencer en la final a Cavaliers de Cleveland.

Foto:

Ezra Shaw / AFP

14 de junio 2017 , 09:56 p.m.

Restaban 120 segundos y la respiración ya no era la misma. Años de trabajo, esfuerzo, derrotas, caídas, brillantez, elogios y pérdidas estaban cerca de entrar en un clímax de gloria. Las cámaras solo se centraban en dos personas. El estadio Oracle Arena era el escenario que vería coronar a una estrella que había estado brillando sin un título.

Kevin Durant rompió por fin su maleficio, consiguió su primer anillo en la NBA, al liderar a Warriors de Golden State a ganarle 4-1 la serie final a Cavaliers de Cleveland, y el triunfo solo tenía una dedicatoria especial: a su mamá, Wanda. Un superjugador por fin encontró la recompensa a una disciplinada carrera deportiva.

Una vez se acabó el partido y después de cruzar unas emotivas palabras con LeBron James, figura de Cavaliers, amigo de Durant y exigente rival en esta final, Kevin solo quería estar con una persona, a aquel ser que lo impulsó desde un primer momento a trabajar por objetivos serios para ser alguien en la vida. Wanda bajó de las tribunas y fue eludiendo, como su hijo lo hace con los adversarios, a los fanáticos que se atiborraron en la cancha. Kevin se miró a los ojos con su madre, se abrazaron largamente, mientras por sus cabezas recordaban el dolor de una época desahuciada en la que tocaron muchas puertas, no tenían grandes lujos, pero en la que nunca faltaron las ganas por salir adelante.

Kevin y Wanda eran dos niños sobre el maderamen del Oracle Arena. Saltaban y reían y de sus ojos brotaban, tímidamente, lágrimas de emoción. Los focos, las felicitaciones y los aplausos eran para ellos. “¡Lo logramos! ¡Te lo dije, mami, cuando tenía ocho años, te lo dije!”, fueron las primeras palabras del Jugador Más Valioso (MVP) de la final de la NBA, quien ya ingresó en el olimpo del baloncesto estadounidense para jamás irse.

Momentos de dureza

En medio de la gala de premios de la temporada del 2014 de la NBA, un momento muy conmovedor vivieron los asistentes y toda la familia Durant. Kevin, quien había sido elegido como el Jugador Más Valioso de la fase regular cuando jugaba con Thunder de Oklahoma, agradeció desde el corazón a cada uno de los actores que más habían influenciado en su vida. Su rostro más humano se vio en cada palabra y la voz se quebraba al recordar todo el esfuerzo que había tenido que hacer para estar jugando en la NBA. Pero había una dedicatoria especial, el motor que siempre lo impulso tendría unas palabras aparte.

“Cuando algo bueno te pasa yo miro hacia atrás para recordar lo que me trajo hasta aquí. Quiero agradecerle a mi madre. Creo que no sabes todo lo que hiciste. Cuando tuviste a mi hermano tenías 18 años, tres años después vine yo. Las probabilidades estaban en nuestra contra, madre. Soltera y con dos hijos en la época que tenías 21 años. Todo el mundo decía que jamás estaríamos aquí”, comenzó su discurso, mientras todo su cuerpo temblaba y su mirada apuntaba al pasado.

“Hemos ido de un apartamento a otro, moviéndonos por nosotros mismos. Uno de los mejores recuerdos que tengo fue cuando nos mudamos a nuestro primer apartamento. No había camas ni muebles y nos sentamos en la sala de estar y nos abrazamos, porque pensamos que lo habíamos hecho. Tú nos hiciste creer, madre. Tú nos alejaste de las calles. Nos vestías y dabas de comer. Cuando no tenías nada que llevarte a la boca, te asegurabas que nosotros comiéramos y te ibas a la cama con hambre… Te sacrificaste por nosotros. Tú eres la verdadera MVP”, concluyó mientras Wanda explotaba en llanto y todos los asistentes al recinto se ponían de pie y la aplaudían al conocer tan intachable labor.

Bien decía el escritor francés Henri Beyle ‘Stendhal’: “Tener el carácter firme es tener una larga y sólida experiencia de los desengaños y desgracias de la vida”. Así fue la rudeza que les tocó vivir a Wanda y sus hijos Kevin, Brianna, Anthony y Rayvonne, mientras crecieron en Maryland, un barrio suburbial de Washington. Ella, como cabeza de familia, se exigía en largos turnos nocturnos en los que cargaba sacos de correo de 25 kilos para que nunca le faltara a su familia lo necesario. Hubo una época en la que no tenían un techo seguro y llegaron a dormir en el suelo de un apartamento.

