Fútbol Colombiano

Henry Rojas venció a Santa Fe: ¡héroe de Millonarios!

Le tocó sufrir desde el banco, pero entró al final del clásico para anotar el gol de la estrella 15.

Henry Rojas

Henry Rojas celebra su gol.

Foto:

Mauricio Moreno /EL TIEMPO

18 de diciembre 2017 , 02:35 p.m.

Henry Rojas tenía su invitación a la fiesta. Tenía puesto el traje de héroe debajo de la camiseta azul. Simplemente se hizo esperar en el banco de suplentes, como para hacer aún más heroica su hazaña. Cuando por fin fue a la cancha llevaba la estrella 15 de Millonarios debajo del brazo, también una bazuca en su pierna izquierda.

Iban 32 minutos del segundo tiempo de la final contra Santa Fe. Más de medio partido. Casi una vida entera para los hinchas azules. Fue cuando el técnico Miguel Ángel Russo miró al banquillo con seguridad, como si el cambio lo tuviera pensado, fuera cual fuera el resultado. O como si anticipara que quedaban minutos dramáticos y que Santa Fe iba a tomar vida.

Henry Rojas

Momento del remate de Henry Rojas.

Foto:

Mauricio Moreno /EL TIEMPO

Así que allá fue Rojas. Hizo un par de toques de balón y le tocó ver y vivir cómo Wilson Morelo, el peor de los verdugos de Millos, anotaba el segundo gol de Santa Fe y ponía en bandeja de plata la ruleta de los penaltis. El estadio, rojo, agitado como si tuviera vida propia, no intimidó a Henry Rojas. Tal vez solo lo envalentonó.

Rojas, de la casa

Henry Rojas, de 30 años, ya pasó a la historia de Millonarios. Valga la pena recordar que llegó en el 2015 al club, así que llevaba dos años buscando esa estrella 15. Ya es un hombre de la casa azul. En esta etapa ha tenido altibajos, momentos buenos y malos, ha padecido lesiones, dificultades, también ha tenido golazos, como acostumbra, los de media distancia que son su fuerte, los que saca de su cañón izquierdo, el mismo que no olvidó anoche.

Perdió la titular. Una lesión de pubalgia lo sacó de las canchas durante un mes. Y le costó volver. Hacía fila, como tantos otros jugadores, por encontrar un lugar, pero Millonarios ya estaba más que ensamblado, estructurado. El equipo encontró un juego que lo fue guiando a la final. Entonces Russo no cambió. Mantuvo a Rojas como un arma secreta, como un as bajo la manga para que entrara en momentos difíciles. Para que entrara al momento más difícil de todos. A la final.

Henry Rojas

Henry Rojas celebra el gol.

Foto:

AFP

Fue cuando llegó el gol de Morelo, el que obligaba a los penaltis. Quedaba muy poco tiempo, pero Henry Rojas fue el adversario más cruel de todos con ese estadio agitado. Apareció de la nada, como un fantasma, con su bazuca preparada para disparar un balón que quedó refundido, merodeando cerca del área cardenal, sin guardianes, sin defensa, sin muralla en frente. Entonces fue hacía él con la decisión de los héroes, lo impactó con la pierna izquierda, con clase, con estilo, para que no quedara duda de la belleza del tanto.

La pelota viajó con potencia y dirección y nadie hubiera podido detenerla. Si el arquero Róbinson Zapata hubiera metido las manos, quizá se las hubiera arrancado. Fue un misil incontenible directo a la red y al corazón de equipo cardenal.

“Estoy feliz. Le doy gracias a Dios, a la vida, a mi familia, a mi esposa que me permitieron tener la fuerza para llegar a este momento y marcar el gol más importante de mi vida. Tuve una lesión que me puso triste mucho tiempo, porque el nivel en el que venía era para que me consolidara en el año, pero le debo a Dios por mantenerme para esta final y entrar en el momento justo”, dijo Rojas, emocionado, pero manteniendo la compostura, al final del partido, cuando ya se había dado cuenta de lo que había hecho –o quizá no se había dado cuenta–, de lo que había logrado con su potente remate.

Cuando la pelota tocó la red, un grito enérgico, aunque mínimo, tronó en el estadio El Campín, era el grito de las escasas gargantas azules que se hicieron sentir como si fueran millones, las de los jugadores, la de Cadavid, que fue otra figura, un guerrero, la de De los Santos, quien hizo el gol en el partido de ida, pero sobre todo, la de Henry Rojas, porque se hizo escuchar hasta el cielo, para que a la distancia sus hinchas supieran que era él, que se había hecho esperar solo para vivir este momento, para hacerlo inolvidable, para darle a Millonarios el gol de la estrella 15.

PABLO ROMERO
Redactor EL TIEMPO
En Twitter: @PabloRomeroET

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