Ciclismo

Felipe Ruiz, el bicicrosista que eludió una cuadriplejia

Sufrió una caída que le afectó la cuarta vértebra cervical. Hoy compite en Copa Mundo.

Felipe Ramírez

Felipe Ruiz (azul), bicicrosista colombiano.

Foto:

Archivo EL TIEMPO

22 de mayo 2017 , 12:24 p.m.

“Y para qué leer un periódico de ayer. Oye, noticia, que todos saben ya yo no quiero leer…”, era lo que escuchaba Felipe Ruiz a su llegada a Houston, en un largo, larguísimo viaje que tenía como destino Ámsterdam. Es una parte del coro de la canción ‘Periódico de ayer’, que inmortalizó Héctor Lavoe en 1976.

Estas palabras tienen un sentido especial para el joven bicicrosista de 18 años, quien hace cuatro años sufrió un grave accidente que por poco lo deja cuadripléjico, pero que por un milagro de la vida, hoy está con la Selección Colombia en una Copa Mundo, en Holanda.

“Hola, cómo estás, amigo”, contestó tímidamente. “La señal de la llamada no es muy buena y se puede caer. Hablemos ya lo que mejor podamos”, siguió Ruiz. Él acababa de aterrizar en el aeropuerto George Bush de Houston (EE. UU.) y debía esperar cinco horas en la sala para hacer un trasbordo, que lo llevaría a cumplir uno de sus sueños, una meta que hace tres años veía muy lejana: representar a su país en un evento internacional sobre su bicicleta.

Ajeno al tema que por estos días divide al mundo del ciclismo colombiano, Ruiz estaba eufórico por la oportunidad que le daba la Federación Colombiana de Ciclismo de viajar a esta Copa Mundo. “Ellos (Fedeciclismo) me lo han dado todo y permitieron que viajara”, dijo en un tono muy serio para quitarse cualquier tipo de declaración sobre esta problemática.

Lo primero que quiso contar de su vida, con un total respeto y medido en sus palabras, quizá por las pocas entrevistas que ha dado en su vida, es que él era una persona que “estaba donde debía estar”. Luego, entre risas, afirmó ser un joven muy sonriente y amante de la salsa. Por ese gusto musical es que al aterrizar en Houston escuchaba la canción de Lavoe, porque su trágico accidente lo ve como un “periódico de ayer”, el cual quiere olvidar para vivir a fondo todo lo que aún le queda de vida.

No le gustaba el patinaje

Como a todos los niños, sus papás intentaron inscribirlo en algún curso o actividad deportiva. Sin embargo, a diferencia de muchos, no le compraron balón, unos guayos o unas canilleras. Sus primos se dedicaban al patinaje y un tío les recomendó inclinarlo por esa práctica, la cual no era del gusto de Felipe.

Felipe Ramírez

Felipe Ruiz, bicicrosista colombiano.

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Archivo EL TIEMPO

“Siempre me ha gustado la adrenalina, me gusta tomar riesgos, vivir siempre al límite y dar lo mejor de mí. Yo nunca entrené patinaje por decisión personal, mis primos estaban ahí y un tío le dijo a mis papás que me metieran, pero yo lo hacía sin ganas, sin gusto”, le comentó a EL TIEMPO el ciclista.

En frente de donde él entrenaba había una pista de bicicrós. Felipe la miraba de reojo y en ocasiones iba a ver los entrenamientos, hasta que tomó la decisión de cambiar su vocación. “Les dije a mis papás que me llevaran a probarme en esta disciplina y ellos accedieron”.

En su mente aún está vivo el recuerdo de esa bicicleta roja, que era de una prima. “Me acuerdo de que era roja, no tenía marca, pero fue la que me dio mis primeros buenos resultados, es una bicicleta que aún le tengo una gran estima, luego me compraron una que sí era para bicicrós”.

Felipe Ramírez

Felipe Ruiz, bicicrosista colombiano.

Foto:

Archivo EL TIEMPO

Aceptado por los entrenadores que lo vieron, Felipe Ruiz le tocó adecuar su deporte al estudio. A veces iba al colegio y a veces faltaba. Tenía que salir del colegio a entrenar y luego a hacer tareas, pero para él era un cansancio que disfrutaba. Su vida encima de una bicicleta era placentera e increíble.

“Es un deporte que necesita mucha dedicación y darla toda. Me estaba saliendo todo: obtenía mejores marcas con el paso del tiempo, me metieron a la Selección Bogotá de bicicrós y entré a competir con los expertos de la categoría. Mi momento era el mejor, mi estado físico era inigualable y mis resultados de orgullo”, comentó.

Llegó la tragedia

No todos los deportistas pueden decir que tienen una vida sin lesiones, sin alguna molestia física que los aparte por un tiempo de su pleno rendimiento. Sin embargo, la tormenta y tragedia que estaba por vivir Felipe era diferente. Una fuerte caída por poco acaba son su carrera y en especial con su vida.

