Fútbol Internacional

Luis Bedoya, de zar del fútbol a gran soplón del Fifagate

Ya hundió a tres de sus colegas y podría ir por su amigo Nicolás Leoz y por Nike.

Luis Bedoya, expresidente de la Federación Colombiana de Fútbol

A Luis Bedoya lo defiende Myers, Singer & Galiardo abogados, que aspiran a que no pague un solo día de cárcel.

Foto:

Mauricio Moreno / Archivo EL TIEMPO

02 de diciembre 2017 , 11:58 p.m.

Con varios kilos de menos, visiblemente nervioso y una libreta de anotaciones en la mano, Luis Bedoya, el expresidente de la Federación Colombiana de Fútbol, debutó esta semana como soplón del FBI dentro del escándalo del Fifagate.

De manera descarnada, aceptó que durante nueve años (de 2007 a 2015) vendió su conciencia y recibió jugosos sobornos para torcer millonarios contratos de la Confederación Suramericana de Fútbol (Conmebol), a favor de las empresas comercializadoras de eventos Full Play y Torneos.

Dijo que fue un plan tejido con sus pares de Paraguay, Perú, Ecuador, Venezuela y Bolivia.

“Mariano Jinkis, de la empresa Full Play, le decía a cada presidente del ‘grupo de los seis’ que podrían recibir un millón de dólares (...) Luis Chiriboga, de Ecuador, estaba entusiasmado. Era la primera vez que iba a ver un millón de dólares juntos”.

La suma parecería jugosa para Bedoya, un hombre que empezó como mesero de un restaurante en Pereira, labor que alternó con la de vendedor de frutas. Así pagaba su carrera de economista y ayudaba a la manutención de sus dos hermanos, que habían quedado a cargo de doña Ligia, su madre, empleada de una peluquería.

Pero la época de los sobornos coincidió con la más boyante de la Federación de Fútbol y de él. En ese entonces se codeaba con presidentes de la República y de poderosos grupos económicos, y ahora es un solitario testigo protegido del FBI.

El hijo de doña Ligia llegó a la Federación tras conseguir un puesto como auxiliar de la organización del Suramericano Sub-20, que tuvo como sede alterna a Pereira.

En ese año, 1986, conoció a Jorge Correa Pastrana y a León Londoño, de quienes se convirtió en un incondicional. Era la época del narcotráfico y de estrellas pagadas con dineros de la mafia.

Con tan solo 27 años, fue nombrado coordinador de los derechos de transmisión de partidos para emisoras, de la División Mayor del Fútbol Colombiano (Dimayor).

Por eso, 20 años después, cuando Jinkis lo tentó con su jugoso soborno para quedarse con los derechos de transmisión de la Copa América, Bedoya sabía muy bien de lo que le estaban hablando.

“En una ocasión, poco antes de la Copa Mundo 2014, pedí el dinero en efectivo y Jinkis me trajo 96.000 dólares en billetes de 100, en una pequeña bolsa”, confesó Bedoya, cumpliéndole la promesa al FBI de decir toda la verdad y de devolver cada centavo recibido, a cambio de no pisar una cárcel y de que se le dé visa de residente a su esposa Martha Herrera.

Para que fluyera el dinero sucio, Full Play le creó a cada presidente una empresa de papel en Uruguay. La de Bedoya se llamó Flemick. Y tal como lo reveló EL TIEMPO en 2015, Bedoya abrió una cuenta en el banco Hapoalim de Suiza para que le consignaran los sobornos.

“La Fiscalía de Estados Unidos ya constató que de esa cuenta no hubo retiros y ya se entregó ese y otros dineros. No puedo dar detalles para no contaminar su testimonio”, le explicó a EL TIEMPO su abogado Juan Carlos Cárdenas, a cargo de su proceso en Colombia por presunto lavado de activos.

Y agregó que aquí van a probar que su patrimonio fue obtenido con dinero legal.

Mala fortuna

Cuando llegó a la cúspide, Bedoya ganaba 10.000 dólares al mes como cabeza de la Fedefútbol, 20.000 como miembro de la Conmebol y 25.000 de la Fifa: unos 660.000 dólares al año.

Gracias a sus habilidades de negociante, logró empoderar a la Federación y convirtió en marca a la Selección Colombia: de un solo patrocinador pasó a tener once.

Además, estuvo detrás de la campaña del Mundial de Brasil 2014, año en el que la Federación recibió 14 millones de dólares, y Bedoya fue nombrado miembro del comité ejecutivo de la Fifa, honor que solo habían conseguido Alfonso Sénior y su ‘padrino’ León Londoño.

