Deportes

El fútbol no necesita revoluciones... (Opinión)

Los cambios los propone el director general de desarrollo técnico de la Fifa, Van Basten.

05 de febrero 2017 , 10:55 a.m.

“Si quiere puede inventar otro juego, no hay problema con jugar a otra cosa. Pero el fútbol no necesita ningún cambio de reglas”, declaró Jurgen Klopp, el habitualmente filoso técnico alemán del Liverpool. Se refería a las 10 propuestas hechas por Marco Van Basten para revolucionar el fútbol que, por amplísima mayoría, fueron criticadas ácidamente por el mundo de la pelota. El problema es que Van Basten no expresó una simple opinión de aficionado o entendido, es el director general de desarrollo técnico de la FIFA. ¡Y podría imponerlas…! En especial porque el presidente Gianni Infantino se ha rodeado de una guardia pretoriana de exglorias que le dan una imagen de muchacho simple que hasta juega a la pelota con los amigos, lejos del perfil de dinosaurio de los anteriores. Y que tal vez lo sea, pero al llevar a esos viejos cracks a la sede de Zurich debe darles cierta autonomía y poder de decisión.

¿Cuáles son las 10 medidas innovadoras del exgoleador…?

1) Abolir el fuera de juego. Siempre nos gustó explorar esta idea, aunque reconocemos que es muy discutible. Y tan revolucionaria que ameritaría muchos ensayos en distintos torneos para ver si funciona, si no arruina el juego. Este cronista propuso, años atrás, que podría ser bueno para el fútbol como una forma de erradicar protestas. El offside es el mayor generador de discusiones del mundo junto con la política. Cada fin de semana deja un tendal de polémicas: “El gol del Real Madrid fue en offside...”, “Fulano estaba fuera de juego...”, “El árbitro es un vendido...”, “Siempre favorecen a Boca y River...”

Hace tiempo lo pensamos: si no se trata de una posición adelantada flagrante, de medio metro para arriba, el gol es válido. Es lógico que los jueces puedan equivocarse, sobre todo al no poder apoyarse en el video, como lo hacen los hinchas que lo ven por TV. El fútbol hoy es muy veloz, se ataca y defiende con mucha gente. Con tanta dinámica es fácil errar, sancionar un offside que no era o ignorar uno que sí.

Cuando un equipo gana con un gol viciado de nulidad o por un penal que no fue queda una sensación de injusticia profunda. Pero el penal es una condena del reglamento que no puede abolirse y quedará para siempre a merced del criterio arbitral. En cambio el offside es una situación del juego que tal vez podría desaparecer sin perjudicar al fútbol. Evitaría miles de problemas, disgustos, expulsiones e incidentes. Hay media docena de jugadas dudosas por partido en relación al fuera de juego. ¿Qué deslealtad es que un jugador atacante esté veinte centímetros más cerca del arco que el último defensor? ¿Dónde está el dolo, si el jugador ni siquiera es consciente de estar situado unos centímetros por delante? ¿Qué pecado ético representa?

¿No es una tontería anular un gol sensacional sólo porque un atacante está quince centímetros adelantado?

En el nacimiento de este fabuloso entretenimiento, se consideraba “hipócrita” a un jugador si al recibir un pase desde atrás no tenía al menos 4 ó 5 rivales por delante para emprender un ataque. Se veía poco ético estar esperando una pelota junto al arquero para intentar mandarla adentro. Aparte, hacia 1840, el juego era muy anárquico, no estaban creados los sistemas y se buscaba el gol desordenadamente, con diez atacando y uno defendiendo: el portero. Para encauzar el juego se incluyó la regla del offside. Dio resultado: se disciplinó el modo de atacar, de jugar. Hoy tal vez no haga falta. Pero antes debe quedar demostrada su eficacia.

2) Penalizaciones de tiempo en lugar de tarjetas amarillas. Demasiado complicado para el árbitro, que debe atender ya demasiadas cosas. Sobre todo en esos partidos donde se registran 8 ó 10 amonestaciones. Para poder instrumentarlo habría que instaurar la mesa de control, como en el básquet.

3) Shoot out en caso de empate. O sea, un mano a mano entre un atacante y el arquero rival donde el primero debería recorrer 25 metros y definir en 8 segundos. Es algo que ya se utilizó en la liga norteamericana entre 1996 y 1999. Tal vez pequemos de ultraconservadores, pero justamente parece más apta para deportes y paladares estadounidenses. El penal sigue siendo un invento magnífico para desempatar.

4) Tiempo neto en los últimos 10 minutos. Otra más para la mesa de control. Con adicionar los minutos adecuadamente creemos que está bien.

5) Sólo protesta el capitán. No está mal. El arremolinamiento de 8 ó 9 jugadores rodeando al juez, increpándolo y muchas veces persiguiéndolo no es agradable. Y suele ser premeditado para presionarlo, no para ese fallo, sino para los siguientes. Se podría probar un par de años en cuatro o cinco ligas diferentes.

6) Número máximo de faltas. No lo vemos. Cuando un jugador o un equipo incurre en faltas reiteradas el juez tiene una herramienta a mano: las tarjetas. Además, hay que distinguir faltas simples de patadas dañinas. No se pueden computar igual un agarroncito de la camiseta de un planchazo.

7) Jugar 8 contra 8. Esto sería para juveniles y para mayores de 45 años, en un campo de dimensiones reducidas. Lo de los veteranos no resiste siquiera análisis: que jueguen dos contra dos si les apetece. Es como en el barrio. A los juveniles no les serviría pues luego deberían pasar al juego de once y lo encontrarían diferente.

8) Menos partidos. Van Basten propone bajar de 80 partidos al año a 50. Nunca un futbolista juega 80 partidos. En los mejores clubes, los que más torneos disputan, arañan los 60 juegos anuales. Aparte ¿cómo se controlaría esto…? Habría protestas todas las semanas. Poco viable.

9) Ampliar la cantidad de cambios. Esto es para los tiempos suplementarios. No es mala idea. Se puede agregar un reemplazo, acaso dos para esos 30 minutos adicionales. Pero sólo para eso. Las 3 sustituciones en los 90’ reglamentarios están perfectas.

10) Cambios sin parar el juego. Podría ser caótico. En el fútbol no juegan cinco sino once. Se podrían dar situaciones complejísimas. Que alguien marcara o salvara un gol sin que nadie lo haya visto entrar. O que hubiera doce jugadores en un equipo.

Más allá del parecer de cada uno, debemos convenir que ninguna de estas medidas simplifica el juego, sino al revés. Hay que ayudar al árbitro, no enmarañarlo. Cuando se crearon las tarjetas amarilla y roja para el juez fue como resolver una situación apretando un botón.

El temor -muy fundado- es que esto salga como sale una pizza de jamón y muzzarella. Que fue como salió el Mundial de 48 equipos, la eliminación de los empates y otras menudencias. Esto debe debatirlo y aceptarlo el fútbol, el congreso que reúne a las 211 asociaciones. No puede venir Van Basten con un memorándum y alguien ponerle un sello de aprobado. Quienes la dirigen, deben entender que la FIFA es una organización multinacional, no suiza.
Debe implantarse el video en todos los torneos, eso sí, pero el fútbol no necesita revoluciones, está bien como está. 

Último tango...

JORGE BARRAZA

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