Fútbol Internacional

El ‘reinado’ de Berlusconi en el Milán llegó a su fin

Tras 31 años, el polémico magnate vendió el club a inversionistas chinos. Se va con 29 títulos.

SIlvio Berlusconi

SIlvio Berlusconi, exdueño del Milán, ganó 29 títulos con el club.

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AFP / Archivo

03 de mayo 2017 , 11:51 a.m.

El día que Silvio Berlusconi fue presentado como presidente del Milán de Italia llegó a la cancha de fútbol del club en helicóptero, como para dejar claro desde el comienzo que se trataba de un personaje excéntrico, presumido y poderoso. 

Descendió bajo la lluvia, saludando muy sonriente a miles de fanáticos. Llegó como un salvador, con sus millones, con su poder y con la promesa de sacar al Milán de un túnel oscuro, como si quisiera llevárselo en su helicóptero para conquistar Europa. Y lo hizo.

Pasaron 31 años desde esa aparición triunfal en el Milán hasta el pasado 15 de abril, cuando en el estadio San Siro, y justo en el derbi de la ciudad contra el Inter, Berlusconi dijo adiós. Fue su última aparición pública como el 'mandamás' del Milán, al que por tres décadas condujo a ganar cinco ligas de Campeones, cinco supercopas europeas, dos intercontinentales y ocho títulos en Italia, entre otros. En total, 29 coronas, mientras aumentaba su popularidad y su fortuna.

En estos años, al menos en las primeras décadas, se encargó de elevar el prestigio del club. Contrató a los mejores futbolistas, armó equipos que marcaron épocas en el fútbol mundial, históricos y muy recordados. Mientras tanto, y valiéndose la reputación que le daba el fútbol, encumbró su carrera política.

Pero en los últimos años, su Milán comenzó a descender del helicóptero. Malos resultados, malas contrataciones, alejado de los títulos. Perdió prestigio en Europa. No gana una Champions desde hace 10 años. Berlusconi, a sus 80 años, tomó decisiones radicales.

Desde al año pasado apareció en el horizonte un grupo de inversionistas chinos, poderosos como él, ambiciosos como él, quizá 'futboleros' como él. Luego de prolongadas negociaciones, la noticia se hizo oficial. El Milán fue vendido en su totalidad, por unos 740 millones de euros. Así, en medio del fútbol, en el clásico contra el Inter, se acabó la era Silvio Berlusconi. Y allí se quedaron muchas historias de fútbol.

La época dorada

En 1986, cuando Berlusconi hizo su estreno triunfal en aquella cancha, aún no era un hombre de fútbol, ni siquiera era un hombre de política, aunque ya era un hombre de negocios: poderoso, rico y ambicioso. Venía gestando la idea de incursionar en el fútbol, al cual vio como un negocio atractivo. Invirtió en el Milán a través de su empresa de medios Fininvest –hoy uno de los grandes grupos financieros de Italia–, que se hizo con el ciento por ciento del club.

Milán era un equipo golpeado. Traía a cuestas dos descensos recientes. Uno de ellos como castigo por apuestas ilegales de sus dirigentes. Pero tenía fama y muchos hinchas. Berlusconi puso sus ojos en este negocio. “Berlusconi sabía que el fútbol es un motor imparable de pasiones, que el Milán era una de las sociedades más prestigiosas del mundo y que el éxito en el fútbol tiene un incomparable efecto publicitario”, opinó alguna vez el célebre periodista español Santiago Segurola.

Su primera gran contratación fue la del técnico italiano Arrigo Sacchi, quien dirigía al Parma y aún no era el DT estelar en el que se convertiría después. Con Sacchi llegaron las estrellas. El magnate italiano llevó a los mejores holandeses de la época: primero a Marco van Basten y Ruud Gullit. Luego, a Frank Rijkaard. De la mano de estos tres genios, y en compañía de jugadores italianos como Franco Baresi, Maldini, Ancelotti, Costacurta y Tassoti, se formó el que puede ser considerado el mejor Milán de la historia.

Después de un comienzo tormentoso, ese equipo despegó. Ganaron el campeonato italiano de 1987-88, la Copa de Europa (Champions) de 1989 y de 1990, la Intercontinental que le ganaron al Atlético Nacional (1989) y la Supercopa de Europa de ese año. Gullit fue Balón de Oro en 1987 y van Basten en 1988 y 1989. Y Berlusconi se salió con la suya.

“Nuestro presidente tenía un sueño. Quería construir el mejor equipo del mundo. Cuando yo llegué, encontré un grupo de grandes profesionales que estaban deseosos de ganar títulos, pero solo jugando el fútbol más espectacular”, recordó el técnico Sacchi en una nota con la página oficial de la Uefa.

Un polémico magnate

Silvio Berlusconi le ha dado mucho al Milán, pero no es un personaje querido ni carismático. Tiene muchos críticos, que le han cuestionado sus modos de usar el poder, su concentración de riqueza y el beneficio que le ha sacado al fútbol para sus propios intereses.

Berlusconi es un personaje que ha marcado los últimos 30 años de la vida italiana. Ha hecho una fortuna a partir de sus negocios. En el 2011, la revista 'Forbes' lo catalogó como la persona más adinerada de Italia. Lo hizo luego de levantar un imperio de las telecomunicaciones: compró canales de TV a nivel nacional y fuera del país. Adquirió periódicos, empresas de publicidad, canales de internet y hasta una famosa cadena de tiendas de video. Su principal empresa, Fininvest, se llama en la actualidad Mediaset y controla las telecomunicaciones en todo el país.

