Ciclismo

Nairo, el hombre que no se cansa de ganar a los 27 años

Retrato del boyacense que por sus grandes triunfos se ha convertido en un ídolo.

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Nairo Quintana, ciclista colombiano.

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EFE

05 de febrero 2017 , 02:33 p.m.

Fue muy tímido. Lo sigue siendo, pero ya no tanto. Está claro que, por discreto, siempre ha querido hacer silencio. Pero hoy es otro.

Nairo Quintana, versión 2017, no deja de ganar. Con el mismo respeto que ha infundido a lo largo de los últimos cuatro años desde su bicicleta –en las montañas y en los podios–, hoy oficia con enorme propiedad como el gran capo de su equipo, como as de la élite ciclística internacional y como estrella rutilante del deporte mundial. Y da órdenes: “¡A tope, a tope, a tope que dejamos atrás a Froome!”, les gritó a dos de sus coequiperos de Movistar –y a una docena de pedalistas de otras escuadras–, el domingo 4 de septiembre, en aquella definitiva tarde cuando inclinó a su favor la Vuelta a España 2016. Hoy todos le obedecen.

(Lea: La Vuelta a España, la más grande para el ciclismo colombiano)

Pero antes no era así. Tres años atrás, difícilmente pronunciaba palabras de más. De hecho, en 2013, en su primer Tour de Francia, paralizado por su retraimiento, en el momento en el que pagaba el peaje del novato, no dijo nada cuando sus técnicos plantearon una estrategia con la que él no estaba de acuerdo.

No fue capaz de decir que tenía una mejor carta para vencer a Froome. Luego se supo que la de sus jefes no funcionó y que la de él… ¡bueno, vaya el ciclismo a saber si la jugada de él habría funcionado! Pero calló. Como calló a los 17 años cuando le hicieron la prueba para entrar al equipo Boyacá es para vivirla y el test arrojó los números de un superdotado. Entonces los especialistas creyeron que todo era un error de la máquina. Y no dijo nada.

Habla claro

Nairo, el mismo muchacho de 1,66 metros y 59 kilos, sigue siendo tímido, pero no enmudece. Hoy pronuncia esas palabras de más que debe decir para ser el gran campeón que siempre ha querido ser.

Y cada vez habla más claro; algunas veces con leves acentos ibéricos, pero la mayoría, con ese uso corto, directo y certero lenguaje del campesino boyacense.

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perfil de nairo quintana

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¡Pero ojo!, ese rasgo de timidez, que jamás desaparecerá, es su mejor coartada.

No es que aparente ser humilde, soy como soy, pero uso la humildad como un escudo, como una coraza para desde adentro ver cómo es la gente y saber cómo puedo tratar a las diferentes personas”, dijo a 'El País' de España, hace tres años, cuando, en su debut en el Tour de Francia, sorprendió a todos con el segundo puesto en París. Sin embargo, hoy es diferente. Ser retraído es su trampa y desde ahí ataca.

Porque en realidad es un zorro que se conoce a profundidad: atento, fiero, competidor incansable y ganador voraz.

¿Cómo decirlo? Nairo modelo 2017 es el mismo colombiano de rostro indígena y pétreo, pero diferente. Con su enorme dignidad –una marca que ya sabemos milenaria–, dejó atrás el estigma del “pobrecito sin nadita qué comer”, un cuento que le inventaron poco después de que ganó el Tour de l’Avenir en el 2010.

Mientras triunfaba, aclaró: “Por ser del campo, a uno lo tratan de pobre. Y no es así. Lujos, no los teníamos, pero teníamos dinero para lo necesario” (revista BOCAS, diciembre del 2013).

Las historias de la criatura campesina que casi se muere por cuenta de una extraña enfermedad que en el campo llaman ‘el tentado del difunto’; la del niño que hacía 16,5 kilómetros diarios en bicicleta para regresar a la casa después de asistir al colegio; la del infante que labró la tierra y vendió productos en las plazas de mercado de Tunja, Villa de Leyva, Moniquirá, Barbosa, Tuta y Arcabuco; la del adolescente que a los 16 agarró su bici y se montó en un bus para ir a competir a Venezuela; la del prospecto de gran ciclista que a los 18 años tuvieron que obligar a hacer sudokus por más de un año para lograr centrar su mente dispersa y la del gran proyecto mundial que a los 21 firmó con el equipo Movistar, quedaron atrás.

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perfil de nairo quintana

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Nairo es el mismo ciclista de manos y muslos grandes y fuertes, pero élite. Un boyacense que vive en el piso 30 de un apartamento en Montecarlo, en el principado de Mónaco, y que, en el invierno Europeo, regresa a Tunja para estar cerca de sus viejos que adora y a quienes dedica sus triunfos: “A mi mamá, que siempre reza por mí”, dijo este año después de devorar los Lagos de Covadonga.

(Lea: 'Lo que ha hecho Colombia en esta Vuelta es enorme': 'Lucho' Herrera)

Uno de los pocos colombianos que tiene en Europa autos último modelo, siempre con chofer: “A mí me llevan”, dice.

