Fútbol Internacional

Tiro libre de Messi: un arma que no es secreta, pero que él hace letal

El pasado sábado, uno de sus goles fue de cobro de falta. Es su sexto tanto en el año por esta vía.

Lional Messi

Lional Messi, delantero del Barcelona.

Foto:

Reuters

08 de abril 2018 , 10:52 p.m.

Ese día Messi pateó una vez y falló. La pelota se fue lejos, arriba. Se marchó al vestuario molesto, como solo se molestan los genios del balón cuando algo no les sale. Era el final del entrenamiento de la selección Argentina, en el 2009, antes del Mundial de Sudáfrica. Diego Maradona, el entonces técnico, se le acercó, y en un diálogo entre el ‘10’ del pasado y el ‘10’ del presente, le habló con la sabiduría de un maestro, el del pasado.

–Leíto, Leíto... Pon la pelota acá y escúchame bien: no le saques tan rápido el pie a la pelota, porque si no ella no sabe lo que vos querés.

Maradona, según cuenta Fernando Signorini, expreparador físico de la selección argentina, fue hacia la pelota e hizo un solo intento: la mandó a la red ante la mirada sorprendida del alumno. Eso fue como una revelación para Messi, para el ‘10’ del presente, a quien le debieron quedar grabadas esas palabras. Claro, faltaba ponerlas en práctica, intentar e intentar. Tomarse confianza y volverse letal.

Messi no siempre fue un futbolista perfecto, como ahora. Su defecto era el de los tiros libres: su némesis, su Kryptonita. De niño no los cobraba. Otro niño pasaba por su lado y se animaba a patear ante su vista indignada. Quizá era lo único que no se animaba a hacer en el campo. Y quizá fue a partir de esa charla con Maradona que Messi, que todo lo puede, pudo también romper esa barrera, o superarla sin tocarla. Si a Messi algo le queda grande, lo resuelve con ingenio.

Ya son seis los cobros que en esta temporada con el Barcelona han despegado desde su pierna izquierda para aterrizar en la red, sobrevolando cabezas incrédulas y fascinadas. Este año su guayo parece estar más afinado. Cansado de hacer goles para todos los gustos, como los hace, empezó a buscar dificultad: con una numerosa barrera enfrente. El más reciente lo anotó el pasado sábado, fue el primer gol contra el Leganés. Luego Barcelona ganó 3-1 y Messi hizo los tres tantos, como para adornar su remate de pelota quieta.

Messi tiene una ventaja, una de tantas: como los rivales no lo pueden detener, lo derriban, aunque no quieran. Muchas veces él mismo provoca las faltas que anteceden sus goles. Se volvió un experto de la ejecución aérea. Se para con simpleza frente a la pelota, como si no tramara nada, pero lo trama todo. No parece pensar en las cámaras ni en la gente. Solo mira la pelota. Mira la barrera. Detecta el ángulo imposible. Vuelve a mira la pelota. Avanza con dos o máximo tres pasos cortos y patea con su zurda mágica, justo donde le debió enseñar Maradona, y la pone justo donde detectó el orificio. La pelota toma un efecto desde la izquierda hacia adentro, pasa por encima de la barrera e incluso por debajo, o por fuera; va al ángulo izquierdo o al derecho: siempre es impredecible. El pobre portero recibe los balonazos de Messi como si fueran misiles a los que no hay que meterles las manos, no por la potencia, sino por esa velocidad de cohete. Además, así el arquero se arroje, no va a llegar.
Según el portal de estadísticas Opta, en su cuenta de Twitter, Lionel Messi es el primer jugador que marca seis goles de falta directa en una misma temporada de la Liga de España desde el brasileño Ronaldinho Gaúcho, en 2006/2007 (6). Además, agrega Opta, sus 6 tantos por esta fórmula los ha hecho en sus últimos 22 intentos, esto cuando con los primeros 24 en La Liga 2017-2018 no había convertido.

Afina para el Mundial

Ese día tenía la camiseta argentina puesta. La distancia del arco era de unos 30 metros, de frente a la portería. Messi tomó dos pasos de distancia. Hizo su ritual: mirar allá, mirar acá, la zurda empalmando la pelota como le enseñó Maradona y el viaje bien arriba, tocando el travesaño para picar adentro, para que no fuera gol sino golazo. Se lo hizo a Colombia, a Ospina, en la eliminatoria a Rusia. Ese fue el último gol por esta vía con la Selección. Debe estar afinando para desquitarse en el Mundial.
Messi no pudo actuar en los recientes amistosos contra Italia y España, este último, el duelo de la humillación por la derrota (6-1), por una lesión, pero con sus tres goles del sábado ratificó que ya está perfecto para el cierre de la Liga española, de la Liga de Campeones (este martes visita a la Roma en el juego de vuelta de cuartos) y el Mundial, que está a poco más de dos meses.

Ahora los rivales no solo deben idear cómo detenerlo, sino cómo hacerlo sin falta. Porque con Messi frente a la pelota en un tiro libre no hay barrera que valga. No hay arquero que llegue, no hay pelota que se le resista a su zurda. Messi, que ya lleva 40 goles de tiro libre en su carrera, 34 con Barcelona y seis con Argentina, perfeccionó esa arma que no es secreta, que todo el mundo la conoce, pero que nadie se la puede descifrar.



Pablo Romero
Redactor de EL TIEMPO
En twitter: @PabloRomeroET

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