Fútbol Internacional

David Ospina vivió el drama del oficio del arquero

Con dos errores del portero colombiano, Paraguay logró la victoria el jueves en Barranquilla.

David Ospina

Es el único de futbolista de la Selección Colombia que en estas eliminatorias ha jugado todos los partidos de titular.

Foto:

Luis Acosta / AFP

08 de octubre 2017 , 05:16 p.m.

El portero de fútbol tiene un solo destino: vivir al filo del pecado. Es el único jugador que puede ser el paladín de las mil y una batallas, pero que no se puede equivocar. El error lo condena. Una pifia basta para que un país se olvide de que llevaba una capa invisible. David Ospina ha sido por mucho ese héroe de la portería de la Selección Colombia, pero el pasado jueves el balón pareció tener kriptonita. Lo soltó dos veces de sus guantes de acero. Recibió dos goles y pasó de héroe a villano. Ese es el destino del arquero.

Ospina tuvo el partido al que más le temen los porteros, cuando todo lo que puede salir mal, sale mal. Un remate en el palo, en el primer tiempo, solo fue un espejismo, una trampa. Si alguien pensó que la suerte estaría atajando junto a David durante los 90 minutos, se equivocó. Los últimos cinco fueron de pesadilla y podrían ser de catástrofe, si Colombia se queda afuera del Mundial. El drama pudo ser peor, como lo dijo Óscar Córdoba, el exportero de la Selección Colombia:

En esos momentos uno sabe que se equivocó, y la noche es para hacer el duelo. Al otro día hay que levantarse y desayunar. Gracias a Dios hay otro partido para reivindicarse. Sería diferente si hubiera terminado la eliminatoria ya: sería un duelo de 4 años”, dijo.

Fueron dos momentos los que condenaron a Ospina en este partido del horror. Su salida en falso, cuando fue al encuentro de esa pelota con extraña timidez. Como si se hubiera nublado con ese vendaval paraguayo que no parecía tan borrascoso. Ospina no tuvo la decisión de siempre. Fue por la pelota y se estrelló con un compañero, y apenas pudo acariciarla con los puños. La perdió de vista. Cuando intentó recuperar sus poderes, esos que en el arco se conocen como reflejos, ya era tarde.

El segundo gol paraguayo se le vino encima al arquero como un huracán. Colombia estaba desprotegida. Los cuerpos agotados regresaban a su terreno como si las piernas no les respondieran, o como si confiaran en que ahí estaba Ospina para apaciguar los vientos furiosos. Si David ya se había equivocado, podía tener una revancha y salir en hombros. Pero cuando se estiró para cortar ese centro, el balón volvió a tener su efecto maligno: rebotó y le quedó a un paraguayo. Ospina hizo intento desesperado por recuperarlo, y no pudo. Fue el 1-2. Entonces Colombia comprometió su cupo al Mundial. Y pasó lo que pasa con los porteros cuando se equivocan, incluso con los más heroicos: sufren la condena y la crítica.

David Ospina

El arquero David Ospina en el primer gol de Paraguay contra Colombia.

Foto:

AFP

La maldición del arco

Las atajadas de los porteros suelen ser efímeras. Lo que queda en la inmortalidad, en la memoria individual y colectiva, son los errores. Los futboleros no olvidan aquellas desgracias del arco que terminan en sufrimiento, en derrotas o en eliminaciones –lo que aún, por fortuna, no ha pasado–. Le pasó a René Higuita, que fue un arquero de otro mundo, con su irreverencia genial. Su error en el Mundial de Italia 90 contra Camerún, cuando desafío a Roger Milla y perdió el duelo que terminó en gol, marcó para siempre la historia de la Selección Colombia. Y la suya.

El arquero, sin más compañía que su sombra, habita en ese terreno minado que es el área. Desde allí observa el esfuerzo de sus compañeros; sus alegrías y sus sufrimientos. Eventualmente sale de esa comarca peligrosa, pero no se aleja. Debe proteger esos tres palos del inminente ataque rival. Para eso está. Para eso lo inventaron: para ser el aguafiestas del fútbol. Para evitar los goles. Ah, y para no equivocarse.

Con una sola pifia, el guardameta arruina un partido o pierde un campeonato, y entonces el público olvida súbitamente todas sus hazañas

Ya lo había dicho Eduardo Galeano, escritor y futbolero, y lo dijo como nadie más podría decirlo, quizá como si también hubiera sido un sufrido guardián del arco. “Con una sola pifia, el guardameta arruina un partido o pierde un campeonato, y entonces el público olvida súbitamente todas sus hazañas y lo condena a la desgracia eterna. Hasta el fin de sus días lo perseguirá la maldición”, escribió en su libro El fútbol a sol y sombra. Su visión fue lapidaria, y se mantiene vigente, de arquero en arquero. Ahora le pasó a David Ospina.