En pleno calentamiento para unas competencias nacionales en la Unidad Deportiva de El Salitre, el bicicrosista se dirigió a una rampa de cuatro metros de altura, aproximadamente. Quiso hacer un salto, una pirueta de esas que normalmente hacía con mucha naturalidad sobre su bicicleta. Sin embargo, un mal movimiento hizo que la parte delantera de la llanta se fuera al vacío y con esta también él. Su caída fue espeluznante. Todo el peso de su cuerpo cayó en el cuello y los asistentes al evento, incluidos sus padres, se aterrorizaron.

Yo salté y la rueda de adelante perdió contacto con el suelo

“Definitivamente fue un descuido mío, porque me puse a calentar de una manera indebida y me fui a montar a una pista pequeña donde no debía montar. Yo salté y la rueda de adelante perdió contacto con el suelo y me botó de cara, el otro salto me recibió toda la parte cervical”, así recuerda con frustración la acción que le generó una grave lesión.

Los segundos eran horas, las horas eran milenios. La ayuda médica se tardó cinco minutos en llegar y todos presagiaban lo peor. Ver a Felipe, tirado en el suelo y sin síntomas de recuperación, hacía que la desesperación fuera mucho más grande. Una vez llegó la ambulancia, fue trasladado con un cuello ortopédico y con su cuerpo llenó de raspones y algo de sangre.

El diagnóstico inicial era una lesión cervical, pero los doctores no se apresuraban a dar más información. Después de pasar por los rayos X y esperar seis horas, supo que había tenido una lesión en la cuarta vértebra cervical que de milagro no lo dejó cuadripléjico.

“Solo recordar la palabra cuadripléjico aún me genera mucho miedo. Mi familia y yo estuvimos muy asustados. Solo pensar en que no volvería a mover mi cuerpo era algo que me aterraba. Yo era inconsciente y no dimensionaba que por poco mi vida hubiera sido lejos de algo normal”, narró con mucha angustia, con la respiración acelerada y las palabras entrecortadas.

No se dejó vencer

Con el paso de los días y su recuperación avanzando lentamente, Felipe Ruiz tenía claro que su vida giraba en torno a una bicicleta. Que subir y bajar rampas a toda velocidad era su vocación y que, pese a este percance que le puso la vida, él no iba a renunciar a su sueño.

“Mis papás, en especial mi mamá, me decían que no volviera porque pude quedar cuadripléjico. Estaba indispuesta por el accidente. Sin embargo, mi papá me dijo que yo tomara la decisión. Nunca pensé en retirarme. Apenas salí de la clínica, les dije que una vez me recuperara iba a volver a la pista”, relató.

Felipe Ramírez

Felipe Ruiz, bicicrosista colombiano.

Foto:

Archivo EL TIEMPO

Estuvo trabajando durante cinco meses en el gimnasio, porque no podía montar en bicicleta, en el fortalecimiento de los miembros inferiores, la espalda, el cuello y los hombros. No hubo un segundo en que renunciara a la posibilidad de regresar a las pistas y antes quería acelerar su proceso.

Sin embargo, cuando cumplió el tiempo de su recuperación, el doctor lo analizó y le dijo que debía esperar tres meses más y le puso nuevamente un cuello ortopédico. Su desesperanza fue grande, pero la mentalidad siempre estuvo fuerte.

El regreso

A finales de 2014, Felipe Ruiz regresó a los entrenamientos, pero se encontró con un bajo rendimiento y con el miedo de una nueva caída. Esto le significó muchas más horas de trabajo. “El miedo siempre va a estar. Siempre he pensado que es mejor estar arrepentido de un mal resultado a quedar con la incertidumbre de qué pudo haber pasado”.

La velocidad que tenía sobre la bicicleta solo la pudo recuperar hasta marzo del 2015, fecha en la cual comenzó a retomar su nivel y ganar títulos naciones, que le sirvieron para comenzar a participar con Colombia en torneos internacionales. Sus padres vieron que ya no pensaba en su accidente y decidieron darle su apoyo hasta el final.

Felipe Ramírez

Felipe Ruiz, bicicrosista colombiano.

Foto:

Archivo EL TIEMPO

Hoy en día este joven, que disfruta salir con sus amigos, que se congela ante cualquier pregunta, que es muy dedicado en cumplir sus metas y que siempre tiene una sonrisa para regalar está en Ámsterdam representando a su país en la Copa Mundo de Bicicrós, un logro que lo llena de satisfacción, pero que aún no lo llena.

“Mis metas claras son estar en el Campeonato Mundial que se realizará a mitad de año y poder ir a unos Juegos Olímpicos, por eso trabajo”, afirmó lleno de ilusión y entre risas, y pensando en colgar la llamada para nuevamente ponerse los audífonos y escuchar Héctor Lavoe, uno de sus cantantes favoritos.

Felipe Villamizar M.
felvil@eltiempo.com
Redacción Deportes
EL TIEMPO
@felipevilla4

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