Fútbol Internacional

Mina: el pequeño de Guachené se convirtió en el gigante del Barcelona

De pocas palabras pero con mucha personalidad. La nueva joya azulgrana, un soñador alegre y musical.

Yerry Mina

Yerry Mina observado en su primer entrenamiento, por el entenador Ernesto Valverde.

Foto:

Tomado de @FCBarcelona_es

14 de enero 2018 , 09:16 a.m.

La pelota iba alta, pero para él no era un problema. Ni siquiera tuvo que despegar mucho los pies del césped. Fue suficiente con un brinquito para encontrarla allí arriba, y de paso para acariciar las nubes. Su cabeza, acostumbrada a mirar el mundo desde lo más alto, impulsó el cañonazo a la red. Cuando Yerry Mina aterrizó, bailó como un poseído. Se sacudió con su danza única. Fue el festejo de su primer gol con la Selección Colombia, en el empate 2-2 contra Uruguay de la eliminatoria al Mundial de Rusia. Un golazo vital y un baile electrizante: ¿cómo no llamar la atención del Barcelona?

Mina siempre ha tenido un vínculo especial con la red. Le gusta, la protege y la persigue. Es un defensor goleador. Un defensor al que le gusta liberarse de su zona y emprender cabalgatas osadas hacia el arco rival. Su presencia, con 1,95 m de estatura, intimida a cualquier rival. Pobre del que tiene que recibir su marca o el que tiene que marcarlo, porque Mina sabe los secretos de la defensa y del ataque. Si emprende vuelo en el área, arrasa sin contemplaciones. Para defender y para atacar. Tiene otra virtud: sabe dónde ubicar la pelota y cómo vencer a los porteros. Por algo ha anotado 25 goles en su carrera. Una cifra extraordinaria para un guardián de la red. Lo aprendió en su niñez, cuando no sabía, cuando no tenía claro cuál sería su posición en ese ajedrez rectangular. Yerry comenzó en el fútbol como portero. Era lo apenas obvio, pues lo jalonó el deseo de imitar a su padre, Eulises, que fue arquero profesional, y a varios de sus tíos, también arqueros.

Mina quería evitar los goles. Su tarea era amargar a los delanteros, impedir los festejos y los bailes. Pero no. Ese no podía ser el destino de Mina, al que la música, la alegría y la danza le corren por las venas. No iba a ser el aguafiestas. Su papá, el arquero, le dio el empujoncito. También su tío Jair, quien es su representante.
“Ser arquero es un trabajo muy sacrificado”, le dijo su sabio padre para proteger a su hijo de las desdichas del arco. Y Yerry aceptó. Tenía a favor su contextura física, así que esa mole de concreto estaba hecha para destruir, para defender. Desde entonces fue volante de marca, después, defensa central. Con un gusto especial por el gol. Un pretexto para exhibir su danza. En las canchas polvorientas de Guachené, la zona del Cauca que ha padecido tanta violencia, Mina empezó a sembrar su historia.

Con disciplina, con humildad y con sacrificio amago la pobreza. Terminó su bachillerato y se dedicó al fútbol. Pudo haber empezado en el Cali o en el América, donde se probó y se marcho. Pero arrancó en el Deportivo Pasto. Llegó con la mirada brillante e ilusionada de cualquier chico. Impresionó de inmediato por su técnica, por su talla, y por su personalidad.

Del equipo Sub-20, donde empezó, pasó al profesional. Su técnico de entonces, Flabio Torres, quien le dio esa primera oportunidad, recuerda que Mina debutó en la Liga en un partido contra Cali en el que perdieron, pero en el que Yerry sobresalió. Y nunca más salió de la titular.

Aún estaba lejos de imaginar que muy rápido pegaría el salto a Santa Fe, al Palmeiras, a la Selección y al Barcelona… y todo tan rápido.

Yerry es un jugador de una personalidad diferente. No le da miedo ningún reto

“Yerry es un jugador de una personalidad diferente. No le da miedo ningún reto. Juega como si tuviera muchos más partidos encima, sin importarle el rival. Pero además de lo futbolístico, destacó su forma de ser, su humildad y sencillez. Sigue siendo el mismo joven alegre y a la vez callado. A pesar de su corta edad, ha subido los escalones como debe ser”, dijo el técnico Torres, quien aún lo recuerda en el camerino bailando, inventado pasos. “Él lleva su ritmo en el cuerpo”, dice Torres.

