Fútbol Internacional

Salah y el Madrid se apuntan a la final… (Opinión)

Luego de la ida de las semifinales, Bayern pagó caro su falta de tino.

30 de abril 2018 , 07:07 a.m.

"Me temo que tenemos un complejo ante el Real Madrid", se lamentó Beckenbauer en una entrevista concedida al sensacionalista diario Bild, de Berlín. El rezongo conllevaba, veladamente, un palo para los muchachos del Bayern Munich. "Nunca hubiera sido tan fácil vencerlos como esta ocasión. No estuvieron sobresalientes", añadió con sutileza crítica. Los trató de blandos. Pero no es privativo del Bayern, todos los equipos europeos tienen ese trauma con el cuadro de Bernabéu. Siempre parece que se lo van a comer crudo y sin sal, luego lo tienen enfrente y se van reduciendo hasta verse pequeñitos. 

Por eso le resulta más sencillo una semifinal de Europa como visitante ante un grande de Alemania o Francia que un choque dominguero frente al Girona o el Betis. En España la vida es más dura. Los árbitros no, ellos son parejos, siempre tan gentiles en todo el continente. ¡Qué tíos tan macanudos…!

Claro que el Bayern tiene atenuantes: varias bajas fundamentales: la de Arturo Vidal, un vikingo nacido en Chile, importante por coraje en estos cruces, David Alaba y Manuel Neuer (tal vez el mejor del mundo en su puesto), pues quedó visto que Ulreich es un arquero muy normal. Tratándose de ellos, no es lo mismo Juan que Pedro. Sanos, los tres son titulares. Y a eso se sumó la lesión, a los 8 minutos, de Robben, generalmente un incordio por su rapidez y sus enganches de derecha a izquierda. También sufrió un problema muscular Boateng a los 34’. Cinco fijos, y sólo Alaba podría estar en la revancha.

Fue un partido extraño: el Bayern supo penetrar por todas partes al Madrid y crearle al menos diez jugadas de gol, sin embargo no supo concretar. Y el Madrid acertó en la concreción (el fuerte de toda su vida), pero no al defender. Nadie que ha sido tan desbordado defensivamente puede decir “jugamos bien”. Ni “fuimos inteligentes”, que es otro clisé. Cuando te crean diez situaciones de gol y no pierdes no eres inteligente, sino vulnerable y afortunado. La incapacidad del cuadro de Heynckes ante la red alimentó la fama ya legendaria del Real Madrid. Y de tal incapacidad no tiene culpa el Madrid. Que fue el mismo equipo sin juego que en la Liga Española, en la Copa del Rey y en varias noches de Champions, a excepción de la de Turín, cuando ganó 3-0 a Juventus. Allí compuso una notable labor. Lo indiscutible del Madrid es su personalidad, su fortaleza mental, la unión y solidaridad de sus jugadores en el campo en las citas grandes y la jerarquía para definir. Otros necesitan tres para meter una, a los de Zidane les sobra con media. Con un plus: se relevan maravillosamente; cuando no los salva Cristiano, aparece Modric, y si no Sergio Ramos. O Isco, o Asensio, o Marcelo, o el ascendente Lucas Vázquez. Nadie se esconde en el Real Madrid y todos dejan la piel. Aún jugando mal, saca adelante el expediente. Por eso es tan difícil vencerlo, tiene pasta de campeón.