Le gustan los Alpes

Un escalador innato que adora ir a los Alpes a entrenar porque, según confesó, esas montañas le gustan más que los Pirineos por la sencilla razón de que siente una conexión casi mística con ellas.

Un muchacho que se distrae con los aparatos de última tecnología y que le gusta tomar fotos de los paisajes que ve mientras entrena… Fotos que jamás sube al Facebook.

¿Cómo decirlo? Nairo modelo 2016 es el mismo ser humano que nació en Tunja, pero diferente. El mismo que siempre va a comer papas rellenas en un pequeño local en Tuta (Boyacá).

(Lea: 'En la Vuelta me saqué la espina del Tour de Francia': Nairo)

El que adora el pan de coco y la leche de almendras. El que, de vez en cuando, se toma un canelazo y que, cuando corre, alucina con una hamburguesa enorme con papas fritas. El que le gusta la carranga de la misma manera que el reguetón. El que todas las noches antes de dormir le reza, sin falta, a la Virgen de los Milagros de Tunja.

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perfil de nairo quintana

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Nairo es el mismo campesino de pelo negro azabache, pero diferente. Es el mismo niño que escogía las mejores frutas y verduras para que el puesto de la plaza de su padre fuera el mejor. Y es también el hombre de la tierra que, en el paro campesino del 2013, le cantó la tabla al Gobierno cuando le dijo: “Da tristeza tener que ir a la plaza de mercado a llevar el producto y que no alcance ni siquiera para el transporte”.

Es la figura pública que, en mayo del 2015, aceptó ser embajador de buena voluntad del agro colombiano y que, el 28 de agosto del 2016, después de haber hecho más que bien su tarea en Europa, le pidió a los colombianos que apoyaran el Acuerdo de Paz: “Esperemos que este cese del fuego sea verdadero y que todos los colombianos podamos vivir en paz y con felicidad”. ¿Cómo decirlo? Es el mismo corredor que siempre entrena duro, tan convencido, tan juicioso, tan ambicioso, pero diferente. Porque Nairo siempre parece aprender. Siempre se supera, pero nunca echa las campanas al vuelo.

(Lea: 'Chapeau Quintana': la felicitación de Froome a Nairo)

La única vez que arriesgó –cuando en junio del 2016 dijo que iba por el título del Tour de Francia de ese año y quedó tercero– el pueblo colombiano se lo cobró y duro. Entonces volvió a su silencio, a su trinchera. Y así, desde allí, calladito, llegó a la Vuelta del 2016 e hizo historia.

Nairo, el hombre que nació en 1990, el mismo año cuando desapareció de las competencias europeas el equipo Café de Colombia, ha llevado al ciclismo colombiano a su punto más alto. Y por favor no lo comparemos más con Lucho Herrera. Ya está bueno.

Desde el 2010, cuando ganó el Tour de l’Avenir, pasando por la Vuelta a Murcia 2012 (su primer gran título en Europa como profesional), el Giro de Emilia y la etapa reina de Le Dauphiné Libéré en el mismo año, dejó atrás el diminutivo de Nairito para ser el gran Nairo, el batallador que va por todo. En el 2013 avisó que iba por la historia cuando ganó la Vuelta al País Vasco y se subió al podio en el segundo lugar del Tour de Francia (en el que ganó una etapa, la clasificación de la montaña y el mejor joven). Ahí, a los 23, se graduó de general.

(Lea:Froome, un buen perdedor: aplaudió a Nairo por su título de la Vuelta)

Luego, en el 2014, ganó el Giro de Italia. En el 2015 volvió a subirse al podio en el Tour de Francia, después de haber ganado la competición del Tirreno Adriático. Y en 2016 ganó la Vuelta a Cataluña, el Tour de Romandía y la Ruta del Sur y, sí, otra vez, hizo podio en el Tour de Francia.

En efecto, Nairo es el mismo atleta que no puede pensar la vida sin competir, pero es otro. Pasó de ser importante a muy importante.

(Lea: Los momentos claves de Nairo para reafirmar su intención de título)

No solo es el ciclista al que lo sigue una enorme mancha humana, ruidosa y tricolor por todas partes del mundo, sino la principal razón por la cual el equipo de Eusebio Unzué pudo prolongar, por tres años más, su acuerdo con la compañía telefónica Movistar, negocio que hoy incluye, por supuesto –y como máxima garantía–, la permanencia del hijo de Cómbita (que nació en Tunja) como jefe de filas del equipo.

Muy grande

Está claro. Nairo dejó de ser relato para ser leyenda. Porque ya no queda duda: el mejor escalador del mundo en la actualidad, también es –según lo acreditan sus títulos– el ciclista de ruta más importante en la historia de Colombia y Latinoamérica. E incluso más. Con el perdón de Antonio Cervantes ‘Kid Pambelé’, Juan Pablo Montoya, Caterine Ibargüen y Mariana Pajón, es el deportista colombiano más sobresaliente de la historia (por lo menos eso cree este cronista).

Y por cierto, detalle importante, Nairo Alexander Quintana Rojas, el tímido consagrado, tiene 27 años.

MAURICIO SILVA
Editor jefe de la Revista ‘BOCAS’

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