Fútbol Internacional

La Bombonera, la mística a la que se aferra Argentina

El estadio de Boca Juniors fue elegido por los gauchos para jugarse la vida en la eliminatoria.

Bombonera

Vista aérea del estadio La Bombonera, del Boca Juniors, de Argentina, en la final del campeonato apertura de 1998. 

Foto:

GDA

05 de octubre 2017 , 10:30 a.m.

Cuando el estadio La Bombonera está lleno, no solo se sacude, sino que suena como si tuviera vida propia, como si fuera un solo y poderoso pálpito: es un ¡tun, tun, tun! ensordecedor y constante que se escucha cuando los pies golpean en las gradas, los bombos retumban y las gargantas hacen música. Las tribunas, tan apretadas como si quisieran abrazarse, se mueven a un ritmo que es cardiaco. Por eso, los hinchas de Boca Juniors aseguran que su estadio –al que se encomendó Argentina para rematar su tormentosa eliminatoria al Mundial de Rusia, contra Perú–, no tiembla, sino que late: ¡tun, tun, tun!

En ese templo –como lo bautizó Diego Maradona– las gradas empinadas parecen paredes con sillas que nadie usa. Desde allí los fervorosos, de pie, miran hacia abajo como si lo hicieran desde un balcón. Porque en La Bombonera se percibe la sensación de que esas tribunas se van a caer encima de la cancha cada que hay un gol de Boca, el dueño de este recinto sagrado, o cuando juega la selección, el único huésped autorizado. El exjugador de River Plate Hernán Crespo dijo ayer que si La Bombonera tiembla es porque esta mal hecha. Pero hace unos años aseguró: “Cuando dicen que tiembla, es verdad. Yo sentí que mis piernas temblaban. Es la gente. Es muy fuerte”, dijo.

En ese estadio, la pesada atmósfera se pone la camiseta ‘10’, aunque es La 12. Así se llama la barra brava de Boca. Y es el único 12 que no es suplente. Ahora los argentinos, sin distinción, serán ese futbolista adicional. La selección, llena de incógnitas, enfrentará hoy a Perú en la penúltima fecha de la eliminatoria y tiene el panorama tan complicado –en zona de repesca con 24 puntos– que tal vez por eso acudió, como recurso desesperado, a la mística de La Bombonera.

De ‘boca’ para afuera

Cuando uno hace un tour por La Bombonera, el guía de turno se encarga de mantener viva la leyenda. Dice, y cuando lo hace pone la voz baja y misteriosa, como si fuera a revelar un secreto, que debajo de la tribuna norte, la de La 12, queda el camerino visitante. “¡Salten!”, ordena. Y el ruido de los pies obedientes suena como una metralleta. Como si se fuera a abrir el suelo. “Imagínense al rival debajo, antes del partido!”, agrega, y suelta la risita llena de picardía, la de los boquenses orgullosos de su fortín.

La Bombonera no es como el Allianz Arena, del Bayern Múnich, o el Santiago Bernabéu, del Real Madrid. De hecho, no se parece ni al Monumental de River, donde la Selección Argentina suele jugar como local. La Bombonera es diferente, es un estadio que, aunque tenga en su interior un museo con toda la historia del club y una tribuna con palcos de lujo –donde aparece de vez en cuando el propio Maradona–, está hecho para la batalla.

Sus calles aledañas ya despiertan esa sensación hostil, con las consignas de Boca en las paredes, con el colorido xeneize que demarca el territorio de La Boca. Allí, los guerreros se ven en cada acera, vigilantes. Y los visitantes no se atreven a entrar sin escolta policial. La Boca es un territorio que parece más protegido que la Casa Rosada (casa presidencial). El cronista chileno Juan Pablo Meneses relata que un día, la barra de la Universidad Católica pasó por allí, antes de visitar a River, para hacer amistad con La 12. Pero, por error o por ignorancia, alguien rayó las paredes. Hubo una gresca que terminó en heridos y asaltos... “Se arma un pequeño alboroto en La Boca, con mujeres gordas y viejas pidiendo cárcel a los chilenos y niños pobres vestidos con camisetas de Maradona escupiendo insultos”, cuenta Meneses en su crónica ‘Una granada para River Plate’.

