Fútbol Internacional

El 'Patón' Bauza da su paso más grande: dirigir a Argentina

El DT que ganó dos Copas Libertadores dirigirá su primera selección. Perfil.

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Edgardo 'Patón' Bauza fue el elegido. Dirigirá por primera vez una selección, la de su país, Argentina.

Foto:

AFP

03 de agosto 2016 , 01:04 p.m.

Le dicen ‘Patón’, un apodo que bien podría ser su nombre. Si por la calle lo llaman Edgardo –confiesa–, no voltea a mirar. ‘Patón’ es por esos pies gigante –calza 46– en los que ahora intentará ajustarse los zapatos de técnico de la selección argentina de fútbol. Edgardo ‘Patón’ Bauza da un paso a la medida: un paso enorme.

Aunque el fútbol argentino se tomó su tiempo –mientras ponía orden en su asociación– para elegir al nuevo DT, debió ser un periodo fugaz para Edgardo ‘Patón’ Bauza. Todo pasó muy rápido. Hasta hace menos de un mes aspiraba a ganar la Copa Libertadores, por tercera vez, como DT del São Paulo. Quedó eliminado en la semifinal contra Nacional. Su nombre comenzó a rondar en la selección como uno de los candidatos. Tomó fuerza. El pasado lunes ya fue el elegido en uno de los cargos más importantes del fútbol mundial. Le tocó a él, que nunca ha dirigido una selección.

Qué iba a pensar Bauza que Gerardo Martino tendría esa intempestiva salida y que a él se le abriría el camino; que Marcelo Bielsa, el candidato principal, se iba a negar; que Jorge Sampaoli, el segundo en la lista, no pudo por su contrato con el Sevilla, y que otros nombres fueron descartados… Al fin y al cabo Bauza, a los 58 años no es ningún desconocido: tiene experiencia como jugador, como DT; tiene trayectoria, títulos internacionales. ‘Patón’ llega a la selección para pisar fuerte.

De ‘Patón’ chico a gigante

Lo llaman ‘Patón’ desde siempre, desde niño. ‘Patón’ le decían en el barrio –en Granadero, Rosario (Argentina), donde nació– a su hermano mayor, David. Él, Edgardo, fue el ‘Patón’ chiquito. El heredero del apodo. Hoy, ‘Patón’ es una marca registrada en el fútbol. Es su sello; también una adversidad. Su gran dificultad en cada país al que llega es conseguir zapatos. Igual le pasó como jugador para encontrar guayos, cuando era aquel brillante defensor central que además era goleador.

En Rosario, esa ciudad tan futbolera –donde la rivalidad es acérrima, donde el que nace debe decidir si es hincha de Rosario Central o de Newell’s Old Boys, con una postura fervorosa y radical–, ‘Patón’ no tardó en elegir o ser elegido. Se hizo fanático de Central, a los 4 años –cuenta que le contó su papá–. Pasó de ir a la barra brava, a jugar en la reserva, a debutar como profesional a los 19, y a ganar dos títulos como jugador, por entonces con la camiseta número 6, con su cabellera abundante, un afro lleno de rizos. Se convirtió en una insignia del club no solo por su tarea defensiva, sino por sus goles. Es el segundo anotador histórico de Rosario Central, detrás de Mario Alberto Kempes, y es el cuarto defensor en el mundo con más goles, 108.

Pisó suelo colombiano

Cuando llegó a Colombia, al Junior, con 24 años, tuvo su primera experiencia internacional. Ya se sabía que era el ‘Patón’, que era defensa y que hacía goles, casi siempre de penalti. Anotó 24 tantos entre 1983 y 1985. Fue una etapa alegre en su carrera, la más importante como jugador, según asegura.

“Fueron mis mejores años futbolísticos –dijo en entrevista a EL TIEMPO–, y los recuerdos son imborrables. Tuvimos la suerte de hacer buenas campañas, principalmente en esos momentos, cuando había buenos equipos en todo el país. Colombia tenía a los mejores jugadores de Suramérica, repitiéndose un poco la era de oro”.

Allí compartió plantel con Carlos Ischia, Didí Valderrama, Jesús ‘Kiko’ Barrios... No fue campeón, logró el subtítulo del 83, que ganó América, pero dejó su sello en Colombia. En Barranquilla es recordado, querido y admirado.

Un paso fugaz por Independiente de Avellaneda, Veracruz de México y dos nuevos ciclos en Rosario Central marcaron una carrera satisfactoria como jugador. Hizo un nombre –un apodo–. Incluso llegó a la selección argentina, en la que sufrió su peor decepción: antes del Mundial de España 1982, el técnico César Luis Menotti lo dejó afuera de la Copa luego de cinco meses de concentración. Bauza lloró. Fue un golpe que no superó. Después estuvo en el Mundial de Italia 90, su revancha, aunque no jugó. Un año después se retiró, pero ya tenía una idea en mente. “Siempre hubo un técnico dentro de mí”, recordó mucho tiempo después.

