Fútbol Colombiano

Santiago Arroyave, el futbolista que juega con la mente y las ganas

Nacer sin un brazo no le impidió alcanzar sus sueños. Tuvo su primer partido profesional con Leones.

Santiago Arroyave, el futbolista que juega con la mente y las ganas

Un compañero le amarra los guayos a Santiago, antes de entrenar.

Foto:

Guillermo Ossa / EL TIEMPO

26 de mayo 2018 , 12:02 p.m.

Cada que Santiago Arroyave cierra los ojos, vuelve a ese partido. Lo repite una y otra vez, como un sueño sin final: estaba sentado en el banquillo de suplentes. No tenía muchas esperanzas de entrar a jugar. Su equipo, Leones, iba perdiendo 1-0 contra Pereira. Santiago miraba el partido y de reojo al técnico que caminaba impaciente. Faltaban poco más de 5 minutos cuando mandaron a calentar a los suplentes. Quedaba un solo cambio. “¿Será que me eligen?”, se preguntó, y detrás de su sonrisa inocente escondió la ansiedad.

–¡Santi, va a entrar!– al fin le dijo su entrenador, Juan Carlos Álvarez–. Entre a hacer lo suyo, de volante 10, y a manejar las pelota quieta...

–¡Ay, juemadre! –respondió Santiago en la mente, preso de los nervios. Sin querer que se le notaran. Pero se le notaban.

Se paró en la raya, con el número 17 en la espalda. Su cabeza rapada. Su mirada brillante. Sintió las miradas sobre él. Respiró hondo, escuchó que un compañero le dijo que entrara tranquilo, con confianza. Soltó el aire y entró con la certeza de que su discapacidad, la falta del brazo izquierdo, no era ningún impedimento para jugar fútbol profesional. Para eso, lo sabe bien, tiene la pierna zurda, y las ganas.

Futbolista de verdad

Es la una de la tarde. Es lunes. Santiago no tuvo entrenamiento esta mañana. Ha estado en su casa viviendo una vida que no le había tocado. Toda la mañana suena su teléfono celular. Recibe decenas de mensajes en Whatsapp. Llegan desde España, Argentina, Chile, y desde Colombia. En muchas partes quieren saber de su historia. Él ya ni sabe con quién habla. Pero a todos los periodistas les responde con el mismo entusiasmo. No se siente un futbolista famoso, pero ahora sí se siente un futbolista de verdad. Se le escucha un marcado acento paisa (nació en Medellín). Es una voz alegre, descomplicada. Por estos días ha contado su historia como si fueran las páginas de un diario, pero sin lamentos, sin drama.

Santiago nació con un una enfermedad llamada focomelia, que impide el normal desarrollo de las extremidades, en su caso, las superiores. Todo pasó cuando él ni siquiera podía enterarse. Su mamá, doña Olga, no sabía que estaba embarazada nuevamente, por tercera vez, cuando decidió no tener más hijos. Fue a que la operaran y le aplicaron una anestesia que afectó a Santiago: nació sin el brazo izquierdo y en el derecho tuvo problemas de desarrollo. De hecho, le faltan dos dedos, y se le dificulta el movimiento.

Su familia no le dio la espalda, no lo despreció. Desde que tiene uso de razón recuerda que así ha sido. Aún vive con su papá, don Norbey, con su mamá y sus dos hermanos mayores. Nunca está solo, pues además de sus hermanos, tiene muchos amigos. Por estos días, en los que su nombre suena por todas partes por haber debutado en el fútbol profesional, en un partido de la Copa Colombia (el pasado 3 de mayo), dice que hasta tiene más novias, y se ríe. Asegura que su infancia fue feliz, que nunca se acomplejó y que no recuerda malos tratos o burlas u ofensas. “Siempre hay dificultades, pero me han aceptado. Nunca me han discriminado. A veces hay tristezas porque no salen las cosas, pero eso es normal, a todos nos pasa”, cuenta Santiago.

A los 6 años empezó a jugar fútbol. Su discapacidad nunca estropeó sus sueños. Quería ser futbolista. Soñaba con debutar en el fútbol profesional. Ya lo logró. Hace cuatro años llegó a las divisiones menores del club Leones. Desde entonces, su vida es más feliz que siempre.

Todos los días sale temprano de la casa, en el barrio Serramonte, en Bello (Antioquia), toma el metro hasta Itagüi. Tarda entre 45 y 50 minutos. A veces una hora. Llega solo, muy puntual, al estadio Ditaires a entrenar con la categoría C de Leones y, de vez en cuando, con el equipo profesional que disputa la categoría A del fútbol colombiano. Se cambia con agilidad, con movimientos que conoce de memoria, mientras sus compañeros bromean y ríen en el camerino. Él también ríe y bromea. Siempre hay algún compañero atento a prestarle alguna ayuda. Lo básico es amarrarle los guayos o acomodarle las medias. Luego todos salen a la cancha. Allí corre, suda, perfecciona su técnica, aguanta los choques de sus compañeros, porque a Santiago lo tratan como a cualquier jugador. “Con él nadie se guarda nada, pero él sabe recibir y tocar, no da oportunidad a que lo choquen”, dice el técnico Álvarez.

Después de la práctica regresa en metro a su casa. Otros 50 minutos. Aunque a veces algún compañero lo acerca en carro. Almuerza, descansa un rato y se va con su mamá a ayudarle a trabajar en una ruta escolar. En las noches graba videos que sube a su cuenta de Instagram (que tiene 101 mil seguidores), con mensajes de superación personal.