El camino flanqueado por boquenses lo lleva a uno directo a la boca del lobo; esa estructura enorme para ese barrio chico. Allí, las tribunas pegadas a la cancha se juntan como si quisieran proteger el pasto del sol y la lluvia, y para no estorbar al vecindario de La Boca. Así nació La Bombonera, en 1938, en 21.147 metros cuadrados. Un área inferior para un estadio que alberga un monstruo de 49.000 cabezas, como lo llamó Pelé. Estar adentro es adherirse a la bestia o luchar contra ella.

Panorámica de La Bombonera, en la capital argentina.

Panorámica de La Bombonera, en la capital argentina.

Foto:

David Fernández / EFE

“No me canso de maravillarme: vas por unos pasillos de mierda, con olor a meo, sucios y oscuros, y de pronto entrás a esa explosión multicolor de gritos y de tensión increíbles”; así la describe el escritor argentino Martín Caparrós, que se adhirió hace mucho a esa bestia.

‘Una boca muda’

En La Bombonera no existe el silencio. Los argentinos dicen que allí la acústica es diferente de la de cualquier otro estadio. Presumen que la algarabía que emana de sus tribunas es capaz de aturdir a los rivales y envalentonar a los jugadores propios. No es un factor comprobable; algunos xeneizes argumentan que tiene que ver con la estructura que atrapa el sonido.

“La Bombonera es única en el mundo. No hay otro estadio que tenga esa acústica. Yo jugué más de 30 partidos en la cancha de River, y no sentís al público. En Boca sentís la presión de la hinchada. Es una cosa muy linda”, dijo hace unos años Antonio Rattin, histórico capitán de Boca de la década del 70 y exjugador de la selección.

Pero Óscar Córdoba, arquero colombiano que ganó dos veces la Copa Libertadores con Boca (2000 y 2001), advierte que la magia de La Bombonera no es solo la estructura, es algo más fuerte y que no le garantiza nada a Argentina. “Es una cancha muy especial, pero lo que la hace especial no es la cancha, sino la gente de Boca. Allí pueden jugar River, Huracán, Racing, y no va a ser lo mismo. Con la selección va a ser igual. Boca es un sentimiento, y eso es lo que la gente no entiende. Cuando recibes un gol la gente te alienta, y si recibes otro, más duro lo hacen. Ese es el secreto de La Bombonera”, dice.

Argentina ya ha acudido a ese templo de Boca para refugiarse de las derrotas. De 29 encuentros, ganó 19, empató 8 y cayó en dos. Quizá piensan que jugando allí se disimulan los errores. Si Argentina no encuentra la luz al final del túnel, al menos quiere desorientar al rival. Pero escogió el estadio donde en 1969 quedó fuera del Mundial de México 70, luego de empatar 2-2 contra... Perú.

Aquella vez el autor de los goles peruanos fue Oswaldo ‘Cachito’ Ramírez, quien hoy, con 70 años, desafía otra vez a La Bombonera. “¡Ese escenario es mudo! –afirma enérgico desde Lima, preparando otra visita a Buenos Aires–. El escenario no juega.

En la cancha son 11 contra 11, y punto. Los argentinos se van a La Bombonera por miedo. Porque tienen un clavo muy hondo que no se pueden sacar y quieren quitarse esa espina. Pero la historia se está repitiendo. Argentina puede quedar fuera de otro Mundial, y otra vez contra Perú, y en el mismo estadio”.

Argentina está en una situación tan crítica que ya no confían solo en Messi. Y hay quienes dudan de la magia del estadio que late. “La Bombonera va a ser, en unos días, el arma secreta nada secreta de un equipo que últimamente no sabe cómo hacer para hacer un gol, para ganar un partido: el recurso medio mágico casi desesperado de los que ya no creen en su fútbol”, dijo Caparrós.

No es difícil imaginar hoy a La Bombonera: el ¡tun, tun, tun!, la algarabía infernal, los papelitos en el viento, la Selección Argentina protegida con el escudo del mítico estadio de Boca y la peruana, con su humilde armadura: una camiseta con la banda cruzada y roja.

PABLO ROMERO
Redactor de EL TIEMPO
En Twitter: @PabloRomeroET

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