Todo coincidió con la elección como presidente de la Conmebol del paraguayo Juan Ángel Napout, uno de los dirigentes contra quien Bedoya declaró esta semana en una corte de Nueva York.

El millonario empresario tabacalero no podía creer que su amigo lo estuviera hundiendo y dando detalles exactos de los pagos de Full Play y de Torneos. Esta última, según Bedoya, les giraba 400.000 dólares al año al ‘grupo de los 6’, incluido el peruano Manuel Burga, otra de las víctimas del testimonio del colombiano.

Dentro del juicio también se mencionó al paraguayo Nicolás Leoz, viejo amigo de Bedoya y de Colombia, donde consiguió esposa, mucha plata y ciudadanía. Un juez acaba de autorizar la extradición a Estados Unidos del octogenario dirigente, contra quien Bedoya también testificaría.

Incluso, ya dijo que Leoz, el argentino Julio Grondona y el brasileño Ricardo Teixeira eran los dirigentes más corruptos. Y también habló de la poderosa Nike.


Sin que nadie le preguntara, aseguró que recibió una tentadora oferta de soborno de un reconocido agente de esa multinacional, para que Nike fuera el patrocinador oficial de la Selección Colombia en 2010. Pero luego manifestó que había olvidado su nombre y el monto. También ‘patinó’ cuando se le preguntó si su esposa sabía de la cuenta secreta en Suiza con los sobornos: “No”, dijo.

En todo caso, los bienes de la pareja en Colombia están bajo sospecha.

“Compró apartamentos en Bogotá, fincas en la Sabana, un apartamento en Santa Marta y otro en Pereira, que le había pertenecido a una famosa cadena radial. Él vivía en otro predio, en la calle 104 con carrera 18; andaba en un carro de la federación y nunca tuvo escoltas, solo a Fernando, su conductor”, recuerda uno de sus amigos.

Ahora pasa los días en un apartamento federal, de dos cuartos y dos baños, y sus visitas son controladas. De hecho, además del abogado Cárdenas, el único que lo ha visto es Ricardo Hoyos, presidente del equipo Chicó.

“Es mi amigo del alma y mi compadre. Lo visité hace un año y lo encontré delgado, aburrido pero con una fuerza mental increíble. A pesar del error que cometió y del cual se arrepiente, le puedo decir que es un ser humano excelente y uno de los dirigentes deportivos más importantes que ha tenido el país”, explicó Hoyos.

Y agregó: “Aunque acumuló mucho poder, nunca fue arrogante ni soberbio. Es una persona humilde y sencilla. Oía música y se divertía con sus loros y los dos perros labradores que le regalé”.

Hoy, Bedoya, el otrora poderoso, debía estar en Rusia, celebrando el ventajoso grupo que le correspondió a Colombia en el Mundial de 2018. Pero está atrapado en Nueva York, tomando cursos de culinaria y de nutrición. Espera que pase el tiempo y que la Fiscalía de ese país le diga si necesita su testimonio para condenar a otros de sus socios de sobornos, e incluso para probar si Catar pagó por la sede del mundial 2022. Al respecto, ya dijo que un emisario de ese país ofreció entre 10 y 15 millones de dólares por tres votos, incluido el suyo.

De todo eso dependerá que Bedoya obtenga una benévola sentencia que incluso le permita hacerle el quite a una celda y quedarse de visitante en Estados Unidos.

Tal vez, por seguridad, nunca vuelva al país, donde hay mucha gente inquieta por las otras cosas que Bedoya pueda contar, ahora con la camiseta de soplón.

Así va el caso por lavado de activos en Colombia

Luis Bedoya completa dos años en calidad de testigo protegido en Estados Unidos, y el proceso en Colombia por presunto lavado de activos sigue quieto.

Aunque sus bienes ya fueron identificados y la Unidad de Lavado ha hecho inspecciones a la oficina de la Federación e, incluso, a Coldeportes, todo sigue en preliminares. Solo hay una solicitud de información a los miembros del Comité Ejecutivo de la Federación. Al menos dos de ellos, de manera discreta, le han pedido a abogados americanos que averigüen si han sido mencionados por Bedoya.

La quietud de la investigación se debe, según la defensa del colombiano, a que está amarrada a la de Estados Unidos. “Acá deben esperar a conocer la sentencia que reciba en Nueva York, en la cual constará que se devolvieron todos los dineros producto de los sobornos y que a Colombia no ingresó un solo centavo. Eso significa que su patrimonio es legal.

De hecho, por respeto a la Fiscalía de Colombia, no se ha dispuesto de un solo bien”, explicó el abogado Juan Carlos Cárdenas. Y reiteró la disposición de su cliente a responder ante cualquier requerimiento.

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u.investigativa@eltiempo.com@uinvestigativa

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