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Medina... (Opinión)

Es hora de ponerles límite a la ignorancia y a la altanería, aunque ambos males casi nos definan.

08 de septiembre 2016 , 04:19 p.m.

Imposible ignorarlo. El insulto, el agravio, el irrespeto, la mentira de la que es víctima Stefan Medina superan incluso su admirable paciencia. Es hora de ponerles límite a la ignorancia y a la altanería, aunque ambos males casi nos definan.

No sirve fungir de defensor de oficio de quien no lo necesita, porque a nadie que tenga en su cuenta 14.136 minutos de juego en cinco temporadas, con tres equipos diferentes (cinco en Nacional, dos en Monterrey, dos en Pachuca), se le discute su condición de indispensable; a nadie que con 19 años se corone campeón por primera vez en su país (Nacional, 2011), repita dos veces más (2013), gane Copa y Supercopa y levante otro trofeo con Pachuca en México (Clausura 2015-2016), se le cuestiona su importancia. No, Medina no me necesita. Ni a ustedes.

Si a pesar de todo aún se pregunta si no hay más laterales derechos en el país, entérese: no es que sea el único, es que, de no ser por la experiencia internacional de Santiago Arias, sería el mejor. Antes de que la jaqueca –o la gastritis– lo nuble, permítase recordar que ese nuevo sujeto de su estéril odio hizo todo el proceso de selecciones nacionales de titular, estaba ahí cuando Colombia fue cuarta en el Mundial Sub-17 de Nigeria y asumió con gallardía un debut frente a Uruguay, en el mítico Centenario, ante la ‘culebra’ de Édinson Cavani (pregúntele a Paraguay). Ese día, igual que ante Brasil, una estrella lo superó, no a él sino a su equipo: en el gol de Cavani el que se colgó fue Amaranto Perea; en el túnel de Gastón Ramírez (gol de Stuani) el mismo Perea y Yepes ven deslizar la pelota sin amagar una ayuda; en Barranquilla, dos veces lo supera Valdivia y dos veces los cancheros Yepes y Perea dejan morir al más joven de la convocatoria, cuyo craso error es tropezarse en el tercer tanto (¡culpable de un tropezón!). Fue la misma película en Manaos: el primer tanto es error craso de Jeison Murillo y el segundo lo fabrican entre Cuadrado y Barrios. Stefan no tuvo culpa.

Pero es tan fácil, tan mediocre, tan nuestro salir armados con el disfraz del avatar a disparar al cielo, que había que ir por Medina. ¿Por qué no? La estrategia, el error, el azar del detalle en el fútbol son física cuántica para unos cuantos aspirantes a bandidos en las redes. El lunar de Medina será no mantener la confianza en el fútbol práctico, no lúcido, que practica. ¿Y quién lo haría ante esta avalancha de injustos ataques?

“Quizás no estamos preparados para que alguien tan joven se equivoque. Asumo la responsabilidad, lo lamento, pero no me arrepiento”, decía Pékerman cuando hacían pedazos al chico en un país al que insiste en defender por valiente, por tonto o por terco, qué sé yo. Lo cierto es que está ahí por bueno y por ganador. Sus números buenos siempre son más y eso le garantiza tranquilidad de conciencia.

Lo demás es el destino de un inocente.

Jenny Gámez A.
Editora ADN
@jennygameza

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