Ciclismo

Aristóbulo Cala, el desconocido campeón de la Vuelta a Colombia

Terminó la primaria, trabajó en fincas, fue carpintero... y víctima de los ladrones.

Aristóbulo Cala

Aristóbulo Cala, ganador de la Vuelta a Colombia 2017.

Foto:

Alexis Munera

14 de agosto 2017 , 07:34 a.m.

Estaba vestido de ciclista, sentado al lado de la carretera que comunica a Palermo y Paipa (Boyacá).

El muchacho lloraba, estaba inconsolable, las manos le temblaban, no podía ponerse de pie porque estaba asustado, pues hacía pocos minutos dos hombres lo encañonaron y le exigieron que le entregaran su bicicleta.

Aristóbulo Cala Cala, presa del terror, temiendo por su vida, no pudo hacer más que entregarles la máquina, la que con tanto sacrificio había comprado para entrenar.
Los ladrones cogieron la bicicleta, abandonaron el lugar y dejaron triste a Cala, a quien se le pasaron miles de cosas por su cabeza.

Ese día, el miércoles santo del 2011, Aristóbulo casi que toma la peor decisión de su vida: retirarse del ciclismo. Si lo hubiera hecho, hoy no estaría feliz, celebrando con sus compañeros del equipo Bicicletas Strongman, con el técnico Luis Cely y con el exciclista colombiano Félix Cárdenas, el título de la Vuelta a Colombia Oro y Paz, el que logró de este domingo luego de terminar la etapa de 90 kilómetros en Pereira y de superar muchas necesidades y duros golpes que la vida le ha dado en sus 27 años.

Esa vez, Cala llamó a Félix Cárdenas, un hombre clave en su historia, porque fue el que le dio la oportunidad de irse a vivir a Boyacá y soñar con ser ciclista. El ‘Gato’ se lo llevó, le dio trabajo en su empresa y le dio la opción de entrenar y montar con el equipo Cero Estrés.

Félix lo consoló, le dijo que lo más importante era que no le hubiera pasado nada, que estaba bien de salud, pues lo material se recuperaba, pero eso costó.

A Aristóbulo, nacido el 13 de mayo de 1990 en Socorro, Santander, no le quedó de otra que reunir dinero para adquirir una nueva bicicleta. Félix le prestó la ‘bici’ de su hijo mientras tanto, y Cala regresó a los entrenamientos; por eso, Aristóbulo se vio en la imperiosa necesidad de comprar una, de idearse la manera de reunir un dinero para eso.

Hizo una rifa, vendió un bono de ayuda a un deportista, programó una gallinada y con lo que reunió, además de la colaboración de su padrino Fredy Ardila y de algunos de sus amigos, compró la nueva máquina, recuperó la alegría, la fuerza, la moral, las ganas de seguir en el ciclismo.

De la escuela al trabajo

Aristóbulo Cala fue un niño inquieto, pero le tocaba ponerse serio y lo hacía. Cuando cursaba quinto de primaria en la escuela rural de la vereda Los Páramos del municipio de Ato, le tocó dejar a un lado los libros, abandonar el claustro y dedicarse a trabajar en fincas, porque en la casa de sus padres, José Antonio y Ana Belén, escaseaban los recursos.

Cultivó maíz, café, cacao, caña y se ganaba sus pesos, le entregaba una parte a su papá y la otra la ahorraba. Cuando cumplió 16 años, Aristóbulo rompió el marrano, contó el dinero y salió raudo para el pueblo y con 75.000 pesos compró su primera bicicleta. Lo hizo no porque el ciclismo fuera su vida, sino para utilizarla como medio de transporte, para ir de su casa a las fincas a trabajar, a ganarse el sustento.

Siempre, en agosto, en Ato se celebran las fiestas de San Roque y los hermanos le dijeron a Aristóbulo que se inscribiera para la carrera local. Él no quiso, pero lo convencieron, y fue podio, terminó de segundo, le ganó Wilson Zambrano, un ciclista que era profesional. El premio fue una bicicleta de aluminio y le gustó, por eso aceptó ir a competir a municipios cercanos: Barichara, Galán, donde Cala no pudo vencer a Zambrano.

Cumplió 18 años y Ardila, su padrino, le dijo que si quería dedicarse al ciclismo, que él lo ayudaba.

