Fútbol Internacional

Neymar, el símbolo del Brasil de Tite

Al fútbol sala le debe su estilo de juego, con el que triunfa en el Barcelona.

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Neymar Jr., delantero brasileño.

Foto:

AFP

05 de septiembre 2016 , 11:57 a.m.

Con la pelota en sus pies, Neymar es un experto del engaño. Cuando parece que va para la derecha, despista y sale por la izquierda, y se adorna. Su juego es así, lleno de florituras, de gambetas, de inventos. Siempre tiene un truco oculto. Su estilo es tan ligero y hábil que no parece que llevara a cuestas el enorme peso de ser el nuevo ícono de la selección brasileña, la que enfrentará a Colombia este martes, en la eliminatoria al Mundial de Rusia 2018.

Neymar es de esos futbolistas en extinción que brindan espectáculo con sus movimientos incontrolables y veloces. Es por eso que, a veces, pasa por insolente con sus rivales, que no dudan en atajarlo –o intentar hacerlo– con patadas. Por eso Neymar ‘habita’ también en el piso, porque le gusta provocar, le gusta humillar, pero quizá es una humillación inocente, la de un chico –aún lo es, con 24 años– que parece que aún jugara para divertirse, como lo hacía de niño.

Su habilidad no solo es innata. Se debe en gran parte a una particularidad. Neymar –como lo hicieron Ronaldo o Ronaldinho– comenzó jugando fútbol sala. En esos escenarios de piso duro, en zapatillas y con un balón más pequeño, Neymar empezó a pulir ese dominó de la pelota, esa agilidad para jalarla, traerla, domarla, todo lo que hoy hace con tanta naturalidad.

Su primer equipo fue el Tumiaru. Por supuesto, un equipo de futsal. Un reconocido DT llamado Betinho, famoso por descubrir a Robinho, otro crack brasileño, se fijó en Neymar cuando solo tenía 6 años. Ha contado que a primera vista se dio cuenta de que Neymar era de esos jugadores diferentes, de los que aparecen cada tantos años. Además, su papá era futbolista y lo introdujo en ese mundo.

Neymar da Silva Santos pudo haber sido estrella de futsal, pero quería salir del anonimato, pasar al terreno grande, el césped, donde ganaría la fama, el prestigio, los millones. Hoy es un jugador consagrado, mediático, polémico, algo extravagante, adorado por muchos que disfrutan de su juego, criticado por otros a los que les molesta su fútbol.

Su carrera la inició en el Santos, el club que lo hizo profesional, cuando tenía 17 años, cuando era muy humilde y extremadamente delgado. En ese equipo brasileño, famoso porque en él jugó Pelé, Neymar no tardó en sobresalir. Llegó al fútbol pisando fuerte. Y el mundo supo de él.

El salto a la fama

Movía sus piernas por encima de la pelota, estática. Era como una danza desafiante. Su rival, paralizado, lo contemplaba con el temor y la prudencia del que no quiere ser humillado. De repente, tras unos cuantos salticos sobre el balón, Neymar lo burlaba, salía a correr con velocidad por el espacio menos posible. Con la capacidad de meter un freno inesperado y dar una vuelta entera, y todo con la pelota ahí, obediente, pegada a sus guayos.

Esas jugadas se hicieron famosas cada que Neymar jugaba en el Santos. Y comenzaron a despertar el interés de la afición, de la prensa, de los empresarios. Era un futbolista liviano, pero la camiseta del Santos no le quedó grande.

Debutó a los 17 años y desde entonces ya era inevitable no compararlo con Robinho, que también jugó allí, y con similares características. Ganó tres campeonatos paulistas, una Copa de Brasil, una Libertadores y una Recopa Suramericana. En el 2011 fue elegido el Mejor Jugador de América en la encuesta del diario uruguayo El País. Neymar se convirtió en una perla del Santos, y los grandes equipos fueron por él.

Se quedó con el Barça

El Camp Nou se abarrotó de fanáticos del Barcelona el día de su presentación. Ningún hincha catalán quería dejar de darle la bienvenida a la joven estrella. Neymar apareció ante ese público exigente con el uniforme catalán, haciendo malabares con la pelota en sus pies. Recibió la primera de tantas ovaciones.

Desde entonces se ha convertido en uno de los íconos del club, con el que ya renovó contrato hasta el 2021. De esta manera el Barcelona acalló los rumores que indicaban que el Real Madrid lo pretendía, que iba a pagar hasta 120 millones de euros para llevárselo.

El Barça tenía que ponerle cuidado a ese rumor. Muchos años antes, cuando Neymar tenía 13, ya habían intentado ficharlo. Hubo negociación, pero una rápida maniobra de un dirigente del Santos evitó que se fuera tan joven. Neymar tampoco lo quería. Aún no estaba preparado para irse.

En el 2013, tras muchas especulaciones sobre su futuro y rumores que lo ligaban nuevamente al Real Madrid, el Barcelona, que llevaba tiempo buscándolo, anunció la contratación de Neymar Jr. –Jr. porque su papá también se llama así–.

Ya era un futbolista consolidado en América, pero tenía la deuda de ir a triunfar en un club gigante como el Barcelona. Y allí lo ha ganado todo: una Supercopa de España, dos ligas, dos copas del Rey, una Champions, una Supercopa europea y un Mundial de Clubes. Además, fue nominado al Balón de Oro del 2015 (ocupó el tercer lugar).

Actualmente conforma allí un tridente estelar con Messi y Suárez. En el Camp Nou deleita con sus amagues, trucos y engaños con la pelota. Tanto que a algunos les recuerda a Ronaldinho, otro genio que vistió esa camiseta.

“Sin duda. Neymar es ya mi heredero, reconoció Ronaldinho en entrevista a Marca, Está ejerciendo ese papel y lo estará haciendo durante muchos años. Es un grandísimo jugador y será la cara de Brasil las próximas temporadas”.

Sin embargo, la llegada de Neymar al Barça tuvo sus sombras. Los costos reales de la transferencia han estado bajo investigación. Oficialmente se dijo que llegó por 57 millones de euros, pero se ha especulado que la cifra se acerca a los 100 millones. Se habló de estafa, de corrupción. El caso quedó archivado luego de que el club acordó pagar una multa de 5,5 millones de euros.

Una medalla necesaria

A Neymar le ha tocado cargar con kilos de presión por la decadencia que ha sufrido la selección de su país, que dejó de ser la invencible de antes. No solo no ganó el Mundial en el que fue local, sino que en esa cita, en el 2014, sufrió la humillación de perder 7-1 contra Alemania –partido que no jugó Neymar por lesión–. Tampoco ganó las dos recientes copas América. Está en deuda.

Por eso, haber ganado la medalla de oro olímpica en Río fue un alivio. Y el líder de ese equipo fue Neymar, quien con la medalla entre sus dientes le devolvió algo de la alegría extraviada al fútbol brasileño.

Hoy, Neymar, ese joven estelar y polémico, que cambia de look como cambiarse guayos, que es uno de los futbolistas mejor pagados del mundo y presume de su fe cristiana, es el nuevo símbolo del fútbol brasileño. La esperanza. A Neymar le tocó cargar con el peso de la selección.

PABLO ROMERO
Redactor Deportes EL TIEMPO

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