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El silencio es la mejor barra en el fútbol de ciegos paralímpico

Es un juego en el que los oídos son los ojos y cualquier ruido puede arruinar una jugada.

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El fútbol de cinco se convirtió en deporte paralímpico en Atenas-2004 y desde entonces Brasil ha sido el único campeón del torneo.

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Alex Molina / EFE

12 de septiembre 2016 , 10:31 a.m.

Tápese la boca o cómase las uñas, pero quédese en silencio. El mejor hincha en un partido de fútbol de ciegos es aquel que se queda callado.

Pero que difícil es, sobre todo cuando Brasil busca en Río de Janeiro el pentacampeonato paralímpico ante una 'torcida' acostumbrada a ser un muy ruidoso jugador '12'.

"íBrasil, Brasil!", retumba desde las tribunas poco antes de que comience el partido. El 'amarelinho' típico de la selección brasileña tiñe el estadio, que está casi a reventar.

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En la primera fila están Wagner Goulart, de 30 años, y Luciana Vargas, de 34. Ambos ataviados con camisetas, sombreros y hasta lentes de plástico en forma de la palabra Brasil, ella con una trompeta y él con una maraca. "Solo las sonamos cuando para el partido y cuando hay un gol claro", explicaron a la AFP.

Así, todos 'preparados', suena el silbato y una estela de 'shhh' baña la cancha antes del absoluto silencio. Lo único que se escucha es el tintinar del balón especial -con campanas dentro- y los gritos de los jugadores, que tienen distintos niveles de ceguera y se colocan bandas en los ojos para igualar las condiciones.

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Es un juego en el que los oídos son los ojos y cualquier ruido puede arruinar una jugada. Sólo los porteros ven y sirven de guías.

Mucha emoción en los partidos

Brasil enfrentaba el domingo a Turquía en la fase de grupos del torneo paralímpico de fútbol de cinco. La victoria 2-0 que consiguió le garantizó un lugar en la semifinal.

Los de casa muy ofensivos, el rival, extremadamente defensivo. Por eso, cómo contenerse cuando Ricardinho, con el '10' en la espalda, driblaba tres defensas antes de disparar al arco.

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La emoción contenida se disfrazaba en un murmullo impotente que sólo quería explotar en un grito de celebración. Si por algo se han destacado los brasileños en estas semanas olímpicas es por el ruido que pueden hacer en las tribunas, a favor o en contra.

Muchos atletas han expresado inclusive asombro. Katia Brum sintió un peso de encima cuando celebró el primer gol: una jugada de Ricardinho que comenzó desde la esquina izquierda y terminó con un misil del atacante brasileño, el mejor del mundo en 2014.

Sentía los músculos tensos, se metía la mano en la boca, estaba a punto de explotar, pero no podía gritar las barras típicas del fútbol común. "Es demasiado difícil, primera vez que vemos un partido de ciegos y es demasiada emoción. No podría traer a mi papá, le da un infarto. Uno está acostumbrado a ayudar, a gritar, a ponerse la camiseta 12. Voy a estallar", indicó.

Los jugadores brasileños coincidieron en que hubo más ruido de lo ideal, pero lejos de incomodarlos. "Esa energía es muy importante, la gente se siente más motivada, da un gas extra con la gente incentivando. En momento, perturba, pero sabemos que es importante", dijo el atacante Nonato.

"Quiero y espero que siga así, lleno total, y espero que la hinchada celebre con nosotros otro título", añadió por su parte Ricardinho.

Dicen que no hay quinto malo, mucho menos si es oro ganado en casa, como el que ganó la selección de Neymar en los Juegos Olímpicos.

Final ruidosa

El fútbol de cinco se convirtió en deporte paralímpico en Atenas 2004 y desde entonces Brasil ha sido el único campeón del torneo. En esa primera edición, le ganó la final a su archirrival Argentina, que en 2008 se quedó con el bronce.

La albiceleste está entre los favoritos a llegar a la final y así como en el Mundial 2014, trajo su hinchada a la cancha del centro de tenis del Parque Olímpico.

"Es muy lindo jugar con hinchada, aunque a veces juega en contra porque sabemos que el fútbol es muy emotivo, ¿pero como hacés para controlarte? Cuando estás por definir una jugada y la gente empieza 'ay ay ay', ese murmullo te hace perder la jugada, pero igual a uno lo motiva", explicó el capitán Silvio Velo, conocido como el 'Messi' del fútbol de cinco, que jugó más temprano el domingo.

Si la final es Brasil-Argentina, tendrá que ponerse una mordaza y atornillarse al asiento. Alguno propondrá hacer un balón con una campana más ruidosa. Mucho 'shhh' y autocontrol para aguantar los 50 minutos de partido.

AFP

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