Cala le pidió permiso a su padre para ser ciclista y él accedió. Aristóbulo, el menor de seis hijos, se fue a vivir a San Gil, población en la que se empleó como carpintero y salía a entrenar a las 4:30 de la mañana para cumplir en su trabajo desde las 8:30 a.m.

Así pasó su vida. A ese ritmo pasó un año, pero la plata no le alcanzaba, le tocaba pagar arriendo, la comida y vestirse, y el sueldo no era mucho.

Se colgó en el arriendo, poco comía porque no tenía dinero suficiente para desayunar, almorzar y comer. Llamó a su papá y a su padrino, quienes le cancelaron las deudas.
Ardila le dijo que se fuera a vivir a Curití, municipio en el que su padrino tenía una bicicletería, y aceptó. Trabajó arreglando las bicis, pero no recibía dinero; a cambio, su padrino le daba la comida, la vivienda y lo dejaba entrenar.


Hizo parte de la selección Santander de ciclismo, figuró en el lote de varias competencias locales y se destacó en la Vuelta a Santander, por lo que Félix Cárdenas se interesó por él.

Ardila habló con el exciclista, quien le dijo que viajara a Boyacá a probarse, pero cuando estaba en su mejor momento le robaron la bicicleta.

Luego de superar ese problema, Cala vio la oportunidad de correr el Clásico RCN del 2011; lo hizo con Ciclo Ases, puso un dinero para los gastos y quedó de 32 y fue tercero en los Sub-23.

Fue bronce en los Nacionales de Ruta y eso le abrió las puertas para que el equipo Formesán-Panachi le diera la oportunidad de correr ahí.

Suspensión

Pero la historia que vivió no fue alentadora. Aristóbulo ganó la Clásica de Cómbita del 2014, fue citado al control al dopaje, pero no se presentó. Fue sancionado por dos años, pero nunca bajó los brazos.

Ese día llovió mucho. No sabía que harían controles, nadie me dijo y me fui para la casa. Me llamaron al teléfono, me dijeron que no había ido al control, pero era tarde; me sancionaron, pero eso quedó en el pasado”, le dijo Cala a EL TIEMPO.

No pensó en retirarse; al contrario, siguió entrenando, sabía que la revancha vendría. Cely le dio otra oportunidad, lo llevó al equipo Strongman. Este año fue a Europa, corrió en Italia, en España, una experiencia inolvidable para él, quien puso en aprietos a su técnico. El equipo iba a correr la Vuelta a Asturias, debía trasladarse de Italia a España, Cala mandó la maleta en el furgón, como toda la delegación, pero en un bolsillo echó el pasaporte.

Un día antes del viaje, a Cala le pidieron el documento, dijo que no lo tenía y contó la historia. A Cely le tocó ir a España a recoger el pasaporte, volver a Italia y regresar al país ibérico para competir.

Hoy, Cala está feliz. Atrás quedaron los problemas y celebra el título de la Vuelta a Colombia, para la que trabajó duro, aunque los líderes de la escuadra eran Camilo Gómez y Ómar Mendoza, quienes se enfermaron y no llegaron bien.
“Ganar la Vuelta es una cosa de locos. Es una bendición de Dios, por todo lo que he pasado”, dijo.

Cala estuvo en la fuga en el segundo día hacia Puerto Boyacá y en la cuarta jornada, en la llegada al Picacho, aprovechó sus dotes de escalador, se dio cuenta de que entre los demás líderes se cuidaban y se fue, coronó el alto y se puso de líder.

Nunca soltó el primer lugar, se defendió en la contrarreloj de 36,3 kilómetros y en la llegada al alto de Letras, a falta de 12 km para la llegada, lanzó su ataque y selló el título, el que celebró ayer, el que celebra hoy, el que celebrará el próximo fin de semana, cuando regrese a Ato, población que está en plenas fiestas de San Roque, patrono al que le rezó durante la prueba, al que le pidió que las fuerzas no se fueran de sus piernas y que el terrible miedo que sintió cuando le robaron su bicicleta en Boyacá no volviera a aparecer por estos días.

LISANDRO RENGIFO
Redactor de EL TIEMPO
En Twitter: @LisandroAbel

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