Por ahora no está estudiando, aunque va en grado once. Así que se acuesta temprano para alimentar sus sueños, para madrugar a hacerlos realidad. “Me siento igual que todos. Tengo lo más importante: ¡las ganas!”.

Santiago Arroyave, el futbolista que juega con la mente y las ganas

Con la camiseta de Leones, con el que debutó en la Copa Colombia.

Foto:

Jaiver Nieto / EL TIEMPO

‘Como James’

Santiago cobró el tiro de esquina con la pierna izquierda. Fue su primer contacto con la pelota en esos cinco minutos de felicidad. Es zurdo. Y dice que es zurdo como James Rodríguez, el jugador colombiano al que más admira. “Me identifico con su juego porque los dos somos zurdos y volantes 10, y también me identifico con él porque tenemos la técnica del pase”, dice, con una confianza desenfrenada.

No es solo una prueba de optimismo. El técnico Juan Carlos Álvarez ya ha notado sus capacidades. Por eso un día que lo vio destacarse en la categoría C, lo citó para entrenar con el plantel profesional de Leones. “Él no hace notar su falencia porque tiene claro cómo filtrar balones, tiene pasegol y gol. Después del partido contra Pereira hizo un par de goles en la categoría C. Se ha ganado las cosas y ha aprendido a equilibrar ese inconveniente físico, porque tiene una mente que va más allá”, cuenta Álvarez.

La noticia de la convocatoria la recibió un día antes del partido. Cuando su nombre apareció en la lista de Leones para jugar la Copa Colombia del pasado 3 de mayo. Como el equipo principal tenía que enfrentar el siguiente domingo a Atlético Nacional, el profe Álvarez armó un grupo con su equipo alterno. Llamó algunos jugadores sub-20 y entre ellos estaba Santiago. No se lo creía. Había trabajado muy duro por esta oportunidad. Así que cuando el profe lo llamó –“Santi, va a entrar”–, se armó de valor y entró a hacer lo que le pidieron, a jugar de 10. “Uno nota la ansiedad, eso es duro. Pero es normal. Tratamos de que se sintiera igual a todos. Le hablamos normal, para que se llenara de confianza. Los muchachos le tienen cariño y saben que es bueno, porque los zurdos se notan. Le dieron una buena bienvenida, los dos equipos. Tiene metas claras, quiere debutar en la Liga, eso ya depende del perrenque que le ponga y de su disciplina”, dice Álvarez.

Al final del partido contra Pereira, mientras sus compañeros se lamentaban por la derrota, Santiago caminó hacia la mitad. No sonreía, pero seguía con esa mezcla de sentimientos que tuvo cuando el profe lo mandó a la cancha: felicidad, nervios. Allí llegaron varios de sus rivales. Se sintió como James, al que los adversarios llegan a pedirle la camiseta. A él le dieron abrazos y consejos. Dialogaron un rato. El resultado del partido estaba en segundo plano. “Me dijeron que había sido un placer compartir cancha conmigo y encontrarse conmigo en el camino, que nunca me rindiera”, dice Santiago.

Por ahora solo ha subido este importante escalón, pero tiene ambición, quiere dar pasos más largos. Ya estuvo en un partido profesional, pero ahora quiere jugar uno de la liga y, por qué no, ir al exterior, jugar en Europa: esos son sus sueños. “Hace poco hablé con el profe Álvarez y me dijo que algún día voy a estar en la Liga. Pienso que ese sueño también se me va a hacer realidad, trabajando duro”, dice.

Su brazo derecho

Santiago se acostumbró hace mucho a la falta de su brazo izquierdo, pero como contrapeso, ha fortalecido el derecho, pese a que es frágil. En ese brazo derecho ha tatuado su vida, con símbolos imborrables: tiene un reloj que indica la hora en que nació: 8:30 a. m. de aquel julio de 1999. También tiene tatuado un tribal que significa familia, un balón, que es su pasión, y hasta una frase que lo define y que resume toda su persistencia: ‘Solo el que confía en sí mismo será capaz de lograr sus más grandes sueños’.

Nada impidió que 18 años después de su difícil nacimiento estuviera en esa cancha del estadio de Itagüi, demostrando que los sueños se cumplen, como él siempre dice. Santiago aún no se lo cree. “Nunca pensé que se me fuera a hacer realidad tan rápido este sueño, pero me lo he luchado, he entrenado muy duro, con mucho sacrificio. Y estos son los frutos. Los sueños sí son posibles, nunca se rindan, si les salen mal no se desesperen. Dios tiene un plan perfecto para cada uno. Las limitaciones son mentales y con ganas y actitud todo es posible”, dice.

Santiago tiene la mente fuerte. Sabe que con ella, con sus ganas y su talentosa pierna izquierda, puede cumplir todos los sueños que tiene en el fútbol. Por ahora disfruta del momento que vive y recuerda cada instante en la cancha, nítido, feliz. “En serio que este sueño no me lo creo que lo haya cumplido…”, dice Santiago, que en todo caso sabe que ese partido fue real.

Esta noche, cuando cierre los ojos, seguro volverá a trasladarse al estadio. “Santi, a la cancha”, le dirá esa voz, una y otra vez, y Santi jugará otros cinco minutos, hasta que despierte.

PABLO ROMERO@PabloRomeroET

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