A ritmo de Mina

Cuesta imaginar que Yerry Mina fue alguna vez tímido. Basta con verlo ahora tan alegre, tan espontáneo, sacudiéndose en cada gol como si se fuera a desbaratar. Pero lo fue. Cuando llegó a Santa Fe la imagen que recuerdan de él es la de un joven escuálido, muy alto, y de pocas palabras. Pero Mina alzó vuelo rápido. Su fútbol serio y seguro impactó de inmediato. Solo necesitó cogerse confianza para empezar a escalar y a jugar y a reír y a bailar.

Con el pasar de los días fue ganando confianza. Sacó la alegría que le conocemos. Se fue mostrando como realmente es

El primer técnico que lo recibió en Bogotá fue Wilson Gutiérrez, en diciembre del 2013. “Yerry era tímido, pero fue entrando al grupo poco a poco. Con el pasar de los días fue ganando confianza. Sacó la alegría que le conocemos. Se fue mostrando como realmente es”, dice Wilson.

En Santa Fe fue el defensor central derecho. Muchas veces jugó en una línea de tres que por entonces planteaba el DT Gutiérrez. También fue volante de primera línea, como lo hizo en sus inicios. De a poco se fue convirtiendo en una muralla impenetrable, en un líder de la zaga, y en un defensa goleador. Ganó corpulencia y fortaleza. Se convirtió en el terror de los atacantes rivales. Pasar a Mina era como esquivar una locomotora. Además ganó una Liga, una Superliga y la Copa Suramericana del 2015, que fue una consagración, con el técnico uruguayo Gerardo Pelusso.

Mina ya era un soñador. Una torre que no tenía cielo. Cada vez quería llegar más alto. A sus entrenadores les manifestaba que quería jugar en el exterior, y sus palabras sonaban firmes. Gutiérrez cuenta que Mina no solo soñaba, sino que tenía muy claro lo que quería. La convicción, la seguridad. Entonces, pegó otro salto.

Brasil es un destino atractivo para cualquier futbolista colombiano. Sobre todo para los que quieren brincar a Europa. A Mina le llegó la oportunidad de un grande, del Palmeiras, a mediados del 2016, y la aprovechó. El Barcelona ya lo rondaba y no tardó en sellar un preacuerdo para tener al jugador después del Mundial de Rusia. Qué mejor motivación para Mina, que no defraudó: en Brasil fue puntal para su equipo e incluso fue elegido mejor zaguero del 2016 en el Brasileirao. En la tierra de la samba, Mina impuso su propio paso. Y de ahí, al Barcelona, con su 1,95 metros de estatura, a tal punto que el diario Sports de Barcelona le dio ayer la portada con el título: ‘Mina, el gigante del Barça’, nota en la que destaca que será el jugador más alto en la historia del club.

Sueños reales

Aún se le puede recordar a Mina pegando ese salto y anotándole ese gol a Uruguay en el Metropolitano. Fue su primer gol oficial con la camiseta de la Selección Colombia. Significó un empate sufrido, un punto de oro. Entonces se sacudió y agitó brazos y piernas para mostrarle al mundo que además de buen defensa y goleador, tenía un baile feliz, único, auténtico. Dicen que ese día, con ese gol, y quizá con semejante baile, Barcelona quedó convencido.

Me alegro mucho por esos goles. Tenemos un jugador con mucho talento y esperemos que nos dé más satisfacciones

El gol contra Uruguay fue una entrada triunfal. Pero el año pasado, en la gira por Asia, Mina despertó más elogios. Anotó dos goles en el amistoso de Colombia contra Camerún. El DT José Pékerman quedó feliz. “Lo de Mina es sorprendente. Sigue creciendo, a su tarea de defensa le agrega gol, y sabemos lo importante que es el juego aéreo en el fútbol. Me alegro mucho por esos goles. Tenemos un jugador con mucho talento y esperemos que nos dé más satisfacciones”, dijo Pékerman en Asia, donde hombres del Barcelona acechaban.

La última semana debió pasar a mil en la vida de Yerry. Que sí, que no, que no pudo viajar, que faltan unas firmas, que Palmeiras pide más… Nada impidió que el Barcelona se llevará su perla. Mina pegó el salto más importante de su carrera. Seguramente empacó en la maleta su alegría, su vehemente seguridad, su humildad y sencillez, sus goles y su baile contagioso. Si el Barça danza en la cancha, quizá le faltaba un coreógrafo para agitar su ópera del fútbol.



Pablo Romero
Redactor de EL TIEMPO
En twitter: @PabloRomeroET

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