En la década del 90, cuando ya se había salido con la suya en el fútbol, cuando ya era aún más conocido, prestigioso, millonario y popular en Europa, incursionó en la política. Fundó un movimiento llamado Forza Italia, que para algunos críticos es la alusión al lema de la selección italiana de fútbol de la que se habría valido para ganar adeptos, votos. Llegó a ser presidente del Consejo de Ministros –jefe de Gobierno– en varias ocasiones. Pero además, fue ministro de Relaciones Exteriores y presidente del Consejo Europeo, entre otros altos cargos. Se convirtió no solo en el hombre más rico de Italia, sino en el más poderoso.

SIlvio Berlusconi

SIlvio Berlusconi, idolatrado por un aficionado del Milán.

Foto:

AFP / Archivo

“Berlusconi dominó el fútbol italiano desde la discriminación económica, violando las leyes antimonopolios en sus cadenas de televisión”. Así lo califica el escritor mexicano Juan Villoro, al referirse a esas relaciones del fútbol y la política.
Su vida siempre ha estado sujeta a la crítica. Y a la polémica, relacionada con su vida nocturna y con su ejercicio político. La prensa italiana se ha deleitado por años detallando sus famosas fiestas nocturnas, de las que por varios años se conocieron reuniones sexuales, en lujosas mansiones, con hermosas mujeres que asistían, con dinero y joyas de por medio, y hasta con escándalos de prostitución.

En el 2013, Berlusconi fue vinculado y condenado a siete años de prisión por incitación a la prostitución de menores de edad en sus fiestas y abuso de poder. Su supuesta relación sexual con una joven marroquí es quizás el mayor escándalo que ha afrontado. No pagó cárcel. En el 2014 fue absuelto. Pero desde entonces tuvo otros líos judiciales como fraudes fiscales o acusaciones de corrupción. Todos estos golpes a su imagen mientras su Milán se desmoronaba, dejando muchos recuerdos de una época dorada.

Hoy Berlusconi sigue siendo el personaje excéntrico de Italia. Se ha casado tres veces y su actual pareja, Francesca Pascale, tiene 50 años menos que él. Tiene cinco hijos, tres con su primera esposa y dos con la segunda. Una de ellas, Silvia, es la actual presidenta de Fininvest, la poderosa empresa de medios.

El invencible

En esa final de Champions de 1994, el Milán aún era una máquina. Fue el segundo ciclo glorioso de Berlusconi. Tenía en frente al Barcelona de Johan Cruyff, a jugadores rivales como Romario, Guardiola o Stoichkov, pero no le importó, lo aplastó sin compasión, 4-0. Fue un golpe de autoridad en Europa, una constatación de que este Milán tenía planes grandes y que quería convertirse en el club más ganador del mundo, amenazando el reinado del Real Madrid. Fue la segunda copa europea del magnate italiano.

Como se le fueron las figuras holandesas y el DT Sacchi (a la selección italiana), Milán se rearmó con otros jugadores como el francés Desailly y el croata Boban, y otro DT, Fabio Capello. El italiano pasó de futbolista a entrenador y en su primera experiencia con el Milán lo llevó a seguir cosechando títulos, como ganar el scudetto de manera invicta, por lo que este Milán llegó a ser conocido como los ‘Invencibles’.
Es algo que marca una época. Berlusconi ha sido el presidente más grande de la historia del Milán. Ni siquiera su peor enemigo puede cuestionar sus números, nadie ha ganado tanto como él. Y voy más allá del fútbol, ha sido el más grande directivo de la historia”, afirmó Capello a propósito de la venta a los chinos.

Hacia la decadencia

Las estrellas siguieron desfilando: Shevchenko, Inzaghi, Seedorf, Pirlo... Berlusconi lo volvió a hacer. Comenzando el siglo XXI armó otro poderoso Milán. Esta vez al mando de otro exjugador suyo, Carlo Ancelotti. Le ganó la Champions a Juventus en el 2003, y en el 2007, con el mismo DT, y con otras estrellas como Kaká, se la ganó al Liverpool.

Luego llegaron Ronaldo, Ronaldinho, Zlatan Ibrahimovic –los colombianos Yepes, Bacca y Zapata–, pero el club milanés comenzó a decaer. En los últimos 10 años se esfumaron los títulos. Se acabaron las copas. Las estrellas se marcharon.
“No podemos seguir haciendo un papel así, esos señores (patrocinadores del Milán) son los que nos dan el dinero, y me acaban de comunicar que si siguen jugando así no nos darán nada más. En ese caso no seré yo quien les pague”, les dijo alguna vez Berlusconi a los jugadores, cuando el Milán ya no era ni su sombra.

“Hace 30 años compre el Milán por amor. Lo vendo por un acto de amor aún más grande. Confío el equipo a un grupo que tiene recursos necesarios y la voluntad de invertir para hacer que compita de nuevo con los mayores clubes internacionales”, dijo Berlusconi en un comunicado, cuando comenzó el proceso de venta del club.

Por 30 años fue el hombre poderoso del fútbol italiano. Llegaba de vez en cuando al entrenamiento en su helicóptero, para no perder la costumbre, sobre todo cuando el equipo necesitaba una voz de ánimo o un enérgico regaño de su 'mandamás' 
En el derbi de la semana pasada contra el Inter, Berlusconi volvió a aparecer. Los tifosi –hinchas italianos– desplegaron en la tribuna sur un enorme tifo –mosaico– con la imagen de Berlusconi rodeado de todas sus copas: ganó 29. Hubo aplausos que conmovieron al todopoderoso dirigente. Así llegó el final de su reinado en el Milán.

PABLO ROMERO
Redactor de EL TIEMPO
Twitter: @PabloRomeroET

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