Fútbol Internacional

Gol, con el brazo; ley, con las piernas... (Opinión)

La trampa de Moiraghi, consciente o inconsciente, quedó hecha. 

24 de septiembre 2017 , 10:41 p.m.

En el estadio Azteca de México hay una escultura memorable. Es la figura de Diego Maradona con el brazo izquierdo en alto y su toque sutil con la mano a la pelota. Su gol –la mano de Dios– en el Mundial de 1986 contra Inglaterra quedó inmortalizado en la mente colectiva, y, por si las dudas, en una estatua. Desde entonces, la trampa en el fútbol se confunde con picardía. Y se exalta. Pero sigue siendo trampa.

Casi 30 años después, el fútbol colombiano viene promulgando un castigo contra el embuste. Futbolista que engaña o intenta engañar, paga: $ 44 millones y dos semanas de suspensión. La medida no solo aumenta las arcas de la Dimayor, también funciona como catalizador de la patraña. Los jugadores lo pensarán dos veces antes de simular o de osar anotar goles con la mano o el brazo.

Pero, el domingo pasado, Néstor Moiraghi, jugador del Cali, se vio inspirado por un instinto callejero: hizo de su brazo una extensión de su cabeza. Quizá imaginó que el arco estaba hecho con maletas, como en el colegio. Su codo inquieto, el que le dio la victoria a su equipo contra Águilas, no tuvo la picardía de Maradona; por supuesto, fue más bien una jugada torpe, sin premeditación. Pero, igual, fue gol. ¡Y con el codo!

Muchos futbolistas fingen faltas y manotazos; hacen goles con la mano o con el codo. Tal vez se sienten legitimados por la historia.
Y, si el árbitro no se percata, es raro que el jugador confiese su culpa. Lo curioso es que en pleno auge de la norma, cuando a varios ya les han sacudido el bolsillo, a Moiraghi no le sacaron ni la lengua, porque “no tuvo intención manifiesta de engañar”. La trampa, consciente o inconsciente, quedó hecha.

Hacer un gol con el brazo es como escribir con las piernas. El escritor tiene la posibilidad de borrar su farsa. El futbolista puede, como pocas veces pasa, confesar su pecado. Cuatro palabras para exculparse: ‘Anoté con la mano’. Entonces, ¡qué diablos!, qué también le hagan escultura...

Maradona engañó y en el mismo partido quedó absuelto con el gol más hermoso de la historia. Pero es Maradona. A los futbolistas mortales les quedaría bien reconocer la farsa y no esperar a que esta prematura ley antiengaño delibere con las piernas.


90 minutos


PABLO ROMERO
Redactor de EL TIEMPO
En Twitter: @PabloRomeroET

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