El ‘Patón’ de las copas

Estaba en el camerino del estadio de Yokohama, en Japón. Los jugadores de Liga de Quito lo miraban, absortos en su discurso, como intentando disimular los nervios. Iban a jugar la final del Mundial de Clubes contra el Manchester United, en 2008, un hecho histórico para el fútbol ecuatoriano. El capitán de ese barco era el ‘Patón’, su DT. Les hablaba con su mesura de siempre, con su liderazgo, con su manera de motivar.

“Son el Manchester y valen 300 millones de dólares más que nosotros –les dijo Bauza–. No importa, somos once contra once. Y como les digo siempre: lo más importante es cuando termina el partido y entremos por ahí –señaló la puerta– con la cabeza bien alta”, dijo ‘Patón’ y hubo un aplauso. Liga perdió 1-0, pero los jugadores entraron al camerino con la cabeza en alto, hicieron historia.

Es uno de los capítulos memorables en la carrera de Bauza, que en Ecuador se convirtió en una especie de héroe nacional. Primero, porque ganó la Copa Libertadores, contra Fluminense en la final, y porque llegó a la final del Mundial de Clubes.

La afición de Liga no lo olvida. Bauza se ganó el reconocimiento internacional que no tenía como DT, aunque ya había ganado un título en Perú con Sporting Cristal y había dirigido a Central –donde comenzó, como era de esperarse–, a Vélez Sársfield y a Colón.

Lo que vivió en Quito fue como su graduación, una cúspide, pero no su techo. Después de una experiencia breve en Arabia y de un segundo ciclo en Liga, llegó a San Lorenzo de Almagro. Allí le esperaban nuevas alegrías. Ganó otra Copa Libertadores, la del 2014, a Nacional de Paraguay, y fue a su segundo Mundial de Clubes. Esa vez perdió 2-0 con el Real Madrid. Pero una vez más pisó fuerte.

Hoy, aunque tendrá su primera experiencia en una selección, ya es un DT reconocido. Incluso estuvo a punto de dirigir a Ecuador en varias oportunidades. Es un técnico tranquilo, calmado, de la línea del español Vicente del Bosque. Admirador de Jorge Valdano, de Alejandro Sabella, de Diego Maradona, con el que compartió como jugador en la selección.

Como todo DT, tiene adeptos y opositores. Le critican, quienes lo critican, que es defensivo; como persona, que es poco carismático, quizá porque es poco gracioso, poco amigo de los jugadores. Su hijo, Maximiliano –uno de sus ayudantes–, lo describe como exigente y franco.

Quienes lo conocen cuentan que solo habla de fútbol, no de religión ni de política. De política sabe y tiene –o tuvo– ideas socialistas. En el 81 aspiró a ser concejal en su pueblo. Prometió no volver a la política. Lo suyo es la pelota.

Y la pelota siguió rodando. Iba por su tercera Copa Libertadores, hace menos de un mes, al mando de São Paulo –donde reemplazó al colombiano Juan Carlos Osorio–, cuando se quedó en semifinales, siendo el primer DT que clasifica a estas instancias a cuatro equipos diferentes (con Rosario, Liga y San Lorenzo). Ese trago amargo duró poco. Le llegó el llamado de la selección, la gran puerta se abrió.

Operación Messi

“Leo (Messi) es el jugador más desequilibrante que existe. Tener un jugador de su categoría y que nos represente a los argentinos, nos llena de orgullo”.

Eso dijo alguna vez, en una entrevista con la prensa argentina, donde expresó su admiración por Messi, tal vez la misma que profesa por Maradona.

Hoy, Bauza sabe que convencer a Messi de que vuelva a la selección, tras su renuncia, es su gran tarea.

“Soy optimista con Messi –dijo esta semana –. Ojalá la charla que tenga con él ayude a que siga en la selección. Le quiero explicar cuál es mi idea”.

Bauza no llega con comodidad a la Albiceleste; al contrario, tiene la inmensa responsabilidad de rescatar un equipo golpeado por las finales perdidas en el Mundial de Brasil y en las Copas América de Chile y Estados Unidos.

Necesita a Messi para eso, para encaminar la eliminatoria al Mundial de Rusia –juega el primero de septiembre contra Uruguay y luego contra Venezuela–, para dejar su sello. “Argentina tiene la obligación de ser protagonista en todos los partidos. Es la prioridad número uno. Primero tenemos que tener una idea para que el plantel crea en ella”, dijo ayer el DT.

Tiene grandes desafíos. Seguramente, como les dice a sus jugadores, quiere entrar con la cabeza en alto, y como ‘Patón’, pisando fuerte y firme. Será su paso más importante.

PABLO ROMERO
Redactor de EL TIEMPO
@PabloRomeroET

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