A 50 días del Mundial, la gran noticia para Colombia es que James está bárbaro. Jugó mucho. No sólo por la brillante asistencia en el gol de Kimmich sino porque acertó prácticamente todos sus pases (su gran virtud), pases fuertes, precisos, profundos, para iniciar avances prometedores. No le quedó ninguna buena para probar al aro, pero ni la ausencia de gol ni la derrota destiñen su prestación, de lo mejor que le hemos visto últimamente. Estuvo muy activo, serio, a la altura de la semifinal. Otro que descolló fue Ribery. A los 35 años, un jugador destaca organizando juego detrás de los delanteros, no gambeteando por una punta. Asombró justamente por sus apiladas y enloqueció a un marcador firme como Carvajal. Significa que está físicamente óptimo. A propósito de Carvajal: después de su tercera entrada merecedora de amarilla, el juez Kuipers (el tío Björn) lo llamó para reconvenirlo con un mensaje tipo pastoral: “Verás, hijo mío… si continúas dando esos patadones me obligarás a tomar la penosa decisión de amonestarte”. No tuvo necesidad, el lateral se fue lesionado. También debió amonestar a Cristiano por engaño, al bajar adrede un balón con el brazo y marcar un gol. Ahí el tío Björn definitivamente se hizo el tonto.

El podio de la semana lo encabeza Mohamed Salah, el Superman egipcio. En rigor, viene siendo figura toda la temporada, en la que lleva 43 goles y 15 asistencias siendo su primer año con el Liverpool. Los propietarios de la Roma quieren cortarse las venas con una Gillette oxidada: lo vendieron por la módica suma de 42 millones de euros (lo habían fichado por 18,2). Hoy ya vale, mínimo, diez veces más. Tan explosiva fue su actuación ante la Roma -2 goles y 2 pases gol- que las apuestas por el Balón de Oro lo catapultaron de inmediato al segundo lugar, quedando apenitas detrás de Cristiano Ronaldo. Messi está tercero; a Neymar le queda el Mundial para lograrlo. A colación: hace años venimos escuchando a Pelé, Zico, Cafú, Tostao, Ronaldo, Roberto Carlos, Dani Alves decir que Neymar sería el próximo N° 1 del mundo. Pero nunca logró destronar a Messi o Cristiano; le fue pasando el tiempo y ahora tiene otro candidato que le discute el rótulo de heredero: Salah. Fenomenal porque no es simplemente un goleador: con su velocidad y habilidad arma jugadas, genera peligro, desborda por las bandas… Sus dos habilitaciones de gol las hizo con derecha siendo zurdo. Y la mayoría de sus goles levantan a la tribuna, llevan un sello explosivo, de espectáculo. Es el tipo de estrella que le falta al Bayern para pasar de ser un conjunto eficiente a uno demoledor, de rey de Alemania a campeón de Europa.

El Liverpool de Klopp ya es un equipo de autor. Tiene la marca del alemán, su espíritu, la agresividad y lógica que emana de su persona. Entre Firmino, Mané y Salah llevan 88 goles en la temporada; infernal. Klopp, además, ha mostrado un ojo notable al fichar dos verdaderos cracks: el citado Salah y el zaguero holandés Van Dijk, quienes dejaron el bolso, se cambiaron y brillaron al instante. Klopp está retornando al Liverpool al protagonismo de los ’70 y ’80 cuando dominó por completo Inglaterra (11 ligas en 17 años) y supo conquistar Europa.

Hasta el 5 a 0, el Liverpool fue arrasador y creó una atmósfera de emoción máxima en el estadio. Era el fútbol en su versión más cautivante: presión y ataque constante, movimientos continuos, intensidad, vivacidad, actitud, empuje... Arrasó a la Roma hasta el minuto 75, en que Klopp decidió sacar a Salah para cuidarlo, lo cual entendemos, la serie estaba ganada hasta ahí. Pero el fútbol es “la dinámica de lo impensado”, como definió Dante Panzeri, la Roma ganó confianza y descontó dos veces: un 2-5 que le da cierta esperanza de realizar otra vez la proeza que le cupo ante el Barcelona. Aunque el Liverpool no saldrá regalado en Italia como el Barcelona, seguro.

La sorpresa parece no tener lugar en los desquites. Madrid y Liverpool deberían mantener su ventaja. La expectativa parece centrarse en ellos dos, aunque más allá, en el 26 de mayo en Kiev: el máximo choque de infantería futbolística que el mundo puede presenciar hoy.

Último tango...

JORGE BARRAZA
​Para EL TIEMPO
En Twitter: @JorgeBarrazaOK

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