Kevin careció de una figura paterna desde su primer año de vida. Sin embargo, siempre fue un buen hijo y jamás señaló a las personas por sus errores. El entrenador en Amateur Athletic Union, Charles Craig, descubrió un gran talento en Durant y comenzó a tomarle aprecio. Le enseño fundamentos básicos del baloncesto y le dio lecciones de vida. Sin embargo, en un trágico accidente mientras intentaba separar a unos jóvenes en una riña, a los 35 años de edad falleció por un impacto de bala.
De ahí, Kevin Durant inmortalizó el número 35 con el que siempre ha jugado en sus diferentes equipos. “Cada vez que salto a la cancha lo hago para ganar, para que, desde donde esté Craig, se sienta orgulloso de mí”, asegura siempre que se le pregunta por su padre adoptivo.

Con los diferentes golpes de la vida mortificando cada paso, cada buena intención, cualquier persona pudo desfallecer y dejarse llevar por el destino, pero no fue el caso de Durant. Él fue el ejemplo para sus hermanos y la charla fue muy clara: “voy a ganar el título de la NBA”. Bajo esa premisa llegó el cambio de mentalidad.

El inicio en el baloncesto no fue fácil. Se destacaba por su capacidad anotadora, pero le faltaba altura para ser más completo. Sin embargo, era cuestión de tiempo. En su paso por el high school creció 18 centímetros y ahí las cosas se aceleraron para tener un nombre en el baloncesto estadounidense. En Longhorns de Texas, en el deporte universitario, terminó siendo la gran figura y dando el gran salto.

Supersonics de Seattle fue su primer equipo en la NBA. En su primera temporada promedió 20,3 puntos por partido y ganó el premio Rookie del Año, con lo que en la temporada 2008-09 dio el salto a Thunder de Oklahoma, equipo en el que marcó una época individual y lideró un equipo con la magia del base Russell Westbrook, así obtuvo grandes galardones en sus posiciones, pero quedando con las ganas de ganar la NBA.

El gran paso

Para esta temporada se dio un gran golpe de opinión. Warriors de Golden State quedó con el sabor amargo hace un año de no conquistar el título de la NBA cuando perdió en la final de la NBA 3-4 frente a Cavaliers. El dolor por no poder ganar su segunda corona de manera consecutiva incomodó. Fue por eso que la franquicia californiana contrató a un viejo zorro, a uno de los mayores exponentes de este deporte en la última década: Kevin Durant llegó al conjunto de Oakland a potenciar y brillar.

“Durant tuvo una gran temporada y se acopló muy bien a Warriors. Entró y se apoderó de un equipo que de por sí ya era bastante bueno. Le vi mucha más versatilidad. Jugó en equipo, nunca lo había visto jugar así, buscando a otros jugadores para pasarles la pelota”, analizó para EL TIEMPO Gary Payton para este diario.

Idea que va a la par con el pensamiento de Shawn Marion, otro conocedor y campeón en el baloncesto de Estados Unidos, con Mavericks de Dallas. “Pienso que tuvo un año fantástico. Sus cifras, sus porcentajes de tiro se han incrementado. Así que definitivamente ha mejorado en muchas áreas de su juego”, le dijo a este diario.

Sus números dicen que en la fase regular tuvo un promedio anotador de 25,1 puntos por partido, 4,8 asistencias por juego y 8,3 rebotes por encuentro. En estos dos últimos ítems se vio mucho mejor, en comparación con el histórico de su carrera (3,8 asistencias y 7,2 rebotes, ambos por partido).

Pero más allá de la parte estadística, su aporte en las finales fue inmensa. Estaba en el mejor escenario posible y con el mejor equipo con el que pudiera ganar su primer anillo. Con Warriors lanzaba de tres con mucha facilidad, penetraba cualquier defensa y de a poco se convirtió en la gran figura del equipo de Golden State. El destino estaba echado y el final se conocía.

“No pude dormir durante dos días. Estaba ansioso, estaba nervioso, solo quería ponerlo todo ahí en la final”, dijo Durant de la final. “Hemos luchado, pero lo hemos hecho, somos campeones y estamos celebrando con nuestra tribuna”, añadió el MVP.
Durant se convirtió en el primer jugador con cinco actuaciones consecutivas de 30 puntos en las finales de la NBA desde Shaquille O’Neal en el 2000.

En la final contra Cavaliers se agrandó. No hubo quién lo anulara. Tuvo que esperar 10 años y tomar una decisión que le generó grandes enemistades para poder conseguir su primer título de campeón de la NBA. Les cumplió la promesa a todas las personas que desde pequeño lo acompañaron y lo motivaron.

“Siempre supe que no me equivoqué con la decisión que tomé, pero sobre todo porque llegué a un ambiente único para jugar al baloncesto”, afirmó Durant.

Y así, en medio de la celebración y toda la explosión de sentimientos por un nuevo título, Kevin solo buscó la compañía de Wanda, su madre, a quien no pararaba de abrazar, besar su cabeza y agradecerle una y otra vez por nunca dejarlo solo, porque si hoy en día es una leyenda de la NBA es porque ella es la ‘Jugadora Más Valiosa” de toda la familia Durant.

FELIPE VILLAMIZAR M.
Redactor de EL TIEMPO
En Twitter: @FelipeVilla4

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