El drama del arquero es desde siempre, lo vivió el brasileño Moacir Barbosa, que recibió los goles del Maracanazo contra Uruguay, en el mundial de 1950. Barbosa tuvo una condena pública. Brasil nunca le perdonó que fallara en el momento más importante del partido, del Mundial, y de su vida. Lo crucificaron.

El escritor mexicano Juan Villoro dice que Barbosa tuvo una segunda muerte cuando realmente falleció, porque ya había muerto en el Maracanazo. “... se despistó ante el destino. Creyó hacer lo correcto y de pronto volvió a un mundo que lo veía como un villano”, dijo Villoro. Así es el destino de los porteros que trascienden, quizá porque se espera que sean imbatibles, y no lo son.

‘Injusticia’

Cuando Ospina recibió los dos goles paraguayos, ni siquiera se quejó en público. Agachó la cabeza, como si se lamentara mentalmente. Debe ser que no está acostumbrado a ese tipo de goles, y menos al señalamiento. Al fin y al cabo sigue siendo el mejor arquero colombiano del momento. Sus reflejos y sus atajadas le han entregado puntos de oro a la selección. Además, fue clave en la eliminatoria pasada, figura en el Mundial de Brasil y estandarte de la actual clasificación a Rusia, en la que ha jugado todos los partidos de Colombia, y ha recibido hasta el momento 18 goles...

Es por eso que, luego de su fatídica noche, ingresó en ese infierno que desconocía, el de los lamentos y las críticas feroces. Hoy hay quienes defienden su heroica historia por encima de su trágico presente. Un solo partido puede condenar.

Luis Gerónimo López es un exportero y preparador de arqueros. A sus 72 años conoce bien el ingrato puesto del arquero. Por eso entiende lo que le pasó a Ospina. “No lo hago responsable de la derrota. El hecho de que tenga una responsabilidad, solo en el primer gol, por no gritar y pedir el balón, no lo descalifica. Sigue siendo el mejor portero de Colombia, el que ha sacado pelotas imposibles, al que le debemos estar peleando la clasificación por todo lo que nos ha salvado”, dijo López, quien cree que en el segundo gol su única opción era rechazar el balón, como lo hizo, pero que tuvo la mala suerte de que le quedara a un rival. Sí, la suerte se le escondió.

Esforzando la memoria –porque no son goles sino atajadas–, uno puede recordar los partidos recientes en los que Ospina se puso su capa heroica: contra Venezuela, en San Cristóbal, y Brasil, en Barranquilla; y qué tal aquel de la Copa América de Chile 2015, cuando le puso su coraza de hierro a Messi y lo venció. La lista de sus hazañas es larga. Por eso uno de sus colegas, Sebastián Viera, arquero uruguayo del Junior, salió en su defensa: “El que critica hoy a Ospina es un malagradecido sin memoria”, escribió en Twitter.

Los arqueros del pasado y de ahora se solidarizan porque conocen el drama que merodea esa carrera. Seguro que ellos han leído a Galeano. Aunque si no, tampoco es necesario, lo saben de memoria.

Algún día podemos cometer errores. El puesto del arquero es ingrato, no se puede equivocar porque si se equivoca, es gol

“Algún día podemos cometer errores. El puesto del arquero es ingrato, no se puede equivocar porque si se equivoca, es gol. Un delantero falla 20 tiros y no pasa nada. A los arqueros nos crucifican. Lo que me parece injusto”, dijo López.

Agustín Julio, exarquero de Santa Fe y de la Selección, es otro que conoció la dramática vida debajo del arco. Tuvo un memorable error en la eliminatoria al mundial de Sudáfrica 2010, y también contra Paraguay. Por eso entiende bien el momento de David. “Uno no puede ser injusto con quienes han dado tanto por el país. Él es el único que no había fallado en la eliminatoria y no es fácil que la gente se le venga a uno encima cuando por X o Y motivo uno no resuelve. El arquero es como ese náufrago en una isla: si ataja un balón es normal, y si no lo ataja, todo el mundo se le viene encima. A David hay que arroparlo. Hay que mandarle buena vibra. La va a romper contra Perú (el martes). Como arquero uno sabe lo que se juega y la revancha que tiene”, dijo Julio.

De Ospina se espera mucho. Cuando la selección naufraga, él siempre aparece con sus atajadas para evitar el hundimiento. Pero en este partido se ahogó. No pudo ser el salvador que corrigiera las fallas ajenas y hasta el cansancio de los demás. Entonces la Selección vio cómo el avión a Rusia despegaba sin ellos. Hay que esperar el siguiente vuelo. Y no está garantizado el pasaje. Lo único que se puede esperar es que Ospina recoja la capa y sus guantes de acero. Si ser arquero es un oficio injusto, también tiene sus hazañas, su épica, su reivindicación.



PABLO ROMERO
Redactor de EL TIEMPO
Twitter: PabloRomeroET

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